25/10/17

En el abismo



                A veces me dicen alguna frase de esas estúpidas ya hechas que en vez de ayudarme me cabrean más si cabe. ¿Por qué piensan que me ayudan con eso? ¿O ayudan a alguien? “El tiempo todo lo cura”, “no hay mal que por bien no venga”, “más vale solo que mal acompañado”, “el tiempo pone a cada uno en su sitio”, “a mal tiempo, buena cara”,... Y así podría estar  hasta la eternidad consultando el refranero español.

                Pero no, aquí estoy, en mi casa, tapada con la manta hasta las orejas, con el móvil apagado en algún cajón que ahora no recuerdo, los ojos hinchados de tanto llorar y en la tele alguna cutre peli a la que no le sigo el hilo, porque en mi cabeza solo están los últimos acontecimientos de mi vida. Lo demás no me importa.

                Eso si, no me falta la típica persona que me dice, eso no es un  problema, hay gente que no tiene casa o niños que se mueren de hambre. No es por ser frívola, pero ahora mismo, me dan igual todas esas personas que si son dignas de dar pena. Yo no lo soy, porque lo que me pasa a mí es solo pasajero, no estoy dentro del ranking, no tengo derecho ninguno a estar triste.

                A veces me dan ganas de mandarlos a todos a la mierda, que me dejen en paz. No necesito sus intentos absurdos de consolación, lo que quiero es que esto no hubiera pasado, quiero volver a mi yo de hace una semana, el de ahora no me gusta.  Ni el de mañana, ni el de pasado mañana.

                Menos mal que si tuve la genial idea de comprarme una casa para mí solita, porque si no ahora tendría que aguantar la felicidad de alguna compañera de piso tarareando por la cocina, mientras yo sigo hecha un trapo.

                Ya no tengo lágrimas, me las froté por la cara, dejándomela irritada y roja. Me eché crema para ver si ayudaba, pero me picaba horrores cuando se mezclaba con la sal, así que ahora parezco un monstruo, con los ojos pequeños y rojos y mi cara hinchada de tantos restregones.

                Me voy a duchar porque dicen que el agua purifica y limpia el alma. No aguanto ni dos minutos dentro de la bañera, salgo asqueada, y me miro en el espejo que me devuelve esa tristeza amarga que me embota los sentidos. Así que decido volver al sofá. Me pongo un pijama calentito y un pañuelo que huele a hogar, ese que ya no tengo.

                El timbre de mi casa suena y procuro no hacer ruido, quito el sonido de la tele y no muevo un músculo. Vuelve a sonar y a través de la puerta oigo gritar mi nombre seguido de un “¡Sé que estás ahí!” Sigo sin moverme. ¿Para qué?

                Ya no sé qué día es hoy, la cara está mejor, por lo menos la inflamación ha bajado. Ya no lloro tanto, pero el móvil sigue en el mismo cajón. La puerta ha sonado unas cuantas veces pero he seguido sin querer abrir. Ahora no tengo muchas fuerzas, no como mucho, aparte de que no me queda casi comida. Un par de yogures y un huevo en la nevera. Tendría que ir a comprar, pero como no tengo hambre. Me encanta estar en mi sofá.

                Ayer me comí el huevo que me quedaba. ¿Ayer? No lo sé. Es de día ahora. ¿O no? Las persianas están bajadas y la tele sigue en el mismo canal donde lo puse. Ya solo quiero dormir. Cierro los ojos y vuelvo a soñar con una orquesta, pero hoy los tambores suenan más fuerte.

                Alguien me está tocando, no puede ser, abro los ojos y ella está frente a mí. Otra vez aparece en mi sueño, sonrío y la saludo, sabiendo que es solo un sueño. Ella me zarandea, y yo le digo que me deje dormir, o eso creo, pero de mi boca no sale ningún sonido. Ahora una cara desconocida me mira seria, mientras noto manos a mi alrededor. Vuelo alto hasta caer en una nube, blandita, que se mueve a gran velocidad.

                En el sueño alguien dice que han llegado a tiempo, ¿a tiempo para qué? 



14 comentarios:

  1. Buena escritura, María. Extrañé tu temática cotidiana, familiera, simple. Bueno. la vida no tiene siempre la misma cara. Esta protagonista deprimida también es parte de ella.

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    1. Bueno, en eso está lo bueno de escribir, en poder cambiar de registro cuando nos apetece. Aunque es verdad que no a todo el mundo le puede gustar lo mismo.
      Un besillo.

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  2. Qué bien se está con un pijama calentito, en un sofá, sola y sin nadie ante quien ocultar las lágrimas. Claro que eso solo por un rato, por un par de días como muchísimo. Si la cosa se alarga, ya es necesario que alguien nos quite el pijama y nos haga volver a interferir con la vida. En caso contrario, podemos sentir la tentación de desconectar para siempre.
    Hermoso y triste relato.
    Un beso.

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    1. Pues si que se está bien. Eso de llorar a solas es un gustazo. Pero sin pasarse. No hace falta llegar al extremo como la prota.
      Un besillo.

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  3. Uffff, por poco.
    La verdad es que cuando estamos hundidos por mucho que nos digan que hay mucha gente en situaciones peores no nos consuela nada.
    Besos y me atrapaste completamente.

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    1. Me encanta atraparte, jejeje. Como me gusta que me digas eso.
      Llegar a vosotros es lo que más me gusta de escribir.
      Un besillo.

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  4. No hay que dejarse llevar por la desolación. lo nuestro es lo peor que ocurre en el momento que ocurre, pero raya en el egoísmo pensar que es lo más importante y más no querer ponerle solución. Hay días y días, de acuerdo, pero a todos hay que ponerles su pizca de sal y de pimienta.
    Besos casi en pijama.

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    1. Por supuesto hay días y días. Dices que es egoísta. ¿No lo es el ser humano por naturaleza? Creo que todos tenemos algo de egoístas. Pero cuando la tristeza te llega no eres capaz de pensar en lo mal que les va a otros.
      Un besillo.

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  5. La verdad es que es muy fácil dar consejos a los demás y decirles que no tienen motivos para estar tristes, pero otra cosa es vivirlo. Una vez leí un artículo que trataba sobre las cosas que nunca hay que decir a alguien que pasa por un mal momento, y entre ellas estaba algunas de las que has mencionado. De todas formas, la protagonista ha llevado la desolación al extremo, una cosa es pasar una mala época y otra caer en la autocompasión. Suerte del último momento :)
    Muy buen relato guapa! Me ha gustado mucho

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    1. Yo creo que la gente que llega a ese extremo no lo puede controlar. Y eso es lo malo, la mente nos juega malas pasadas.
      Pero es verdad que la autocompasión deberíamos dejarla a un lado.
      Un besillo.

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  6. Muchas veces, aun sabiendo que son palabras vacías e inútiles, nos sentimos con la obligación moral de decirlas. Para quien sufre, no solo no tienen sentido sino que molestan por la superficialidad con las que sabe que se las han dicho. Es como dar el pésame. Nadie es realmente capaz de acompañar en el sentimiento al doliente esposo, esposa o hijo. Pero no decir nada es como desentenderse del asunto y darle la espalda a quien sufre.
    Por muy tópico que sea, es cierto que el tiempo lo cura todo, pero nadie mejor que uno mismo para tomarse esa medicina.
    Un relato muy interesante que da de lleno en el sufrimiento humano y la soledad a la que uno se retira voluntariamente cuando le embarga la depresión.
    Un beso.

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    1. Pues si esas palabras suenan vacías, pero es verdad que son necesarias.
      El tiempo no creo que sea la cura, si que amortigua el dolor pero no lo cura del todo. A veces si, pero no siempre.
      Un besillo.

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  7. Me ha gustado mucho el relato :) Personalmente soy más partidaria de abrazos y hombros que de palabras, prefiero "acompañar" a la persona. Creo que a veces las palabras pueden ser inoportunas, dichas a destiempo y no ser siempre tan balsámicas como pensamos y deseamos. Se lanzan sin ton ni son ... ¿qué sabemos en verdad lo que necesita esa persona?... ¿salir?... A lo mejor necesita un tiempo para lamerse las heridas ... o tiempo para pasar las fases naturales de un duelo... son complicados los asuntos de las psiques y yo "solo sé que no sé nada" ;) Un abrazo y muchas gracias por compartir. Buen comienzo de semana!

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    1. Pues te pasa como a mí "solo sé que no sé nada". Es verdad que cada persona es un mundo y lo que pasa por la cabeza no lo sabe nadie. A mí me pasa como a ti, a veces las palabras se quedan vacías. Y es verdad que solo con el hecho de estar ahí ya estás diciendo algo.
      Un besillo.

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