12/5/16

Operación nocturna



         Entró al portal sin encender la luz. Subió las escaleras de puntillas seguido por sus secuaces. Llevaban esperando a que la casa se quedara vacía, semanas. Haciendo turnos como los detectives de las películas, apostados en los coches. Cada día uno distinto, para que no se dieran cuenta.

         Un martes después de incontables martes, por fin la casa se quedó vacía. Un mensaje al grupo de WhatsApp y en diez minutos ya subían las escaleras a oscuras. Llevaban una pequeña linterna que no encendieron hasta que llegaron a la puerta. Abrieron la cerradura todos alrededor de unas manos temblorosas que ya habían practicado más de una vez.


         La puerta cedió después de varios intentos. Se dividieron en varios grupos. Solo una persona se dedicó a la puerta. Un grupo empezó a bajar muebles a una furgoneta estratégicamente aparcada. El otro levantaba todo en peso hasta la puerta de la calle para hacer el menos ruido posible. No había que alertar a los vecinos.

         Todo se hizo con el mayor sigilo. Nadie hablaba, todos conocían su cometido. La comunicación era entre mensajes de móvil en silencio. No hubo ni un solo fallo, nada se escurrió de las manos, todo fue transportado sin incidentes.

         Cuando la furgoneta estuvo llena, se fue, dejando paso a otra del mismo tamaño que siguió llenándose a un ritmo vertiginoso. Cuando estuvo llena se fue en dirección contraria de la anterior. Tenían que dejarlo todo en los sitios reservados. A más de tres kilómetros de la casa.

         Tres viajes después, ya no había furgonetas que llenar, y un camión enorme aparcó en el mismo sitio reservado. Ahora el camino era en dirección opuesta. Todos subían las cosas que llenaban el camión.

         Arriba, las personas que habían llevado todo a la puerta, ahora estaban terminando de limpiar a fondo. Cubos de agua y lejía y trapos mojados de productos. La persona encargada de la puerta, ya había cambiado la antigua por la nueva. Una preciosa blanca que no tenía ningún arañazo, y que tenía el membrete con el nombre de los dueños de la casa.

         Todo fue subiendo con el mismo sigilo que había bajado. Y en menos de dos horas ya habían acabado. Los transportistas se fueron, y en la casa solo quedaron cuatro habitantes, un matrimonio con sus dos hijos.

         Cuando cerraron la puerta y miraron su casa otra vez después de un año de espera, de juicios, de llantos, de dormir en hoteles y en casas de familiares, por fin habían vuelto a su hogar.

         Se habían ido de vacaciones solo cuatro días. Sus primeras vacaciones en años. El hijo adolescente lo subió a las redes sociales, los padres lo dijeron en sus trabajos, la niña pequeña se lo contó a todos sus amigos. Cuando volvieron, alguien había entrado en su casa, habían cambiado la cerradura y se habían quedado a vivir allí.

         La policía no pudo hacer nada, los tribunales no daban sus frutos. Hasta que con la ayuda de vecinos, familiares y amigos, decidieron recuperar su casa por su cuenta. Muchas horas de vigilancia, porque siempre había alguien en casa. Nunca la abandonaban del todo. Pero la espera había merecido la pena. Ahora descansaban en casa de nuevo.

         A altas horas de la madrugada empezaron a aporrear la puerta y a llamar a gritos. Ellos ya estaban preparados. Llamaron a la policía. Cuando se presentaron, los visitantes empezaron a protestar alegando que esa era su casa y que se la habían ocupado. La policía tocó al timbre, y el padre salió a abrir.

         — Hemos llamado nosotros. Mi mujer está muy asustada, porque esta gente ha venido aquí a darnos golpes en la puerta y parece que han bebido.

         — Estas personas dicen que les han ocupado la casa.

         — ¿Qué hemos hecho qué? — El hombre se echó a reír. — Nosotros llevamos ya viviendo aquí desde hace diecisiete años. Pregúntele a cualquier vecino.

          La puerta del vecino se abrió sin que nadie llamara. Solo una rendija.

         — Buenas noches Maruja. Sentimos mucho este follón. Estos señores dicen que esta es su casa.

         — Señor agente, la familiar Marcos lleva viviendo en ese piso desde antes de tener al crío y de eso hace ya más de quince años.

         Mientras la señora hablaba con la cadena puesta, los llegados de la boda no paraban de protestar, aunque casi no se les entendía, por la ingesta de alcohol.

         Uno de los agentes se asomó a la casa, y el hombre abrió más la puerta para que viera que no había nada que ocultar. En la entrada había fotos familiares, y no parecía que algo se saliera de lo normal. La policía pidió perdón a los ocupantes de las casas, y se llevaron arrestados a los invasores por escándalo público y resistencia a la autoridad.

         El hombre le guiñó un ojo a la señora Maruja y cerró la puerta de su hogar con una sonrisa en la boca.



14 comentarios:

  1. ¡Por dios! Que aventura. Llegará el momento en que las cosas habrá que hacerlas de este modo, pues la justicia parece amparar a los ladrones y usurpadores.
    Que estupendo final, espero que más allá de lo relatado no hubiera después represalias, pues esta gente sin escrúpulos siempre se toma la revancha.
    Besos

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    1. Yo también espero que no las haya habido. Y sinceramente tengo que decir, que me he inspirado en un relato real, no tan pintoresco como el mío, pero más o menos parecido.
      La policía llegó a decir que si ellos tenían auqnue solo fuera una lámpara dentro de la casa, no podían hacer nada.
      Un besillo.

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  2. Pues ocupas hay ya en muchos lugares. Lo peor que los dueños se tienen que ir y quedan los ocupas. Un abrazo

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    1. Si, es una pena estas cosas que pasan.
      Un besillo.

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  3. Muy bueno, María. A grandes males, grandes remedios. Lo podías haber titulado como aquella película de Martin Scorsese de los años ocenta "¡Jo, qué noche!"
    Un abrazo.

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    1. Pues no la he visto, pero ahora que la nombras me apetece verla, así que la pondré en mi lista de pendientes.
      Un besillo.

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  4. Ojo por ojo y diente por diente. Cómo dice Francisco, tendremos que volver a los viejos métodos , porque si tenemos que esperar a la justicia legal vamos dados
    Muy buen relato. Original y sorprendente. Ha sido un placer su lectura
    Besos

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    1. Muchas gracias. La verdad es que a veces es mejor hacer las cosas por tu cuenta. La justicia se tiene que mejorar y mucho.
      Un besillo.

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  5. Hace un tiempo ví en la tele un caso de usurpación de vivienda, cambiaron el cerrojo durante las vacaciones y listo. La ley no ampara a las víctimas, da igual si tienen la casa en propiedad o no. Me pareció horroroso, surrealista por lo demás. Y una mal sueño para los afectados. Por eso este relato me ha encantado, luego he respirado tranquila con el guiño del vecino a la señora maruja. Un final feliz merecidísimo y reparador.
    Muy bien relatado, el interés se mantiene de principio a fin. Me ha encantado leerte.
    Un beso y lo comparto.

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    1. Por desgracia yo lo he tenido de cerca y no es plato de buen gusto para nadie.
      Me alegra que te haya interesado.
      Un besillo.

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  6. A veces, tomarse la justicia por nuestra cuenta puede hasta salir bien. Besos

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    1. A veces, auqnue con estas cosas nunca se sabe.
      Un besillo.

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  7. Por disparatado que pueda parecer tu relato, creo que a veces esa sería la única forma de que unos dueños legítimos recuperaran su hogar. Yo no entiendo mucho, pero a veces da la sensación de que la justicia se ha vuelto loca y proteje a los ladrones y usupadores antes que a la gente honrada...

    Un buen relato, María, con un final que nos ha dejado a todos buen sabor de boca. ¡Genial!

    Besitos de martes.

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    1. La verdad es que me he inspirado en casos reales, y aunque no sucedieron de ese modo en concreto, poco les faltó.
      Un besillo.

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