9/3/17

Mundos encontrados



                — Mamá estoy aburrida. ¿Qué hago?

                — No lo sé hija, juega con tus juguetes.

                — No tengo.

                — ¿Cómo que no tienes?

                — No quiero jugar con ninguno, me aburro, tengo poquísimos.
 
                La habitación de la niña estaba hasta arriba de peluches, juegos de mesa, y cajas llenas de juguetes. La madre suspiró, pensando que algo hacía mal cuando su hija no era capaz de entretenerse con todo lo que tenía. Levantó la vista del libro que estaba leyendo y miró a su hija sentada en el suelo con una cara que demostraba su aburrimiento total.

                — ¿Hacemos algo de manualidades?

                A la niña se le iluminó la cara y se levantó corriendo a buscar el cajón que tenían para eso.

                A unos kilómetros de allí…

                — Mamá ya he traído el agua.

                — Muy bien hija, baña al hermano mientras hago la comida.

                La niña sentó a su hermano en el suelo y empezó a echarle cacitos de agua por la cabeza mientras restregaba su piel con fuerza. El peque de tan solo un año la miraba resignado, sabiendo que no podría resistirse.

                Después de bañar a su hermano ayudó a su madre a cocinar. Y juntos se sentaron a comer mientras ella amamantaba al bebé.

                A unos kilómetros de allí…

                El niño de apenas cinco años se metió debajo de la cama a esperar que aquello terminara. No solía durar mucho. Normalmente cuando su madre se quedaba dormida, él dejaba de dar golpes. Mientras oía los sollozos callados de ella y los gritos babosos de él. Intentaba taparse los oídos y tararear bajito para que no lo encontraran, pero aquello, pocas veces daba resultado.

                Oyó el portazo y un suspiro salió de su boca. Buscó a su madre por la casa, y la encontró en el suelo del baño dormida. Su cara estaba un poco deformada y tenía sangre, pero era la mujer más guapa que él había visto. Cogió el teléfono y se sentó con la cabeza de ella en su regazo, mientras le acariciaba el pelo marcó.

                — Otra vez mi papá ha dormido a mi mamá.

                A unos kilómetros de allí…

                — Mami no quiero ir, quiero quedarme contigo.

                — Cariño tienes que ir a la guardería, mami tiene que trabajar.

                — Pero es que yo quiero estar contigo.

                — Y yo contigo cielo, te prometo que esta tarde vamos al parque.

                — Siempre llegas tarde y ya es de noche.

                — Hoy no, te lo prometo.

                La madre le dio un beso a su hija y la dejó con su seño. Se dio la vuelta y en cuanto cerró la puerta, la niña empezó a jugar con sus amigos. El sentimiento de pérdida y el remordimiento no la dejaban en todo el día. Hacia su trabajo que le encantaba, pero siempre tenía la sensación de estar perdiéndose algo.


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18 comentarios:

  1. Un relato que se pasea por varias situaciones de madres con hijos. La más penosa de todas es la niña que tiene tanto para jugar y se aburre. Algo debe pasar para que ocurra eso. Los demás son dramas que día a día sen dan en distintas casas. Me ha gustado como lo has planteado. Una abrazo

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    1. Pues si, son dramas que vemos todos los días, y es una pena que se sigan dando. Ojalá algún día se conviertan en una ficción, en vez de hablar de una realidad.
      Un besillo.

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  2. Diferentes madres, hijos y vidas entre miles, millones de historias diarias alrededor nuestro. Gracias Maricita por hacernos pensar en todas ellas, a veces olvidamos que no estamos solos. Besote.

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    1. Pues si, y aunque lo recordemos, sino lo vivimos es como si no estuviera ahí. Es una pena, pero bueno.
      Un besillo.

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  3. Me has hecho pensar. ¡Cuántas vidas diferentes hay! Lo del maltrato es terrible, menudo año llevamos...
    Besos.

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    1. Si hija, no es normal. Es un problema grave que no se llega a atajar del todo.
      Y lo peor es que los niños son los que se llevan siempre la peor parte.
      Un besillo.

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  4. Me ha gustado mucho, María. Una gran sensibilidad demuestras al tratar estas situaciones. Lo del maltrato es terrible, María y Marigem, y la solución solo viene por la educación porque una vez mal educados, ni las leyes ni nada tienen nada que hacer con esos tipos. Si están dispuestos a suicidarse después, ¿cómo los vas a reprimir con cárcel y demás?.
    En todo caso, muy bueno tu relato.
    Un beso.

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    1. Ufff es muy duro, es verdad, te doy toda la razón en que la educación es lo más importante. Pero creo que en ese caso vamos cada vez a peor.
      Un besillo.

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  5. Tu relato nos aproxima a distintas madres, distintas realidades y a esa terrible lacra del maltrato de aquellos a quiénes se dice amar, terrible.
    Estoy de acuerdo con las compañeras, educación, mucha educación y tolerancia cero hacía ningún tipo de violencia.
    Un beso

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    1. Totalmente de acuerdo. No se puede decir más.
      Un besillo.

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  6. Me ha gustado mucho esa manera de recrear infancias y, por ende, diferentes vidas. Mucho contraste entre ellas: así es el mundo, por desgracia.

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    1. Pues si, unos tanto y otros tan poco. Esas diferencias todavía son muchas, pero puede que algún día no lo sean tanto.
      Un besillo.

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  7. Cuanto contraste, qué bien logrado María.
    Mundos que marcan diferencias en nuestros niños, futuros que se distancian y ¿quién puede decir cómo terminan?
    Me ha gustado mucho. Un abrazo

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    1. Muchas gracias Mirna. la verdad es que si, demasiado contraste. La verdad es que algunos terminarán mejor que oros, esa es la realidad. Seremos positivos y veamos la parte beuna de estas cosas.
      Un besillo.

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  8. Lo de crecer a golpes y tropezones, ha de ser muy duro de vivir para un niño. Aunque no niego que eso también formará su carácter, su madurez temprana, siempre y cuando el pequeño no imite la conducta del agresor.

    Saludos y saludes, encantadora.

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    1. Pues si, pero mejor que forme su carácter de otra manera, no a base de golpes.
      Porque bien es verdad que los niños copian lo que ven en casa.
      Un besillo.

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  9. un placer encontrarte
    leerte conocerte y admirarte

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    1. Un placer tenerte por aquí. Espero que te encante.
      Un abrazo.

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