20/7/17

Día de playa



                Lo vi cuando salía del agua. Con sus gafas de sol puestas y su mirada fija a través de ellas. Lo percibía, sabía dónde miraba. No había otro sitio. Me senté en mi toalla, sin poder evitar echar un vistazo hacia donde él se encontraba. Cogía agua de una nevera, y se empinaba la botella sin apartar los ojos de su objetivo.
 
                Me estaba poniendo nerviosa. No sabía bien el motivo de su interés, pero quería averiguarlo. ¿Podría? Los nuevos tiempos hacen que sea más difícil, aunque no imposible. Antes me resultaba más fácil, podía observar sus caras y sonreír con ellas, una complicidad que solo podía darnos el saber lo que estábamos mirando.

                Me tumbo bocabajo sintiendo los rayos de sol en mi espalda, intento centrarme en otra cosa. Pero mi mente se va al chico de al lado. Lo miro por debajo de mi brazo, su postura no ha variado mucho, ahora está sentado con las piernas cruzadas.

                Decido ir a la ducha a refrescarme un poco, a lo mejor a la vuelta... El agua está caliente, más de lo que está el agua salada del mar. Miro hacia mi objetivo, sigue ahí sentado. Cuando me acerco por detrás me asomo un poco por encima de su hombro, pero sin acercarme demasiado. No consigo nada. Me voy a mi toalla decepcionada. Me siento e intento observar el mar.

                De repente se mete en el agua, miro a su toalla y no está. Así que pienso, si me acerco ahora... No me decido, el corazón se me acelera, él puede volver en cualquier momento. Así que me levanto decidida y me acerco. El maldito aparato está apagado. ¿Lo enciendo? Miro al agua y no lo veo. Demasiada gente. No estará cerca, así que cuando me decido a cogerlo una voz suena en mi espalda.

                — ¿Qué haces?

                Me levanto como un resorte, dando un pequeño saltito. Él me mira interrogante. Y yo solo puedo decir la verdad.

                — Quería saber qué libro estabas leyendo.

                — Pues haberme preguntado.

                Se agacha, coge el libro electrónico, lo enciende y me lo enseña. Le doy las gracias y me voy a mi toalla. Ya puedo relajarme tranquila.

Día de playa

12 comentarios:

  1. Le pasa como a mí. cada vez que veo a alguien leyendo, no puedo evitar querer enterarme de lo que lee y muchas veces me han mirado con mala cara. Tampoco lo entiendo porque si son lectores tienen que darse cuenta de mi curiosidad. A lo mejor, no todos los lectores tenemos esa manía.
    Como he viajado mucho en tren, me ha pasado muchas veces. Para ligar nunca me ha servido, aunque dada mi timidez, hubiera sido imposible.
    Buen relato.
    Un beso.

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    1. Pues a mí me pasa también, el problema es cuando se sientan a mi lado, y me pongo a leer a la par que ellos. Intentó esquivar la mirada, pero no puedo evitarlo. Y aunque no sepa de que va el libro, me da igual, yo leo. Algún día tendré un problema.
      Lo de ligar, ni lo había pensado. Yo solo voy a por el libro, jajaja.
      Un besillo.

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  2. La curiosidad es así, a mi me pasa cuando viajo en tren y alguien está leyendo a mi lado. No puedo evitar mirar a ver qué es lo que lee. Un abrazo

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    1. Creo que a más de uno nos pasa. Desde luego somos unos adictos a la lectura.
      Un besillo.

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  3. Yo también suelo mirar el título del libro que están leyendo mis vecinos de toalla. Me gusta saber qué leen los demás, jeje. Lo malo es que, cuando se da el caso, casi siempre resulta ser un "guiri" y el título me resulta indescifrable, a menos que esté en francés o inglés.
    Reconozco que puede ser también un buen sistema para "ligar".
    Un beso.

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    1. Bueno, la verdad es que cuando están en otro idioma me encanta ver la portada. Aunque ahora con los libros electrónicos difícil saberlo.
      Lo de ligar, se lo he dicho a Rosa, ni siquiera lo había pensado.
      Bendita inocencia, jejeje.
      Un besillo.

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  4. Esa calculada ambigüedad de tu texto enriquece su final ya que allí poderosa atracción a la que llamamos curiosidad se impone a otras atracciones posibles.
    Sofisticado, veraniego y sugerente.
    Un abrazo

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    1. Muchas gracias. Si, me encanta jugar con el lector, que sea él quien imagine y darle una sorpresa al final.
      Un besillo.

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  5. Me ha encantado, María! Es un relato muy divertido, fresco y sugerente, con esa forma de jugar con el lector hasta el final. Un fuerte abrazo! ; )

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    1. Pues me alegro de que te haya gustado. Lo bueno de estos relatos es que cuando llegas al final es posible que no sea lo que te hayas imaginado.
      Un besillo.

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