10/5/17

Solo para mí



                Me miré las manos, etéreas a través de la luz que las atravesaba. Mis ojos se iban acostumbrando a los primeros rayos de sol que entraban por aquellos pequeños agujeritos de la persiana.


                Me estiré feliz, feliz por estar en esa cama, ahora solo ocupada por mí, pero que horas antes, o minutos, o segundos, había tenido la mejor de las compañías. Oía el grifo de la ducha algo lejano. Él estaba allí, mojando su piel, dejando arrastrar los últimos resquicios de mí que pudieran quedar.

                Daba igual, no tardaría mucho en volver a llevar mi olor como suyo propio. Me encantaba abrazarlo y apreciar que aún no me había ido, que seguía sintiéndome, encontrar mi sabor en su piel era el mejor afrodisíaco.

                La ducha estaba tardando más de la cuenta y empecé a desesperarme. Dos vueltas más en la cama, me levanté, me quité las últimas prendas que aún conservaba, me recogí el pelo y me metí en el baño.

                Y allí estaba él, detrás de la cortina de perritos que me había comprado en el mercadillo. La abrí por un lado y me metí detrás de él. No se volvió, pero algo me alertó. Quizás fuera su rigidez al recibir mis brazos envolviendo su cintura, o los espasmos que sucedieron después. Estaba llorando, en silencio, desgarrado por dentro, como si las entrañas se le hubieran levantado. Contenía los sollozos entre las gotas de agua que seguían cayendo sobre él, sobre mí.

                Lo giré, en aquel pequeño espacio, le hice darse la vuelta y mirarme. Mis ojos le interrogaron sin decir nada. No quería hablar, no podía, y en un susurro, entre sollozos, me destrozó el alma.

                — Mi mujer ha despertado.

                Ahora me miraba, yo lo miraba. Con dolor en mi mirada, con esperanza en la suya. Los dos sabíamos lo que significaba aquello. Él ya no volvería, nuestro amor se había acabado. Aquel último año pasaría a formar de nuestra historia pasada, sería como las gotas del agua que ahora nos empañaban.

                Le abracé, le agarré fuerte, intentando que el mundo se detuviera en aquel segundo, en ese instante. Solo los dos, él y yo, nadie más. Pero él ya no estaba allí, ya se había ido. Me había dejado sola en el mismo instante en el que le sonó el teléfono con una llamada que ya no esperaba. ¿O sí?

                Una semana después estoy sentada en la mesa de mi cocina mirando el periódico. Una noticia resalta sobre las demás. “Mujer despierta del coma 5 años después”. Hay una fotografía de ella sentada en la cama del hospital agarrada a la mano de su marido que la acompaña. Ella mira a la cama, él la mira a ella. Conozco esa mirada, antes era solo para mí.


12 comentarios:

  1. Qué bueno María, me ha encantado, me parece de lo más original.
    Besos.

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    1. Muchas gracias guapa. Me alegro de que te parezca original.
      Un besillo.

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  2. Un relato que marca la diferencia que hay cuando nace un amor si haber terminado otro, por lo raro que parezca ella estaba viva y se despertó del coma. Un abrazo

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    1. Si, y le trastocó una vida que había empezado a rehacer, ¿o no?
      Un besillo.

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  3. El principio y el fin de una relación. En todo caso que poco dura la fidelidad en cuanto surgen los problemas.
    Un relato que no deja indiferente.
    Besos

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    1. Bueno supongo que esperó bastante. No sé si debería justificarlo. Pero es verdad que habría que ponerse en su lugar.
      Ayyy en que jardines me meto, jejeje.
      Un besillo.

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  4. Qué bonito relato, María. Iba a decir que es triste, pero la verdad es que depende del punto de vista desde el que lo contemplemos. Para la mujer que sale del coma sin duda es un final feliz...
    Me ha gustado mucho, es una historia que da que pensar y nos hace ponernos en la piel de cada protagonista.
    ¡Un beso de miércoles!

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    1. Si, un poco triste la verdad. Pero hay historias y vidas como colores. La verdad es que hay que ponerse en su lugar para ver que haríamos nosotros.
      Un besillo.

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  5. Vaya palo!! Ni por lo más remoto esperarían que saliera del coma. Pero la vida es así, inesperada, inverosímil y dando a unos lo que a otros quita. Muy bueno, María.

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    1. Pues si, es un pena, pero a veces es así.
      Muchas gracias guapa.
      Un besillo.

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  6. Hola Maria, soy Richard.
    Un micro fantastico, muy humano.
    Me gusto mucho.
    Beso y felicitaciones.

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    1. Muchas gracias. Me alegro de que te haya gustado. Un besillo.

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