23/10/17

Versiones de una vida



                Lo que ella vivió:

                Miro el despertador, son las ocho, me levanto y me asomo a la cuna. Está dormido, no me extraña después de la noche toledana. Cada hora levantándose a por la teta. Me ducho rápido y me visto. Aún sigue dormido, tendré que despertarlo, no puedo llegar tarde a la guardería de nuevo. Lo cojo en brazos, y entre arrullos y palabras suaves abre los ojos y me busca.
 
                Suena el teléfono en algún rincón de la casa, no lo cojo, seguramente será Pedro. Luego lo llamo. Visto a Pedro hijo y salgo corriendo.  Mi peque ya anda, así que me dejo el carro en la casa. La última vez que me lo llevé solo estorbaba. Pero hoy parece que no tiene muchas ganas y la mitad del camino lo llevo en brazos. Llegamos tarde y no puedo dejarlo a su aire.

                La seño me mira con un poquito de reproche a pesar de usar esas palabras suaves que se clavan como agujas: “Mami no se puede llegar tan tarde que ya sabemos que las clases empiezan a las 9”. Le pido perdón bajando la cabeza mientras pienso, “joder ni que vaya a sacarse la carrera con solo año y medio”. Me voy corriendo a casa, paso por la tienda y compro lo necesario para hacer de comer hoy y toallitas que ya estamos bajo mínimos.

                Pongo una lavadora, preparo la comida, recojo la ropa, y los mil trastos que me encuentro por el camino. Me he dejado el teléfono en casa y me lo encuentro con esa lucecita roja que me indica que tengo alguna llamada perdida. Lo miro, cuatro llamadas de Pedro. Se me había olvidado llamarlo. Miro el reloj, las once, ahora estará en la reunión de equipo que tiene los lunes. Luego lo llamo.

                Estoy cansada, así que me siento un poco en el sofá mientras zapeo entre los canales de la tele. Ninguno me llama. Pienso en empezarme algún libro, a lo mejor esta vez puedo terminarlo en menos de un mes. Me voy a las estanterías y me quedo un rato mirando la hilera de libros. De repente me doy cuenta de que llevo demasiado tiempo ahí y no he elegido nada, he leído sin enterarme los lomos ya demasiado conocidos. Es la hora de ir a por el peque.

                Y otra vez esa voz: “Mami el peque hoy no se ha portado muy bien, además necesitamos pañales”. Le regaño al niño con la misma voz que ha usado su seño y me voy con las orejas gachas. Este niño es un trastillo. La vuelta a casa me la paso correteando detrás del peque, intentando que no cruce las calles, y que no corra peligros de más.

                Llegamos a casa y mientras termino la comida él se dedica a sacar todos esos juguetes que mamá ha guardado sin misericordia. Cuando lo llamo no me contesta, así que lo busco, y lo veo dormido de pie con la cabeza apoyada en el sofá. Lo cojo y lo meto en la cuna cuando la puerta de casa se abre.

                Pedro llega enfadado, habrá tenido mal día. Refunfuña por lo bajo y cuando le pregunto qué le pasa me contesta: “¿Qué has hecho esta mañana?”.

                Lo que él pensó que ella había vivido:

                Ya son las 8:30, voy a llamar a María a ver como se ha levantado el peque. No me lo coge, ¿dónde estará? Se habrá quedado dormida. Pero tiene que llevar al peque a la guarde. Luego la llamo.

                Se pasa las mañanas sola, a saber que estará haciendo, porque la casa está siempre hecha un asco, así que no me puede decir que está limpiando. Y esta noche el niño ha dormido del tirón, no puede estar cansada.

                Voy a llamarla. No me lo coge. En serio, ¿qué estará haciendo? Un día me presentaré en casa antes de tiempo sin avisar. ¿Quién me dice a mí que no tiene a otro hombre ahora mismo en mi cama? La llamaré de nuevo. Nada.

                Voy a entrar en la reunión y no tengo noticias de María. No me entra en la cabeza, tanto tiempo libre y me dice que siempre está ocupada, cansada, pero si tiene al niño en la guarde y por las tardes se las pasa en el parque charlando con sus amigas. O ella dice que con sus amigas, me gustaría saber quién es ese tal José, el padre del amigo de Pedro. Mucho tiempo se lo pasa con él. ¿Y la madre? Trabajando me dice. En fin, estas cosas modernas de los padres en los parques. Seguro que él va solo por estar con ella.  No me concentro en la reunión, ¿y si está ahora con ese tal José? A lo mejor se lo ha llevado a casa.

                Menos mal que ya he salido, ni una llamada de ella, no quiere hablar con su marido. Ya habrá vuelto de recoger al peque. Por lo menos ya sé que ha sacado a quien estuviera en casa. ¿O lo mete estando también mi hijo? Me voy, ya es la hora.

                Cuando abro la puerta de casa todo está en silencio, ella sale de mi dormitorio y me da un beso de camino a la cocina para servir la mesa. Miro alrededor y todo está igual que cuando me fui ¿Qué habrá hecho esta mujer?


8 comentarios:

  1. Tendemos a ponernos en el lugar de los demás desde nuestro propio lugar sin vestirnos con su piel, y a imaginar lo que hacen o piensan sin entrar de lleno en su realidad. Así llegan las incomprensiones y muchos problemas.
    Muy bueno tu relato con esos dos puntos de vista que son una constante en muchas parejas. Y en lo que no son parejas.
    Un beso.

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    1. Es difícil llevar la empatía a la realidad. No somos capaces de ponernos en el lugar de otra persona. Y es muy necesario para que las relaciones vayan bien,sean de pareja o no.
      Un besillo.

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  2. Me ha encantado la doble visión del mismo día. El trabajo en casa no está valorado, y parece que no sea duro. Coincido con Rosa, empatizar es muy importante, aunque parece que a él le está dando un ataque de celillos. Muy buen relato! Besitos!!

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    1. Aparte de la empatía aquí hay como bien dices, un problema de celos. La imaginación es muy poderosa.
      Un besillo.

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  3. Diferentes puntos de vista según el personaje femenino y el femenino. ¿Por qué ellos piensan que no colaboramos en el hogar? Y este Pedro ha salido un poco celoso.
    ¡Siempre seremos incomprendidas! Retrato fiel de lo que ocurre en millones de hogares ¡Enhorabuena!

    Un saludo literario

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    1. Muchas gracias. Es verdad que el trabajo de casa no se valora lo suficiente, y eso lo hace todavía más duro.
      Un besillo.

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  4. ¡¡¡¡Hola!!!!
    Qué bueno. Pedro debería quedarse una semana con el miniPedro y así se daba cuenta de lo que es tener un niño en casa, cuando los míos tenían un año y dos(nunca los llevé a la guarde) no sabía lo que era sentarme 5 minutos, tienen una energía envidiable y sacan los juguetes que es ver para creer.
    Besos.

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    1. Te doy toda la razón, en esa edad son unos polvorillas. Les encanta jugar y como bien dices tienen una energía inagotable. Ellos duermen cinco minutos y recargan pilas para las siguientes cinco horas.
      Un besillo.

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