12/11/16

La cita. Capítulo 8.



                Tres coches entraron seguidos a través de la verja de hierro. Los ocupantes miraban por la ventana, observando cada rincón de aquella residencia. Subieron por un camino serpenteante rodeado de árboles y de césped que se extendía en la oscuridad de la noche. El camino estaba iluminado, pero no había luces más allá del asfalto.


                Llegaron a una casa enorme, de esas que solo se ven en las películas. Todos salieron del coche mirando hacia arriba, observando aquel caserón que dejaba sin habla a cualquiera. A todos les resultaba familiar, pero no la situaban en ninguna parte de sus recuerdos.

                Un hombre se dirigió a ellos.

                — Buenas noches. Me llamo Manuel, y estoy aquí para guiarles en su estancia. Síganme.

                Los tres se miraron y siguieron a aquel muchacho que no tendría más de 30 años.  Todo era un enigma y cada vez tenían más preguntas, aunque algo les decía que todavía no podían hacerlas.

                — Aquí tienen sus maletas. En ellas encontrarán todo lo que necesitan, si por casualidad se nos ha pasado algo, solo tienen que decírmelo. Cojan la que tiene su nombre y síganme a sus habitaciones.

                — Sobra la maleta de Lucas. Aquí no lo veo.

                — No se preocupe Pedro, él llegará más tarde. Por aquí. — Dijo señalando la puerta.

                Los tres subieron detrás de Manuel, llegaron a un recibidor decorado con arte moderno. Subieron unas escaleras, también del mismo estilo y llegaron a una planta con un pasillo a la derecha y otro a la izquierda. Los dos estaban llenos de puertas. Manuel se fue a la derecha, y los demás lo siguieron.

                — Las habitaciones permanecerán cerradas durante toda la noche. No están encerrados, simplemente es para que no tengan la tentación de salir a investigar por la casa. Todo está cerrado así que no verán nada.

                — Si todo está cerrado, ¿por qué nos encierran a nosotros también? ¿Y si queremos ir al baño?

                — Tienen uno en su propio dormitorio, y una nevera equipada con bebidas y comida por si les entra hambre a media noche. Tienen una televisión, un ordenador sin internet y un teléfono para comunicarse solo dentro de la casa. No pueden conectar con sus familias, así que les agradecería que me dieran sus móviles antes de entrar.

                Ninguno se movió, todos se miraron interrogantes, sin saber que hacer exactamente.

                — Ustedes han decidido venir, nadie les ha obligado.

                Ágata sacó su teléfono y se lo dio a Manuel, los demás hicieron lo mismo. Manuel introdujo un número en el panel que había al lado de la puerta, y esta se abrió. Ni siquiera se escondió para introducirlo. Todos lo vieron.

                — Esta es su habitación Ágata.

                Ella entró con seguridad, y la puerta se cerró tras ella. Su habitación era sencilla y moderna, todo en blanco, como a ella le gustaba. Muebles blancos, colcha blanca, todo minimalista. Abrió la nevera, y allí estaban sus marcas favoritas de yogures, varios quesos, y alguna que otra cosa más que eran de su gusto. ¿Cómo sabían tanto de ella?

                Las habitaciones de Pedro y Hugo eran diferentes, cada una al estilo de ellos. En la habitación de Pedro había unos cuantos peluches copias de los que sus hijos tenían en casa. Las maletas no eran distintas de las habitaciones, ropa de su gusto y de su talla. Cogieron un pijama y se metieron en la cama. No todos dormirían plácidamente aquella noche.

                Otro coche llegaba a la casa un poco más tarde y un hombre bajó de él.

                — Hola Manuel.

                — Buenas noches Lucas.

                — Supongo que esta será mi maleta. ¿Vamos?

                Manuel llevó al nuevo inquilino a su habitación. Este entró sin decir ni una palabra más.


10 comentarios:

  1. Se los ve instalados con confort en un escenario de lo más agradable. Casi me dan envidia. Aunque me temo que no hay muchos motivos para envidiarlos.
    Un beso.

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    1. Pues no lo sé, a lo mejor descubren cosas de ellos mismos que no sabían.
      Un besillo.

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  2. Rosa:
    hay mucha intriga en estos capítulos que, a su vez, son inquietantes. Vamos a ver qué descubrimos con ellos.
    Un abrazo

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    1. Muchas gracias. Espero que sigan teniendo la misma intriga conforme avancemos.
      Un besillo.

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  3. Esto se está poniendo interesante. Me recuerda a las historias de Ágata Christie.
    Un abrazo.

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    1. ¡Qué honor! Menuda comparación, me vas a poner roja como un tomate, jejeje.
      Un besillo.

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  4. He pensado lo mismo que Josep Mª en cuanto al símil con Ágata Christie, y puesto que uno de los personajes tiene ese nombre, me da la sensación de que es algo más que una coincidencia, un guiño al tomar parte del peculiar estilo de la famosa escritora.
    Me ha encantado este capítulo. La atmósfera es inquietante, la entrada de los invitados al caserón, las habitaciones personalizadas, todo esta muy bien construido para sostener esa improvisación sobre la marcha.
    Voy a por el siguiente capítulo.
    ¡Abrazo, Hermana de Letras! ;)

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    1. Pues la verdad es que aunque me gusta Ágata Christie, no he leído mucho de ella. De pequeña vi un par de películas basadas en su libros, y algún libro me he leído. A lo mejor es algo que se ha quedado en mi subconsciente.
      Un besillo Hermano de Letras.

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  5. Fascinante cómo vas construyendo el misterio sobre la marcha, introduciendo elementos clásicos, como la confortable y a la vez inquietante mansión, junto a otros mucho más modernos y originales, como las habitaciones personalizadas, hasta minimalistas. Capítulo tras capítulo, la intriga no decae y nos tienes en ascuas sobre lo que realmente se esconde tras toda esta representación. Seguiremos leyendo.
    Besos

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    1. Espero que cuando llegue el final no os decepcione. Porque mira que me estoy devanando los sesos para ofreceros algo original y que os guste y que no decaiga sobre todo.
      Un besillo.

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