11/7/16

Los despistes de Carla



                Carla es una niña muy inteligente. A sus ocho años adelanta a todos los niños de su clase en todas las materias. Habla inglés con sus profesoras y pregunta cosas en clase que a nadie se le ocurre preguntar.

                Pero Carla tiene un problema que no sabe cómo solucionar. Es muy despistada. Tropieza todo el rato porque siempre está mirando hacia otro lado cuando va andando. Todo le llama la atención, puede pasarse horas mirando el vuelo de una mosca sin aburrirse.

                Sus padres le mandan recados para que baje a la tienda de la esquina, y a mitad de camino tiene que volver a subir porque se le ha olvidado lo que iba a comprar. Hay veces que vuelve a su casa hasta tres veces.

                Se cae tantas veces que tiene las piernas llenas de morados por las caídas, parecen un arcoíris de morados, rojos y verdes.

                Todos los días Carla vuelve sola del colegio, su casa está tan cerca que si no se entretuviera con las hormigas por el camino, llegaría en un santiamén.

                El viernes es el último día del cole, y Carla se despide de sus amigos hasta después del verano. Su amigo Fermín la acompaña la mitad del camino, pero Carla está tan concentrada viendo el caminito de las hormigas que no se da cuenta de que Fermín le ha dicho adiós. Ella levanta la mano casi sin darse cuenta y sigue a aquella hormiga roja cargada de una suculenta cáscara de pipa.

                Tiene que desviarse de su camino principal, porque el hormiguero se encuentra en la otra dirección, pero pronto vuelve a su camino. La hormiga ha desaparecido dentro de la arena.

                Cuando llega a su calle se queda con la boca abierta. Donde estaba su casa hay un trozo de tierra y una excavadora recoge los escombros de lo que era su casa. Mira a un lado y a otro, por si se ha equivocado de casa, pero todo sigue igual, todo menos su habitación.

                Busca a sus padres con lágrimas en los ojos. Eso no podía ser, ¿quién le había tirado la casa? Su compañera de clase Claudia siempre se metía con ella y le decía que un día su padre, el alcalde del pueblo, la echaría del pueblo. ¡Lo había hecho!

                Corriendo va al cuartel de la Guardia Civil. Ellos sabrían que hacer. Llega con la cara llena de churretes por las lágrimas que no paran de caer, sin aliento y con las piernas llenas de heridas por todas las veces que se había caído por el camino.

                — Necesito ayuda. — Dice Carla medio sollozando.

                — ¿Qué te pasa Carla? Estas hecha un trapo.

                — Claudia… me dijo que el alcalde… mi casa… ya no está… 

excavadoras por todas partes…

                — Carla relájate, ¿qué dices? ¡Pedro tráele un vaso de agua a la niña!

                Carla se bebe el agua de un trago y le explica al guardia civil que Claudia quería echarla del pueblo y que había tirado su casa para que se fueran de allí.

                — ¿Dónde voy a vivir?

                La niña se echa a llorar desconsolada, y los guardias civiles se echan a reír. Carla los mira enfadada. ¡Ellos también la quieren fuera del pueblo! Sale corriendo sin oír los gritos de los guardias que la llaman.

                Está deambulando por el pueblo sin rumbo fijo, se para a mirar como una mariposa vuela, y casi se le olvida que ya no tenía casa cuando se acuerda de sus padres. ¿Dónde estaban? Seguramente habrían ido al ayuntamiento a hablar con el alcalde. Eso es, iría al Ayuntamiento y le diría al alcalde que tenía que hacerle la casa de nuevo.

                De camino se encuentra a sus padres que buscan algo como locos. Ella los ve primero, y se siente fatal, seguro que buscan su casa. Los llama y ellos echan a correr hacia ella con la cara llena de alegría.

                — Hija menos mal que te encontramos. ¿Dónde estabas? Pedro nos ha contado que has ido al cuartel y que le has contado una historia muy rara. Cielo, ¿no te acuerdas que nos íbamos a casa de los abuelos mientras hacían nuestra casa nueva? Te lo dijimos anoche.

                La madre de Carla no soltaba a su hija, dándole besos por toda la cara mientras le hablaba.

                Ahora que lo pensaba, era verdad, su madre le había dicho que le harían una casa más grande ahora que iba a nacer su nueva hermanita. ¡Qué despiste! Tendría que comprarse una agenda para poder acordarse de todo. 

12 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Si la verdad es que los despistes le juegan una mala pasada.
      Un besillo.

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  2. Jajajaja, me ha encantado María. Pobre Carla, que mal trago. Menos mal que todo ha terminado en un susto inocuo, jeje ; )

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  3. Pobre niña que despiste mas grande, pero claro es una niña despistada pero muy lista. Un abrazo

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    1. Si es lista, aparte de lo despistada que es, jejeje.
      Un besillo.

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  4. Hola María!

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    Más saludos!

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  5. Un problema grande el de esta niña pequeña.
    Besos

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  6. Por dios!! ponle a esa niña una agenda ya antes de que cause algún desastre. Me recuerda a mí cuando era pequeña... hasta ahora. La única diferencia es que yo nunca adelanté a mis compañeras en ninguna materia y no hablaba inglés con nadie.
    Me ha encantado el relato.
    Un beso.

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    1. Jijiji la verdad es que la pobre es muy despistada y se pega un gran susto...
      Un besillo.

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