29/6/17

Si el mundo fuera tomate, yo sería un rábano verde



                ¿Conoces esa sensación al mirar algo y no saber si es real o no? Así me siento yo en todo momento. Soy diferente a todos los que me rodean y no puedo hacer nada por evitarlo. La gente me mira raro, me habla diferente, su forma de relacionarse conmigo es con pena, o incluso con asco.
 
                Mis padres dicen que tengo que ir con la cabeza bien alta, con orgullo de ser quien soy. No es nada malo. Pero yo no termino de creérmelo. Intento pasar desapercibido y no mirar demasiado a los demás, por lo que puedan pensar.

                Mis padres me han apuntado a unas reuniones con personas como yo para que me ayuden. Creen que hablar me vendrá bien, ver a otros que sienten como yo y que viven los mismos dilemas. Acabo de salir de allí y no me siento mucho mejor. Solo estábamos cuatro, una chica y tres chicos como yo. El psicólogo no se parece en nada a nosotros. Intenta entendernos, pero yo sé que no lo hace. Hemos tenido que hablar todos y decir lo que nos preocupa. Yo he sido el primero, más que nada por decirlo todo rápido y no tener que hablar más.

                — Hola, me llamo Juan. Y me gustan las chicas. Nadie a mi alrededor lo entiende, incluso mis padres me miran con pena. En el instituto la gente me rehúye, intentan no acercarse mucho a mí. Sobre todo las chicas. Solo conozco a una persona como yo, vive en mi mismo edificio, se llama Ana y le gustan los chicos. Todos intentan emparejarnos, pero a mí ella no me atrae de esa manera. Parece que como somos iguales ya nos tenemos que gustar.

                Me he sentado mirando al suelo, los demás han hablado y han contado más o menos lo mismo que yo. Pero ninguno queríamos hablar más. El psicólogo lo ha intentado. Nos ha hablado de otros mundos en los que a la mayoría de las personas les atrae el sexo opuesto como a nosotros. Yo no me lo he creído mucho. Pero cuando llegue a casa lo buscaré en la red. ¿Quién sabe? A lo mejor puedo viajar a esas tierras.

                Nos ha hablado de que la forma de procrear en aquellos mundos es diferente, allí hacen el amor para tener hijos, además del disfrute de tener sexo. No me entra en la cabeza.

                Nos ha dicho también que no tenemos que preocuparnos, que vivimos en un mundo tolerante y que ya no se persigue a la gente como nosotros. Somos libres para creer y sentir lo que queramos. Hace un siglo no podríamos salir a la calle o seríamos fusilados. A mí eso no me sirve de nada. La historia no está de nuestro lado, pero la sociedad tampoco.

                Han pasado varias semanas desde mi primera visita a mis reuniones, Ana también se ha apuntado, más que nada por hacernos compañía. Ayer vino otra chica, se llama Marta y está llena de optimismo. A todos nos cautivó con su fuerza al hablar, no sabemos el motivo por el que se ha unido a nosotros. Ella nos habla de la suerte que tenemos, de lo feliz que le hace sentir lo que siente, y de saber que no está sola. Tiene amigos que no son como nosotros. Se divierte con ellos y la aceptan tal y como es.

                Ana me ha mirado mientras hablaba y me ha hecho un gesto para que me limpie la baba. Le he devuelto un mohín. He de reconocer que me gusta, me atrae. Aunque ella no me ha mirado especialmente. Ha hablado con Lucas, un chico introvertido que apenas habla con nadie, y se ha ido antes de que me pudiera acercar a ella.

                Hemos salido más contentos. Con la cabeza un poco más alta, la calle se veía diferente, un arcoíris estaba saliendo después de la lluvia de verano. 


8 comentarios:

  1. El titulo me ha parecido super original, y la trama del relato de igual manera. Es curioso como la sociedad agrupa a las personas pr lo que piensan que son en lugar de acercarse a ello/as para entenderlos.

    En tu relato también advertí un halo de esperanza con la nueva chica que entró en el grupo. Alguien, Marta, supo aceptarse ser un positivo ejemplo para el protagonista y posiblemente se formará un buen cambio para él y Ana.

    Me ha gustado mucho, María.
    ¡Un beso!

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    1. Muchas gracias. La verdad es que si, la sociedad tendemos a agruparnos y a rechazar lo diferente a nosotros. Y eso es siempre un problema, vengamos del sitio que vengamos y vayamos donde vayamos.
      Un besillo.

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  2. Me ha atraído el título original de tu texto, pero después de leerlo me ha gustado mucho. Ojala Juan tenga la oportunidad de salir de su problema y sobre todo pueda acercarse a Marta. besos. TERE.

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    1. Esperemos que si. Que Juan se acepte y se encuentre bien con él mismo. Es lo mejor para ser feliz.
      Un besillo.

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  3. Lo malo no es ser tomate o rábano verde, lo malo es etiquetar a uno como bueno y aceptable, y a otro como malo y aberrante.
    Cuando se celebra en Madrid el World Pride y en el colectivo LGTB se lucha por los derechos de cada uno a ser reconocido y respetado, tu relato viene de perlas.
    Genial el título.
    Un beso.

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    1. Totalmente de acuerdo contigo. No tengo mucho más que decir. Las etiquetas son lo peor que ha inventado el ser humano.
      Un besillo.

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  4. Un buen título para este relato que viene al pelo para estos días que se viven, y que son para tener un respeto con estas personas que creemos que son diferentes. Son unas personas maravillosas que aman y penan como todos los demás. Un abrazo

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    1. La verdad es que todos somos iguales, da igual en lo que creamos, de quien nos enamoremos o omo vistamos. Como bien dices, todos somos personas.
      Un besillo.

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