3/11/16

La libreta roja



                Siempre he odiado las mudanzas, pero esta vez el trabajo mandaba. Saqué la caja del fondo del armario sabiendo que ahí guardaba todos los recuerdos de mi niñez. No la abriría, iría directa al camión. La puse en el pasillo y me fui en busca de mi siguiente captura. Tenía prisa por acabar. El camión llegaría por la tarde.

                Mientras sacaba las últimas chaquetas, mi mente revoloteó volviendo a mi infancia. Hacía tiempo que no abría ese paquete, y no recordaba exactamente lo que había en él. Dejé las chaquetas sobre la cama y volví al pasillo. Me senté en el suelo y lo acomodé delante de mí.



                Un par de osos de peluche, unas postales, unas cartas antiguas con el papel amarillento, una rosa de papel, pegatinas de los ochenta, y unas cuantas libretas. Cogí la que más me llamó la atención, no porque tuviera purpurina como las demás. Sino porque esta no tenía nada. Era una libreta roja, tamaño cuartilla sin ningún adorno. La abrí y en la primera hoja rezaba: “Cuentos para mi nieta”.

                Ahora recordaba, me la regaló mi abuela cuando solo tenía siete años. Me había escrito esos cuentos de su puño y letra. Y a mí me encantaba leerlos sola en mi habitación cuando todas las luces de la casa ya estaban apagadas.

                Respiré hondo y aspiré el olor de aquellas hojas envueltas en tiempo. Pasé la página y allí estaba el primero de los cuentos:

                “En un reino muy, muy, lejano,…”

                Leí en voz alta y algo muy raro pasaba, me pareció ver las letras bailando en las hojas. Seguí leyendo, pensando que solo era producto de mi imaginación. Las letras que leía se levantaban del papel y empezaban a dar vueltas a mi alrededor. Ya no podía dejar de leer, la sensación era hipnótica. Las letras cada vez eran más rápidas, hasta que un torbellino me envolvió del todo.

                Me dejé llevar, cerré los ojos mientras escuchaba el cuento en mi cabeza. Cuando los abrí estaba de pie en  medio de una llanura verde, unos caballos galopaban a lo lejos, y mariposas volaban a mi alrededor. Me di cuenta que aquel era el reino que describía mi abuela.

                Corrí por aquella llanura, cuando divisé un castillo a lo lejos. Allí debía de vivir la princesa Ariadna, la última esperanza de los dragones. Supe lo que tenía que hacer, iría a ayudarla. Estaba segura de que ya lo había hecho antes. Así que me dirigí al castillo todo lo veloz que pude.

                Cuando el hechicero oscuro fue derrotado, las letras me envolvieron de nuevo. Estaba en casa, sentada en el pasillo con la caja delante de mí y la libreta roja en mis manos. La cerré y sonreí. Sería un buen regalo de mudanza para mi hija Esperanza cuando volviera del colegio.

12 comentarios:

  1. Hola, María. ¡Qué lindas sorpresas nos deparan las mudanzas! Una libreta y un mundo que se vuelve a abrir como un pasaje a un momento de la niñez.
    Muy hermoso micro.

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    1. Si, las mudanzas nos traen coas antiguas que se convierten en nuevas.
      Son geniales para encontrar tesoros.
      Un besillo.

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  2. Como nos remueven las emociones las cosas del pasado que nos recuerdan la infancia perdida, al igual que a los seres queridos que nos acompañaron.Como siempre una historia tierna.
    Besos

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    1. Pues si, la verdad es que los recuerdos siempre traen sentimientos que teníamos guardados en un rincón.
      Muchas gracias.
      Un besillo.

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  3. Ay qué bonito. Es como u cuento dentro de orto cuento.
    Libretas com ésta deberíamos tener todos a nuestro alcance, no guardadas y mucho menos olvidadas en el fond del armario o en una caja en el altillo.
    Con tu buen hacer para escribir cuentos, supongo que les debes contar muchos a tus hijas. Y si no, ponte mans a la obra, jeje
    Un abrazo.

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    1. Buenas Josep, pues como dicen en casa del herrero cuchara de pala. Así que el experto en contar cuentos en casa es el papá que esun verdadero creador de sueños. Con su voz nos deja a las tres friticas, jijiji.
      Pero si que es verdad que todos deberíamos tener esas libretas a mano y no en el fondo del armario.
      Un besillo.

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  4. Muy bueno María, me ha encantado! Yo quiero una libreta como esa, jaja. Un abrazo, compañera de letras! ; )

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    1. Me alegro de que te haya gustado la segunda vez de su lectura, jejeje. eres un enchufado.
      Un besillo.

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  5. Encontrar en una caja olvidada y esos recuerdos son momentos mágicos. Algo así me pasó a mi un día que encontré unas carpetas que guardaba mi madre y yo recuperé en un rincón. Eran redacciones, cuentos y dibujos míos de niña( ya os mostré en un post unos pocos. Deja a tus hijas ver la libreta y cuéntales esos cuentos. Un abrazo

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    1. A mí me pasa con las cosas de mi madre. Encuentro tesoros en cada rincón.
      Un besillo.

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  6. Mudanzas y limpiezas... Siempre sale algo de ellas que nos recuerda el pasado. Quiñen no se ha parado en medio del trabajo, con un recuerdo en la mano, un libro, un álbum de fotos, y se ha puesto a recordar, a imaginar, a inventar. A fin de cuentas, todo es lo mismo, fruto de nuestra imaginación. Hermoso cuento María. Muchos besos

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    1. Pues si, los recuerdos son lo mejor, cuando nos encontramos con esas pequeñas cosas que nos la traen a la cabeza.
      Un besillo.

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