21/7/16

Mi amigo Slot



                — ¿Qué buscas?

                — Ya lo sabes. — Mario miró enfadado a su amigo.

                — ¿Y cómo lo voy a saber yo? — Slot reía a escondidas.

                — Sé que no quieres ir hoy al colegio, y me has escondido el zapato. Siempre estás haciendo de las tuyas.

                — ¡Mario vamos vístete ya que llegamos tarde!
                La voz de la madre de Mario llegaba desde la cocina.

                — ¡He perdido un zapato, no lo encuentro!

                — ¡Pues ponte otros!

                Cogió los tenis que le había regalado su abuela y que le gustaban tan poco. Llevaba purpurina por todas partes, su abuela le dijo que en la tienda le habían asegurado que eran los que estaban de moda. Una mentira como una casa.

                Mario miró a su amigo duende con rabia, desde que se había instalado en su cuarto había tenido más de un problema. Siempre estaba liándolo todo y luego le echaban las culpas a él. Los adultos no podían verlo, y no podía echarle las culpas a su hermana Ana que solo era un bebé.

                — Si no quieres venir al cole puedes quedarte en casa, pero cuidadito con lo que haces.

                — Aquí me aburro cuando tú no estás. Prefiero ir contigo, aunque tengamos matemáticas con ese ogro.

                — Ya te he dicho mil veces que no es un ogro. Lo que pasa es que te da miedo.

                — Lo que pasa es que no quieres verlo.

                — ¿Ah sí listo? ¿Y por qué a ti si te veo?

                — Porque yo soy muy guapo. — Slot pasó por el lado de su amigo humano dándole una palmadita en la espalda.

                “Para nada era guapo”, pensó Mario. Estaba lleno de pelo por todas partes, las orejas puntiagudas y demasiado largas, como su nariz, y una barriga rechoncha que le hacía andar de una manera muy rara.

                Cuando llegaron al colegio Mario se soltó de la mano de su madre para jugar con sus compañeros antes de entrar a clase. Todos lo saludaron a él y a Slot y siguieron mirando unos planos que había en un papel un poco roto.

                — ¿Habéis encontrado la forma de entrar? — Mario miraba el plano de arriba abajo como otras tantas veces.

                — Marta dice que entremos desde el tejado. Slot podría ir primero.

                — Por el tejado es complicado. Están las placas solares y podríamos resbalarnos.

                — Pues no hay otra opción. El ogro siempre tiene la puerta cerrada con llave.

                — Miguel, aún no sabemos si es un ogro. Para eso queremos entrar en su despacho, para averiguarlo.

                — Slot dice…

                — Ya sé lo que dice Slot. Pero ninguno lo hemos visto.

                — A lo mejor tiene un encantamiento.

                Laura se acababa de acercar al grupo. Todos la miraron, esperando una explicación más larga.

                — Anoche leí un libro sobre hadas, y se me ocurrió que a lo mejor tenía un encantamiento ocultador y por eso no lo vemos.

                — Tiene mucho sentido. Esta mañana mientras estéis en matemáticas, Mario, tú finges que te pones malo de la barriga y juntos intentaremos entrar en su despacho.

                — ¡Mira que eres cobardica Slot!

                El timbre sonó y Mario recogió el plano del colegio. Hoy lo volverán a intentar. Quizás lleguen a descubrir esa puerta mágica que les lleve al mundo de Slot, o eso dice él.


8 comentarios:

  1. Todos los profesores de matemáticas que parecían ogros en el colegio. Quizá es que a todos los ogros les gusta poner problemas a los niños, jeje
    Muy buen relato, o debería decir mejor cuento.
    Un abrazo.

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    1. Si es posible que sea aí, que vengan de otros mundos a llevar a los niños grandes problemas.
      Un besillo.

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  2. Un tierno relato lleno de la imaginación infantil, desbordante y llena de fe, como solo los niños pueden tener la imaginación... pero yo he dado clase de matemáticas durante cuatro cursos y no me considero un ogro. Claro que habría que preguntárselo a los chicos, ja, ja.
    Un beso María.

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    1. Claro que no, no solo los profes de mates son ogros. Este resulta que algo tenía que lo hacía ser ogro... No solo ser profe de mates.
      Un besillo.

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  3. Cuando los niños ven en sus profesores ogros es por que algo no va bien. Un buen cuento. Un abrazo

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    1. A lo mejor era un ogro de verdad, teniendo un amigo duende, ¿quién sabe?
      Un besillo.

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  4. Un cuento que da para muchísimo más María, :)
    Deja con ganas de saber si realmente era un ogro o no.

    Muy bueno.
    Besos!

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    1. Pues a lo mejor seguimos, nunca se sabe, ya ves que las historias siempre las podemos continuar.
      Un besillo.

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