6/8/16

Ella. Capítulo 12.



                Han pasado dos meses de aquel día en el hotel. Ya no me paso las noches llorando ni los días como una autómata leyendo y corrigiendo manuscritos sin parar.

                Ese mismo día fui a mi casa. Ella estaba sentada en el sofá leyendo algo que ya ni me acuerdo. Me miró y me sonrió como si no pasara nada.

                — Hola princesa. ¡Qué ganas tenía de verte!

                Cerré la puerta de la calle de un portazo, sin dejar de mirarla, ella ni había cerrado el libro, me miraba a través de él.


                — ¿Sigues enfadada?

                Suspiró como si estuviera harta de aquella situación, como si todo fuera culpa mía en realidad.

                — Quiero que te vayas.

                No sé de donde salieron aquellas palabras, sonaron frías y contundentes. Era mi voz, pero no era yo. Ella se rio, como si fuera una broma de mal gusto. Mientras Ella se reía, me fui hasta nuestro dormitorio y empecé a sacar toda su ropa del armario. Ella vino detrás. Me miraba desde la puerta de la habitación divertida, mientras yo cada vez más enfadada sacaba más ropa y la ponía sobre la cama.

                — Veo que estás decidida.

                Ella se acercó por detrás y me agarró de la cintura, me dejé abrazar, sentir sus brazos a mi alrededor una vez más. Cerré los ojos y de nuevo aquellas imágenes, mi padre mirándome… La solté con brusquedad y me dirigí a la puerta.

                — Me voy. Volveré en un par de horas, para entonces espero que no estés aquí. Deja las llaves en el buzón.

                Ella se encogió de hombros y me miró mientras yo salía por la puerta.

                Dos horas y once minutos más tarde subí a mi casa medio arrepentida de lo que había hecho. Ni siquiera miré el buzón por si las llaves estuvieran allí. Abrí la puerta y su ausencia me golpeó sin ni siquiera ver los armarios vacíos ni el baño sin su champú ni su cepillo de dientes. Todo Ella había desaparecido, solo quedaba la foto de las dos en la playa que había en nuestra mesita de noche. Ni un recuerdo se había llevado. Todo lo nuestro le había dado igual.

                Me eché en la cama llorando, sin aguantar ni una lágrima más. Pero aquellas sábanas olían a Ella. Me levanté y las metí en la lavadora, recogí toallas, y empecé a limpiar todo de nuevo. Quería quitar su olor.

                Ahora dos meses más tarde ya no busco su olor en cada rincón. Ahora consigo despertar cada mañana sin lágrimas en los ojos. Aún no he perdonado a mi padre, más por mi orgullo, porque aunque no apruebe sus métodos, él en realidad tenía razón. Ella era un espíritu libre.

                En estos dos meses Marcelo y yo nos hemos visto todos los días. Salimos a pasear, algunas veces en silencio, y otras hablamos sin parar. Nos volvemos a descubrir el uno al otro, disfrutamos de nuevo con nuestra compañía. Aunque no hemos vuelto a acostarnos y seguimos viviendo separados. Él se ha quedado alguna noche en mi casa durmiendo en el sofá. Y yo me he descubierto a mí misma mirándolo dormir con la luna como testigo.

                He quedado con él en unos minutos. Viene a casa a cenar. He hecho pollo al horno. El timbre suena solo dos minutos antes de la hora.

                — Hola.

                — Hola.

                Dos besos en la mejilla. Él está más serio de lo normal.

                — Di ya lo que tengas que decirme, no esperemos más.

                — ¿Cómo sabes que tengo algo que decirte?

                — María no esperes más, te conozco, si quieres que no volvamos a…

                — Estoy embarazada.

                Marcelo me mira como si no me hubiera escuchado bien.

                — Estoy embarazada. — Repetí.

                Los dos nos miramos expectantes. Aquella noche en el hotel se viene a nuestras cabezas, los dos pensamos en el mismo instante. Yo sonrío, el sonríe. Viene corriendo a abrazarme, nos fundimos en un abrazo y nos reímos al compás de una música ya no tan lejana. Marcelo toca mi barriga, y yo me dejo acariciar. 

FIN


4 comentarios:

  1. Se intuía que al final ella abandonaría a su amada y volvería con su marido. Un buen final ojalá yo encuentre el final a mi novela. Un abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Bueno no sé si en realidad vuelve con él o se quedan juntos como amigos, eso lo dejo a cargo del lector.
      Un besillo.

      Eliminar
  2. Al final, Ella ha entrado y salido de la historia casi de puntillas sin embargo no veas el jaleo que ha armado. Claro que, como es un espíritu libre, je, je… Lo que me ha hecho gracia es lo del padre, que para demostrarle a su hija lo equivocada que estaba, va y seduce a Ella, con alevosía y premeditación, je, je. Una lección para su hija y, de paso, un buen revolcón. Te voy a demostrar lo malo que es emborracharse pillando una buena cogorza, jua, juaaaa. En fin, compañera, has terminado el relato cerrando de forma correcta con final feliz (o casi) y, aunque a mí me habría gustado que nos hubieses metido más en la mente de Ella, en sus motivaciones, su personalidad, me parece un relato muy original, bien estructurado en sus capítulos (todos ellos apasionantes) y con un final totalmente imprevisible la verdad.

    Besos y hasta la próxima. Feliz semana de vacaciones

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me alegro de que te haya gustado, y el final haya estado a la altura del resto del relato.
      Un besillo.

      Eliminar

Deja tu huella. Me encantaría leerla.