28/7/17

Desaparecida



                La niña se acercó a sus padres para contarle lo divertido que estaba siendo jugar en aquel castillo tan enorme. Los padres la escucharon atentamente mientras su madre se llevaba el último trozo del plato a la boca.
 
                Les encantaba aquel restaurante. Un sitio donde podían cenar tranquilos mientras su pequeña jugaba con una monitora. Todos se divertían. Alguien derramó la copa y mientras intentaban limpiar el destrozo. La pequeña anunció que se iba a jugar de nuevo.

                Los padres le dieron la aprobación y cuando pagaron la cuenta fueron a por su hija. No la encontraban entre tanto niño. El sitio estaba de moda. Preguntaron a la monitora, que les dijo que pensaba que se había ido. Desde la última vez que había ido a la mesa, no había vuelto al castillo.

                Los padres enseguida se pusieron a gritar su nombre, los demás clientes se unieron a la búsqueda. Los niños que quedaban volvieron corriendo al lado de esos brazos protectores. Nadie encontraba a la niña, ni en la cocina, ni en los baños, ni en ninguna parte. Alguien llamó a la policía, que se personó en el lugar antes de que salieran fuera a buscar.

                Algunos padres abrazaban a sus hijos con fuerza, mientras miraban por todas partes en busca de la niña desparecida. Los padres gritaban su nombre a pleno pulmón, mientras que la policía intentaba aclarar los hechos. Pronto llegaron más policías al lugar, y todo el mundo sin excepción se puso a buscar a la pequeña.

                Las mesas se quedaron sin recoger, las cuentas sin pagar y los platos a medio terminar. Todos estaban en busca de aquella niñita perdida. Algunos padres y madres se fueron a sus casas para resguardar a los más pequeños, mientras los demás seguían buscando.

                Una noche frenética, con luces de sirena, y linternas a media luz, gritos en mitad de la noche con un solo nombre que desgarraban el alma de esos padres desesperados.

                La culpabilidad se iba sembrando en sus corazones, sin darse cuenta, con cada rincón vacío descubierto, con cada momento que pasaba. “No tenía que haberla dejado sola” “Maldita copa de vino” “¿Qué más daba la mancha?” Ahora todo carecía de sentido.

                Amaneciendo un nuevo día, el sol daba esperanzas de encontrar lo más querido. Era esa luz lo que les renovaba los ánimos. Los padres no se habían separado de la mano, ya agarrotadas, en toda la noche.

                En un rincón de la carretera un bulto junto a un árbol. La madre lo vio primero. La madre la abrazó primero. La madre cogió aquel cuerpo inerte que ya no tenía el calor que tanto le había reconfortado. Gritos rasgaron el amanecer carentes de toda la esperanza que el sol les había regalado.

Desaparecida
 

10 comentarios:

  1. Madre de dios, María, me has dejado destrozado con el desenlace.
    Está tan bien escrito este relato que me ha atrapado al instante, me ha llenado de angustia y de esperanza, y tu decisión de darle tal final me ha provocado una sensación totalmente desgarradora.
    ¡Abrazo, Hermana de Letras!

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    1. Por desgracia ese final es más habitual de lo que queremos. Por un lado me alegro de haberte hecho sentir eso, siendo padre es difíacl ver estas situaciones, aún cuando son ficticias.
      Un besillo Hermano de Letras.

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  2. Maria, un relato que desgarra nada más leerlo. Ayer desapareció una niña de tres años, mientra sus padres cenaban, los niños jugaban. Y como tu relato tuvo un mal final. Un abrazo

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    1. Si, en eso se inspiró mi relato. Es una pena que haya pasado esto, y que pase tan a menudo. Antes podíamos jugar en la calle con el único peligro de los coches que pasaban. Ahora difícil lo veo.
      Un besillo.

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  3. Un duro y desgarrador relato que por desgracia tiene mucho que ver con la actualidad.
    Yo soy madre, y las veces que no he encontrado a mi hijo cuando era pequeño, porque no lo veía y que al final afortunadamente es que estaba jugando al escondite y no lo veía, me he puesto de los nervios, o sea que siento muchísimo tú relato y el dolor de esa familia que ahora a perdido a una niña de tres años, pobres padres, que horror.
    Muy buen relato María. TERE.

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    1. Es una gran pena. La verdad es que ningún padre está preparad para ello. Y el problema es que a todos nos puede pasar. De ahí el miedo del relato.
      Un besillo.

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  4. ¿Y cuantas desapariciones de este tipo no tienen lugar cada día?
    Hace poco una niña desaparecida fue encontrada junto a unas vías de tren.
    Triste relato, triste realidad.
    Besos

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    1. Por esa niña es mi relato. Es una pena que esto suceda tan a menudo. Bueno en relaidad quiero decir, que suceda. Da igual cuantas veces, con una ya es suficiente. Una gran pena.
      Un besillo.

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  5. Ayyyy qué duro, y es que estas cosas pasan en un segundo. Esta semana, en una granja escuela a la que mis hijos y sus primos fueron mil veces, en un segundo y delante de monitoras y familiares un niño apareció muerto en la piscina...es cuestión de segundos.
    Besos.

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    1. Lo malo es que es cuestión d segundos. No se les puede perder de vista. La pena es que los padres no estamos exentos de que nos pasen esas cosas. En cuestión de segundos, cualquier cosa que nos despiste puede ser un fatal error.
      Un besillo.

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