8/3/17

Secretos. 4ª parte.

                        Relato escrito a dúo con Edgar K. Yera. Para leer la 3ª parte pincha aquí. Y si aún no lo has empezado, este es el principio.



                Llegué a la cafetería un poco antes de la hora convenida. Sabía que él sería puntual y quería tener el sitio perfecto para lo que me proponía. Me senté en la mesa que había reservado con anterioridad, mi espalda contra la pared y mirando a la puerta, pegada al gran ventanal que daba a la calle. Me pedí un café y me senté a esperar. Estaba tranquila hasta que lo vi acercarse con paso firme. Mi corazón dio un vuelco y las manos comenzaron a sudarme.

                — Seré idiota. — Balbuceé para mí misma.

                Dejé que entrara al bar y que fuera él quien me buscara. Nuestras miradas se encontraron y le sonreí. Estaba tan guapo que pensé que podría dejar el trabajo para después de…

                — Hola.

                — Hola.

                Ni siquiera me levanté, y él no hizo el menor intento de darme beso alguno. Se sentó delante de mí y me miró con esa sonrisa con la que cautivaba a todos sus objetivos. Yo lo sabía bien.

                — Has elegido bien el sitio. Concurrido, de cara a la puerta, el camino al baño sin obstáculos. Muy bien pensado.

                No apartaba sus ojos de mí y eso me desconcertaba.

                — Ya sabes, siempre hay que estar preparada.

                Llegó el camarero y él pidió.

                — Apuesto a que tienes a tu pequeña en la cintura y aquel cuchillito en tu talón.

                — Como ya te he dicho, hay que estar preparada.

                Le sonreí a pesar de lo estúpida que me sentía.

                — No has cambiado nada. Sigues igual.

                — Dejémonos de tonterías y vayamos al grano. ¿Me has citado aquí para matarme?

                — Siempre tan práctico. No te gustan los rodeos.

                — Pues la verdad es que no. Cuando te vi en aquel supermercado pensé que tú también sentías lo mismo que yo. Que a lo mejor el trabajo había quedado atrás y que podríamos ser un matrimonio de verdad.

                Me eché a reír.

                — Tú y yo nunca podríamos ser un matrimonio de verdad.

                Se puso serio y rápidamente me arrepentí de mis palabras. Bebí un sorbo de mi café para esconder mi turbación.

                — Eso pensé después. Así que solo me quedaba la única opción pausible. Solo quiero saber por qué.

***

                Alicia me miró con una sonrisa mientras se terminaba lo que le quedaba en la taza. Yo la imité.

                — Los negocios siempre pueden esperar. Te espero en la 125.

                Puso una tarjeta en la mesa y se fue. Miré por la ventana y la vi entrar en un hotelillo que había justo enfrente. Me levanté y la seguí. Cuando entré estaba de pie mirándome delante de la cama. Todas sus armas descansaban en la mesa que había en un rincón. Una tregua, está bien, yo también quería jugar. Dejé mis armas junto a las suyas sin dejar de mirarla mientras lo hacía.

                Cuando terminé con la última me acerqué a ella y la abrace con fuerza, nuestros labios se encontraron con furia, con el deseo de años controlados. Fue un encuentro rápido cargado de secretos nunca dichos, y acabamos los dos desnudos en la cama jadeando por la pasión. Se levantó de la cama como por un resorte. Cogió un arma cualquiera, que resultó ser la mía y me apuntó con ella. Yo sonreí y me acomodé en la cama con los brazos detrás de la cabeza.

                — ¿Por qué sonríes? ¿Ni siquiera vas a detenerme?

                — No sabía que te hubiera gustado tan poco.

                — Déjate de tonterías. Sabes que solo ha sido…

                — Si, bueno. Pero al menos querrás enterarte de la verdad antes de matar a la única persona que te la puede decir.

                — ¿La verdad? Solo quieres entretenerme.

                — Solo tienes que escuchar. — Estaba preciosa desnuda con el pelo revuelto y un arma en la mano. Mi deseo era evidente, así que me tapé con la sábana.

                — Te escucho.

                — Supongo que tendré que empezar por el principio… Cuando te reclutaron en aquel gimnasio llevaban tiempo observándote. Tenías altas capacidades para la lucha, eras inteligente…

                — ¿Era?

                Suspiré.

                — Eres… Bueno el caso es que entraste a formar parte del equipo. Cuando estabas lista para actuar te mandaron varios trabajitos de poca monta. Pero pronto vieron tu gran potencial y cada vez te mandaron más difíciles. Pronto nos emparejaron. Bueno, esa parte de la historia ya la conoces. Lo que no sabes es que yo fui quien te reclutó, yo el que te pagó y yo el que te mandé ese último trabajito con Carlo Zafiro.

                — Perdiste… — dijo casi en un susurro, descolocada.

                — ¿Tú crees?  Supongo que sigues sin saber quién es Carlo Zafiro. En tu informe decía que no tenías familia, que estuviste en casas de acogida hasta los 18. Pues él era tu única familia. Él era tu padre y el que me reclutó a mí, él fue quien me llevó a ti y el que hizo que te reclutara.

                A esas alturas de la historia seguía apuntándome pero no con la misma firmeza, podía ver lágrimas asomando a sus ojos.

                — Cuando le dije que estaba enamorado de ti y que te iba  a sacar de aquella vida, él se enfadó, me dijo que te contaría toda la verdad y que jamás te irías con el hombre que te engañó. Supe que era verdad y  te llevé a matarlo ese mismo día. Recuerdo el brillo en tus ojos y la alegría de haber ganado aquella mano. Sé que no vas a volver a mí, que no vas a querer estar conmigo. Pero yo estoy enamorado de ti desde el primer día que te vi. No he dejado de estarlo. Por eso no puedo permitir que me mates, y no quiero que tú mueras. Espero que algún día puedas perdonarme. Chicos podéis entrar.

                La puerta de la habitación se abrió de golpe.

                — ¡Policía! ¡Tire el arma!

                Ante varios policías Alicia tiró el arma y puso sus manos detrás de la cabeza, mientras no dejaba de mirarme con ojos llenos de odio y de venganza por llegar. Las lágrimas no dejaban de correrle por las mejillas mientras uno de los agentes le ponía las esposas y otro le echaba una manta por encima.

                Se la llevaron y me quedé solo en aquella habitación que olía a ella.

                — Capitán…

                — Dejad que me vista.

                Solo unos pocos conocían mi verdadera identidad. No sabían a qué me dedicaba realmente. Por un momento había llegado a pensar que si podríamos ser un matrimonio de verdad… pero ya era demasiado tarde. Los secretos, ahora sacados a la luz, habían acabado con nosotros.



26 comentarios:

  1. Vaya, vaya. ¿Quién es el malo y quién es el bueno en esta historia? Una historia de amor y odio que no sabría decir si termina bien o mal, según se mire.
    Edgar y tú nos habéis tenido enganchados con ese secreto que por fin se ha desvelado. Porque ha acabado, ¿no?
    Un abrazo.

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    1. Si ha acabado, o eso creemos nosotros. A no ser... jajaja.
      Escribir con Edgar es un vicio la verdad porque estoy deseando leer su parte para continuar. Siempre me sorprende.
      Un besillo.

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  2. Olé, simplemente genial, hay pocas palabras que se adecuen más que ésta. Vaya historia habéis tejido María, sois unos cracks. Un fuerte abrazo compañera de letras! ; )

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    1. Muchas gracias. La verdad es que nos sentimos cómodos escribiendo juntos y eso se nota en las letras.
      Un besillo.

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  3. Como ya te dije; me dejaste de piedra con el desenlace, María. Es genial trabajar a dúo, por capítulos, desconociendo lo que vendrá por parte del otro, sin menospreciar otras maneras de co-escribir un relato, que también son modos de aprendizaje y minuciosa elaboración de textos compartidos.
    Lo que más valoro de un relato es que éste me sorprenda y me cree esa electricidad en el cuerpo al leerlo, y tú conseguiste erizarme el bello con esta última entrega de "Secretos".
    Ha sido un enorme placer crear contigo esta historia de amor, espionaje, asesinato, y traición.
    ¡Abrazos y besillos, Hermana de Letras! ;)

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    1. La verdad es que me ha encnatado. Como bien dices, a mí también me gusta que me sorprendan, y lo has hecho con creces. Es ácil escribir contigo porque lo haces sencillo y todo va siempre rodado.
      También ha sido un placer escribir contigo y recordar viejos tiempos de "marionetas".
      Un besillo Hermano de Letras.

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  4. ¡Plas,plas,plas!
    Nos habéis dejado una pequeña historia llena de secretos que se desvelaron al final de forma inesperada...y tras un buen orgasmo literario.
    Besos

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    1. Pues me alegro de que haya acabado de forma tan satisfactoria para ti. A mí me ha encantado escribirla.
      Un besillo.

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  5. Al principio, en la parte en la que ella es la narradora, el diálogo me ha despistado un poco y no sabía muy bien cual de los dos estaba hablando. Pero en la segunda parte me ha quedado todo claro, en un final sorprendente (aunque digo lo mismo que Josep, ¿es el final?) Habéis hecho un gran trabajo de compenetración para sorprendernos manteniendo coherencia y calidad narrativa. Enhorabuena
    Besos

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    1. Siempre intento que en las conversaciones se sepa quien habla. Me enfada mucho cuando leo un libro y no sé quien habla, ahora me ha pasado a mí, lo miraré más a fondo para siguientes escritos.
      Si, ya es el final. Aunque nunca se sabe. a lo mejor algún día nos de por retomarlo...
      Un besillo.

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  6. Cuantas vueltas de tuerca. Entre Edgar y tú estáis escribiendo, o habéis escrito, una historia sorprendente y adictiva. Y lo mejor es que igual puede seguir que terminar aquí porque cada dos capítulos la dejáis con un final más que aceptable.
    Un beso.

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    1. Si, ya se ha acabado, auqneu es verdad que nos gusta mucho trabajar juntos. No descartamos futuros relatos a dúo.
      Un besillo.

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  7. Qué buen desenlace!!!! Por un momento he pensado que no había acabado, jejeje.
    Nos habéis enganchado.
    Besos.

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    1. Jijiji si ya se ha acabado, aunque por nosotros creo que hubieramos seguido.
      Ha sido una buena experiencia.
      Un besillo.

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  8. No había leído ninguna parte del relato. He llegado a él en la 4a parte que leo es ya la final. ¿Qué he hecho? Pues leer hacia atrás: 4, 3, 2, 1; y me ha gustado mucho esta composición a cuatro manos que dirían los pianistas.
    Enhorabuena, María.
    Un beso

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    1. Bueno pues espero que aunque haya sido al revés, la hayas disfrutado de la misma manera.
      Un besillo.

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  9. ¡Hola! Excelente relato de principio a final. Me habéis tenido enganchad estas semanas. ¡Saludos!

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    1. Genial, me alegro de haberte enganchado. Esa es buena señal.
      Un besillo.

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  10. Dicen que las relaciones de pareja nunca son fáciles, pero yo diría que esta se lleva la palma en todos los sentidos. Muy buen final, María, con todos los ingredientes que nos han tenido enganchados elevados a la máxima potencia y los secretos al fin desvelados. ¡Bien por vosotros!

    Un beso.

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    1. Pues si, la verdad es que esta relación no tenía buen final. Es que tantos secretos dan al traste con cualquier relación.
      Un besillo.

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  11. ¡Me encanto! Felicidades Maria y Edgar

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    1. Me alegro de que te haya encantado.
      Muchas gracias por pasarte y leer.
      Un besillo.

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  12. bonjour et bonne soirée il manque le traducteur de google merci

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    1. Merci beaucoup. Je vais le mettre sous peu. Salutations.

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  13. Admito que en el segundo capítulo sí tenía la sensación de que esto debía continuar, pero como has mencionado, aquí se deja un buen final, salvo que quedara algo importante que contar para redondear la historia en lugar de emborronarla. Los misterios han sido revelados, el deseo ha tenido su parte de satisfacción, pero al final ella acaba apresada y él no jeje. ¡Un beso!

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    1. Pues si, al final es ella la que acaba presa. Una historia de amor imposible, entre espías y secretos, no podía tener un final feliz. Me alegro de que te haya gustado.
      Un besillo.

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