23/7/16

Ella. Capítulo 10.



                — Marcelo, deberías saber el motivo de porque estoy como estoy. Mereces saberlo. El sábado fue la gala de presentación de Carlos. Me fui a la gala sola. A Ella le dolía la cabeza, le prometí que volvería temprano, aunque ambas sabíamos que un par de horas no me las quitaría nadie.

                Mi todavía marido me mira sentado desde la cama, resignado a escuchar mi explicación. Miro a mi padre, no se ha movido de donde estaba, con una sonrisa en su cara que me dan ganas de quitarle de un bofetón.


                — En fin… — Suspiro agotada de pensar de nuevo en aquella noche, ahora como en un sueño. — Me voy a la gala y de camino ya le he mandado varios mensajes a Ella que no contesta. Supongo que está dormida por la migraña.

                Mi padre empieza a dar golpecitos con el pie en la alfombra, de forma impaciente.

                — Deja de hacer eso. — Para enseguida.

                Suena la puerta, mi padre abre como si fuera su habitación. Traen la comida. Él le da la propina al empleado y cierra la puerta tras él.

                — ¿Quieres comer Marcelo?

                Él me dice que no con la cabeza, yo me siento a su lado en el filo de la cama y empiezo a comer, mi padre se acerca a coger un bollo de la bandeja. Mi mirada lo detiene. Con la boca medio llena sigo hablando con Marcelo, intentando evitar a mi progenitor.

                — Cuando llego a la gala me encuentro con todo el mundo menos con mi padre. Es raro, porque él nunca se pierde las galas. Es más, no hay galas sin él, ya lo sabes. Le mando un mensaje para saber dónde está, pero no me contesta. Con lo que decido irme. Total, si él no está, yo también puedo perderme la gala. Hablo con Carlos y quedamos en que Marisa me sustituya en el discurso. Él está eufórico, así que no le importa. Decido no mandar ningún mensaje más a Ella, ya que supongo que está dormida. Entro en casa lo más sigilosa que puedo. Y unas risas me descolocan. Pienso que son los vecinos de al lado. Las paredes de hoy son muy finas. Cuando abro la puerta de mi habitación, me quedo tan sorprendida que no puedo dejar de mirar. Mi padre y Ella desnudos en la cama, bebiendo sidra, Ella a horcajadas encima de mi padre de espaldas a mí, y mi padre con su mirada fija en mí y con una sonrisa que no olvidaré jamás.

                Lo cuento todo sin parar, metiéndome comida en la boca, para ahuyentar las lágrimas que se atragantan con los trozos de bollos, pan, café y demás exquisiteces. Miro a Marcelo que no puede apartar la mirada de mi padre.

                Mi padre sigue en el mismo sitio, sin moverse, mirando como yo no paro de engullir como si me fuera la vida en ello.

                — Cuando me dijiste que ibas a detener esto, no creí que fueras a hacerlo de esta manera.

                Las palabras de Marcelo me atragantan y me hacen toser sin parar. Escupo todo lo que tengo en la boca encima del plato. Él empieza a darme golpecitos en la espalda y me ofrece un vaso de agua. Lo miro, él no me mira.

                — ¿Qué es esto Marcelo?


6 comentarios:

  1. Vaya sorpresa su padre con Ella, a ver que pasa el siguiente capítulo. Un abrazo Maria

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    1. Pues sí a ver que explicación le da...
      Un besillo.

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  2. ¡¡¡Ooooooh!!! ¡¡Dios mío!! - Dice una voz a lo Janice de Friends - Peeero... ¿Eto qué es? ¿Yo por qué no he leído esto? O.o

    ¡¡Me acabo de quedar patidifusa!! ¡¡Qué fortiiiiiis!! ¡¡Que Marcelo está metido en todo el meollo!! ¡¡Oiiiiiix!!

    ¡Qué Fuerteeeeee!

    ¡¡Muuuuchos Besotes!! ;)))

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    1. Jijijiji y yo pensando que no había escrito todavía el 10.
      Pero sí, aquí está, nuestro querido Marcelo en el meollo del asunto.
      Un besillo.

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  3. Vamos, vamos. Ni imaginarlo podía recordando aquel primer capítulo de la serie... los derroteros que ha tomado la cosa. Como siempre, voy retrasado y veo que ya has escrito el capítulo once. Mi meticulosidad me impide saltarme otras lecturas anteriores que tengo pendientes, pero ya me pica la curiosidad... no sé, no sé
    Besos

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    1. Jejeje bueno, no se van a escapar a ningún sitio, puedes retomar cuando quieras.
      Un besillo.

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