7/7/16

Sobrevivir al amor



                Mi amor me dejó un martes, nos dejó un martes. No en fin de semana, ni un lunes el peor día, no un miércoles en mitad de todo, ni un jueves la antesala del viernes. Él nos dejó un martes, un día cualquiera de una semana cualquiera.

                Les dije a las niñas que se había ido al cielo, que se había ido al mundo de los ángeles, que le habían crecido alas y nos miraba desde arriba. Yo, que presumía de no mentirles nunca. ¿Pero qué se les dice a unas niñas que no saben lo que es la muerte? ¿Qué se les dice a unas niñas que no volverán a ver a su padre jamás?

                Nada, no se les dice nada. O por lo menos no la verdad. Sin embargo, a mí me cayó como una jarra de agua fría, como si miles de cubitos de hielo cubrieran mi cuerpo. Como si el reloj de la pared se parara para siempre, y eso que llevaba sin pilas más de un mes. Pero fue en ese momento en el que me di cuenta de que ya no marcaba las horas. Ni las mías ni las de él.

                Y empecé a moverme como llevada por hilos, por unos hilos invisibles que marcaban mis pasos, que me levantaban las comisuras de mis labios, solo para que ellas se sintieran un poco mejor, solo para que ellas no vieran mi tristeza en el corazón.

                Trajeron su cuerpo en una caja cerrada. Allí dentro estaba lo poco que quedaba de él, lo único que abrasaría en las llamas que ya no eran nuestras. Estas solo eran para él. Entré a esa habitación solitaria, abrí la madera que nos separaba y por última vez volví a pegar nuestras frentes. Esas que ya no volverían a encajar. La suya estaba fría y la mía no le daba calor. Puse su anillo en mi dedo y volví a cerrarla.

                Salí sin mirar atrás. No volví a llorar ese día. Las lágrimas no querían salir. Estaban esperando para desgarrar mi alma en otro momento, en instantes vacíos de noches oscuras y sábanas sin él.

                Los días pasaban y ellas me miraban con el dolor pintado en sus rostros, con miles de preguntas atravesando sus pequeñas cabecitas. Yo solo podía intentar contestarles lo mejor que podía. Había días que me enfadaba con ellas por preguntar, por pedir, por desear estar a mi lado. Y otras me remordía la conciencia por tenerlo solo a él en mis pensamientos.

                Un día de esos que las lágrimas salen solas, de esos que preparas mochilas para el cole mientras te limpias las lágrimas a escondidas, detrás de la cafetera, con la puerta del frigorífico, agachada para atarte un tenis inexistente. Y cuando estás así, llegan ellas y te dan el mejor beso del mundo, y con toda su inocencia te dicen:

                — Mamá no llores.

                Y aunque esas palabras te hacen saltar más lágrimas por lo que eso conlleva, te sacan una sonrisa. Una de esas que no necesitan hilos para moverse, una de las sinceras, de las que salen por todo el amor que aún conserva tu corazón roto.

                Porque tu corazón sanará, porque ellas te darán la fuerza que a ti te falta, porque ellas son tu salvación, porque ellas serán las que te harán sobrevivir al amor.

22 comentarios:

  1. Jo, vaya llorera que me ha entrado al leerlo...
    Besitos

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    1. Supongo que la misma que yo escribiéndolo. Siento haberte hecho llorar.
      Un besillo.

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    2. No lo sientas!!! Que he llorado con gusto, je je je.
      Bss

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    3. Entonces es buena señal. Jijiji.
      Besos guapa.

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  2. Ufffff, a mí también me has hecho llorar. Y por un momento deseé ser una de esas niñas que creen en el cielo porque cuando el año pasado se fue mi padre, de repente y sin el mínimo aviso creí morir, no podía soportarlo y creer en algo siempre ayuda pero yo solo veía la caja que tú describes. Y lo de no llorar es lo que le pasó a mi madre, que los primeros meses estaba normal, con una calma fuera de toda lógica, y que le costó una anemia y una depresión meses después, cuando lo asimiló.
    Un beso.

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    1. Es que cuando pasamos por esos momentos no sabemos nunca como vamos a reaccionar.
      Para cada uno es algo distinto.
      Un beso y mucha fuerza.

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  3. Precioso relato. Al profundo dolor por la pérdida de un ser amado se le añade el de tener que disimularlo o suavizarlo ante unos niños que todavía no saben qué es perder a quien se ha amado. Sufrir y fingir debe ser más doloroso.
    Un abrazo.

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    1. Si yo creo que si, que es difícil de mantener un dolor frente a los niños que nos miran con ojo avizor.
      Un besillo.

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  4. Me has hecho llorar, María. Un relato muy conmovedor, que toca ese lugar en el que una pérdida lucha con la continuidad de la vida.
    Un abrazo!

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    1. Siento haberte hecho llorar, aunque por otro lado, si he logrado hacerte sentir, es que no lo he hecho mal del todo.
      Muchas gracias.
      Un besillo.

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  5. María que bonito y triste relato, me ha parecido conmovedor ese "aguantar" el dolor para no provocar más tristeza a los hijos que no saben.
    Un saludo

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    1. Es difícil esconder los sentimientos a unos niños que también lo están pasando mal. No sé hasta que punto es bueno...
      Un besillo.

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  6. Un relato triste donde los sentimiemtos afloram desde la pena y eñ disimulo ante unas niñas que si se dan cuenta. Um abrazo

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    1. Si la verdad es que me salió muy triste.
      Un besillo.

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  7. Muy bueno María, me ha encantado, tocas la fibra sensible de una manera espectacular. Y la mía, la has zarandeado pero bastante, jeje. Es tierno, trágico, real, y como la vida misma, sin perder ese ápice de esperanza. Un abrazo, compañera de letras! ; )

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    1. Muchas gracias. Me alegra haberte zarandeado, jejeje. De eso se trata cuando escribimos de llegar al lector.
      Un besillo.

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  8. Me ha quedado el alma encogida. Yo no creo que fuera capaz de aguantar y disimular. Me hundiría en la miseria. Pobres niñas mías.
    Un beso. Un relato muy triste, pero precioso.

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    1. La verdad es que es una situación muy complicada. Yo no sé como reaccionaría. Es difícil saberlo.
      Un besillo.

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  9. Todo emoción, el pensamiento de esa mujer reflejado en tus letras. ¿Cómo decir a un niño lo que es la muerte y la separación definitiva de un ser querido? Ellos desde su inocencia curan antes las heridas del alma y son nuestro refugio cuando nos sentimos vacíos, solos y perdidos.
    Se me humedecieron los ojos, lo conseguiste de nuevo. Mala,mala.
    Besos a pesar de...

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    1. Jijiji bueno está claro que consigo removeros ese corazoncito, y he de reconocer que me encanta. Parece ser que soy muy mala. Jus juas juas.
      Un besillo.

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  10. Muy buen relato en el que has aunado los tres aspectos necesarios para crear el efecto que buscabas: el dolor por la muerte de un ser querido, la expresión de ese dolor frente a unos niños y la reacción natural de ellos con un claro mensaje: nunca estamos solos. Cuando alguien se va, en lugar de mirar hacia arriba, es mejor mirar hacia los lados.
    Besos María

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    1. Totalmente de acuerdo contigo. Mirar para arriba no sirve de nada, lo mejor es mirar hacia los lados.
      Un besillo.

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