9/2/17

Herencias venenosas



                Siempre me ha encantado vivir en el centro de mi ciudad. Mis padres tenían una casa preciosa que habían comprado cuando apenas tenían veinte años. Los dos, con sus trabajos habían conseguido que al final, la casa dejara de ser el banco. Y yo me vanagloriaba con mis amigos de poder vivir en el centro, teniéndolo todo cerca.

                Cuando salíamos de marcha, ellos se venían a dormir. Es verdad que ya la casa era un poco antigua, pero gracias a eso, tenía cuatro dormitorios, y yo al ser hijo único tenía cuarto de invitados para todos aquellos que se quisieran quedar después de haber  bebido un poco más de la cuenta.

                Entré en la Universidad, gracias al gran esfuerzo que hacían mis padres por pagarme una carrera y que llegara más lejos que ellos. Palabras que salían de su boca cuando yo flaqueaba en alguna asignatura. Era buen estudiante, así que me hice enfermero pronto. El problema es que los tiempos no acompañaban, ni a los enfermeros ni a los funcionarios ni a nada que tuviera que ver con algún recorte del gobierno.

                A pesar de trabajar de vez en cuando, cuando las listas se movían más de la cuenta y los que acabábamos de salir teníamos la suerte de ser llamados. Yo seguía viviendo con mis padres. Su casa era un privilegio.

                El día que mi padre se jubiló montamos una fiesta para celebrar que por fin iba a descansar. Yo les hice el mejor regalo que se me ocurrió, un viaje al norte de España. Es verdad que no era muy lejos, pero ellos no habían podido viajar mucho y a mí me encantaba poder darle uno de sus sueños, aunque no fuera mucho.

                Pero aquel viaje iba a ser el comienzo de mi pesadilla. Decidieron ir en coche, y en aquel viaje de ida, cuando ni siquiera habían llegado a la capital, su coche se estrelló con otros diez coches. Una colisión múltiple del que solo salió vivo un bebé de apenas diez meses.

                La noticia me llegó a través de su móvil por una voz extraña. Mi mundo se vino abajo en cuestión de segundos. Todo lo que conocía se desmoronaba a través de un desconocido. Velé a mis padres entre aquella bruma de lo inesperado. Personas que no conocía se me acercaban a decirme lo buenas personas que eran y lo mucho que hicieron por mí. Yo les daba dos besos y les mostraba una sonrisa desganada de cortesía.

                Me informaron de que tenía apenas tres meses para hacerme cargo del papeleo. Ya no recuerdo nada de esos tres meses. Iba de un lado a otro con la misma carpeta, del banco a la notaría, a la asesoría, al trabajo de mi madre. Todo eran problemas, nadie te ponía soluciones. Me dijeron que tenía que pagar el impuesto de sucesiones. Hasta ese momento, no sabía de lo que me hablaban, lo único que sabía es que yo no tenía ese dineral de seis cifras.

                ¿Cómo era posible que tuviera que pagar tanto dinero por una casa que ya habían pagado mis padres hacía ya años?  Como única explicación me decían que era una casa muy bien situada, y que el impuesto de sucesiones estaba así. Que si no podía pagarla, tendría que renunciar a ella. Me negaba en redondo a renunciar a la casa de mis padres. Así que pedí un préstamo a Hacienda para ir pagando poco a poco con mi trabajo.

                Pero los recortes en Sanidad hicieron lo demás para que mi vida acabará donde estoy. Ahora vivo justo enfrente de mi antigua casa, en un entorno privilegiado. Vivo en mi coche, lo único que me queda. Eso y unas cuantas cosas que pude salvar del embargo y que podía meter en él. Ahora miro los muebles de la mudanza de la familia que vivirá en mi casa a partir de mañana.

                Yo que pensaba que eso del impuesto de sucesiones era para ricos, otro engaño de aquellos que nos hacen creer que el mundo es para la clase obrera. Aquellos que no tienen que dejar herencias porque aprendieron más y la repartieron en vida.

                Y ahora por mi ignorancia vivo en mi coche. Hoy tengo otra entrevista de trabajo, es en el bar donde mi padre desayunaba. Es de camarero, pero el dueño sabe mi situación y quiere ayudarme, en memoria de mi padre.

                Deseadme suerte. Porque creo que está a punto de cambiar.

Herencias venenosas

22 comentarios:

  1. Este relato me viene ni que al pelo, estamos precisamente con todo el follón para pagar dicho impuesto ya que mi padre falleció hace unos nueve meses,y lo que no llegaré a entender nunca es que tengamos que pagar un impuesto por algo que nuestros padres han luchado y se han ganado con el sudor de su frente. en fin que cuando te mueres no solo te duele la pena si no otras cosas, que como a tú protagonista le hacen cambiar la vida de una forma drástica y cruel. un beso. TERE.

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    1. Pues si, yo he pasado por eso mism y es agotador, además de injusto pagar por elago que ya está pagado. Lo peor es la diferencia entre unas comunidades y otras. En Andalucí nos ahogamos.
      Un besillo.

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  2. Hola Maria.
    Buena historia, muy bien contada.
    Pones en papel la situacion en la que se encuentra mucha gente.
    Muy sensible.
    Un beso.
    Richard

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    1. Muchas gracias. Me alegro de que te haya gustado. Es una de las muchas injusticias que exsten.
      Un abrazo.

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  3. Ufffff, ni me menciones el impuesto que lloro.
    Te ha quedado muy bien, y por desgracia muy realista.
    Besos.

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    1. Supongo que vivir las cosas hace que las cuentes de forma más realista.
      Un besillo.

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  4. Una historia que algunos hijos que heredan sin tener testamente tienen. El testamento suaviza un poco esos pagos, pero hay que pagar. El estado es el que siempre gana. Un abrazo

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    1. El problema viene cuando algunas comunidades como Andalucía, tienen que pagar más de lo que tienes, con testamento o sin él.
      Un besillo.

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  5. Muy buen relato María, me ha encantado. Aunque estos temas me ponen de mala leche, de muy muy mala leche. Me parece insufrible e inaguantable que lo que cuentas suceda en la vida real. He conocido casos de herencia en los que hacienda se ha quedado la mitad del dinero –sí, sí, la mitad–, y teniendo en cuenta que para nada se trataba de una cifra escandalosa, me parece denigrante. Después tenemos a políticos y señores ministros, que roban y roban y roban por lo bajini, encima cobrando salarios desorbitados para la labor que realizan, además. ¿Y se ha recuperado todo ese dinero defraudado? NO. Pero claro, hacienda somos todos. Si si si si y si ; )

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    1. Pues si a ti te pone de mala leche imaginate a mí cuando leo que nuestros queridos obernantes votan si a dicho impuesto aludiendo que es un impuesto para ricos. Habiendo tenido que pagar un pastón como en mi caso gracias a vivir en Andalucía. En otras comunidades no hay que pagar nada. Es injusto.
      Todos nos ponemos de mala leche. Imposible no hacerlo.
      Un besillo.

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  6. Como a Ramón tu relato me ha puesto de mala H.... no me sale otra palabra aunque no la ponga or educación.
    La M..... de desgobiernos que tenemos, favorecen cosas como la que cuentas y siempre en perjuicio de los que menos tienen naturalmente. Ellos no sufren crisis, ni recortes,ni paro ni leches. Ja justicia no es igual para todos, ni los privilegios, ni las exenciones tributarias, ni los sueldos desorbitados que los pobrecitos tienen que redondear ROBANDO a manos llenas a los contribuyentes.
    He escrito todo esto aporreando las teclas, pensando en que cada una de ellas era un P... ministro, alcalde o concejal.
    No es apología de la violencia, es defensa propia ante los desmanes inmerecidos de estos Hijos de malamadre.
    ¡Qué a gusto me he quedado.
    La próxima vez, no se si leeré tu relato, no sea que me entre unja apoplejía.
    Besos

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    1. La verdad es que lo del gobierno no tiene límites ninguno. Nuestro políticos no saben ya como llenarse los bolsillos. Anoche escuché a Carlos Arguiñano en la televisión y estaba también indignado. Es impotencia, lo que siento, porque ves que las cosas no se cambian. La justicia para ellos es lenta o directamente no existe.
      En fin, espero que sigas leyéndome a pesar de que pueda causarte una apoplejía. Cuando hablamos de las clases dirigentes, creo que a todos nos encrispa los nervios.
      Un besillo.

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  7. Estupendo relato, María y buenísima narración. Lamentablemente sucede, es real... ojalá algún día todas estas cosas cambiasen... ojalá...

    Besillos y feliz finde, preciosa

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    1. Pues si, ojalá. Es una pena que cosas como esta sigan sucediendo ante la impasividad de nuestros gobernantes.
      Un besillo.

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  8. Indignante, la situación; muy bueno y realista el relato. Qué decir que no se haya deicho ya hasta el más absurdo aburrimiento.
    Un beso.

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    1. Pues si, la verdad es que es un tema para aburrir, lo dicho dicho queda.
      Un besillo.

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  9. Si me dices que lo que has contado es una historia real, me lo creo desde la primera a la última palabra. Buenísimo relato María. Como denuncia social y como relato en sí. Conozco el tema, creo que somos muchos los que, directa o indirectamente, lo hemos sufrido. Y también la diferencia entre unas comunidades y otras, efectivamente. Que es injusto creo que no es necesario que ni lo mencione, pues ya todos lo habéis puesto sobre la mesa. Que te pone de mala leche... pues tampoco. Hace poco vi la película de los Goya que se titulaba "El hombre de las mil caras" y... en fin... sin palabras.
    Me ha gustado mucho ese final. La ayuda siempre viene de donde viene: de la gente que es como tú, que sufre lo mismo, que te apoya con lo que tiene. Nunca de arriba, de las instituciones. Si es que, al final, solo nos tenemos los unos a los otros.
    Muchos besos, María

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    1. Pues la verdad es que no es real. Pero me indigna tanto que lo he plasmado lo mejor que he podido.
      Y es una pena, pero una realidad, que las instituciones y los que más tienen ayuden tan poco. Como bien dices, la ayuda siempre viene de los que sientes cerca.
      Un besillo.

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  10. Tan real y tan injusto Maria el relato que has escrito.
    He sentido la impotencia de ese hijo que además de perder a los suyos, acaba perdiendo el patrimonio que sus padres pagaron con gran esfuerzo. Del todo desproporcionado ese impuesto que no diferencia ni ayuda, mientras unos se llevan el dinero de todos (robar) y no les pasa nada, los que a duras penas han conseguido algo, lo pierden.
    Es algo que da para reflexionar y te frustra no poder cambiar lo injusto.
    Bien contado.
    Un beso

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    1. Si lo has dicho muy bien es frustrante. Una pena que se llegue a esos momentos y que no podmaos hacer nada para evitarlos.
      Un besillo.

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  11. Un relato que aunque haya sido concebido como ficción, es y ha sido la realidad de muchas personas. Te aseguro que el tema me queda muy cerca, y yo añadiría también el pago de la plusvalía para el ayuntamiento, que es otra cantidad importante. Súmale gastos de notaría y abogado para que te asesore en todos los trámites, y a lo mejor terminas como tu prota, durmiendo en un coche. Lo más injusto es que no es así para todos los españoles, solo para los que tienen la mala suerte de vivir en Comunidades autónomas gobernadas por el PSOE. A ver si de una vez las presiones ciudadanas hacen que se les caiga la cara de vergüenza y den marcha atrás en este injusto impuesto que no afecta a los ricos, sino a cualquier ciudadano de a pie.
    ¡Ea, reivindicación hecha! jajajjjaa.

    Un beso, María, y gracias por sacar un tema tan importante.

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    1. Gracias a ti, sé que te pilla de cerca, igual que a mí. Pero es que encima me da más rabia que los políticos de turno sigan aprobando este impuesto con la excusa de que es para los ricos. Está visto que no lo es, pero ellos siguen erre que erre. Es lo peor.
      Pero bueno como bien dices, reivindicación hecha.
      Un besillo.

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