11/6/16

Ella. Capítulo 4.



                Se ve que me he quedado dormida porque oigo unos golpes lejanos que parece que suenan en la puerta de mi habitación. Me incorporo con un dolor de espalda que no había sentido antes. La postura me ha hecho un flaco favor. Me arrastro hasta la puerta y sin preguntar quién es, abro directamente.

                Si fuera un sicario contratado para matarme se lo he puesto muy fácil, aunque claro un sicario no habría tocado a la puerta. Delante de mí no hay ningún sicario, es Marcelo.

                — Estás preciosa.


                Con esas simples palabras mis lágrimas vuelven a asomar, mi boca hace pucheros, intentando controlar el agua salada que puja por salir. Así que me dejo caer en sus brazos que tan familiares me resultan. Él me abraza como lo ha hecho siempre. Noto como me acaricia el pelo y huele el perfume a champú de hotel que desprende. Lo dejo hacer, todo es tan reconfortante que no tengo fuerzas para apartarlo de mi lado.

                Nos quedamos en la puerta un buen rato, hasta que alguien pasa por nuestro lado y nos da las buenas tardes. Entonces Marcelo empieza a andar hacia adelante conmigo, y cierra la puerta de la habitación.

                Nos tumbamos en la cama, yo sin dejar de llorar, y él acariciándome la espalda a través de ese albornoz esponjoso. No habla, solo me deja desahogarme. Cuando pasa un rato, yo he dejado de llorar, pero no me atrevo a moverme, porque me da vergüenza mirarlo a la cara.

                Le he hecho tanto daño, y sin embargo él está aquí, conmigo, sin preguntas, sin reproches, solo acompañándome, cuando sabe que estoy sufriendo, olvidándose de su dolor para centrarse en el mío. Me quedo dormida en sus brazos oliendo al mismo gel que siempre ha usado.

                Cuando me despierto ya es de noche. Y estoy sola en la cama, miro a mi alrededor y no hay nadie, intento encender la luz, pero no encuentro la llave – tarjeta que hace que funcione la electricidad de la habitación. Busco a Marcelo en el baño, no está. Se ha ido. Y ahora me siento más sola que nunca.

                ¿Lo habré soñado? ¿Será que él es mi refugio y siempre lo será y por eso pienso en él? Tumbada en la cama pienso en llamar a recepción para que me traigan otra llave. Necesitaré ropa, y no puedo estar aquí toda la vida. Pero la ropa sé dónde está y no quiero volver allí, no por ahora.

                Mi cabeza vuelve a la noche anterior, a Ella, pero intento olvidarme de ese momento, del peor de mi vida. Así que me pongo a buscar a tientas por el suelo con la poca luz de las farolas y la linterna de mi móvil, al que le queda poca batería porque no ha llegado a cargarse del todo. Y así agachada, escudriñando bajo la cama oigo una voz.

                — ¡Qué mona estás en esa posición!

                — ¡Marcelo! – Me giro y lo veo con bolsas en las manos, la puerta 
abierta, y con una mueca socarrona en la cara.

                Me rio por la cómica situación. Él me enseña la llave, la pone en la ranura, y se hace la luz. Cierra la puerta de la habitación y se sienta a mi lado en la cama.

                — He ido a casa… a mi casa. Aún conservas cosas allí. Te he traído ropa, un cepillo de dientes, champú en condiciones, y de camino he comprado un kebab del sitio ese que te gusta tanto.

                — Es que te tengo que querer. — Rápidamente me doy cuenta de lo que he dicho y le miro a los ojos con toda la culpabilidad que siento. Él le quita importancia y sigue sacando cosas de las bolsas.

                — Anda quítate ya ese albornoz y ponte algo decente.

                Cojo la ropa que Marcelo ha dejado sobre la cama y voy al cuarto de baño a vestirme. No cierro la puerta y oigo como va sacando la comida de su envoltorio, el olor inunda la habitación. Salgo y me siento a su lado. Nos comemos la comida que ha traído sin rechistar.

                — Te debo una explicación Marcelo.

                — No me debes nada.

                — Aun así quiero dártela.


8 comentarios:

  1. Por un momento pensé que lo había soñado todo, y después que la oscuridad albergaba algún peligro inesperado. Jolines María, me tienes en ascuas todo el rato jajajjaa. Me ha gustado mucho, muy interesante y dejando ganas de más :))

    ¡Besillos de finde!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pues me alegro de mantenerte en ascuas. Espero mantenerte así hasta el final.
      Un besillo.

      Eliminar
  2. Y ahora nos dejas pendientes de una explicación... me figuro que la historia que condujo a ella a esta habitación del hotel donde nos quedaremos absortos de lo que nos cuente la protagonista.
    Besos... y espero la próxima.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Una explicación a su marido, al único que se atreve a llamar.
      Pronto sabremos más.
      Un besillo.

      Eliminar
  3. Maria nos dejas con las ganas de saber más. Esperamos la siguiente entrega con más saber. Un abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Claro que sí, poco a poco se irán descubriendo cosas.
      Un besillo.

      Eliminar
  4. Toooodos estamos deseando escuchar esa explicación, je, je... pero me temo que tendremos que esperar al próximo capítulo. En fin...
    Besos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Poco a poco, cada sábado tenéis una nueva entrega de Ella y su protagonista.
      Un besillo.

      Eliminar

Deja tu huella. Me encantaría leerla.