28/5/16

Ella. Capítulo 2.



                Llego al hotel con la cara un poco mejor, gracias a los pañuelos que llevo en el bolso. Pero aun así el chico de recepción me mira de arriba abajo. Hago caso omiso y le pido una habitación sencilla. Cojo la tarjeta que me sirve como llave y subo por el ascensor.

                Cuando entro, me desplomo en la cama. Dejo caer todo mi cuerpo sobre aquella mullida colcha, mi cara se queda estampada en aquella muestra de blanco extremo. Pienso que jamás había dejado ninguna de mis prendas de ese color después de lavarlas. Así que me giro y me quedo mirando el techo.


                Ahora que estoy aquí, sola, decido que es el momento de echarme a llorar, pero mis lágrimas se han puesto en huelga. Por mucho que lo intento y vuelvo a pensar en todo lo que había pasado en los últimos meses, no hay forma de que ninguna gota de agua salada ruede por mis mejillas.

                Así que me levanto y lleno la bañera. Echo todos los botecitos de gel, champú, e incluso crema suavizante dentro del agua. Me siento en el borde a esperar que el grifo haga su trabajo. Mientras, dejo mi mente divagar por el pasado. A principios de año yo tenía mi casa ideal, casada con mi primer novio, con el marido perfecto, trabajando en la empresa familiar, una editorial de renombre.

                Y ahora, la mitad de mi familia no me hablaba, con lo que ir a trabajar era insoportable. Había perdido a mi marido y mi casa. Y todo por un arrebato, por un momento, por no pensar las cosas, por una decisión mala.

                Me quito la ropa y suelto mi pelo, ahora moreno, de un negro azabache. También, una mala decisión.

                Sumerjo la cara en el agua, y me quedo sin respiración todo lo que mis pulmones pueden aguantar. En tanto que en mi cabeza solo se suceden imágenes de Ella. La causante de que yo estuviera en aquella situación. ¿O acaso era yo la culpable de todo aquello?

                Lo había dejado todo, había renunciado a mis sueños por Ella.

                Cuando llegó a la oficina para que mi padre la entrevistara fue como un soplo de aire fresco. Su sonrisa perenne y su andar ligero nos hizo volvernos a todos, tanto hombres y mujeres quedamos hechizados por su aura, por su seguridad, por su fortaleza. Algunos fueron afortunados de recibir su sonrisa directamente, yo no fui una de ellos.

                Cuando salió del despacho, yo ya estaba enfrascada en mi trabajo, y no me di cuenta de que estaba en mi mesa, hasta que dio un suave toquecito con sus nudillos.

                — Hola, soy Ella. Tu padre me ha dicho que me enseñarás todo esto.

                Yo levanté la mirada, agobiada por todo el trabajo, dispuesta a largar al último encargo absurdo de mi padre para perder el tiempo, cuando vi aquella sonrisa toda para mí. Unos ojos verdes me miraban llenos de vida y yo no pude hacer otra cosa que levantarme de la manera más torpe, haciendo caer al suelo los folios del manuscrito que tenía entre manos.

                Ella se rio, y enseguida se puso a recoger aquel estropicio conmigo.

                — Espero que estuvieran numerados.

                — Sí, siempre lo hago.

                Esas fueron las primeras palabras que salieron de mi boca. Me tenía 
completamente embriagada y ni siquiera la conocía. En ese momento me di cuenta que quería a alguien así en mi vida. Estaba segura de que en ella encontraría la amiga que precisaba, y que nunca hubiera pensado que necesitaba.

                Saco la cabeza del agua, cogiendo todo el aire que me había negado. Aquel fue el principio de todo.


14 comentarios:

  1. ¡Ay,ay,ay! ya se perfilan los problemas en el horizonte. ¿Cómo una persona nos puede alborotar tanto las neuronas y el sentido de la percepción?
    Sigo interesado en el qué pasará.
    Besos

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    1. Pues si, es algo incontrolable, que escapa a nuestro raciocionio.
      Un besillo.

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  2. Una historia muy bien contada. Se lee con ganas de saber más. Y además esta salpicada de pequeños toques de gracia: girarse mirando al techo para no ver el "blanco nuclear" de la colcha, o sábana; utilizar el nombre de Ella para referirse a ella; la huelga de las lágrimas... Esos recursos hacen que un texto gane en frescura (¿o será frescor?) y naturalidad.
    Seguiremos, atentos, los avatares de esta mujer desconsolada por una decisión que le ha cambiado la vida.
    Un abrazo.

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    1. Ay me encanta que te guste, y que esos pequeños fragmentos te resulten toques de gracia. Me hace ilusión hacer sonreir a la gente con mis relatos.
      Un besillo. La semana que viene más.

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  3. ¿Chica discute con chico porque chica conoce a chica? ¡Esto se pone de lo más interesante! Seguiré a tenta a nuevos acontecimientos, María.

    Un besillo de sábado

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    1. La verdad es que nuestra prota tiene un lío bastante apañado.
      Un besillo.

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  4. Parece ser que el conflicto está servido. Seguiremos lo que nos acontece esta historia Maria. Un abrazo

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    1. Muchas gracias. Si, la verdad es que hay un pequeño conflicto por ahí.
      Un besillo.

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  5. Muy buena continuación, María. Esto se va poniendo interesante, a ver que pasa con Ellas, jeje ; )

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    1. Jijiji, poco a poco sabremos más de esta historia.
      Un besillo.

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  6. Bueno, bueno. ¡Qué gran continuación! Has dado un quiebro a la historia. Resulta que "ella", no es ella, la que cuenta la historia, sino Ella, la culpable de la situación del primer capítulo... Si con el primero conseguiste captar nuestra atención, con éste nos has atrapado. Es un excelente trabajo María
    Te leo en la próxima entrega
    Besos

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    1. Pues espero seguir atrapándoos en las siguientes entregas. La próxima ya la tienes publicada, jejeje.
      Un besillo.

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  7. Así que ella es "Ella"... Con esos ojos verdes, la quiero en mi vida. Pero parece ser que, como tantas otras, ha sido una mala decisión para la protagonista del relato.
    Muy buena continuación, María.
    Sin duda, sabes como atrapar con una historia, y racionar las dosis de nuestra adicción.
    ¡Abrazo, Hermana de Letras! ;)

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    1. Pues me alegro de conseguirlo. Espero poder llevaros hasta el final.
      Un besillo.

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