4/6/16

Ella. Capítulo 3



                Tocan a la puerta y salgo a abrir con aquel albornoz blanco esponjoso. Al otro lado de la puerta oigo:

                — Servicio de habitaciones.

                Me traen un cargador para mi móvil, lo abro, sin pararme a mirar al botones, lo enchufo, y estoy encendiendo el móvil, cuando me doy cuenta de que el camarero no se ha ido. Busco en mi bolso a ver si hay alguna moneda y se la doy.

                Miro la comida, y en ese momento el estómago me ruge como si se diera cuenta de que lleva sin comer más de lo necesario. Unos huevos revueltos, unas fresas, un café, un zumo de naranja, todo lo devoro a conciencia, y dejo los platos limpios.


                Miro la pantalla del móvil. Nada, está limpia. Ni una llamada, ni un mensaje, nada. Miro los mensajes, como buscando una explicación, nada tampoco. Mis dedos se deslizan a través de la agenda, cuando se detienen en Marcelo. Mi mente vuelve a él, al gran amor de mi vida, a mi todavía marido, al único amigo que ahora quería llamar, y al que no me atrevía.

                Sabía que le había hecho mucho daño. Sabía que él me quería a pesar de todo, pero, ¿estaba dispuesta a hacerle sufrir más? ¿Acaso no había tenido bastante?

                Dejo el teléfono sobre la cama, y lo cambio por el mando a distancia. Empiezo a zapear sin mirar la pantalla.

                Después de mi tour por la editorial, Ella y yo nos hicimos inseparables. En la oficina nos llamaban las mellizas, y siempre salíamos a tomarnos algo antes de volver a casa. De vez en cuando Marcelo venía con nosotras y se nos hacían altas horas de la madrugada.

                Uno de esos días que salimos, fui un momento al baño, y cuando volví, me encontré a Ella hablándole a Marcelo muy cerca al oído, y tenía su mano apoyada en su pierna. Marcelo posaba la mano en su cintura, mientras se reía de la confidencia de mi amiga.

                Los celos se apoderaron de mí. Llegué a la barra de mal humor, ellos ni se inmutaron hasta que Ella no terminó de hablar. Los dos rieron a carcajadas, y yo me bebí la cerveza de un trago.

                — Me voy, vosotros podéis quedaros.

                — ¿Qué te pasa amor? ¿No te encuentras bien? Me voy contigo a 
casa.

                — No hace falta Marcelo, parece que aquí te lo estás pasando muy bien.

                — La verdad es que se ha hecho tarde, y mañana hay que trabajar, tu padre nos matará como lleguemos tarde otra vez.

                Ella hablaba como si no notara mi enfado, aunque yo sabía que sí. Nos dirigimos a la puerta, y Ella le dio dos besos a Marcelo. Yo disimulaba mi cabreo buscando algo imaginario en el bolso, cuando puso su mano en mi cintura, y se acercó a besarme. Solo me dio un beso, muy cerca de la comisura de mis labios. Y me dijo al oído muy bajito.

                — No te pongas celosa.

                Su mano paseó por la parte baja de mi espalda como por descuido, y se alejó con un guiño.

                El enfado se esfumó igual de rápido que había venido. Ahora no tenía ganas de irme. Pero, ¿qué me pasaba?

                Marcelo me agarró de la cintura, me besó en la frente y nos fuimos al coche.

                Cojo el móvil, veo el nombre de Marcelo en la pantalla y marco casi sin pensarlo.

                — Marcelo.

                Un silencio sepulcral. Las lágrimas asoman a mis ojos. Mi garganta se seca y no me deja hablar.

                — ¿Dónde estás?

                Apenas puedo decir el nombre del hotel, las palabras me salen en un susurro. Cuelga el teléfono y yo me dejo caer, me acurruco y dejo brotar todas esas lágrimas que han estado esperando.
                 
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8 comentarios:

  1. Ya nos vas descubriendo alguna de las escenas que originaron el principio de tu relato. No se lo que pasará a continuación, pero prometer, promete.
    Un beso

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    1. Me alegro de que prometa. Espero que la promesa se cumpla.
      Un besillo.

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  2. Que guachiruli,me está encantando!!!

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  3. Una femme fatale con ojos de gata y sexualidad de armas de destrucción, a eso me huele Ella, una fuerza capaz de provocar mucho dolor. He conocido personas así, pero no son las culpables de lo que sucede, somos nosotros, los hombres y mujeres débiles que nos dejamos embaucar por el falso amor del deseo efímero.
    Aunque, no sé, quizás me equivoco con estas impresiones.
    Ya descubriré lo que se esconde tras esas lágrimas.
    ¡Abrazo, Hermana de Letras!

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    1. Sí a veces nos dejamos llevar por quimeras que nos dejan nuestra vida patas arriba.
      Un besillo Hermano de Letras.

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  4. Bueno, bueno, esto va tomando forma. He esperado a que tuvieras mas capítulos para meterme un maratón, a lo serie. Voy a por el siguiente, a ver que pasa. Intrigado me tienes ya, jeje ; )

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    1. Espero que te guste y te enganche hasta el final.
      Sigue leyendo...
      Un besillo.

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