30/1/17

Momentos de café



         Tres amigas cualquiera, en una cafetería cualquiera, en una ciudad cualquiera, después de dejar a los niños en el colegio. No está basado en hechos reales. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.

         Sonia entra en la cafetería echando una ojeada por si era la primera en llegar. Si lo era, así que se sienta en una mesa vacía y se prepara para esperar. Saca su teléfono móvil por si tiene algún mensaje. Se mete en el grupo y pone “tardonaaasss”. Mientras lo hace, Rosa entra al bar.


         — Siempre la primera, no sé cómo lo haces, y eso que tu cole es el más alejado.

         — No me entretengo con una mosca, ni hablo de tonterías con toda madre que me encuentro. — Sonia guarda el móvil con una sonrisa en la boca sin casi mirar a su amiga.

         Por la puerta entra Vanesa quitándose bufanda y chaquetón.

         — Estos niños van a acabar conmigo, sudando estoy, a pesar de la ola de frío.

         — No te quejes más y ven a charlar un ratito que llevamos ya sin vernos mucho tiempo.

         — Ay Rosa, siempre digo lo mismo, pero tenemos que vernos más.

         — Si es que con estas vidas, no hay manera.  Hoy porque me habían cambiado el turno y estoy de tardes, sino no podría haber venido.

         — No te quejes, que vosotras por lo menos tenéis trabajo. Yo aquí estoy de mala ama de casa. Las madres de mi cole hacen las camas, limpian las ventanas y le ponen la comida al canario antes de salir de casa, y yo sin embargo tengo suerte de que mis hijos se vistan para llegar al colegio a la hora.

         Las tres amigas se ríen después de las palabras de Vanesa, pero ninguna comenta más porque el camarero llega para tomarles nota. Tres cafés, cada uno distinto, todos con sacarina. Medias tostadas con pan integral y un poco de pavo. Las tres guardan la línea, están a dieta continua desde que tienen uso de razón. Y más después de los embarazos.

         — He ido a un nuevo nutricionista.

         — ¿Y qué tal la dieta Sonia?

         — Pues no sé qué deciros. Esta es mi segunda semana. Me ha medido la grasa, el agua, y todo lo que se puede medir en mi cuerpo. Ahora que por mí puede medir lo que le dé la gana. Es guapísimo.

         Las tres se echaron a reír.

         — Pues no sé qué dirá Juan de eso…  — comenta Vanesa.

         — Juan viene conmigo y dice lo mismo, que es muy guapo, y que a ver si así me pongo las pilas y adelgazo de una vez, que está ya harto de dietas extrañas.

         — Yo no sé cómo lo consigues, si le doy a Luis de mi dieta no come.

         — Es que lo tienes muy mimado Rosa, anda que yo sí que iba a hacer dos comidas. Una cosa son los niños, pero él ya es mayorcito… — dice Vanesa mientras le echa la sacarina al café.

         — Lo que tienes que hacer es ponerlo a hacer ejercicio. — Añade Sonia.

         — No, si ya lo intento, todas las noches, pero a veces no se deja. Está demasiado cansado.

         — Nunca se está demasiado cansado para eso. Se hace más rápido y ya está. — Sonia se ríe y sus amigas la acompañan.

         — Pues eso mismo opino yo. Pero Luis es un vago. — Vuelven a reírse, provocando las miradas de las mesas contiguas.

         — Yo entiendo a tu Luis, con el frío que hace, y lo cansada que llego a la cama, solo me apetece meterme debajo de las mantas y dormir hasta la mañana siguiente si tengo suerte y los peques me dejan.

         — Desde luego Vanesa que sosa que eres. No tiene que ser de noche y en la cama, será que no tienes tiempo para ir a hacerle una visita al trabajo. 
— Sonia le guiña un ojo y se echa de nuevo a reír.

         — ¡Pero que bruta eres! ¿Y dónde quieres que lo hagamos? ¿En el despacho rodeados de todos sus compañeros?

         — ¿Es que no tiene baños?

         — ¡En los baños! Con los sucios que tienen que estar, y con todo el mundo pululando. Para ser la comidilla.

         — Pues no serías la primera, ¿eh Rosa?

         — ¿Qué? ¡No sé porque lo dices! — Rosa intenta hacer un vano esfuerzo por parecer indignada, pero las risas que le siguen dan al traste con su intención.

         Las tres amigas siguen charlando un buen rato después de acabarse los desayunos, prometiendo verse pronto y no dejar pasar tanto tiempo para el siguiente café. 


16 comentarios:

  1. Cuantas conversaciones de café hacen las amigas. Nosotras cuando nos juntamos los martes somos mas o menos mas de 15 y da para muchas conversaciones a veces de dos en dos. Cuanto estamos todas a una es cuando se cuentas chistes. Un abrazo

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    1. Madre mía con cuanta mujer no sé como os concentráis, jejejeje.
      Es genial poder reunirse con las amigas.
      Un besillo.

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  2. Hola María, caminando llegué hasta ese café de amigas y de charla, aquí me quedo para ver como transcurre la tarde...
    Gracias, pasa buena tarde, besos rotundos..

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    1. Puedes pasearte por donde quieras. Aquí tienes para todos los gustos. Me alegro de que pasees por mi Rinconcito.
      Un abrazo.

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  3. Nunca he estado en un desayuno de madres, pero la conversación me parece de lo más creíble, y también divertida. Mujeres, amigas y cómplices al fin y al cabo. Muy bueno, María, he pasado un rato estupendo leyéndote.

    ¡Besitos de lunes!

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    1. La verdad es que da igual si eres madre o no, pero estoy segura de que conversaciones parecidas se mantienen en más de una cafetería con amigas alrededor de un café o un té.
      Un besillo.

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  4. Deliciosa escena cotidiana, los diálogos tan naturales consiguen que parezca que estamos sentados con ellas. Buen relato, María. Y estupendo lavado de cara del blog. Saludos!

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    1. Muchas gracias David. La verdad es que me alegro de que hayan parecido naturales. Los diálogos son difíciles de diseñar para que no parezcan forzados.
      Un besillo.

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  5. Jajajaja, me encanta, es real como la vida. Y lo poco que nos vemos...
    Besos.

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    1. Eso es, que las amigas siempre quedamos a un segundo plano con todo lo que hacemos durante el día. Viene bien de vez en cuando un café con ellas.
      Un besillo.

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  6. Sé que es muy real, como la vida misma, como dice Marigem, pero yo nunca me vi en una escena semejante. Nunca me ha gustado eso de los grupos de madres de niños compañeros y tampoco coincidí con amigas que tuvieran niños a la vez que yo. Además mi trabajo no me permitía desayunos de ese tipo que, por otra parte, me dan un poco de repelús.
    Pero tu relato me ha gustado por su lenguaje sencillo y tan coloquial.
    Un beso.

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    1. Pues la verdad es que esos desayunos están muy bien. Te lo dice una que ha vivido alguno. Pero como gustos colores. Yo he tenido la suerte de tener hijos a la vez que mis amigas, con lo que quieras que no la ayuda es un grado.
      Me alegro de que el relato te haya gustado.
      Un besillo.

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  7. Los hombres (maduritos): la mili, las mujeres y el fútbol (el orden puede ser variable, aunque seguramente el fútbol vaya en primer lugar). Las mujeres (de cualquier edad): la dieta, el gimnasio y los hombres (generalmente el suyo, pero hay días que cualquier otro vale, camarero incluido), jeje.
    Una escena muy simpática y cotidiana (supongo).
    Un beso.

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    1. Jajajaja pues muy resumido lo veo, creo que todos hablamos de más cosas. Además las madres cuando nos juntamos hablamos muuuuucho de niños, y en alguna conversación se cuela hablar de partos. Yo hablo mucho de política, pero eso no tiene mucha gracia para ponerlo en un relato, jejejeje.
      Un besillo.

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  8. ¿Y dices que no se basa en hechos reales?... Gran observadora, sí señor. Un relato ameno y fresco. La realidad muchas veces, supera a la ficción, ja, ja
    Besos

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    1. Bueno algo si se puede parecer, pero solo un poquito, jejeje.
      Muchas gracias.
      Un besillo.

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