2/7/16

Ella. Capítulo 7.



                Pego mis labios a los suyos, noto su sabor, su olor, su tacto con un solo roce. Miles de momentos se meten en mi cabeza. Beso esos labios hechos solo para mí, acoplados a los míos desde tiempos inmemorables. Él no me devuelve el beso, pero sé que ya está despierto, lo sé por su respiración agitada, por el latir de su corazón, por su cuerpo rígido intentando no moverse. Lo sé porque él de alguna manera es yo.

                Suelto sus labios, los dejo ir, deseando más de ellos, queriendo una caricia más, un momento más, pero sabiendo que ya no son míos, que no tengo ningún derecho a volverlos a atrapar, que ya los he perdido.


                Miro sus ojos, ahora abiertos, con lágrimas contenidas, mirándome a través del dolor, a través de su dolor. Le limpio la sal, él me limpia la mía. Cuanto dolor, cuanta injusticia, cuanto sentimiento encontrado. La culpa me baila en la cabeza como si de un demonio malo se tratara, deseo con todas mis ganas volver a besarlo, y sé que él también quiere volver a besarme a mí. ¿Pero es justo? ¿Podríamos soportarlo una vez más?

                Mis dudas quedan contestadas al pegar su boca a la mía acercándome a él con suavidad. Con su mano en mi pelo junta nuestras bocas, pega nuestros labios tan fuerte que apenas puedo moverme. Cierro los ojos y me dejo llevar. Suelta mi cabeza, se aleja.

                — Los siento. No tengo derecho a…

                No lo dejo seguir, vuelvo a acercar mis labios a los suyos, saboreo su aroma, bebo de su fragancia, absorbo su esencia. Y solo tengo que besarlo, mi lengua contornea cada centímetro, él se deja hacer, y entonces es cuando nuestras bocas se abren para encontrarse, cuando se dedican su momento. Nuestras bocas bailan juntas un son ya conocido, un son lejano, diferente, pero familiar, nuestro.

                Nos dedicamos todo el tiempo del mundo, no tenemos prisa. Nuestras manos siguen sin moverse, como si nuestras bocas tuvieran vida propia y actuaran por propia voluntad. Como si ya no fueran parte de nosotros, como si ellas solas fueran capaces de saber lo que realmente queríamos.

                Ahora volvemos a ser nosotros. Somos uno de nuevo, sin nadie más. O eso es lo que mi alma me pide a gritos, porque mi corazón habla por su cuenta, y de repente, sin yo quererlo me vuelven a mi cabeza las imágenes de anoche, deshaciendo la magia, volviendo al presente, trayéndome de verdad a mi realidad, a mi triste realidad.

                Me separo de él, lo miro y le sonrío con tristeza. Él me comprende, siempre lo hace. Suspira y me abraza, y así en nuestros brazos nos dormimos. Dormimos sensaciones perdidas, momentos inacabados, palabras ahogadas, dormimos nuestros sueños.


6 comentarios:

  1. Dormir los sueños es una frase que da al relato un giro. A ver que nos depara el siguiente. Un abrazo

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    1. Bueno, a ver que pasa... Aún no lo sé ni yo, jejeje.
      Un besillo.

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  2. Veo que te tomas tu tiempo en relatarnos esos momentos de intimidad, de confidencia, entre la pareja, con pausa, con mimo. Se nota que disfrutas con ello y nosotros contigo. ¡Di que sí!, que prisa hay para saber lo que María nos tiene que contar sobre Ella. Esperaremos…

    Besos

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    1. Las prisas no son buenas nunca, jejeje. Todo poco a poco se saborea mejor.
      Un besillo.

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  3. Muy bueno María, me está gustando mucho. A ver que nos depara esta pareja, jeje. Cada vez ando más intrigado, aunque ya se vislumbra parte de la trama con claridad. Y me gusta ese momento íntimo de pareja, de confianza mutua pese a las dudas y el dolor ; )

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    1. Cuando una pareja vive tanto juntos, siempre queda algo.
      Un besillo.

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