25/6/16

Ella. Capítulo 6.



                — No creo que fuera esa noche María. Ella te tuvo desde el primer momento que la viste, el primer día en la oficina. Venías hablando de ella con un brillo distinto en la mirada. Enseguida me puse celoso, aunque pensé que solo eran tonterías mías. Al fin y al cabo, Ella era una mujer, y a ti te gustaban los hombres. No podía estar más equivocado.

                Aquella última frase la dice en un susurro, nuestras manos siguen entrelazadas, y me siento la persona más egoísta del mundo. ¿Cómo se me había ocurrido llamarlo a él? ¿No le había hecho ya bastante?


                — Lo siento Marcelo. Lo último que querría hacer en la vida es hacerte daño a ti.

                — Sobre el corazón nadie manda. Te perdí, sé que te perdí, y no fue por ella, te perdí antes. Me convertí en tu amigo, en esa persona que siempre está ahí, pero ya no estabas enamorada de mí, sino, jamás te habrías fijado en ella.

                Me quedo pensando en sus palabras. Podría ser que fuera así, que yo ya hubiera perdido la chispa por nuestra relación, y Ella fuera solo el soplo de aire fresco que hizo despertar en mí sentimientos ya dormidos.

                Nos miramos mientras dejamos vagar nuestros pensamientos a épocas no tan lejanas.

                — Te quiero tanto Marcelo.

                — Pero no estás enamorada de mí.

                — Puede ser que me haya dejado llevar, que solo sea un bache en la relación, que Ella en realidad solo sea alguien con la que me encapriché. Podemos volver a estar juntos…

                — No sigas. No te mientas más. No sé lo que pasaría anoche. Lo que sé es que tú ya no tienes ese brillo por mí, que Ella te ha despertado de un letargo que duraba ya tiempo, y ninguno de los dos nos habíamos dado cuenta.

                — No puedo hablar de lo que pasó anoche.

                Las lágrimas me bloquean la garganta, salen sin previo aviso en un camino silencioso por mi mejilla. Marcelo me las limpia.

                — Llora mi niña, es bueno para el alma. No necesito que me cuentes nada.

                Me abraza y yo me dejo atrapar entre sus brazos. Acabamos los dos tumbados, yo limpiando mi alma, él llorando sin sal. Noto como su respiración se hace más acompasada y me doy cuenta de que se ha quedado dormido. Levanto mi cabeza de su pecho y lo miro. Me quedo observando cada poro de su cara, todo en él me es conocido, todo en él era mi vida.

                Mi mente divaga en el tiempo a la primera vez que lo vi. Era solo un chico universitario de primer año. Los dos lo éramos. Había una fiesta de la espuma y los dos bailábamos al son de la música entre espuma y cuerpos mojados. Chocamos y nos reímos, bailamos juntos un buen rato sin dirigirnos la palabra. Solo bailábamos, jugábamos con la espuma y no nos perdíamos de vista. Tanto que creo que en ese primer día hubiera cerrado los ojos y lo hubiera podido describir perfectamente.

                Cuando la fiesta acabó nos quedamos los dos empapados, en algún rincón de la Universidad, hablando sobre cosas sin importancia que ya ni recuerdo. Solo que nos reímos mucho, y que ese primer día ni nos rozamos. Ni un solo beso, ni de presentación ni de despedida. Era como si nos diera miedo tocarnos, como si al hacerlo ya no pudiéramos parar.

                Ahora tumbada en la cama y recordando aquel momento veo aquella cara que me era ya tan conocida, y sin embargo tan extraña. Recuerdo que en ese primer encuentro pensé que era como si le conociera de toda la vida. Y ahora es como si fuera un total desconocido.

                Acerco mis labios a los suyos, solo por puro instinto, un reflejo que tengo dentro de mí. Me acerco tanto que noto su respiración, yo aguanto la mía, no quiero despertarlo. Pero quiero besarlo, volver a sentir esos labios cálidos sobre los míos. Estoy tan cerca que un cosquilleo me recorre el cuerpo ante la espera del momento. Un beso, un último beso, solo quiero eso.

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6 comentarios:

  1. Ella, se parece al mar que se acerca y se aleja, busca otras playas y vuelve a las conocidas.
    ¿Una relación de amor, puede aguantar esas marejadas?
    Besos

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    1. En realidad, la prota, María es la que no sabe en que aguas mecerse, creo que ELla lo tiene más claro.
      Un besillo.

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  2. Pensaba que el relato volvería, después del encuentro con Marcelo, rápidamente a esa noche pasada con Ella, pero veo que no es así, que te tomas tu tiempo para esta parte, lo que me indica el peso que realmente tiene en el conjunto, esta primera relación. La verdad es que, el tal Marcelo es todo un encanto de hombre (por lo menos de momento). No sabe María lo que está dejando, je, je… ahora que claro, veremos en qué medida entra en juego la famosa Ella. Hasta el próximo

    Muchos besos

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    1. Bueno poco a poco sabremos más de su historia, aunque creo que más o menos queda claro, viendo la personalidad de cada uno. ¿O no?
      Un besillo.

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  3. La personalidad de los dos confunde y ella ya veremos como lo planteas en el siguiente. Confunde. Un abrazo

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    1. Bueno poco a poco saldrás de esa confusión.
      Un besillo.

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