30/6/16

La panadería



                Se han acabado las vacaciones y hoy empiezo el cole. Me he levantado con muchas ganas porque ya estoy en el cole de mayores. Empiezo primaria y ya las cosas se ponen serias, o eso me ha dicho mi mamá.

                Me estoy vistiendo solo, ya soy mayor y soy súper rápido, mucho más que Superman. Pero para mi madre no parece suficiente porque no para de repetirme que me dé prisa.

                Salimos por la puerta, yo con mi mochila, y ella con miles de cosas en las manos. Siempre tiene las manos ocupadas. Le digo que la ayudo e intento quitarle una de las carpetas que lleva, pero todo se le cae al suelo. Ella suspira y se pone a recoger, yo la ayudo. Es un poco torpe mi mamá, pero aun así yo la quiero.

                Antes de ir al cole me ha dicho que nos pasaremos por la panadería para comprar el pan. La señora Rosa ya no está, la vendió y lleva todo el verano con un cartel que pone “Cerrado por reformas”. Lo sé porque ya sé leer.

                Hoy es el primer día que abre, y nadie del barrio se lo quiere perder. Todos están aquí. Yo me alejo de mi madre para saludar a Lucía, una niña de mi clase a la que no he visto en todo el verano.

                Pero cuando llego hasta ella, ni me ve. Le tiro de la manga de la camisa y ella ni caso. Está mirando algo con mucho interés, así que miro donde mira ella. Al principio no veo nada porque delante de mí está el señor del quinto, que es un hombre con un culo muy gordo. Mi madre me dice que eso no se dice, pero ¿cómo se dice entonces que un hombre tiene el culo muy gordo? Se lo pregunté y no me contestó.

                Por fin el hombre se ha ido, y miro en la misma dirección que Lucía. En la puerta medio abierta que da a la parte de atrás de la tienda se puede ver un caldero, uno de esos antiguos que me recuerdan a los cuentos de brujas que me cuenta mi padre. Aunque lo más raro es que dentro del caldero una cuchara se mueve sola y de la olla sale un humo morado.

                — Se mueve sola. — Le digo a Lucía, aunque sé que ella ya lo sabe.

                — Pero mira. — Me dice ella sin apartar la vista de la puerta. — A veces salen burbujas con caras dentro.

                Se lo está inventando, pienso, pero rápidamente vuelvo a mirar hacia la olla.

                — ¡Mira es la cara de tu madre!

                Arrugo los ojos, porque así se ve mejor, lo he visto en las películas, y distingo cómo sale del caldero una burbuja rosa con la cara de mi madre dentro. Me tapo la boca para no gritar.

                — Son brujas Marcos. Mira su cara.

                Me acerco al mostrador y me pongo de puntillas, observo a la mujer que ahora mismo está atendiendo a mi madre. No parece que tenga nada diferente de cualquier otra mujer. Un momento, parece que tiene una verruga en el lado derecho de la barbilla. ¿Será una bruja?

                — Lucía, no creo que por una verruga en la barbilla sea una bruja, muchas personas las tienen.

                — Mira por debajo del mostrador.

                Lucía seguía sin apartar la vista del caldero, y yo me puse a cuatro patas para ver de qué me hablaba mi amiga. Detrás del mostrador pude ver unos zapatos negros acabados en punta, como los de cualquier bruja de cuento de hadas. Las medias eran de colorines.

                Me puse de pie de un salto, estaba empezando a asustarme. Brujas en la panadería.

                — Adiós Marcos nos vemos en el cole.

                Lucía se iba mientras yo le saludaba con la mano sin mirarla. Estaba leyendo los carteles que había por toda la tienda. “Recetas de la abuela” “Tenemos las magdalenas que te harán suspirar de amor” “El pan que quita las penas”…

                Mi madre me agarró de la mano y me sacó de la tienda a la fuerza.

                — ¡Vamos Marcos! Qué ya llegamos tarde. Qué mujer más apañada. Tiene un montón de cosas muy ricas. Esta tarde vendremos a por la merienda. No creo que echemos de menos a la Señora Rosa. Lucinda le ha dado un toque moderno con recetas antiguas.

                — Mamá creo que esa señora es una bruja.

                Yo se lo cuento todo a mi madre, con ella no tengo secretos. Tiene que saberlo.

                — ¡Anda Marcos que imaginación tienes!

                Mi madre se echó a reír, yo la dejé, y pensé que con Lucía averiguaría la verdad.


14 comentarios:

  1. Muchas veces no creemos a los niños porque son demasiado fantasiosos. Pero a veces tienen razón. ¿Será ésta una de esas ocasiones?
    Un relato muy ameno. Supongo que se lo leerás a tus hijas. Seguro que les encanta.
    Un beso.

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    1. Puede ser, hay que darle credibilidad a los niños, porque a veces no creemos sus palabras y son más veraces de lo que creemos.
      Un besillo.

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  2. Felicidades, María, me parece muy genuino tu relato: el hecho de que ocurra en una panadería me parece el colmo de la ternura, a mí me gusta mucho esa palabra "panadería" porque me recuerda lo contenta que me ponía al ir con mi mamá, era una fiesta de colores y aromas de vainilla, fresas y nueces para mi espíritu. Y siempre pedía un panqué de "chochitos de mil colores". El detalle de la verruga... original, original! Bravo!

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    1. Me alegro de que te haya gustado. La verdad es que las panaderías tienen un algo, un no sé que...
      Un besillo.

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  3. Eres una experta en ecribrir desde la voz de un niño, te sale genial, con una naturalidad envidiable.Ya he dicho otra vez que no es nada fácil esta literatura, por lo que tiene mucho mérito. El relato es muy divertido, me ha gustado mucho.
    Besos

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    1. Será que tengo una niña interior que está deseando salir y no sabe como, jejejeje.
      Un besillo.

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  4. Brujas panaderas, y es que el pan siempre ha sido algo mágico, sobre todo recién hecho.
    esas burbujas con cara me han dejado desconcertado, hay que ser muy bruja para escribir como tú.¡Eso sí! Bruja buena.
    Besos

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    1. Jijijiji por supuesto una bruja buena, ¿o no? jejejeje.
      Un besillo.

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  5. El tono del narrador niño lo has clavado. Me lo he creído. La historia es deliciosa, consigue plasmar esa doble lectura que puede hacer un niño mientras espera a que su madre haga cosas de adulta. Fantástico!... Ah! De hecho leyendo los carteles de la tienda no creo que fuera muy desencaminado, je,je,je

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    1. Muchas gracias. La verdad es que no es nada fácil ponerse en la piel de un niño. Ellos tienen una visión muy especial de las cosas.
      Un besillo.

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  6. Me había perdido este relato tan genial. El lenguaje y la lógica del niño los has bordado. Es un relato tierno, imaginativo, intrigante... A mí también, como a Francisco, esas burbujas con caras de madres me han dejado muy mosqueada. Tendré que resolverlo yo sola. Me ha gustado mucho. Enhorabuena.
    Un beso.

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    1. Ummmm puede ser cualquier cosa, tratándose de brujas... nunca se sabe.
      Un besillo.

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  7. María sabes darle al cuento un encanto que en voz de niño te sale de maravilla. Un camino de rosas para un cuento de bruja buena. Un abrazo

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    1. Muchas gracias guapa. La verdad es que me encanta escribir para niños, y cada vez me gusta más.
      Un besillo.

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