5/9/16

Volver a ser yo.



                Ana había pasado la noche en vela, no por los ronquidos de la persona que tenía al lado, ya estaba hecha a ese ruido. Tampoco por las constantes veces que sus hijas la llamaban para pedirle agua, o simplemente porque querían un beso después de una pesadilla. No, se había mantenido la noche sin dormir por su decisión.

                Era como si le hubiera llegado de golpe, como si de alguna forma el velo de sus ojos hubiera caído y ahora viera con total claridad. No era feliz, llevaba tiempo sin serlo. Miró al hombre que tenía al lado dormido, ajeno a sus pensamientos, viviendo en un mundo paralelo donde todo era normalidad.



                 Pero ella ya se había cansado de esa rutina. Quería vivir, quería pasión, quería sentir, estremecerse, volver a ser la mujer que era, reír a carcajadas y sentir cosquilleos en el estómago por un mensaje recibido.

                Ya no le daba nada de eso, se habían acostumbrado a vivir en la desidia, en la apatía de un mundo juntos, de un matrimonio ya deshecho. Él sabía que algo faltaba y buscaba en otros mundos  lo que no encontraba en el suyo propio. Ella había mirado hacia otro lado, había cerrado los ojos ante la evidencia, se había escudado en su cómoda vida.

                No había pasado nada, ninguna discusión, ningún mal momento, ninguna mirada hacia otro lado, ningún mensaje de otra mujer, nada, nada de eso. Simplemente pasó sin más, a ella se le abrieron los ojos de golpe.

                Muchos matrimonios seguían juntos por los hijos, porque no sufrieran, porque no vivieran el desamor de sus padres. Ella no era de esas, lo había vivido en sus propias carnes, era hija de padres divorciados, de padres que dejaron de amarse y tuvieron la valentía de encontrar la felicidad en otras puertas.

                Aunque sí tenía un problema, ella había dejado de trabajar para cuidar a sus pequeñas, a sus tres princesas que dormían en el cuarto de al lado, nada menos que trillizas. Criarlas a las tres juntas no le estaba resultando nada fácil, y más cuando él trabajaba durante todo el día. Ella estaba sola para todo, hasta que llegaba la hora de la cena en la que se juntaban los cinco.

                Aún eran pequeñas, tres años de biberones, de pañales, de pipis en el orinal, de noches en vela, de pasos de cuna a la cama, de juegos, de parques, de piscinas en la playa, tres años que se habían pasado volando, y en el que su matrimonio había quedado relegado a un segundo plano.

                No obstante era injusto echarle las culpas a esas tres preciosidades que le llenaban el día. La culpa era de ellos, o más bien, para ser sinceros, él se había dejado embaucar por ríos más caudalosos, se había bañado en aguas más calmas.

                Ana seguía allí, arrastrada por la corriente, llevando el día a día lo mejor que podía. Pero ahora que se había decidido solo le quedaba un problema que resolver, encontrar dinero para las cuatro. Mantenerse no iba a ser nada fácil, teniendo en cuenta que el trabajo no caía de los árboles, y menos para una persona de treinta y tantos que llevaba tanto tiempo sin trabajar.

                Podía presentarse a las oposiciones, pero no tenía tiempo para estudiar. Necesitaba el trabajo ya. Sus hijas no comían del aire. Y estaba totalmente convencida de que la decisión la iba a llevar a cabo. Tenía que ser fuerte, ser valiente, tomar la decisión de ser feliz, de vivir una vida plena.

                Sabía que le costaría trabajo, pero tenía el mejor ejemplo del mundo, su madre. Una mujer hecha a sí misma, una mujer que resurgió de la nada a la que había quedado relegada, una mujer que luchó con uñas y dientes, que se agarró a su oportunidad de ser feliz al lado de sus hijas. Qué a pesar de no llevar ni una peseta en los bolsillos de sus eternos vaqueros, levantó a sus hijas con sus dos manos, ella solita.

                Ahora le tocaba a ella, Ana sabía que no iba a ser un camino de rosas, pero prefería enfrentarse al infortunio que quedarse dormida en los brazos de la apatía y la indiferencia.

                Aquella noche de insomnio era la primera de su vida, aquella noche de planes, de imágenes rondándole por la cabeza, de sus primeros días con él, de los últimos que recordaba felices, riendo, soñando juntos, de los cinco en la playa, de los cinco aprendiendo a andar. Imágenes de miradas a otro lado, de palabras no dichas, de gritos a media voz, de una cama enorme con un muro invisible, de suspiros que se escapan por la boca, de besos olvidados, fugaces, rápidos, guardados para otras…

                Imágenes de su futuro, de planes no realizados, de sitios a los que ir, de trabajos imaginarios, de ratos robados con ellas, pero sin él. Ana lo había decidido, él ya no formaba parte de su vida desde hacía mucho tiempo, ya era hora de aceptarlo, de hablarlo, de llevarlo a la realidad.

                Después de todo este tiempo sería feliz, volvería a reír de nuevo, a pesar de la adversidad, Ana volvería a ser ella.

10 comentarios:

  1. Esta muy bien relatado y reflejado el problema de muchas mujeres que se casan y ven como todo por unas causas o por otras, el amor se muere, es duro y muy difícil y mas cuando hay hijos por medio, de modo que me ha gustado mucho, una realidad muy cercana para muchas mujeres y hombres. un beso TERE

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    1. Muchas gracias. La verdad es que es una situación complicada, es una realidad constante para muchas familias.
      Un besillo.

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  2. Tiene que ser terrible sentir la necesidad de empezar de nuevo, de dejar atrás una relación que ya no satisface y no tener medios para hacerlo.
    Buen relato.
    Un beso.

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    1. Muchas gracias. la verdad es que debe de ser difícil, pero cuando el amor se acaba es la mejor decisión, si se puede, claro.
      Un besillo.

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  3. Para evitar ahogarte, debes sacar la cabeza del mar en el que te hundes para respirar. Esa noche de epifanía significó algo parecido. Cuando la rutina, el tedio se instala en la pareja, cuando son más los secretos que las confesiones, los silencios que las palabras, cuando ni se discute porque tampoco importa... Muy bien mostrado, el inicio del relato mostrando los ronquidos del marido consigue situar al lector. Saludos!

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    1. Lo has explicado muy bien.
      Muchas gracias por tus palabras.
      Un besillo.

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  4. Es éste un tema que, de una u otra forma ya tocaste en algún otro relato y siempre de forma cuidada, delicada y con arte. Un tema mucho más frecuente de lo que todos queremos admitir, pues la vida actual, tan “llena de todo”, aparte de las condiciones concretas de cada relación, separa más de lo que une. El amor se acaba, efectivamente, pero el amor es un concepto difícil de concretar y… muy influenciable. Lo que es importante es luchar contra la desidia, la costumbre, el aburrimiento, el desánimo y, como tu protagonista, tener la valentía de “echar pal ante” y romper, sea en el sentido que sea. A fin de cuentas, como dice la canción de las Azúcar Moreno, “sólo se vive una veeeeez”, je, je

    Muchos besos

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    1. Jijiji pues si, solo se vive una vez. Y es importante vivirla a gusto. Porque nadie nos va a devolver los días buenos ni se llevará los malos.
      Las relaciones hay que cuidarlas, siempre es cosa de dos.
      Un besillo.

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  5. Ha tocado un tema que hay muchas parejas que la sufren. Llegar hasta ese día que tiene que tomar una decisión no sería un camino de rosas, pero cuando el amor se apaga y ella llama no tiene vuelta atrás, es mejor dejarse y a vivir que son dos días. Un abrazo

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    1. Pues si, cuando no hay amor es mejor buscarlo en otro sitio.
      Un besillo.

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