24/2/17

La cita. Capítulo 15.



                Pasadas las primeras emociones y los llantos descontrolados. Todos comieron en silencio. Aquella sala se les hacía pequeña y el encierro parecía notarse en sus caras.

                — No consigo estar mucho tiempo en una habitación cerrada. Esto es más de lo que puedo asimilar.


                Ágata fue a abrir la puerta para salir. No estaba cerrada, y miró a los demás interrogante.

                — A lo mejor nunca estuvo cerrada. — dijo Hugo pegándole el último bocado a su bocadillo.

                Todos se levantaron  y salieron atropelladamente, tanto, que casi caen de bruces en el suelo de la entrada de la casa.

                — Parece que no soy la única que no soporta los espacios cerrados.

                Se echaron a reír. Necesitaban liberar tensiones.

                — Daría lo que fuera por un café.

                — Pide y se te dará Hugo. — Pedro señaló a una máquina de café en una mesita pegada a la pared.

                Todos se echaron un café y se sentaron en las escaleras que había al entrar en la casa. El aire fresco los pilló desprevenidos, y así se quedaron un buen rato, saboreando el humeante café de sus tazas.

                — ¡La carpeta! —Lucas se levantó corriendo para entrar de nuevo en la habitación. Todos lo siguieron con la mirada, mientras entraba y salía con la carpeta sin nombre.

                Se sentó en medio de las escaleras y los demás se acercaron a su alrededor para poder ver lo que había en aquella carpeta. Lo primero que había al abrirla era una foto en blanco y negro de la cara de una niña con dos trenzas. Lucas acarició la cara que recordaba y sonrió al verla.

                — Lidia.

                Pasó la foto y una serie de exámenes y fotografías se sucedieron, los mismos informes que habían tenido los demás de su estancia en aquel colegio que no recordaban. En el psicológico hablaba de un coeficiente intelectual mucho más alto de lo normal, clasificándola como la mejor de su promoción.

                Pero aparte de todo eso, no había nada más, nada de su vida posterior. En la última foto aparecía con un hombre mayor en la puerta del colegio y con una maleta en la mano. Ella no miraba a la cámara, miraba más allá, sonreía, pero era una sonrisa triste, sin embargo el hombre parecía pletórico de felicidad.

                — Me estaba mirando a mí. Lo recuerdo. Vinieron a por ella antes que a por ninguno de nosotros. Se lo dijeron cinco minutos antes de irse. No nos dio tiempo a despedirnos.

                — No entiendo por qué tanto misterio. ¿Por qué nos ha reunido a todos y no ha venido con nosotros? ¿Por qué este sitio tan parecido a aquel? No lo entiendo Lucas de verdad.

                — Supongo que nos quiere hacer recordar Ágata. No ha tenido que ser fácil para ella saber todas esas cosas durante tanto tiempo y tener que callarlas. Creo que se siente culpable.

                — ¿Culpable por qué? Lo que pasó aquí no fue culpa suya. — Ahora era Pedro el que hablaba.

                — No lo sé. Ojalá lo supiera. Solo tenemos que esperar, y ver donde nos lleva esto.

                — ¿Esperar? ¿Por qué? ¿Por una persona que se ha dedicado a espiarme toda su vida? ¿Por una niña que no recuerdo? Pues lo siento pero yo ya estoy harto. No tengo ganas de saber nada más de este asunto. Por lo que a mí respecta mi vida empezó con mi padre. Todo lo que pasó antes no existe.

                — Hugo, pero si existe.

                Ágata lanzó estas palabras al aire, porque Hugo ya estaba subiendo las escaleras hacia su habitación.

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La cita

10 comentarios:

  1. Una cita de este tipo, con tanto secretismo, parece encerrar una venganza, un escarmiento o una lección dirigida a esos antiguos compañeros que la olvidaron. No sé si la lo dije en una ocasión anterior, pero se asemeja a esas historias de misterio de Agatha Christie, en las que un personaje anónimo reúne a una serie de invitados con un fin no muy halagüeño para ellos, jeje
    Intuyo que pronto conoceremos el desenlace.
    Un beso.

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    1. Ummm pues podría ser una venganza, pero no lo tengo yo tan claro. Me encanta que me compares con Agatha Christie, esa es la señal de que estoy haciendo algo bien.
      Un besillo.

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  2. Menuda intriga! Ya no podemos dejarlo, pero no nos dejes muchos capitulos con el intringulis porque nos tiramos de los pelos... Me recuerda a la serie El internado, ¿sabes cuál? Me tragué todas las temporadas, je, je
    Besos

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    1. Si me encantaba esa serie. Yo también me la tragué de principio a fin, aunque creo que al final se les fue un poco la olla. A lo mejor a mí también me pasa. Nunca se sabe...
      Un besillo.

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  3. Lidia Arias, si es que conserva su nombre del orfanato, tiene reservada una sorpresa, tanto para sus antiguos compañeros, como para los lectores. Unos empiezan a impacientarse... ¿De quienes hablo? Entre ellos está Hugo... jajaja. Yo continúo disfrutando del suspense.
    ¡Abrazo, María!

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    1. Pues me alegro de que sigas disfrutando, aunque creo que poco le queda ya para resolverse a esta trama.
      ´Los impacientes tendrán su recompensa.
      Un besillo

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  4. Se me había escapado esta entrega. Menos mal que me he dado cuenta. Esperando seguimos. E impacientes.
    Un beso.

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    1. Pues menos mal que la has recuperado. Aquí está como cada viernes.
      Un besillo.

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  5. A mí también se me escapó la entrada, gracias a Rosa que la ha sacado a flote. Pero seguimos con la intriga, ya sabemos que estos adultos estuvieron allí internados de niños. Ahora la intriga no sabemos a qué nos llevará. Un abrazo

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    1. Pues no lo sé aún. Tendremosque esperar, pero te aseguro que no mucho tiempo. Pronto vendrá el final.
      Un besillo.

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