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La Búsqueda. Capítulos del 31 al 40.



 SINOPSIS DE LOS PERSONAJES



HADAS:

DRÍADES: Hadas de Tierra.

SALAMANDRAS: Hadas de Fuego.

ONDINAS: Hadas de Agua.

SILFOS: Hadas de Aire.


DRÍADES: 

Arien: Reina de los Dríades.
 
Eglantina: Maestra Dríade.

Ellyon: Buscador Dríade.

Abatwa: Dríade desterrado.

SALAMANDRAS:

Nimue: Reina de las Salamandras.

Glasting: Maestra de las Salamandras.

Leanan: Buscadora anterior.

Morrigu: Buscadora de las Salamandras.

ONDINAS:

Oonagh: Reina de las Ondinas.

Lorelei: Antigua buscadora y pareja de Abatwa.

Licke: Buscadora de las Ondinas.


SILFOS:

Moira: Reina de los Silfos.

Edrielle: Buscadora de los Silfos.


ELFOS OSCUROS:

Zelantina: Reina de los Elfos oscuros.

Dagmar: Hijo de Zelantina y Guerrero Ede los Elfos Oscuros.

Sharku: Guerrero de los Elfos Oscuros.

Shiary: Hermana de Sharku.

Morathi: Elfa guerrera.

CENTAUROS: 

Quirón: Rey de los Centauros.

Myla: Hermana del Rey.

Nicos: Guía de los Centauros.

DRAGONES:

Ikran: Dragón de Morrigu.

Fafnir: Dragón de Dagmar.


CAPÍTULO XXXI

 
                Los centauros hacía jornadas que los habían dejado solos, y las hadas estaban tomándose un descanso al lado de una cascada que habían encontrado por casualidad. Llevaban ya varios días allí, practicando sus habilidades y hablando mucho de sus vidas como humanos.



                Parecía que nadie tenía prisa por partir, ni siquiera Fénix que se pasaba el día dormitando, bañándose y escuchando a los buscadores como contaban sus historias.


                Licke tenía premoniciones todos los días, a cual más distinta de la anterior. Llegaron a pensar que simplemente eran desmayos y sueños aleatorios que nada tenían que ver con ellos y con lo que buscaban.

                La barriga de Edrielle crecía más rápido de lo normal, y los pequeños ya se comunicaban con todos como si estuvieran allí con ellos.

                Abatwa estaba más feliz que nunca, lo veían reír a carcajadas mucho más de lo que antes lo hacía, siempre estaba cerca de Licke y se cogían de la mano muy a menudo. Ella lo llevaba a volar, y los dos surcaban el aire con gotas de rocío como estelas de su vuelo.

                Morrigu estaba mucho más centrada, había descubierto como lanzar bolas de fuego, e incluso podía prenderse en llamas ella entera, aunque todavía no sabía cómo usar ese poder. Luchaba con Ellyon y practicaban diariamente su telequinesis. Él podía traer a sus manos cualquier objeto de su alrededor con solo pensarlo. E incluso en una de sus luchas, consiguió que Morrigu se quedara quieta en mitad de la batalla.

                Así pasaban los días alrededor de la cascada, sin más preocupaciones por los huevos de dragón. Ya los encontrarían. No tenían prisa.

                Una mañana en la que Morrigu se había alejado un poco para recoger algunos frutos, oyó en la espesura un ruido. Normalmente se habría alertado. Pero ahí estaba con más curiosidad que otra cosa, con la boca llena de frutos rojos y un zurrón hasta los topes en las manos, mientras miraba hacia donde había oído el ruido.

                Una figura salió y a ella se le iluminó la cara.

                - ¡Dagmar! ¡Qué alegría! – El elfo la miraba con extrañeza, mientras ella soltaba el zurrón y corría hacia a él hasta abrazarlo.

                Al principio él se quedó de piedra, casi sin moverse. Con un brazo tocó la espalda de la Salamandra suavemente. Ella se apartó un poco para verle la cara, estaba serio.

                - ¿Qué te pasa? ¿Y los demás elfos?

                - Morrigu estáis en peligro. Me he desviado un poco de lo míos porque quería avisaros.

                - ¿De qué hablas? – Morrigu se apartó del todo y siguió recogiendo sus frutos con una sonrisa en la cara. – No nos pasa nada.

                - Morrigu, hace unos días pasamos por aquí y os vimos. Yo me alegré de lo felices que estabais, pero me di cuenta de que algo os pasaba. Sharku no me dejó acercarme a vosotros y seguimos adelante. Cuando estuvimos alejados, nos habló de las aguas de la cascada donde estáis acampados. Esas aguas te hacen olvidar. Te desinhiben y te enseñan una felicidad que tiene algo escondido. Esas aguas quieren vuestra energía, por eso os retienen.

                - Imposible Dagmar, nos lo dices para alejarnos de nuestro propósito.

                - ¿Y cuál es vuestro propósito?

                Morrigu se quedó con la boca abierta a punto de decir algo, pero no lo consiguió.

                Dagmar acercó su frente a la de ella. Y todas las imágenes de días pasados llegaron a su mente como un torrente, su conversión en hada, sus enseñanzas como Salamandra, su pelea con Dagmar, el camino hasta ahora, todo…

                En un acto reflejo Morrigu se separó de golpe, estaba confundida, y en esa confusión, se acercó al elfo y le besó en los labios, se acercó tan rápido que chocaron sus dientes, se separaron y ella volvió a besarlo con dulzura. Él se dejó besar, incluso puede que llegara a corresponderle en lo que duró menos de un segundo.

                - Morrigu estás confundida. Dejad esas aguas. Avisa a tus compañeros. Tengo que irme.

                Y así como llegó se fue. Casi sin ser visto, corriendo entre la maleza. Ella se quedó de pie con la boca roja y con gusto a la dulzura de un beso efímero.
 
CAPÍTULO XXXII

 
                Morrigu no se movía, se había quedado allí de pie, confundida, con multitud de imágenes que le atropellaban la mente. Hasta que llegó a su cabeza ese último beso. Se ruborizó solo de pensarlo. Un calor extraño le azotaba en la cara.



                De pronto se acordó, el agua, las cataratas, la energía,… Corrió en busca de sus compañeros. Estaban todos alrededor de la cascada. Edrielle estaba tumbada, mientras Ellyon apoyaba su cabeza en la barriga de su compañera. Fénix se daba un baño refrescante mientras jugaba con Licke, Abatwa los observaba divertido.


                Morrigu se dio cuenta de que algo malo pasaba, a pesar de sentir esa conexión con el lugar, sabía que no era real, y todo gracias a Dagmar. Ella sabía que él no era como los demás elfos, podía confiar en él. Pero sus compañeros no creerían lo que les iba a contar. Tenía que buscar la forma de hacer que la creyeran y salir de allí. A pesar de saber que Dagmar no tenía malas intenciones, no podía decir lo mismo de Sharku y los demás.

                Se esforzó en inventar una imagen en su cabeza. Algo que ellos encontraran creíble, con lo que tenía que ser lo más parecido a la realidad. Se imaginó a ella buscando frutos cuando oyó un ruido. Se escondió entre la maleza y vio pasar a los elfos en busca de los huevos. Dagmar iba el último y cuando la vio se paró con ella. Morrigu borró todas las advertencias del elfo, sabía que sus compañeros no lo creerían. Sobre todo Abatwa. Pero si les dejó el beso, se moriría de la vergüenza pero sabía que cuanto más se pareciera a la realidad, más le creerían. Cuando salieran del influjo de aquellas aguas les diría la verdad.

                Se acercó a todos y abrió su mente enseñándoles lo que había pasado.

                - Tenemos que salir de aquí, los elfos nos sacan ventaja y tenemos que encontrar los huevos.

                Todos se quedaron observando a Morrigu.

                - Vaya Morrigu, sabía que tu interés por Dagmar era grande pero no hasta ese punto. – Abatwa se echó a reír. Y Morrigu estuvo totalmente convencida del mal que estaba ejerciendo en ellos aquellas aguas. En otras condiciones Abatwa se habría enfadado.

                - ¿Os dais cuenta de que llevamos demasiado tiempo aquí? Estas aguas nos tienen embrujados. No saldremos de aquí jamás y no encontraremos los huevos. A este paso los elfos se harán con los dragones y la Tierra sufrirá por nuestra negligencia.

                - No seas exagerada Morrigu, a mí me parece que no pasa nada. – Licke levantó una bola de agua y se la puso a Morrigu sobre su cabeza. – Deberías darte un baño para refrescar tus ideas.

                La bola de agua explotó sobre la cabeza de la Salamandra, pero no llegó a mojarla, Morrigu se envolvió en llamas y el agua se evaporó. Todo lo tenía más claro que antes. Se acercó a Ellyon, lo levantó y pegó su frente a la de él. Enseguida el Dríade notó la explosión de imágenes que había sentido antes Morrigu. Se quedó un poco confundido cuando retiraron sus frentes, pero la lucidez se instaló en él.

                Los dos se miraron y Ellyon se acercó a Edrielle para hacer lo mismo, mientras Morrigu se acercaba a Abatwa. Alcanzar a Licke resultó más complicado. Esta salió volando, y Morrigu detrás de ella. Se pararon no muy lejos de allí.

                - Sé lo que hacen estas aguas. No tienes que convencerme. Me acuerdo de todo y sé exactamente lo que pasó con Dagmar, sé que él te previno.

                - ¡Licke! ¿Entonces por qué no quieres irte?

                Licke se giró para que Morrigu no le viera la cara.

                - Cuando llegamos aquí todos cambiasteis, os abristeis más y 
pudimos tener un poco de paz. Abatwa se acercó a mí, y está a mi lado todo el tiempo. Se ríe, es feliz, todos lo somos. No quería que esto acabara. Al principio pensé que en unos días habría conseguido que…

                Licke no consiguió acabar la frase.

                - Le quieres. – Afirmó la Salamandra.

                - Más que a mi vida.

                - Pero ese no es motivo para detener la búsqueda. Sabes que todo depende de nosotros.

                - No pensé llegar tan lejos. Por favor Morrigu no se lo digas a los demás.

                - No te preocupes, esto quedara entre nosotras. Pero debes entender que encontrar los huevos de dragón es lo más importante.

                - Lo sé, y sé que tú también harás un gran sacrificio. He sido una egoísta. Lo siento.

                Las dos se abrazaron, y algo ocurrió. Quedaron envueltas en una bola de agua y fuego. No podían creer lo que estaba pasando, pero estaban seguras de que ahora estaban más unidas que nunca.



CAPÍTULO XXXIII

                Escondidos tras la maleza observaban a los elfos como escarbaban para encontrar los huevos. Habían llegado antes que ellos. El tiempo que habían estado entre aquellas aguas los había alejado demasiado de su destino.


                Era irónico que los mismos que los previnieron, estuvieran antes que ellos delante de su destino. Abatwa había propuesto luchar con ellos y llevarse los huevos. Edrielle no estaba de acuerdo y Morrigu tampoco. Licke y Ellyon aún no se habían decidido.


                Así que allí estaban viendo a sus enemigos naturales desenterrando. Estaba claro que ellos no podrían quedárselos. Acabaría con el mundo tal y como lo conocíamos.


                Morathi sacó un huevo. Tenía unos colores maravillosos, era algo indescriptible, si alguien hubiera tenido que describir su color no hubieran podido hacerlo. Brillaba y los colores se movían en forma de ondas.


                Morathi lo levantó y se rio.


                - Al final los huevos son nuestros. Esas hadas tendrán que arrodillarse ante nosotros.


                Los demás elfos se acercaron al huevo para contemplarlo. Y en ese momento Fénix aterrizó frente a ellos. Se pusieron en guardia. Morathi y Sharku sacaron su espada.


                - Bajad vuestras armas. Fénix no nos hará ningún daño. – Dagmar se acercó al ave y con suavidad le acarició el pico.


                - Si él está aquí, esas hadas también estarán cerca. Debemos encontrar los demás huevos e irnos lo más rápido posible.


                - Sharku tus palabras denotan miedo. – Dagmar intentó burlarse del elfo. Este acercó la punta de su espada a su garganta.


                - Rebanaría a esas hadas en mil pedazos sin con eso consiguiera lo que deseo, pero está claro que TU madre nos ha dado órdenes muy precisas de no hacerles daño a no ser que fuera necesario. Yo haría que fuera necesario, pero aquí tenemos al chivato de su hijo.


                - Si necesitas una excusa, aquí tienes una.


                Abatwa salió de entre la maleza con su espada en la mano.


                - Vaya, vaya, lo que tenemos aquí. Estaré encantado de ensartarte como un salmonete.


                Ambos se acercaron con la intención de luchar, pero el ave se puso entre ellos mirándolos desafiantes.


                - Fénix, hay que resolver esta situación. Ellos no pueden quedarse con los huevos. El mundo acabaría.


                - ¿Y tú qué sabes? A lo mejor nosotros lo arreglamos. Mira como está ahora, ¿Qué es lo que quieres salvar? Los hombres habéis destrozado todo lo que se os ha dado, y seguís haciéndolo con miles de excusas baratas.


                - Yo no soy un hombre. Soy un Dríade.


                - Se nos ofende el hombrecito.


                Mientras ambos discutían, las demás hadas habían salido de su escondite. Todos estaban alerta, con sus armas en mano, pero sin sacarlas. Morrigu sin embargo miraba hipnotizada el huevo que tenía Morathi entre sus manos. No podía quitarle la vista de encima.


                Un pitido ensordecedor salió del huevo. Todos se taparon los oídos. Morathi lo dejó caer. Solo Fénix y Morrigu parecían no oírlo. Ella sonrió y se acercó al huevo. Lo cogió entre sus manos y toda ella se envolvió en llamas. Dejaron de oír aquel pitido, todos observaban a Morrigu que parecía estar en contacto con el huevo. Intentaron entrar en su mente. Pero una barrera les hacía imposible la entrada.


                La Salamandra empezó a andar, se acercó a Dagmar y lo metió dentro del fuego. Ahora las cuatro manos tocaban el huevo. Sus frentes estaban unidas, pero lo más curioso de todo es que Dagmar no se quemaba.

CAPÍTULO XXXIV 

 
                Todos observaban a Morrigu y a Dagmar unidos en aquella gran bola de fuego. Sharku intentó acercarse a ellos, y la bola de fuego lo expulsó haciéndole volar por los aires y alejándolo del lugar.



                Shiary fue a buscarlo y Morathi siguió escarbando en los alrededores. Las hadas no podían quitar los ojos de aquella unión. Era hipnotizante. De repente la bola de fuego empezó a tomar formas. Alrededor del elfo y la salamandra se veían imágenes de dragones sobrevolando la Tierra. Algunos llevaban jinetes encima, unos eran elfos, otros eran duendes, otros eran hadas. Muchas hadas volaban a su alrededor. Incluso había alguno que estaba montado por un hombre. Pero ¿eso era posible?



                Parecían imágenes de una época pasada, todos parecían estar en armonía, y bajo sus pies la Tierra brillaba por su esplendor. Los bosques parecían interminables, las flores de colores brillaban por todas partes y el mar y los ríos se mostraban más azules.


                Las cuatro hadas seguían mirando, sin darse cuenta de que Shiary y Sharku ya habían llegado, y se habían puesto a escarbar junto con Morathi. De repente los elfos se pararon, mirando al agujero que acababan de hacer, el círculo de fuego se desvaneció y un fuerte sonido empezó a salir de aquel agujero. Fénix se acercó a él y con su ala recogió lo que había. Seis huevos de dragón en perfecto estado, con los mismos colores indefinibles que el anterior. Todos se acercaron al ave, sin poder dejar de mirar el ala del Fénix.

                Hasta los elfos se habían quedado sin moverse, observando aquella escena tan embriagadora. Los huevos refulgían y brillaban. Fénix los depositó todos en el suelo. Morrigu fue la que se acercó y dejó el que tenía cogido junto a los otros. Acercó las yemas de los dedos a todos y cada uno, solo rozándolos por encima, casi sin tocarlos.

                Súbitamente Morrigu se puso rígida, sus dos manos pegadas al cuerpo y su cabeza hacía atrás con los ojos completamente en blanco. Una bola de fuego la envolvió, pero esta era diferente a las demás que Morrigu había producido. Su cara era de un dolor profundo. Varias voces sonaron al unísono.

                - ¡Morrigu!

                Abatwa fue el primero que llegó hasta ella, pero la bola le quemó la mano cuando intentó tocarla. Una ampolla le deformó la mano, el dolor era insoportable.

                - ¡Está sufriendo! – Dagmar no se atrevía a acercarse a ella, pero el dolor que le causaba su padecimiento era evidente.

                Fénix se acercó a Abatwa y le vertió una lágrima en su mano, que volvió a su forma en un parpadear de ojos.

                Sin pensárselo dos veces, Licke se acercó a la salamandra, y con sus brazos la envolvió en un abrazo. Al principio sintió el calor que emergía de las llamas, pero pronto su agua empezó a protegerla.  La soltó un segundo para cogerle la cabeza entre sus manos y pegar sus dos frentes. Morrigu temblaba pero pronto sus ojos volvieron a la realidad. Las llamas se desvanecieron y ella volvió a su estado normal. Ahora las cubría el agua y Morrigu sonrió.

                Separaron sus frentes y el agua cayó como un torrente mojando a todos los de alrededor.

                - Ikran se me ha presentado. Ahora él y yo somos uno.

                Todos se quedaron mirando a la salamandra que parecía normal, pero un brillo en su piel era distinto. Solo unos ojos no la observaban a ella. Dagmar se acercaba a los huevos como si algo o alguien lo impulsaran. Hizo exactamente como Morrigu, paseó sus dedos por los huevos, hasta que de repente cayó al suelo y empezó a dar espasmos. Su cuerpo se agitaba como una culebra, y sus ojos se habían vuelto blancos como los de Morrigu un instante antes.

                - ¡Dagmar! – Shiary se acercó a él intentando controlarlo. – ¡Haced algo! ¿Qué le pasa?

                Fénix se acercó al elfo y puso sus alas sobre él. Cuando las levantó los temblores habían pasado, pero estaba rígido y con los ojos vueltos.

                Morrigu se acercó y se tumbó sobre él. Pegó su frente y enlazó sus dedos con los del elfo. Mientras mantenía el contacto pronunció unas palabras en un susurro que todos oyeron nítidamente.

                - Se ha unido con un dragón. Fafnir se le ha presentado.

CAPÍTULO XXXV

 
                - ¡Esto es imposible! ¿Cómo puede ser que un dragón elija a un elfo? ¿Qué habéis hecho? ¿Algún tipo de hechizo? – Abatwa se encaró a Sharku con toda la ira que se apoderaba de él.



                - ¿Es envidia lo que noto en tus palabras? – Sharku soltó una carcajada. – Eres un paria y siempre lo serás.



                Abatwa se abalanzó sobre el elfo y acabaron los dos en el suelo, forcejeando y dando más puñetazos al aire que a ningún otro sitio. Rodaban los dos sobre la arena tan rápido que no se podían distinguir de quien era cada cuerpo.

                En medio de toda esa revuelta una voz se oyó por encima de todas.

                - ¡Parad de una vez! Esto es absurdo. Los dragones han elegido. Y jamás uno de nuestra especie había sido enlazado con un dragón. No sabemos qué repercusiones habrá sobre Dagmar, no despierta. Y vosotros ahí peleando sin importaros lo que le pueda pasar. – Los dos pararon de moverse para escuchar las palabras de Shiary. – Hermano, no es momento de pelear, sé que no te has llevado bien con Dagmar pero… pero es el elfo que amo, y no soportaría que le pasara nada.

                - ¡Serás estúpida! – Sharku se levantó de golpe. – El elfo que amas… ¡Ja! Tú no sabes lo que es el amor. Eres una guerrera, se te educó para eso, y no para las tonterías esas del amor.

                - No soy la única elfa que ama. – Shiary habló en voz baja, pero todos escucharon sus palabras, y miraron a Morathi.

                - Esta niña no sabe lo que dice. ¿Por qué me miráis todos? Ya te dije Sharku que era demasiado joven para venir. Pero tú te empeñaste en traerla para que supiera lo que eran las misiones.

                Las hadas observaban la escena divertidos por esa escena de amor, de celos, de sentimientos que jamás hubieran creído ver en aquellos seres.

                - Bueno no es momento de discusiones, como bien ha dicho Shiary, Dagmar no despierta, y si Fénix y Morrigu no han podido hacerlo, lo único que podemos hacer es esperar. Acamparemos aquí. Cuidaremos los huevos y esperaremos a que Dagmar reaccione de alguna manera. Buscaré por los alrededores plantas que puedan despertarlo.

                - Edrielle siempre tan resolutiva. – Sharku quiso ser despectivo pero su mirada solo mostraba gratitud y miedo.

                - ¿Por qué nos vamos a quedar aquí? Vayámonos con los huevos. – Abatwa no soportaba estar más tiempo al lado de los elfos.

                - Nadie se va a mover de aquí. Fafnir ha elegido a Dagmar, igual que Ikran me ha elegido a mí. Así que no podemos separar a dos seres hechos uno.

                - Vamos a buscar esas plantas Edrielle, no soporto estar un minuto más cerca de estas criaturas.

                Abatwa y Edrielle se adentraron en el bosque, mientras todos los demás preparaban el campamento. Shiary no se separaba de Dagmar, y Fénix se tumbó en un lugar un poco más apartado con los huevos bajo su ala. Morrigu se apoyó en el ave y se quedó dormida. Parecía muy cansada así que nadie le dijo nada.

CAPÍTULO XXXVI

 
                El sol salía por el horizonte. Dos figuras de pie, una junto a la otra se distinguían en el campamento. El resto dormía. Las dos, miraban a Dagmar.



                - Ha cambiado. – Sentenció Shiary.


                Morrigu asintió y siguió mirando como Dagmar se transformaba. Lo más increíble era la piel. Había pasado de un tono verdoso a un color más rosado y brillaba como si estuviera cubierto de purpurina. Sus orejas se estaban haciendo más puntiagudas y sus dedos ya no eran tan alargados como el resto de los de su clase.

                Shiary lo miraba y se miraba a sí misma para ver los cambios que se estaban efectuando en el. Su cara era una mezcla de fascinación, sorpresa y tristeza. Se daba cuenta del cambio del único amor de su vida. Y se preguntaba en que habría cambiado por dentro.

                ¿Tanto poder tenían los dragones? Ninguno de su especie lo sabía. Solo habían escuchado relatos que pronto se convirtieron en leyendas de elfos jinetes de dragones. Y en ningún momento se dijo que eran diferentes al resto.

                Pero no había forma de comprobarlo. Solo Fénix sabía dónde estaba la Tierra de los dragones y ninguno de los que lo supieron había vuelto para contarlo. Fénix solo los guiaba hasta los huevos de dragón. El sitio donde iban después solo era conocido por los jinetes que unían sus vidas a estos seres.

                - Se ha movido. –Dijo Morrigu, agarrando la mano de Shiary.

                Las dos se quedaron mirando fijamente aquel cuerpo que parecía inerte. Un pie se movió, y ellas se apretaron más fuerte las manos. La tensión se palpaba en el ambiente, y poco a poco se despertaron los demás miembros de aquella expedición. Todos alrededor del elfo, miraban asombrados los cambios producidos en él.

                - ¿Por qué me miráis tanto? –El elfo habló sin abrir los ojos y sin mover ni un solo músculo.  Nadie le contestó. Más por el simple hecho de que estaban estupefactos por aquellos cambios tan evidentes que por otra cosa.

                Dagmar se levantó y se puso delante de Shiary. Esta soltó rápidamente la mano de Morrigu y miró a su compañero con lágrimas en los ojos.

                - Lo sabes, ¿verdad? Sabes que lo nuestro nunca podrá ser.

                Dagmar entrelazó sus dedos con los de la elfa, mientras ella lo miraba y asentía. Acercó sus labios a los de ella y suavemente, casi sin rozarla la besó. Ella cerró los ojos esperando un poco más para sentir aquellos labios que tanto había deseado. Pero fue tan rápido que casi pensó que había sido un sueño. Se miraron durante lo que si pareció una eternidad. Shiary notó como su cuerpo y su mente se calmaban. El amor que creía que había sentido por Dagmar ya no era igual. Ahora ese amor también había mutado.

                El elfo se acercó a Morrigu, y ambos se cogieron las manos sin dejar de mirarse. El resto miraba la escena como algo espiritual, hasta Sharku y Morathi se habían quedado sin habla. Elfo y Hada se miraban sin percatarse de lo que pasaba a su alrededor, se habían fundido en su propio mundo interior. Sus labios se encontraron, con suavidad pero con seguridad. Sus bocas bailaron al son de una música que solo ellos escuchaban.

                Todos los presentes los miraban sin pudor, sabiendo que aquello era lo que tenía que pasar. Estaba escrito. Elfo y hada unidos a través de los dragones.

CAPÍTULO XXXVII
 
                Aquel momento mágico se deshizo por un crujido muy leve, que todos pudieron oír. Sus miradas fueron directamente a los huevos que descansaban al lado del Fénix. Parecía que estaban a punto de abrirse. Los siete huevos crujían al unísono, aunque no se les veía ninguna grieta por ninguna parte. Hadas y elfos rodearon al ave y a los huevos que allí descansaban.



                —El proceso acaba de empezar. Aún tardará un rato. Vamos a preparar algo para comer. —Dijo Edrielle.


                Todos se pusieron manos a la obra. Abatwa y Ellyon fueron a cazar algo de carne que llevarse a la boca. El resto recopilaron todas las semillas y los frutos que habían recogido por el camino. Licke fue a por más, ya que no había suficientes. Shiary la acompañó.

                El ambiente del campamento había cambiado. Todos estaban en silencio, a pesar de que las hadas se comunicaban entre sí mentalmente. La paz se había instalado entre ellos. Todos actuaban como si aquello fuera lo más natural del mundo y como si siempre hubiera sido así. Compartían el momento en silencio, pendientes de los crujidos que emitían los huevos.

                Cuando llegaron los demás terminaron de cocinar y comieron entre risas y voces amortiguadas. Seguían con los ojos y los oídos puestos en los huevos.

                Morrigu y Dagmar no se separaban para nada, incluso comían cogidos de la mano. Se miraban continuamente y tenían a los demás embrujados con sus muestras de cariño. Abatwa se sorprendía de vez en cuando mirando a Licke y pensando en ella como algo más que una amiga.

                En mitad de la comida, un crujido más fuerte que antes los hizo levantarse a todos de un golpe. Uno de los huevos tenía una grieta. Era el huevo del dragón que se le había presentado a Morrigu como Ikran. La Salamandra se acercó al huevo despacio, y mientras se abría ella empezó a tocar la cáscara. Los movimientos de dentro parecían más rápidos, se notaba la impaciencia por querer salir. El huevo se abrió del todo, un dragón asomó su cabeza y Morrigu le empezó a quitar los trozos de cáscara que tenía adheridos.

                El dragón era muy pequeño, su color naranja brillaba como el fuego, y sus ojos estaban abiertos de par en par. Dio un salto saliendo del huevo y se acercó a Morrigu. Le subió por el brazo y se subió al hombro. Desde ahí rugió, un rugido potente para su pequeño tamaño.

                Otro de los huevos empezó a abrirse, era el huevo del dragón que se le había presentado a Dagmar como Fafnir. Del huevo salió un dragón tan blanco que deslumbraba a todos. Saltó y se puso en el hombro del elfo. Rugió como su compañero y ambos bajaron a tierra para ponerse a jugar entre ellos.

                Todos miraban la escena divertidos.

                Los dragones se perdieron en el bosque mientras ellos los intentaban seguir con la mirada.

                —Van a cazar. Necesitan aprender solos. Los demás huevos no se abrirán hasta que no los llevemos con los demás dragones.

               — ¿Tú como sabes todo eso Morrigu?
               
              —Yo también lo sé Morathi. Es algo que sabemos sin saber cómo. Pero lo sabemos cómo si hubiera sido así desde siempre. — Dagmar contestó de forma pausada, pero ya no se lo notaba el miedo que sentía antes, cuando hablaba con la elfa.


CAPÍTULO XXXVIII
 

                Llevaban unos días en el campamento sin moverse. Cazaban y recolectaban, e incluso los dragones compartían su comida, eso sí, cuando ellos ya estaban saciados. Crecían a un ritmo vertiginoso. Ya no se podían subir encima de sus jinetes, aunque su tamaño era aún pequeño para ser montados. Tenían una relación especial entre ellos, no se separaban para nada. Para dormir se acurrucaban los cuatro en un lugar apartado del resto.

                — ¿Cuándo se abrirán los malditos huevos?

                — Sharku no creo que se abran hasta que volvamos a la Tierra de los dragones con ellos.

                — ¿Volver a la Tierra de los dragones con ellos? Dagmar, sabes perfectamente a lo que hemos venido aquí. Los huevos deben estar con los elfos. Es una suerte que uno te haya elegido a ti, aunque aún no sé por qué.

                Los dos hablaban en un susurro, mientras Fafnir comía un pedazo de carne que le daba su jinete.

                — Los huevos tendrán que volver a su Tierra. Está escrito. Ninguno de nosotros puede llevárselos, ni hacerlos actuar contra su voluntad. Ellos son libres.

                —Libres dices. — Sharku se rio en su cara. —No son  libres, los necesitamos. Con ellos podremos hacer desaparecer a los humanos, o mejor aún, convertirlos en nuestros esclavos.

                Dagmar lo miró con tristeza, y vio que en su cara no había tanta determinación como en sus palabras.

                —No voy a discutir contigo. Simplemente no te los vas a llevar.

                —Tu madre sentirá una gran decepción.

                Sharku se alejó de él, no sin antes acariciar la cabeza del dragón que descansaba ahora a los pies de su jinete elfo.

                Ellyon había seguido la escena de cerca. Sus poderes seguían aumentando, y podía escuchar sonidos muy alejados, como si estuvieran a su lado. Sabía que los elfos no podrían llevarse los huevos, eran muchos contra tres, y no estaba seguro de que Shiary los siguiera.

                Sabía que aquella aventura estaba llegando a su fin, y que pronto volvería con los hombres. Dejaría todo ese mundo atrás que ahora le gustaba mucho más que su vida como humano. Solo esperaba que fuera llamado para la próxima búsqueda, y que no se demorara tanto en el tiempo.

                —No te preocupes, seguro que volveremos. —Licke llegaba a su lado leyendo cada palabra que él había pensado.

                Se cogieron de la mano. Desde su llegada siempre se había sentido muy cercano a ella, era como su hermana pequeña, aunque en poderes ya le había superado con creces.

                — ¿Cómo estás tan segura? No creo que Edrielle pueda venir con el embarazo o con dos niñas pequeñas. Para ella es su última búsqueda. Y Abatwa…

                Licke le puso el dedo en la boca para que callase.

                — Lo he visto.

                En ese momento Morrigu se puso en el centro del campamento y los llamó a todos.

                — En dos días Dagmar, Fafnir, Ikran, Fénix y yo nos iremos con los huevos. Para entonces los dracos ya habrán aprendido a volar del todo. Y aunque nosotros iremos por Tierra, porque aún no podemos montarlos, no podemos retrasarlo más. Los huevos necesitan nacer junto a los suyos. Ellos no tienen jinetes que los guíen. Podéis emprender ya el camino de regreso o esperad a nuestra partida.

                Las hadas conectaron sus mentes. Se quedarían. Sharku y Morathi no dijeron nada, pero sus caras eran de pocos amigos.

CAPÍTULO XXXIX 

 
                — Estamos dispuestos a hacer un trato. Solo queremos dos huevos de dragón.


                — Sharku, no necesitamos llegar a ningún acuerdo. Los huevos de dragón se vienen con Dagmar y conmigo. Hasta tú sabes que lo que estás haciendo no es bueno para nadie.

                La tensión en el campamento era evidente. La noche era oscura, no había luna. Los elfos habían aprovechado para intentar llevarse los huevos sin que nadie los viera. Pero estaban bajo el ala del Fénix, y los huevos estaban conectados a los dragones y a los jinetes. Con lo que pronto todo el campamento estuvo levantado. Morathi sostenía su espada en el cuello del ave. Y Sharku estaba delante intentando cortar el paso a todo el que se acercara con su acero envenenado.

                Los dragones andaban emitiendo rugidos caminando de un lado para otro y las hadas y Dagmar y Shiary estaban en guardia. Aunque ninguno había sacado su arma. Solo los dos elfos las empuñaban.

                De repente Fafnir se acercó peligrosamente al elfo en tono desafiante, y este le acercó la espada.

                — ¡Dagmar! Mantén a tu bichito alejado de mi hoja. Sabes que con solo rozarlo puedo matarlo. No quiero, pero estad seguros de que no vacilaré.

                Fafnir entendió las palabras, y se retiró a un lugar un poco más alejado sin perderlo de vista.

                — Solo son cinco huevos. Vosotros ya tenéis vuestros dragones. Por unos cuantos no lo vais a notar.

                — No se trata de eso, ellos son libres. Y vosotros solo queréis esclavizarlos.

                — ¿Y no es lo mismo que hacéis vosotros que os hacéis llamar jinetes? Solo lo enmascaráis detrás de ese nombre estúpido. Además tú eres un elfo, jamás serás un verdadero jinete.

                — No tienes ni idea. Eres un elfo ignorante. Dagmar es igual de jinete que yo. Ser jinete no es esclavizar a nadie. La unión que tenemos con nuestros dragones nunca la entenderás, porque tú eres incapaz de pensar en alguien que no seas tú mismo.

                Mientras Morrigu y Dagmar discutían con Sharku, Abatwa había aprovechado para acercarse a Morathi por detrás y le acercó la espada a su espalda.

                — No se te ocurra moverte y suelta tu arma.

                A partir de ahí todo sucedió más rápido. Un leve gesto de la cabeza de Sharku hizo que Morathi rajara la garganta del pájaro con su acero. Al ver la sangre de Fénix brotar, las hadas se quedaron paralizadas durante unos segundos, los dragones emitieron rugidos de lamentos y Sharku aprovechó para coger los huevos de dragón.

                Abatwa reaccionó un par de segundos después, clavando su acero en la espalda de Morathi. Morrigu se acercó corriendo a Fénix y entre ella y Edrielle intentaron taponar la herida del ave. Shiary, Ellyon y Licke corrieron detrás de Sharku.  Dagmar intentaba controlar a los dragones para que no salieran huyendo detrás del elfo.

                Todo se había descontrolado en cuestión de segundos.

CAPÍTULO XL

       Licke volaba entre los árboles justo por encima de Sharku, veía a Ellyon y a Shiary pisándole los talones. Lo adelantó y se puso delante de él. Se envolvió en una esfera de agua que él no podía atravesar con su espada. Así que el elfo se encontró acorralado.

       — ¡Suelta los huevos! — Ellyon no sacó su espada, pero se lo dijo todo lo autoritario que pudo. Aunque Sharku ni se movió.


       — No tienes nada que hacer, es mejor que sueltes los huevos hermano.

       — Tú ni me hables traidora. Me das asco. Yo no soy tu hermano. — Y dicho esto el elfo sacó su espada, dejando los huevos en el suelo, entre sus pies.

       Shiary sintió una punzada de dolor en lo más hondo de su corazón.

       — Si es esto lo que quieres…

       Shiary sacó su espada y los dos comenzaron a luchar. Lo hacían con fiereza, sabiendo que cualquier rasguño de la espada de Sharku mataría a su hermana, envenenándola. Licke cogió los huevos, y volando se dirigió al campamento. Ellyon se quedó con los elfos. Iba a sacar su espada, pero Shiary lo detuvo.

       — Esto es cosa mía.

       El combate parecía ser eterno, cuando de repente Sharku tropezó con una roca, que él juraría que no estaba allí. Shiary hincó su espada directamente en el corazón del elfo, que cayó a sus pies fulminado. La elfa se agachó y lo sostuvo entre sus brazos llorando.

       Mientras, en el campamento, Morrigu y Edrielle no conseguían parar la hemorragia.

       — Si el ave no consigue arder, no volverá a renacer. Morrigu solo tú puedes ayudarlo.

       Morrigu la miró con desesperación.

       — No sé cómo hacerlo.

       El ave acercó su ala a la Salamandra y la acercó a su pecho. Edrielle se alejó y Morrigu acercó su cara a la herida. Estaba llorando, y sus lágrimas caían directamente sobre el cuello abierto del ave, que poco a poco se iba cerrando. Licke llegó a tiempo para ver la curación de Fénix.

       Pronto estuvieron todos reunidos de nuevo.

       — Tenemos que enterrar a mis compañeros como se merecen. — Dagmar y Shiary se adentraron en el bosque con los cuerpos de sus compañeros en brazos y los enterraron bajo el rito élfico.

       — Nos vamos. Los huevos no pueden esperar más. Ha sido un placer estar a vuestro lado durante esta aventura.

       Morrigu se despedía de sus amigos con lágrimas en los ojos. Todos juntaron sus frentes y supieron que esa no sería la última vez que se verían. Licke les ofreció una visión que no paraba de repetirse en sus sueños. Todos volaban juntos con los dragones.

       Shiary decidió viajar sola a la tierra de los elfos, para contar los últimos acontecimientos a los suyos. Sabía que sería repudiada por sus iguales, pero tenían que saber que había un elfo entre los jinetes. Además, se lo debía a su hermano.

       Las hadas viajaban en silencio la mayor parte del tiempo. Ni Edrielle podía subir la moral de sus compañeros. Incluso su paso por la tierra de los centauros no fue la fiesta que todos esperaban.

       Cuando llegaron con las demás hadas, no los recibieron con fiestas, ni con grandes honores. Sabían lo que eran las búsquedas, y que sus buscadores no volverían con ganas de celebraciones. Todos durmieron durante un día entero. Cuando despertaron, cada clan decidió volver a su territorio. Las salamandras ya habían partido, pues no tenían que esperar a ningún buscador.

       Las ondinas partieron después, en cuanto Licke despertó. Abatwa se despidió de ella entre sonrisas amargas.

       — Te estaré esperando en la próxima búsqueda.

       — Es posible que no me elijan a mí. Te olvidarás de mí.

       — Jamás podré olvidarme de mi Ondina.

       Abatwa depositó un suave beso en los labios de Licke, que recibió con los ojos anegados en lágrimas.

       Ellyon también se despidió de ella, pero habían quedado en buscarse en su vida de humanos, así que sabían que se verían antes.

       Edrielle se despidió de todos y cada uno de los buscadores, de las Reinas, de las maestras. Sabía que aquella sería la última vez que los vería a todos. Se despidió de Abatwa en un momento especial que solo ellos compartieron, juntando sus frentes sus mentes se unieron. Algo que habían hecho muy pocas hadas. Ahora sabían que en la distancia, siempre estarían unidos.

       Cuando todos hubieron partido le tocó el turno a Ellyon. No quería irse, pero tampoco quería convertirse en Abatwa, aunque parecía que se quedaría con los Dríades esta vez, siempre sería diferente.

       Dejó todas sus cosas en la cabaña de los buscadores y se fue, no sin antes despedirse de todos. Conforme salió del territorio Dríade comenzó a crecer, hasta recuperar su tamaño como hombre. Llegó al jardín de su abuelo, donde este le esperaba.

       — ¿Cómo ha ido la búsqueda de pájaros?

       Ellyon, ahora Juan, miró a su abuelo y lo abrazó dejando caer todas las lágrimas contenidas.

       — Ya está mi niño. Esto también pasará. Te haré un chocolate caliente y te sentirás mejor.


EPÍLOGO

       A la mañana siguiente Juan se despertó en su cama, en su cuarto, como si todo lo que le había pasado como Dríade hubiera sido un sueño, aunque él sabía que no. Bajó a la cocina donde ya estaba su abuelo haciendo el desayuno. Le dio un beso y salió al porche. Allí encontró una pluma naranja…

Capítulos del 15 al 30 

2 comentarios:

  1. No has pensado en publicar esta historia en papel ? Gustará mucho a los niños , jóvenes y no tan jóvenes. A los que nos gusta el mundo fantástico de Hadas Helfos dragones y Diadres. Entre ayer y hoy me he leído estos diez capítulos de esta historia de Fantasía. Así que espero entrar en el sorteo de tu libro y alguna cosa.... Un abrazo

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    1. Buenas claro que participas. Mucha suerte en el concurso. No he pensado en publicar en papel nada del blog la verdad. Pero no digo de este agua no beberé.
      Un besillo.

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