26/9/16

Una conversación diferente



                La mañana se presentaba difícil, Isabel llamaba puerta tras puerta, y todas le cerraban en las narices. Pateaba las calles de sol a sol y siempre con una sonrisa en la boca. Siempre con una palabra amable, siempre llena de vitalidad y simpatía.

                Cuando llegaba a casa…

                — Y a mí que me importa.

                — ¿Cómo?


                — Ya me has oído, que no me importa nada.

                — Pero ¿quién eres? ¿Un hacker que se ha metido en mi ordenador?

                — Peor aún, estoy aquí aguantando todas esas historias ñoñas que se te ocurren todos los días. Esos momentos de amor previsibles y esos ratos lacrimógenos que dan risa en vez de llanto.

                — Pues no me leas.

                — Es imposible, no me queda otra. Tengo que aguantar todas tus palabras, una tras otra, aburriéndome hasta la saciedad.

                — Pues no entiendo porque, voy a borrar todo esto y voy a seguir escribiendo.

                — No sé cómo alguien lee algo de lo que escribes, de verdad eres soporífero.

                El escritor desconecta la wifi de su casa.

                Cuando llegaba a casa su perro…

                — ¿En serio? ¿Un perro? Menudo personaje te has buscado.

                — ¿Cómo es posible?

                — No te vas a librar de mí tan fácilmente.

                El escritor se levanta de la silla y apaga el ordenador. Sale de su casa y va a una tienda de máquinas de escribir. Un año después no ha vuelto a encender el ordenador, sigue escribiendo en su máquina tranquila y silenciosa.


10 comentarios:

  1. Mucho impertinente por la red ¿Qué les costará dejar en paz al que escribe? Lo s que tienen que desconectar son ellos si es que no les gusta.
    Un relato diferente.
    Besos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pues si, más de uno debería morderse la lengua, pero bueno de vez en cuando viene bien una crítica, que nos haga saltar las alarmas sobre lo que escribimos.
      Un besillo.

      Eliminar
  2. Me da a mí que aunque teclee con una máquina de escribir en lugar de con un ordenador, a esta escritora le puede volver a sorprender su critica lectora interior, jugándosela de nuevo, con un metalenguaje que haga patente otra conversación diferente, que traspase los límites de la mente para hacerse patente sobre el papel... o sobre la pantalla.
    Original montaña rusa de palabras.
    ¡Abrazo, Hermana de Letras... diferentes! ;)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pues si, mirándolo desde ese punto de vista podría ser. Porque nunca se sabe de donde viene esa voz...
      Un besillo Hermano de Letras.

      Eliminar
  3. Un relato que es diferente pero lo principal es seguir escribiendo y no rendirse. Un abrazo

    ResponderEliminar
  4. Ja, ja, qué bueno María. Si es que al final no hay nada como lo clásico. Tanta tecnología y… lo único que hacemos es perder intimidad. Me ha recordado tu relato a una peli que vi hace un tiempo que se llamaba “Open Windows”, ja, ja. Bueno, tampoco vamos a ser tan drásticos, que a fin de cuentas, esto de la red tiene sus ventajas, je

    Besos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pues no la he visto, pero ya me has dejado con las ganas. Tendré que ponérmela en pendientes.
      Pero si, a veces no hay nada mejor como un folio en blanco y una pluma.
      Un besillo.

      Eliminar
  5. Una conversación aterradora, sobre todo teniendo en cuenta que desde que se compró la máquina de escribir, no ha vuelto a tenerla.
    Un beso.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pues si, la verdad es que me pasa a mí y creo que ni máquina de escribir ni nada. Se acabó el escribir, jejeje.
      Un besillo.

      Eliminar

Deja tu huella. Me encantaría leerla.