12/4/17

Una de tantas batallas



                Miraba a aquellos ojos grises que la desafiaban con una media sonrisa. Ella se dio la vuelta y dejó allí aquellos ojos triunfantes. Le habían hablado de la paciencia, pero ¿qué pasaba con la impotencia? Esa que asoma en situaciones como esa.



                Siempre decía que ser madre era el trabajo más difícil que había realizado jamás, casi todo se basaba en la propia intuición. Es verdad que también había una parte de consejos y otra del ejemplo que te habían dado a ti. Pero la mayor parte era intuición.


                ¿Dónde estaban ahora aquellas gurús de la maternidad? ¿Qué hacían ellas ante tales situaciones? ¿O sus hijos no las desafiaban?


                Era fácil hablar cuando no lo tienes delante, esos psicólogos y pediatras, expertos en decirte lo fácil que era si seguías sus normas. Por supuesto, todos contradiciéndose.


                Se metió en el cuarto de baño, se sentó en el váter y se miró al espejo que tenía enfrente. Cogió la toalla del lavamanos y la mordió con rabia. Unas lágrimas asomaron a sus ojos provocadas por la autocompasión. Lloró en silencio, con la toalla amortiguando sus sollozos. Lloró por ella, por la tarea que tenía que realizar, por la intención de querer rendirse.


                Imágenes de niños desbocados, de rabietas en la calle, de niños adolescentes que pegaban a sus padres y les gritaban. Y pensó de nuevo, como por un resorte “¿Cómo lo hacían nuestros padres?”. Aquello era lo que más la angustiaba, no podía preguntar, no sabía como manejar al pequeño rebelde de tres años que jugaba a sus anchas en el cuarto de al lado. Ajeno a ella, a sus sentimientos, a sus problemas, a sus llantos. Ajeno a la dificultad que la ahogaba.


                Se levantó, intentando calmarse. Se miró al espejo y se lavó la cara. Todavía estaba roja, pero él no lo notaría. Era demasiado pequeño para entender que su madre también lloraba de pena.


                Se acercó a la habitación con todos los juguetes tirados por el suelo y los muebles pintados de rotulador azul. Le dio un trapo a su hijo y ella cogió otro. Los dos mano a mano limpiaron cada trocito de cielo azul que había en el armario, en la cama, en la mesita… Él preguntando, hablando con su lengua de trapo, ella contestando, y así en medio de coches, pelotas, colores, cubos, piezas…  Así le llegó la paz, así la sonrisa conquistó su rostro. Así superó otra de tantas batallas.


Una de tantas batallas

14 comentarios:

  1. Ayyyy qué chulo y bien descrito.
    Mi hija mayor tuvo bastantes rabietas y te lo hacen pasar fatal. Ahora cuando hablamos de ella se sorprende y me dice que debería haberla tirado por la ventana, jajaja. Lo malo es que cuando la rabieta pasaba llegaban los abrazos, los besos y las rosas que borraban de un plumazo el mal trago.
    Besos y me ha encantado. Yo también me pregunto a veces como se ha llegado a ciertas situaciones, hijos que pegan a los padres...

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    1. Pues si, yo cuando veo a mi hija mayor que es igual que yo, me pregunto como me aguantaba mi madre. Jajaja Así que me pasa como a tu hija. Creo que las madres de antes estaban hechas de una pasta que no tenemos nosotras. Pero bueno poco a poco intentamos hacerlo lo mejor que podemos.
      Un besillo.

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  2. Nuestras madres eran sabias de andar por casa. Los pequeños no dejan de ser cachorros que necesitan ser educados según unas normas de convivencia. Esos gurús de la libertad absoluta, y de no poner una mano encima a los niños, y darles lo que pidan a cada momento, son esos mismos que ahora con sus hijos adolescentes; son insultados, maltratados y vilipendiados. Cuando no ignorados.
    Hay una frase que me encanta y que anda por Internet: "Mi madre era sabia. De un tortazo me recolocaba los chakras, me limpiaba el aura y se ahorraba en psicólogos un dineral"
    Quizá los padres de ahora seamos un tanto ñoños y delicados.
    Buena descripción de la lucha diaria con los hijos.
    Besos.

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    1. Genial esa frase, desde ahora me hago fan total de ella. Eso de dar a los niños todo lo que pidan nos está haciendo un flaco favor, en cuanto les dices que no es cuando todo explota.
      Ahora todo les causa traumas c a los niños y andamos con pies de plomo. Cuando yo era niña jamás me preguntaban que quería hacer, iba donde me decían y punto.
      Un besillo.

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  3. Tienes razón, ser madre o padre es de lo más difícil, no hay un manual. Yo no soy madre pero tengo amigas a las que veo lidiando con los llantos, o simplemente el sueño.
    Has escrito un relato muy bueno.
    Un saludo :))

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    1. Muchas gracias. La verdad es que es un mundo complicado. A veces nuestro propio instinto nos dice que tenemos que hacer.
      Un besillo.

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  4. Todos hemos perdido los estribos alguna que otra vez y eso de contar hasta diez no siempre funciona. Con lo años se aprende a reconducir las situaciones de rebeldía pero nunca sabremos si lo hicimos del todo bien. Los hijos, hasta cierta edad, suelen recordar mucho mejor los momentos de "dictadura" parental que los sacrificios, la entrega, los malos momentos que nos dieron y todo lo que hemos hecho para procurarles felicidad. Pero este es el rol de los padres.
    Como decía mi madre, el único consuelo que nos queda es que ellos pasarán por lo mismo cuando sean padres, jeje
    Un beso.

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    1. Si, nunca se sabe si lo hacemos bien del todo. Pero lo mejor es seguir nuestros instintos. Tu madre es muy sabia, me guardo esa frase para mí.
      Un besillo.

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  5. Yo no soy madre, así que nunca he experimentado en primera persona esas sensaciones y situaciones que tan bien describes en tu relato, María, pero por lo que veo y oigo, creo que no hay trabajo más difícil ni más meritorio que el de ser padres. Los niños pueden ser pequeños tiranos y debatirse entre el amor que se les tiene y las ganas de darles un buen escarmiento debe ser terrible...

    Muy bien escrito, me has hecho sentir claramente la desesperación de esa madre.

    ¡Un besillo!

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    1. Muchas gracias Julia. No es necesario ser madre para ver esas cosas. Creo que siendo tita también puedes encontrarte con alguna situación parecida.
      Un besillo.

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  6. Hola, María: Gracias por tu bonito y sabio relato. Un abrazo.

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    1. Muchas gracias. Me alegro de que te haya gustado.
      Un besillo.

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  7. ¡Hola!
    Qué bonito el relato :) Yo no soy madre y eso aún me queda un poco lejos pero comprendo perfectamente la impotencia que se debe de vivir en muchas situaciones y creo que lo has descrito muy muy bien.
    ¡Besitos sonámbulos! ★🌙

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    1. Muchas gracias, la verdad es que son situaciones complicadas, pero luego hay otras que lo compensan.
      Un besillo.

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