14/9/16

Nuestro verano



                Ya se acaban las vacaciones y empieza el cole. Y no solo te das cuenta porque los peques entran al cole, los madrugones, las mochilas y las millones de nuevas cosas que pronto se volverán a convertir en rutina.

                También acaban las vacaciones porque nos encontramos los blogs de madres y padres llenos de entradas hablando sobre la vuelta al cole, o el final de las vacaciones. Los padres y las madres somos así, nos encanta contar los cambios en nuestras rutinas. Y como no, Escritora Mamá no va a ser menos.


                Hace un par de días me encontré una entrada que me encantó. Se trata de “Verano azul, y rosa” de La parejita de golpe. Me encanta este blog, porque me gusta mucho su forma de contar las cosas, además eso de que sus peques sean padawanes me chifla. Os recomiendo una visita.

                Pues me encantó su forma de contar el verano, y después de pedir el permiso oportuno, decidí copiarlo un poquito y contar nuestro verano tomando su entrada como referencia.

                Este verano ha sido un verano de sal y arena, de playa y viento. De bañarnos con el agua como un plato, y saltar las olas al día siguiente cogidas de la mano para que la resaca no nos diera un susto. De bucear y de gafas de buceo que no han llegado a servir. Un verano sin manguitos, y de clases sin ellos. Ha sido un verano de poner o no poner la sombrilla, de vuelos por el paseo marítimo, mientras papá corre detrás para que no hubiera un desastre mayor.

                Un verano de duchas en la playa, dándole mil veces a ese botoncito que tanto nos gusta y que nos refresca con un agua más dulce. Un verano de encontrar nuestra playa, esa que hemos hecho nuestra, y encontrar el sitio que más nos gusta, donde menos piedras había.

                Ha sido un verano de ir a la playa con los amigos del cole, unos días unos, otros días otros, pero con todos hemos jugado, rebozado en la arena, saltado las olas y hemos hecho escapadas al paseo marítimo.

                Un verano de revolcones en el mar, y algún que otro susto que nos ha hecho ser un poco más cuidadosos. Hemos aprendido el color de las banderas: verde podemos bañarnos; amarilla, tenemos que tener cuidado; roja, no nos podemos meter en el agua.

                Ha sido un verano de cazar pokémon con papá por las calles, por la playa o por donde pilláramos. El verano de la piscina de la tita Liba, de los desfiles y disfraces en la casa de la tita Isa, y de la aventura de dormir en la casa de los primos. De la primera paella en el chiringuito con los abuelos yayos. De pedirle folios al abuelo Jesús hasta la saciedad para colorear y colorear. De ponernos los vestidos de la abuela Silvia y de enamorarnos de Egipto.

                Hemos aprendido que los coches también se paran en cualquier sitio y no quieren seguir andando, que los electrodomésticos no duran para siempre, y que las cosas nunca se rompen solas.

                Hemos ido en busca y captura de zapatos de gitana, y encontrarlos en el primer sitio donde los habíamos visto, donde la tita Isa nos los regaló.
                 
                Ha sido un verano de andar descalzas, de usar las chanclas simplemente para salir de casa, pero quitárnoslas nada más entrar. De zapatos brillantes que forman arcoíris con la luz del sol, y de que los pies crecen muy rápido.

                Ha sido un verano de cumpleaños de viento, de Lady Bug, de mariquitas, de piedras pintadas y máscaras de súper héroes.

                Un verano de descubrir que la abuela Esperanza además de tener 
alas, por ser un ángel, tiene rayos equis que la dejan vernos a través de las paredes. Que cuando las bisis se ponen malas hay que estar tiempo con ellas para que se mejoren pronto.

                Descubrir también que no siempre los planes salen como pensábamos, y no siempre se puede ir a un hotel de vacaciones. Pero que también es divertido pasar tiempo en casa.

                Un verano en el que nos hemos dado cuenta de que las vacunas duelen más de lo que recordábamos, pero que somos muy fuertes porque nos la ponemos casi sin llorar.

                Un verano de pasar más tiempo con papi del que tenemos normalmente, porque él tiene que trabajar.

                Un verano de helados de chocolate, de vestidos y toallas de princesas, de paseos, de gusanitos, de agua fría para quitarnos la sed, de tablas de surf, de tapitas, de ratos de pelis con papá, de “mírame mamá”, de espectáculos, de pintalabios rojos, de canciones del verano, de danzas africanas, y de mil cosas más que hemos hecho.

                Hemos descubierto que tenemos una mamá famosa porque sale en el periódico, y hemos ido a las presentaciones de su libro, orgullosas porque ella lo ha escrito y está en las librerías. Ha sido un verano de miles de lecturas, unas repetidas y otras nuevas.

                Y así se ha pasado el verano, tan rápido que otra vez empezamos el cole, esta vez con una nueva aventura, nuevos amigos, nuevas historias y nuevas cosas que aprender. Preparándonos de nuevo para el verano que viene.



6 comentarios:

  1. Un verano muy activo y provechoso. Tus niñas tienen que estar agotadas de tanto como han hecho y aprendido. Casi me he agotado yo leyéndote. Ja, ja.
    Un beso.

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    1. Pues si, un poco agotadas están, pero aún les queda cuerda para rato. Ellas están hechas de otra pasta. Los adultos nos agotamos más.
      Un besillo.

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  2. Un verano, en definitiva, repleto de múltiples experiencias que solo valoramos en su medida cuando decidimos recordarlas.
    Un abrazo.

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    1. Pues si, a veces no sabemos lo que tenemos hasta que no nos planteamos lo que estamos viviendo.
      Un besillo.

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  3. Un verano muy activo y provechoso. De Juegos y olas, de arana y viento, de vistas a la familia y de paellas. Y ahora al cole eso es lo que tiene tener niñas pequeñas. Mi verano ha sido de trabajo, sudor y alguna lágrima.También ha sido de paseo,relax en la playa. De aguas mansas donde no había olas y de alguna cenita con amigos y caminatas. Un abrazo Maria

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    1. Pues si, alguna mar salada se ha paseado por mi verano, y no ha sido por el mar. Pero ha habido más olas que otra cosa.
      Espero que tus lágrimas hayan sanado ya.
      Un besillo.

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