2/8/16

Ladrón de profesión



                Soy ladrón de profesión. Mi trabajo es robar. Los veo salir de sus casas, dejándolas tan desprotegidas. Algunas tienen alarmas, otras han puesto rejas para cuidar sus más preciadas posesiones. Pero no hay nada que se me resista, yo consigo entrar sin apenas remover nada.


                Se creen que son astutos escondiendo en sitios que les parecen originales. Para mí son todos iguales, porque en todas las casas acaban usando los mismos escondrijos.

                Soy ladrón de profesión, aunque ellos hablan de mí como el duende que esconde las cosas. Lo que no saben es que lo que les devuelvo de vez en cuando son cosas de sus vecinos, haciéndolas pasar por suyas. A veces me gusta hacer travesuras.


12 comentarios:

  1. Qué bueno!, me recuerda una bonita leyenda de Honduras en donde existen los aluxes son algo parecido a nuestros duendes. Tienen un cuerpo infantil pero con detalles y aspecto de personas adultas y se dedican a hacerle travesuras a aquellos que desobedecen a los dioses pero, especialmente protegen y cuidan las propiedades y cultivos de sus creadores y si sorprenden a alguien robando en los huertos, les apalean y vuelven a pegar los frutos de donde los tomaron. Tengo una entrada en mi blog (es un poco larga) dividida en tres partes sobre un hermoso templo maya "Copan" que hace referencia a esos pequeños seres... Como ves es increíble como creencias populares se tengan a ambos lados del Océano cuando no había comunicación. Te dejo los enlaces por si quieres echarle un vistazo. Buen martes!
    PARTE I: http://www.elbailedenorte.com/2014/05/rosalila-i.html
    PARTE II: http://www.elbailedenorte.com/2014/06/rosalila-ii-y-final.html
    PARTE III: http://www.elbailedenorte.com/2014/06/rosalila-iii-y-final.html

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    1. ¡Qué historia tan interesante! Me encantan las leyendas. Ten por seguro que me paso a leerlo.
      Muchas gracias.
      Un abrazo.

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  2. Muy buen relato, María. La verdad es que vivimos todos de una forma muy similar y uniforme y nos gustan, o nos convencen de que nos gustan, las mismas cosas, de manera que si nos cambian algunas por las del vecino, no nos daríamos cuenta.
    Un abrazo.

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    1. Pues si, la verdad es que somos así. Intentamos seguir a la mayoría, jejeje.
      Un besillo.

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  3. Una buena historia de este nomo. Es verdad quizás los humanos actuamos casi parecido. Escondemos nuestras pertenencias en los más recónditos escondrijos y quizás no están tan resguardado. Un abrazo

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    1. Puede ser, que lo guardemos tan bien que después no los encontramos, jejeje.
      Un besillo.

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  4. Pero si me devuelven algo robado que en verdad es de mi vecino y yo no me doy cuenta, ¿dónde queda entonces mi individualidad y originalidad, cuestiones de las que nos jactamos cada vez que podemos ante los demás? Simplemente no existe (ni existo).

    Buen micro.

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    1. Si siempre queremos lo que tiene el vecino y al final todos tenemos las mismas cosas. ¿Cómo diferenciarnos?
      Un besillo.

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  5. Siempre los duendes como excusa de nuestros descuidos.¡Claro! que si lo dice el responsable de las desapariciones, entonces no debo añadir nada más.
    Besos

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    1. Si puede ser que a veces sean ellos, pero la mayoría son nuestros despistes los que nos lleven a perder las cosas.
      Un besillo.

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  6. Ja, ja, ja, muy bien jugada la idea del duende travieso, que roba, que cambia, que esconde. Yo creo que existen, ja, ja. Lo cierto es que tampoco somos tan originales como nos creemos y, al final, las costumbres nos traicionan. Recuerdo que cuando yo era joven (ufff) existían unos armatostes para el coche llamados "radiocasetes extraíbles" ¿te suena? y, cuando salíamos de copas, para no ir cargados con el aparatejo, a todos se nos ocurría la original idea de esconderlos, no en el maletero, sino bajo el asiento delantero... Imagínate dónde miraban primero los cacos, ja, ja... Era un clásico, en el rastro de Madrid los vendían a patadas.
    Besos maja

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    1. Jajaja me suena si, aunque es verdad que yo era una niña entonces, si he tenido esas radios extraíbles.
      Un besillo.

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