13/2/17

Un baile de medianoche




                La luz del techo se apagó, levanté la mirada del móvil para ver qué pasaba y te vi. Allí estabas, apoyada en el marco de la puerta. La luz de las farolas de la calle me dejaba ver tu sonrisa. Llevabas el móvil en la mano, le diste a un botón y una canción sugerente sonó en la habitación.


                Empezaste a andar y fue por el replicar de tus pasos que me di cuenta de que llevabas tacones negros. Miré a tus pies y seguí el camino por tus piernas cubiertas de seda negra. Un liguero apenas visible por el corto camisón que llevabas, sujetaba las medias. Mis ojos subieron por tu cuerpo, hasta llegar a tu boca roja.

                Ahora mi vista se había acostumbrado a esa tenue luz y te veía con toda claridad. Dejé mi teléfono en alguna parte y me dispuse a disfrutar. Tú estabas frente a mí, quieta aún, pero tus caderas empezaban a moverse de forma casi imperceptible. Diste una vuelta despacio, para que pudiera saborear cada una de tus curvas. Y volviste a clavar tus ojos en los míos.

                Tu cuerpo empezó a moverse al ritmo de la música, pero no dejabas de mirarme. Yo estaba hipnotizado por tus movimientos, y mis ojos recorrían cada parte de ti sin saber exactamente dónde detenerme. Quería levantarme para bailar contigo, pero cuando fui a hacerlo te paraste en seco. Con un gesto de tu dedo me dijiste que no, y yo impaciente aguardé un poco más absorbido por el espectáculo que tenía frente a mí.

                Una voz lejana rompió el hechizo.

                — ¡Mamá! ¡Tengo miedo!

                — Ahora vuelvo, espérame en la cama. — Los tacones se alejaron por el pasillo, mientras yo me iba quitando la ropa de camino al paraíso. Esperé, 
esperé, esperé…

                — ¿Estás dormido?

                — Ummm, no, no, que va.


Un baile de medianoche

18 comentarios:

  1. Niños... jajaja ;)

    Besillo, guapísima!!!

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    1. Si, ellos son la sal de la vida, jejejeje.
      Un besillo.

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  2. Jajaja, es que con hijos a veces el encanto se rompe.
    Me ha encantado.
    Besos.

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    1. Si, aunque se puede recuperar. Los padres somos expertos en eso. Un besillo.

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  3. contra la pasión la inoportunidad de los niños.
    Besos

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    1. Si, ellos no entienden de momentos ni de romanticismos.
      Un besillo.

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  4. Qué ricos los niños!! Muy bueno, María. Insinuante como el liguero y los zapatos negros de tacón increíble.
    Un beso.

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    1. A veces hay que ponerle un poco de pimienta a la vida.
      Un besillo.

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  5. Una insinuación muy excitante para pasar un momento muy intimo. La intimidad se fue al aparecer los niños. Muy bueno. Un abrazo

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    1. Pero como digo, se puede recuperar. Los niños solo ueden aplazar lo inevitable.
      Un besillo.

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  6. Ja, ja, ja... Qué sensual.... Tremendo. Y luego, un jarro de agua fría (involuntario, claro) Qué situación más cotidiana, ¿verdad? A veces, buscar el momento no es naaaada fácil
    Estupendo relato, María. Sensual y divertido
    Besos

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    1. A pesar de ser difícil, hay que buscarlo, que sino nunca lo encuentras. Y son tan necesarios como respirar, jejeje.
      Un besillo.

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  7. Ainssss vaya corte! Es como si de repente me hubieran apagado la tele en lo mejor de la película jajajjaa. Muy bueno, María, una situación que a buen seguro han vivido muchos padres. Los hijos no esperan ni entienden de la pasión de sus papis :))

    ¡Un beso grande y gracias por las risas!

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    1. Pues no, ellos no entienden. Solo quieren estar con ellos, que son lo más importante en sus vidas. Pero bueno, todo es tener paciencia.
      Un besillo.

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  8. Menos mal que la interrupción no dio al traste con la pasión y el deseo. Interrupciones así todos los padres y madres hemos tenido, pero no recuerdo haber sufrido ninguna después de unos preliminares tan eróticos, jajaja.
    Me gusta mucho tu facilidad por ponerte en el papel de un hombre. No es la primera vez que tu protagonista es del sexo masculino. Puedo estar equivocado, pero diría que lo habitual es que los hombres elijan a un protagonista masculino y las mujeres a uno femenino. Escribir sobre el sexo contrario es un buen ejercicio.
    Un beso.

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    1. Me encanta ponerme en la piel del otro. Escribir sobre lo que siente la persona de tu mismo sexo es un reto más fácil. Escribir sobre lo que piensa y siente el sexo contrario es más complicado.
      Tenemos que retarnos continuamente para ensayar y mejorar.
      Un besillo.

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  9. Jajajaja, que bueno María! El relato me ha encantado y me he reído mucho con el final. Menos mal que la pasión sigue en el aire, jaja. Un abrazo! ; )

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    1. Pues si, a pesar de todo, la pasíon sigue, y es que los padres tenemos que buscar cualquier pequeño momento.
      Un besillo.

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