La
noche se abrió en dos, mientras yo intentaba dormir entre las sábanas mojadas
que dejaba mi sudor corporal. No hacía calor, simplemente mi conciencia se
derramaba por los poros de mi piel.
Mirando
el techo con los dedos entrelazados sobre mi estómago pensaba en la noche
anterior. Una noche distinta, llena de sueños felices, sin vueltas de más. Me
miro las manos a través de la poca luz que deja entrar mi ventana. Son iguales que
las de ayer, y sin embargo, tan diferentes...
La conciencia muchas veces es más inteligente que nuestros actos, cuando no se justifica con lo correcto, o lo que creemos que es así.
ResponderEliminarEs el peor de nuestros males, apresan, desorientan, y culpabilizan.
Muy bueno María.
Besos.
Si, nuestros males nos arañan las entrañas hasta llegar a nuestros sueños. Es mejor hacer lo que creemos que está bien.
EliminarUn besillo.
¿Por qué será que es justo cuando nos vamos a dormir cuando se despierta nuestra conciencia?
ResponderEliminarCuántas noches de insomnio nos podríamos ahorrar si aprendiese a estar callada.
Me ha encantado la frase de "simplemente mi conciencia se derramaba por los poros de mi piel."
Un abrazo.
Yo creo que es cuando nos relajamos, y es cuando vienen a nuestra cabeza todo lo que hemos hecho. Nuestra conciencia se instala ahí y no nos deja respirar.
EliminarUn besillo.
Cuando no podemos dormir y la conciencia se despierta, que quitasueños es. Siempre estás activa Maria aunque duermas. Un abrazo
ResponderEliminarPues si, nuestros sueños pueden ser un fiel reflejo de nuestra vida.
EliminarUn besillo.
El dormir y el soñar, se ofrecen como un regalo para quien el estado de vigilia lo sofoca. A veces somos demasiado auto-conscientes de nuestra propia consciencia. Sería bueno aprender a relajarse y aprender, también, a vivir en paz con nuestras luces y sombras.
ResponderEliminarSaludos y saludes!
Eso sería lo mejor, tienes razón, pero creo que es algo imposible.
EliminarUn besillo.