6/6/16

Un ángel callejero




                Paseaba por la calle con sus botas militares. Pisaba fuerte, decidida, con la cara en alto. Una sonrisa le iluminaba el rostro. La gente se volvía para mirarla, no por su extraño atuendo, sino por todo lo que transmitía solo con aquella mirada.

                A pesar del sol no llevaba gafas para protegerse de él. Miraba a la gente directamente y sonreía más cuando ellos le devolvían la mirada. Conseguía sacar una sonrisa en cada uno de ellos, estuvieran agobiados, enfadados, tristes o ensimismados en sus propios pensamientos.


                De vez en cuando se encontraba a alguien mirando la pantalla del móvil y hacía un gesto brusco e intentaba mantener contacto con esa persona, para que se volviera a mirarla. Ella se giraba y les regalaba otra de sus amplias sonrisas y un lo siento silencioso.

                Cuando la gente intentaba describirla, no sabrían decir cómo era. Solo acertaban en que tenía los ojos oscuros, aunque otros decían que eran azules como el cielo, y otros que eran verdes como los gatos.

                Daba igual las veces que se las encontraban, imposible describirla. Hubo gente en su busca, pero cuando intentabas encontrarla, ella desaparecía. Hasta que un día cualquiera volvía con su seguridad, con su sonrisa, con sus ojos indefinibles, con sus botas militares.

                Pronto se creó la leyenda del ángel que invadía las calles y repartía felicidad por sus habitantes. De ese pequeño ser que sin alas, volaba entre ellos para alegrarles el día. La leyenda contaba que la gente que se encontraba con ella, y conseguía una sonrisa suya tendría suerte durante todo el día.

                Isabel llegó a casa cansada. Se miró en el espejo después de doce horas de trabajo seguidas, tenía ojeras. Los enfermos no descansaban, y ella velaba por ellos. Se quitó el uniforme de trabajo, se metió en la ducha, se puso ropa nueva, brillo en los labios, se calzó sus botas militares y volvió a salir a la calle, dispuesta a darlo todo de ella. Estaba segura de que la gente solo quería seguridad y felicidad, y que esta era contagiosa.


14 comentarios:

  1. Ese sí que es un ángel, como todos los seres humanos que cuelgan sus pesares en casa para salir al mundo a ayudar a los demás a ser un poco más felices o menos in felices de lo que son.
    Un bello relato. Ojalá me cruzara alguna vez con ella.
    Un abrazo.

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    1. Pues fijate bien a ver si la ves, porque puede ser que te la encuentres cuando menos te lo esperes. Sonreir no cuesta nada, y a veces alegramos a los demás con una simple sonrisa.
      Un besillo.

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  2. Una persona cuando reparte cuidados y alegrías es un ángel, te lo puedo asegurar.Un abrazo

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    1. La verdad es que si. No cuesta tanto sonreir, y es algo que se agradece.
      Un besillo.

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  3. Me parece estupendo el mensaje que nos transmite tu historia: contagiar entusiasmo y esperanza en los demás a través de estos "ángeles" de la cotidianidad.
    Un beso

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    1. Muchas gracias. Lo mejor que se puede contagiar es eso, felicidad.
      Un besillo.

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  4. Personas especiales, ángeles de la guarda urbanos que con su sonrisa y actitud nos salvan el día.
    Precioso.
    Besos y felicidad.

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    1. Es increíble cuando te cruzazs con ellos. A mí me encanta cruzarme en la calle con gente que se ríe sola.
      Un besillo.

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  5. Cómo hay héroes en cada esquina de la cotidianidad...Hermoso mensaje y estoy muy de acuerdo ;)
    Abrazos!!

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    1. Muchas gracias. La verdad es que da gusto encontrarte a gente sonriendo por la calle sin motivo aparente.
      Un besillo.

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  6. ¿Un ser humano (o no) que dedica su vida a los demás y que, cuando termina su trabajo, se calza unas botas militares y sale a la calle para, usando las únicas armas que su propio cuerpo le proporciona (unos ojos, una sonrisa) y un gran poder (o don), repartir felicidad y seguridad a diestro y sinestro? Creo haber visto a un ángel de esos. Una vez le vi pasar. Sólo que, en lugar de botas militares, llevaba unas All Star. Nunca lo olvidaré.

    Ojalá se propagase una epidemia de felicidad

    Me ha encantado. Besos

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    1. Ayyyy que suerte tienes. A lo mejor hay más de uno, deberíamos investigarlo a ver si los encontramos.
      Un besillo.

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  7. Bonito mensaje María, :)
    Las personas que regalan sonrisas y felicidad, son un soplo de esperanza y seguridad.
    La actitud todo lo vale y merece ser vista con muchísimo optimismo.

    Besitos!

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