18/9/17

Limpieza virtual



                Pasaba el dedo hacia arriba y abajo leyendo los nombres de aquella agenda telefónica. Muchos de aquellos nombres hacía tiempo que no los usaba, ni siquiera tenía ganas de utilizarlos. Empecé a borrarlos. Pero de pronto me di cuenta de que otros que los veía a menudo tampoco los marcaba, seguí borrando.

                Descansé un poco los ojos levantando la mirada del móvil para fijarla en la nada un rato, absorta en mis pensamientos. Volví a mirarla y borré a todos aquellos a los que yo llamaba pero por los que mi teléfono nunca sonaba. Aquellos eran los peores, los que debería haber borrado primero.


                Y no es por venganza o algo parecido. Simplemente estaba ya harta de ser la que siempre marcaba el teléfono, de ser la única que se esforzaba porque aquellas relaciones fueran bien. Decidí que no necesitaba a esa gente, puesto que ellos a mí no me necesitaban. Quid procuo.

                Mi agenda se vio reducida a un número que bien podía contar con los dedos de la mano. Esos números que si cabían en mi cabeza, que los conocía, que me hacían feliz cuando los mostraba la pantalla. Los borré. No me hacía falta guardarlos. Me los sabía de memoria, aunque no los utilizara diariamente, ellos utilizaban alguna neurona libre de mi cabeza.

                Miré a la agenda que ahora me devolvía «0 contactos». Me metí en todas las redes sociales, y una por una fui haciendo lo mismo. Mi teléfono se estaba convirtiendo en una virgen ávida de experiencias nuevas. Todas las fotos desaparecieron, para quedarse en aquella red oscura que dicen que nunca termina por desaparecer.

                Cerré los ojos y respiré profundamente. Por primera vez en mi vida me sentí libre, libre para hacer lo que de verdad quería, con quien me daba la gana y de la manera que me apeteciera. Por primera vez no pensaba en quedar bien con nadie, ni en contar mi último sueño, ni mi peor fracaso.

                Por primera vez, mi vida era mía y de nadie más. Ni de esas personas que me llamaban por obligación, ni de las cotillas sin remedio, ni de los amigos por conveniencia, ni de esos familiares que en realidad no quieren saber nada de ti. Ahora era mi vida para mí. 



12 comentarios:

  1. Lo mismo que acostumbramos a realizar limpiezas generales en muchos aspectos de nuestra vida cotidiana o personal, también nos vemos abocados a hacer otro tanto en nuestra vida virtual, porque como bien comenta la protagonista, la agenda se suele hacer muy pesada, al marcar muchas veces esos números que acabas por olvidarte, ya que apenas nos llaman o se preocupan por nosotros. ¡Es demasiado absurdo dar sin recibir nada a cambio... ni siquiera una simple sonrisa!

    Muchas gracias, amiga María, por compartir tus bellas letras.
    Un beso.

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    1. Pues si es absurdo dar sin recibir, pero mucha gente lo hace. Supongo que hasta que se harta que es lo que le pasa a nuestra protagonista.
      Un besillo.

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  2. Si muchos hiciéramos lo mismo, nos sentiríamos muy liberados, como se ha quedado tu personaje. Tengo que probar con los contactos del movil. Con las redes sociales, no porque solo las uso para compartir blogs. jamás se me ocurriría contar mi vida por ellas.
    Un beso.

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    1. Es verdad que en la época en la que estamos dependemos demasiado de las máquinas, y el cara a cara se ha perdido un poco. Pero también tienen su lao bueno. Aunque es verdad que siempre ha habido personas que dan más que otras.
      Un besillo.

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  3. Ampliamos nuestra vida social de forma ficticia hasta el infinito con redes sociales y demás solo para descubrir que todo es un engaño, hacia nosotros y hacia los otros. Quizás sea tiempo de volver a las raices, de tener pocos contactos pero de los de verdad, como ha hecho tu prota. Un relato genial, María. Creo que da para pensar y mucho.

    ¡Un besillo!

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    1. Pues si, los contactos como los de antes son muy buenos, aunque también es verdad que nos perdemos otros que por lejanía en otras épocas no habríamos tenido. Descubrimos personas que no habríamos descubierto. Todo esto poniendo el lado positivo de la situación.
      Un besillo.

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  4. Hay que hacer limpieza de muchos números que no te aportan nada, de los que no se acuerdan nunca de ti. Hay que desterrar de tu vida esas personas que son tóxicas que las hay , todos tenemos una cerca. Hay que limpiar los pensamientos malignos y las personas que abusan de tu confianza. Es mejor quedarse sola con una misma que mal acompañada. Un abrazo

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    1. Por eso se dice que los verdaderos amigos los puedes contar con una mano. Y es que hay mucha gente que pulula a nuestro alrededor que en realidad no aporta nada.
      Un besillo.

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  5. ¡Cuántas veces he estado a punto de hacer lo mismo! Pero al final siempre me ha dominado el "por si acaso". Y es que, por experiencia, sé que cuando me he desprendido de algo que llevo tiempo sin usar, algo aparentemente inútil (cosa que sigo haciendo con bastante frecuencia), luego, en más de una ocasión me he arrepentido y generalmente justo después de haberme deshecho de ello.
    A veces dejarse llevar por un arrebato no es muy prudente. Yo aplicaría aquello de "más vale que sobre que que falte", jeje
    Un beso.

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    1. En eso tienes razón, el por si acaso nos invade también. Y es verdad que es mejor no echar en falta algo por habersnos deshecho antes de tiempo de ello.
      Un besillo.

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  6. De vez en cuando hay que hacer limpieza, María, que al final se te escapa de las manos. Es como llenar tu casa de bártulos, un día parecerá que tienes síndrome de Diógenes jaja Es mejor tener pocos amigos que perder el tiempo con gente que no te aporta nada.
    Un besote

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    1. Uff yo soy de esas de llenar la casa de tonterías que no sirven para nada. De vez en cuadno hago limpieza y me libro de algunas.
      Un besillo.

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