27/2/16

La Búsqueda. Capítulos del 15 al 30.





 SINOPSIS DE LOS PERSONAJES



HADAS:

DRÍADES: Hadas de la Tierra.

SALAMANDRAS: Hadas del Fuego.

ONDINAS: Hadas del Agua.

SILFOS: Hadas del Aire.


DRÍADES:

Arien: Reina de las Dríades. 







Eglantina: Maestra de las Dríades.





  Ellyon: Buscador de los Dríades.










Abatwa:Dríade desterrado.





 
SALAMANDRAS:


Nimue:  Reina de las Salamandras.

Glasting: Maestra de las Salamandras.

Leanan: Buscadora anterior.

Morrigu: Buscadora actual de las Salamandras.









ONDINAS:



Oonagh: Reina de las Ondinas.

Lorelei: Buscadora anterior y amor de Abatwa.









Licke: Buscadora actual de las Ondinas.






SILFOS:


Moira: Reina de los Silfos.


Edrielle: Buscadora de los Silfos.



ELFOS OSCUROS:

Zelantina:  Reina de los Elfos Oscuros.


Sharku: Guerrero de los Elfos Oscuros.



Dagmar:Hijo de Zelantina y Guerrero de los Elfos Oscuros.

Shiary: Hermana de Sharku.

Morathi: Elfa guerrera.


CENTAUROS: 

Quirón: Rey de los Centauros.

Myla: Hermana del Rey.

Nicos: Guía de los Centauros.

 CAPÍTULO XVI

                Ellyon corría a través de la maleza. No se había dado cuenta hasta ahora de lo lejos que estaba la colina de la plaza. Cuando llegó no vio a ninguna de las reinas de las hadas. Algunas pequeñas hadas jugaban correteando de un lado para otro, imitando las luchas de los buscadores.

                Fue corriendo a la casa de Arien, esperando encontrarla allí. Abrió la puerta de golpe, sin llamar y se encontró a las cuatro reinas con las entrenadoras alrededor de la mesa. En ella había vasos de Tydún casi vacíos.


                Todas se volvieron hacia el Dríade.



                - Vaya, Ellyon como has mejorado. No puedo leer… - Eglantina se quedó a mitad de frase. Se dio cuenta de que algo pasaba.



                Arien se levantó seguida de todas las demás hadas. Se acercó a Ellyon. El Dríade entre la respiración entrecortada intentaba hablar, pero la garganta reseca no le dejaba pronunciar palabra alguna. Le dieron un vaso de agua. Se la bebió de un trago, dejando caer la que no le entraba de golpe.


                - Han venido los duendes. Nos atacan, quieren llevarse a Fénix.

                - ¿Vienen solos? – Nimue se acercó a Ellyon.

                - No, cuando me iba, pude ver a un ser más alto que ellos, parecía… no sé, yo creo que era una mujer.

                - Zelantina está aquí. Vamos, los buscadores necesitarán ayuda.  Moira y Oonagh reunid a todas las hadas de la ensenada. Esconded a los niños. Las demás iremos con Ellyon.

                Arien como anfitriona que era, ordenaba y organizaba a todas las demás reinas. Todas se pusieron en marcha. Ellyon notó como a pesar de sus avances, no podía estar a la altura de la reina. Ella avanzaba sin esfuerzo, parecía que volaba con cada zancada. Mientras él, se cansaba para poder seguir su ritmo.

                Cuando llegaron a la colina la escena que vio le sorprendió sobremanera. Cientos de duendes rodeaban a quien Arien había llamado Zelantina. Ella estaba sentada en una especie de trono siniestro que le ponía los pelos de punta. A su alrededor se reunían otros seres iguales a ella. Sus amigos buscadores estaban justo enfrente pegados a un árbol. Tenían una postura, irreal, como si estuvieran obligados.

                Arien se puso delante de aquellos seres e hizo una reverencia. El ser sentado en el trono sonrió con autosuficiencia. Ellyon no podía creer lo que estaba viendo, ¿por qué no luchaban? ¿Por qué se arrodillaba ante ese ser repugnante que quería atacarlos?

                - Bienvenida a nuestra ensenada, Zelantina, reina de los elfos oscuros.

                Nimue también hizo una reverencia, aunque Ellyon, pudo ver en su mirada algo de ironía.

                - Muchas gracias por vuestra hospitalidad. Creía que las hadas habían perdido sus buenos hábitos. – Mientras hablaba, Zelantina se levantaba de su trono y miraba con desprecio a los buscadores.

                - Si no es mucha molestia, ¿podrías liberar a nuestros buscadores?

                ¿Por qué seguía Arien siendo amable con esos seres? ¿Por qué no mandaba a luchar a todos? Ellyon se dio cuenta de repente que detrás de ellos estaban todas las hadas de la ensenada. No las había oído llegar. Y no se había dado cuenta de que eran tantas. Superaban con creces a los duendes.

                Zelantina no hizo ningún gesto, pero Ellyon pudo ver como a sus compañeros les cambiaba la cara.

                - Arien, ¿podríamos hablar en la intimidad? Solo las reinas deberíamos discutir ciertos temas.

                - Por supuesto, vamos a mi casa. Allí no hay nadie ahora. Como puedes ver, hemos salido todos a recibirte.

                Todas las reinas se fueron, pero antes Ellyon pudo ver un gesto leve de asentimiento de todas las entrenadoras. Algo pasaba y tendrían que estar alerta, aunque no pudieran comunicarse mentalmente, ¿o sí?      


CAPÍTULO XVII


                El ambiente que se quedó cuando las reinas se fueron, era sofocante. Nadie hablaba, nadie se movía. Todos estaban allí menos Fénix.  Ellyon no sabía dónde estaba el ave. Suponía que se había escondido en algún lugar para que los duendes no pudieran encontrarlo.

                Un movimiento en uno de los árboles le llamó la atención. Miró hacia arriba discretamente, para que ninguno de los duendes se diera cuenta.  Lo que vio le sorprendió sobremanera. Miles de pájaros se posaban en todos los árboles allí cercanos, arrendajos, mirlos, azores, gorriones, incluso le había parecido ver un águila.

                Volvió a observar a los duendes y a aquellos elfos oscuros. Su aspecto era aterrador y repugnante al mismo tiempo. Los duendes se encontraban casi todos medio agachados o incluso sentados en la hierba. Al fijarse más detenidamente daba la sensación de que no les apetecía estar allí. Estaban apáticos y aburridos.

                Sin embargo, los elfos eran otra cosa. Uniformados como si de un ejército se tratara estaban rectos y alerta, observando sin parar a los buscadores y a las entrenadoras, que habían intentado pasar desapercibidas internándose entre las demás hadas.

                - Vaya, vaya Sharku, pensaba que el fuego de dragón había acabado con tu existencia. – Abatwa hablaba sin moverse de su sitio, casi en un susurro. Pero todos los que estaban allí podían oírlo. El silencio era atronador.

                - Como puedes ver un poco de fuego de dragón no va a poder con un elfo guerrero. – Uno de los elfos que se habían mantenido en su sitio, se movió un poco para enseñar parte de su espalda quemada. – Son solo heridas de guerra.

                - ¿Aún no entendéis que los dragones no os quieren? Sois escoria para ellos, ni siquiera se alimentarían de vosotros.

                - ¿Y tú me hablas de escoria? – La voz del elfo sonó un poco más fuerte. Un sonido como una especie de carcajada gutural salió de su garganta. - ¡Tú, qué eres el despojo que ningún clan quiere! ¡Tú, el desterrado! Mitad hada, mitad,… Vete tú a saber qué. Ni siquiera tienes derecho a estar aquí.

                Ellyon pudo ver en la mirada de Abatwa rabia controlada. Ni siquiera se movió. Seguía en su posición. Licke a su lado acercó su mano a la de él y se la cogió. Eso pareció tranquilizar al Dríade.

                - ¿Te crees mejor que yo? Eso lo podemos solucionar, lucha conmigo y podremos ver quien se merece o no estar aquí.

                A pesar de la invitación nadie se movía. Parecía que cualquier movimiento iba a dar pie a una lucha encarnizada, y sin las reinas allí todos estaban inmóviles. No querían empezar algo de lo que luego se pudieran arrepentir.

                El elfo de la espalda quemada sonrió maliciosamente.

                - No me hace falta luchar con un desterrado para saber que soy mejor. Además, pronto podrás demostrar tus habilidades, solo tenemos que esperar a que vuelva Zelantina. Todos seréis destruidos y nos llevaremos a Fénix a nuestro lado.

                - Sharku modera tus palabras. – Zelantina se acercaba con el mismo sigilo que se habían ido. Seguida de las reinas de las hadas. – No habrá tal lucha. Hemos llegado a un acuerdo con las hadas. ¿No es cierto, Arien?

                - Hemos hablado con Zelantina, y antes de llegar a una masacre, hemos decidido que Fénix elegirá con quien quiere ir. El único problema es que Zelantina cree que al estar unido a Morrigu, nosotros jugamos con ventaja. Así que sí Morrigu quiere y el luchador de los elfos acepta, combatirán por el favor del ave. Él decidirá después del combate, quien se merece su favor.

                Un murmullo se apoderó del valle, todos comentaban las palabras de Arien. Morrigu se adelantó hasta llegar a las reinas de las hadas y se acercó a Nimue.

                - Yo lucharé.

                Sharku se acercó a su reina y con una reverencia, pronunció las mismas palabras.

                - No, tú no lucharás, lo hará Dagmar.

                La reina de los elfos lo miró con desprecio y se dirigió al otro elfo que se había mantenido quieto todo el tiempo. Parecía más joven que el resto. Se adelantó torpemente y le hizo una reverencia a Zelantina.

                - Yo lucharé.

                La mirada de Sharku era de odio. Ellyon miró a Abatwa que sonreía disfrutando del espectáculo.


CAPÍTULO XVIII

                Todos se movieron para dejar espacio a los dos luchadores. Morrigu se puso en un extremo del círculo que habían despejado. Detrás se colocaron los demás buscadores. Uno por uno se acercó a la Salamandra y pegaron sus frentes. La última unión antes de la lucha. Los últimos ánimos que alentaban a Morrigu. Estaba seria y concentrada.

                En el otro extremo estaba Dagmar, Zelantina a su lado. Se acercó a él y le hizo una especie de caricia. Todos los miraron con sorpresa. Pero ninguno expresó ningún tipo de emoción. Sharku se acercó a él y en un susurro casi inaudible le dijo:

                - Ser hijo de una reina no te hace ser un guerrero. Solo eres el niño de mamá.

                Hada y elfo se quedaron solos, mirándose y midiéndose sin moverse. Sin esperarlo, los dos al mismo tiempo se lanzaron hacía el otro. Morrigu no voló. Prefería guardarse sus armas por si le hacían falta. El choque de sus espadas resonó por todo el valle. Ninguno se amedrentaba por los ataques del otro. Al contrario, cada vez eran más rápidos y más certeros. Dagmar hirió a Morrigu en el brazo izquierdo. Un simple arañazo que lo hizo sonreír. El hada no le dio importancia y siguió luchando. Ahora era ella la que hería al elfo. La sangre salía por su pierna derecha.

                La lucha era encarnizada, y a pesar de las varias heridas que ya tenían, seguían el ritmo marcado desde el principio. En un despiste del hada, el elfo consiguió quitarle la espada que salió volando, clavándose en un árbol cercano. Solo le quedaba volar para poder recogerla antes de que él la venciera. Intentó alzar el vuelo, pero sus alas no respondían.

                - No puedo volar.

                - Has perdido.  El ave es nuestra. – Dijo Dagmar mientras acercaba la punta de su espada al cuello del hada.

                Glasting, la maestra de las Salamandras se acercó a su pupila. Olió sus heridas y acercó un botecillo que tenía en su zurrón para coger un poco de sangre, le echó un líquido violeta, que al contacto con la sangre se volvió verde de inmediato.

                - ¡La ha envenenado! ¡Sucio elfo oscuro!

                - ¡Abatwa! No es de tu incumbencia. Nadie ha dicho que no pudieran usarse pociones. – Arien amonestó al Dríade sin gritar. Y a pesar de no alzar la voz, surtió el efecto deseado.

                - Solo es una pequeña poción de Áximo, en unas horas podrá volver a volar. – Dagmar sonrió con autosuficiencia. – No es justo para la pelea.

                - Lo que no es justo es que se utilicen armas oscuras para limitar al oponente. Morrigu vuela porque es un hada. Va dentro de ella.

                Abatwa estaba tan indignado que no era capaz de callarse.

                En medio de aquellas palabras, el Fénix llegó aterrizando desde el cielo hasta el centro donde habían luchado el hada y el elfo.  Abrió sus alas y emitió un sonido que dejó a todo el mundo sin respiración. Nadie se movía, todos miraban aquellas plumas naranjas, amarillas y rojas que bailaban al son de la brisa.

CAPÍTULO XIX

SINOPSIS DE LOS PERSONAJES

HADAS:

DRÍADES: Hadas de Tierra.

SALAMANDRAS: Hadas de Fuego.

ONDINAS: Hadas de Agua.

SILFOS: Hadas de Aire.


DRÍADES: 

Arien: Reina de los Dríades.
Eglantina: Maestra Dríade.

Ellyon: Buscador Dríade.

Abatwa: Dríade desterrado.

SALAMANDRAS:

Nimue: Reina de las Salamandras.
Glasting: Maestra de las Salamandras.

Leanan: Buscadora anterior.

Morrigu: Buscadora de las Salamandras.

ONDINAS:

Oonagh: Reina de las Ondinas.

Lorelei: Antigua buscadora y pareja de Abatwa.

Licke: Buscadora de las Ondinas.

SILFOS:

Moira: Reina de los Silfos.

Edrielle: Buscadora de los Silfos.


ELFOS OSCUROS:

Zelantina: Reina de los Elfos oscuros.

Dagmar: Hijo de Zelantina y Guerrero Ede los Elfos Oscuros.

Sharku: Guerrero de los Elfos Oscuros.
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                El Fénix se acercó a Dagmar, este lo encaró, le miró  a los ojos desafiante. A pesar de haber envenenado al hada, no estaba muy contento con su decisión. Pero todos los elfos llevaban sus espadas bañadas de alguna poción. Él había usado la más floja de todas. Nunca había matado, y no quería empezar ahora. Si la Salamandra hubiera luchado con Sharku, ahora estaría muerta.

                No podía mostrar debilidad, así que miró al ave con autosuficiencia. El Fénix le acercó el pico a su mano, y él no pudo hacer otra cosa que acariciarlo. Una sonrisa salió de su boca, casi sin querer.

                - ¡Mirad al guerrero! ¡Ablandado por un ave! ¿Te lo quieres llevar a dormir como tu peluche?

                Los elfos y los duendes rieron a carcajadas, Dagmar bajó la mano corriendo y miró a Sharku con odio. Todos callaron de golpe cuando la reina se levantó.

                - Esta ave merece nuestros respetos, es un Fénix que posee más poder del que tú, Sharku soñaras jamás. – Zelantina hizo una reverencia al Fénix, y este se la devolvió.

                Morrigu seguía al otro lado del círculo, junto a su maestra y los demás buscadores. Todos estaban tristes, pero Morrigu no paraba de llorar en silencio. Las lágrimas rodaban por sus mejillas sin que ella las apartara, y aun así su rostro no mostraba ninguna emoción.

                El Fénix se acercó a ella y la envolvió en su ala. La acercó al centro del círculo de nuevo, y dejó caer sus lágrimas en todas las heridas, que sanaron de inmediato. Fue al otro lado del círculo y envolvió a Dagmar de la misma manera que lo había hecho con Morrigu. Este se sorprendió, pero se dejó hacer. Sus heridas también sanaron al contacto con las lágrimas del ave.

                Ahora estaban los tres en el círculo, y el Fénix los había cobijado bajo sus alas. Las tres cabezas unidas y los ojos cerrados, parecía que habían entrado en una especie de letargo. No se oía nada. Ni una hoja, nada. Todo estaba en silencio.

                De repente, el ave los soltó y elfo y hada unieron sus frentes. Un estallido de sorpresa resonó en toda la hondonada. Nunca habían visto unirse así a dos seres tan distintos. Y mucho menos después de una pelea.

                El Fénix salió volando y allí quedaron la Salamandra y el elfo.

                - El Fénix no viajará con ninguno. – Anunció Morrigu.

                - ¡Eso es una infamia! ¡El ave nos pertenece! ¡Hemos ganado! ¡Mataremos a todas las hadas! ¡Han hecho trampa! ¡El ave nunca iba a venir con nosotros!

                - ¡Déjala hablar Sharku! El veneno que destilas nos salpica a todos.

                Un gesto de la reina elfa hizo a Sharku cerrar la boca, y tragarse las palabras que estaba a punto de soltar.

                - Como iba diciendo, Fénix no viajará con ninguno. Ha visto la batalla y cree que los dos somos dignos de llevarla con nosotros. Pero ha decidido mostrarnos parte del camino. El resto tendremos que encontrarlo nosotros. Ella vendrá un tiempo con las hadas y otro tiempo con los elfos y duendes que salgan a buscar los huevos. Ahora los tres estamos unidos, lo que nos pase a uno lo sentirán los demás.

                Mientras Morrigu pronunciaba estas palabras, Abatwa se alejaba de allí corriendo, Edrielle y Licke lo siguieron. Ellyon notó como Morrigu miraba hacia ellos con algo de pesar, y decidió quedarse con ella. Ya habría tiempo de reunirse todos juntos y hablar de lo sucedido.


 CAPÍTULO XX

                Los preparativos para la Búsqueda estaban siendo más largos de lo que Ellyon había pensado. Todo tenía un ritual, y ya estaba empezando a cansarse de esperar por cualquier tontería.


                Los elfos oscuros y los duendes habían desaparecido. Decidieron irse a su hogar para preparar el viaje y decidir quién iría en la búsqueda. Zelantina y las demás reinas hablaron y decidieron que irían todos juntos en la primera etapa del viaje. Dejarían sus diferencias a un lado por el bien de todos. Sobre todo por el Fénix, que así no tendría que ir de campamento en campamento.


                Al principio, hadas y elfos se mostraron reacios. Pero con la ayuda del ave consiguieron tener a todos más o menos contentos.


                Desde el enfrentamiento de Morrigu y Dagmar, Abatwa se mostraba cada vez más huraño. No se acercaba a los demás buscadores, si no era estrictamente necesario. Había vuelto a cerrar su mente. Con Morrigu no había vuelto a hablar ni a luchar. Todos estaban tristes por su actitud, pero por mucho que Licke y Edrielle hablaban con él, no daba su brazo a torcer.


                Aquella mañana, era el día anterior de la partida. Todos los buscadores se levantaron más temprano para sus ejercicios matinales. Abatwa no apareció. Ellyon se estaba desesperando, estaba perdiendo la paciencia. Sobre todo, cuando veía el halo de tristeza que desprendía Morrigu. En una ocasión, Edrielle intentó ayudarla, y Morrigu reaccionó bastante mal. Así que no volvió a hacerlo.


                Aquella situación los estaba separando, y no era bueno para empezar la búsqueda. Mientras observaban la salida del sol, Ellyon tomó una decisión. Se estaba tratando a Abatwa con demasiada condescendencia. Ya iba siendo hora de que alguien le dijera lo que pensaban realmente. Así que cuando acabaran el entrenamiento iría a buscarlo.


                No hizo falta, en plena lucha grupal, Ellyon vio a Abatwa sentado escondido mientras los observaba. Pudo ver en su cara algo de tristeza y añoranza, todo lo contrario a la cara desafiante que había tenido hasta ahora. En cuanto se dio cuenta de que Ellyon lo miraba su rostro cambió.


                - ¡Eh tú! – Ellyon se fue hacia él, ignorando a Licke, que iba hacia él en ese momento. – Ya estamos hartos de tu actitud. Te comportas como si fueras el más herido por esta situación. ¿Te has parado a pensar en cómo se siente Morrigu?


                Abatwa se levantó con actitud arrogante.


                - Tú no eres…


                - Ni se te ocurra, ni se te ocurra decirme lo mal que lo estás pasando, ni decirme que yo no soy quien para decirte nada. Somos buscadores y estamos unidos, te guste o no. Eso no lo podrás cambiar. Nadie te invitó a venir, viniste porque quisiste. Si no quieres estar con nosotros solo tienes que volver al fango de donde saliste a regodearte en tu tristeza.


                Abatwa dio media vuelta para irse, se le veía agotado.


                - A nosotros nos gustaría que te quedaras. Eres nuestra fuerza.


                Ellyon se acercó a él y le puso la mano en el hombro. Los demás buscadores, que hasta ese momento no habían intervenido, se acercaron a los dos. Abatwa se dio la vuelta, y en ese momento abrió su mente por completo. Miles de imágenes y sentimientos golpearon al Dríade y a los demás, que no se lo esperaban. Ellyon pudo ver la vida de Abatwa con todo detalle. Su ceremonia de iniciación, como se enamoró de Lorelei, su vida como humano, las decepciones, las alegrías, el odio a los elfos y su motivo, pudo ver todo y sentir todo.


                Se abrazaron y Edrielle repartió un poco de alegría en aquellas hadas lo suficientemente empáticas como para aceptar los sentimientos del Dríade como suyos propios.


                Abatwa se acercó a Morrigu y junto su frente a la de ella.


                - Lo siento. – Lo dijo en un susurro, pero para que todos pudieran escucharlo. Aunque esas palabras eran para la Salamandra, los demás se sintieron mejor.


                - Bueno, hay que preparar una búsqueda, y hoy es la fiesta de la partida, así que nos queda poco tiempo. – Licke era la más optimista de todos. Estaba deseando comenzar con la Búsqueda, y ahora que todos estaban juntos de nuevo, era el momento.


CAPÍTULO XXI

                La comida rebosaba en la plaza. Los jugos de bayas pasaban de unas manos a otras. Las hadas bailaban al son de la música que hacían sonar los pocos que sabían utilizar los instrumentos. Licke danzaba al son de las flautas, mientras espolvoreaba gotitas de rocío a su paso.

                Estaba contenta, sobre todo desde que Abatwa se había abierto a ellos. Estaba segura de que eso le daría una oportunidad. Era optimista por naturaleza, todo le hacía sentir feliz. Y cuando estaba al lado del Dríade se sentía más feliz aún.

                Se había enamorado de él, aún sin conocerlo. Al oír hablar de su pasado, ese halo de misterio que lo cubría. Todo en él era especial para ella. Pero cuando lo vio, tan seguro de sí mismo, tan lleno de pena en su interior, supo que ella tenía que salvarlo. Y lo haría con su amor, poco a poco, con paciencia. No tenía prisa. Las hadas viven mucho tiempo. Y aunque sabía que cuando la búsqueda acabara, ella tendría que volver a ser humana, habría más búsquedas.

                Siguió girando, y girando sobre sus pies, mientras pensaba en sus sentimientos. Sabía que todos los conocían. La consideraban una niña, pero ella sabía tener paciencia. Era una niña con las cosas muy claras. Y sabía que quería a Abatwa y acabaría viviendo con él como hada.

                Lo vio bebiendo al lado de Edrielle. Los dos se querían más que si fueran hermanos. Rebosaban paz cuando se encontraban juntos. Los miró un instante, y se acercó a ellos. Cogió a Abatwa de las manos y lo llevó a bailar con ella. El Dríade no se resistió. No podía negarle nada aquella niñita que había robado su corazón. Sentía que tenía que protegerla en todo momento. Se había convertido en la hija que él nunca tuvo.

                Edrielle se quedó sola unos pocos minutos. Mientras reía viendo bailar a sus amigos, se dio cuenta de que alguien se acercaba a ella.

                - ¿Cómo te encuentras? – Arien tocó levemente la barriga de la Silfo.

                - Estoy bien. Mis pequeñas ya empiezan a comunicarse conmigo. Aunque siguen prefiriendo hablar con Ellyon. Aún no sé porque.

                - Ellyon es poderoso, mucho más de lo que ha sido otro buscador Dríade hasta ahora. Ni siquiera él sabe todo el potencial que posee. Ya su abuelo era poderoso.

                - Le echo de menos. Se parece tanto a él. Sé que sus aventuras ya han acabado, pero deberíais permitir que nos visitara. Solo para verlo.

                - Sabes que eso es imposible. No se contempla en las leyes. Solo os llamamos para ser buscadores. Cuando acabáis vuestra misión, volvéis al mundo al que pertenecéis.

                - Lo sé. Pero es difícil de entender porque unos viven más búsquedas que otros. En el caso de las Salamandras está claro, pero ¿los demás?

                - Solo Fénix y los dragones lo saben. Nosotros solo somos meros buscadores. Un medio para un fin.

                - Dos hadas tan preciosas no deben estar aquí tan serias. Necesitáis bailar. – Abatwa les tendió una mano a cada una que aceptaron encantadas.

                Morrigu se movía entre las hadas sin rumbo fijo. Su mirada oteaba el cielo sin descanso, olvidándose de todo lo que había sobre la tierra. Estaba nerviosa. Sabía que ella era la pieza importante de la búsqueda y quería estar a la altura. No sabía si encontraría su dragón, o tendría que esperar a la siguiente búsqueda. Pero sí sabía lo que sentía. Las llamas de su interior la quemaban sin remedio. No era capaz de controlarlas. Y mucho menos después de haberse unido a Dagmar.

                No había contado nada de aquella unión, de lo que había visto, ni de lo que había sentido. Pero Fénix había abierto todas sus barreras y las del elfo oscuro. Así que había podido entrar en él y entender todos sus sentimientos. Vio que no todos los elfos oscuros son tan oscuros. Qué el ser hijo de una reina te marca durante toda tu vida. Y más cuando tienes a una madre que antepone su pueblo a su propio hijo. El no saber quién era su padre y la tortura a la que se veía sometido con los desprecios de Sharku.

                - Deja de mirar al cielo. Él no aparecerá hasta mañana a la hora de partir.

                - Lo sé Ellyon, pero me siento más segura cuando está conmigo. – Morrigu salió de sus pensamientos cuando el Dríade se acercó a ella. Se agarró de su brazo y siguieron paseando entre las hadas.

                - ¿Estás nerviosa? Porque yo no sé cómo la gente puede estar tan tranquila bebiendo y bailando. Sabiendo a lo que nos enfrentamos mañana.

                - Es la forma que tienen de olvidarse por un momento de las preocupaciones. A mí no me parece mala idea.

                - Lo sé, pero es que encima tenemos que ir cargando de esos odiosos elfos, y…

                - No son tan odiosos como tú crees.

                - No sé a ti, pero a mi Sharku me da escalofríos. A saber sí no traerá veneno para matarnos a todos.

                - No te preocupes, está en juego el honor de su reina. Y el Fénix no les ayudará si nos atacan. Con lo que no tienen opción.

                - De todos modos no les quitaré ojo.

                - Ni ellos a ti. – Los dos se echaron a reír.

                De pronto las luces se acabaron, la música cesó, y una voz sonó por encima de las demás.

                - Es tarde. Es la hora. Los festejos han acabado. Los buscadores deben descansar para empezar con una buena búsqueda mañana.

                Hubo murmullos de asentimientos y alguna que otra protesta por parte de las hadas más jóvenes.

                - Buena búsqueda.

                Las hadas gritaron al unísono, y después el silencio se adueñó de la ensenada. Todos fueron retirándose a sus casas. Los buscadores durmieron todos juntos en el suelo frente a la chimenea.


 CAPÍTULO XXII

                Ellyon se despertó sobresaltado. Aún era de noche fuera y las brasas de la chimenea seguían ardiendo. Los demás parecían dormir plácidamente. Pero un movimiento le hizo girar la cara. A su alrededor estaban todas las maestras, con los brazos extendidos y los ojos cerrados movían los labios sin emitir sonido.

                Ellyon cerró los ojos de inmediato. Se sentía invadido, y a la vez haciendo algo que no debería hacer. La voz de Eglantina sonó en su cabeza “duerme Ellyon”. Un sueño lo invadió de repente y no se despertó hasta que los demás buscadores ya estaban levantándose.

                El sol empezaba a salir por el horizonte. Sin hablar, cogieron sus mochilas ya preparadas y salieron de la cabaña.

                Fuera estaban todas las hadas haciéndoles un pasillo. Ninguna hablaba, todas, incluso las más pequeñas sabían el significado de aquel viaje. La importancia que se le daba a aquel momento.

                Al final de toda la fila estaban las reinas y las maestras. Una a una se acercaba a los buscadores y unían sus frentes. Las reinas daban presentes a cada buscador. Arien le dio a cada uno una semilla. Nimue una especie de piedra en forma de huevo, al mirarla a Ellyon le pareció ver fuego en su interior, sin embargo estaba fría. Oonagh les regaló una calabaza llena de agua, estaba encantada. Nunca se quedaba vacía. Moira no les dio nada tangible. A cada uno le regaló una palabra, todas distintas y solamente para ellos. Cada uno sabría cuando tendría que utilizarla.

                Los buscadores se dirigieron  al valle donde habían quedado con los elfos y con Fénix. Cuando llegaron, ya estaban esperándolos. Allí estaba Sharku, Dagmar, y dos elfas más. Eran más altas que los elfos hombres, y más estilizadas. La más alta de todos se presentó como Shiary, la hermana de Sharku. Para ser su hermana era más guapa que él. Podría ser porque su cara no reflejaba tanta maldad.

                La otra elfa los miraba a todos con aires de superioridad y dijo su nombre simplemente. Se llamaba Morathi. La fiereza de su mirada daba escalofríos. Ellyon supo que se mantendría alejado de ella todo lo que pudiera.

                El Fénix se elevó al cielo y comenzó el vuelo. Todos lo seguían desde el suelo, excepto Licke que volaba entre los árboles zigzagueando y dejando caer gotitas a su paso. Los demás iban a paso ligero. Morrigu prefería ir al lado de los elfos, porque quería saber más de Dagmar, Abatwa no se fiaba de sus nuevos amigos y Edrielle optaba quedarse vigilando los pasos de Abatwa. Su temperamento ya les había causado algún que otro problema. Ellyon era el único que no podía volar como los demás, así que no le quedaba más remedio que ir por el suelo.

                El primer día anduvieron sin descanso, y no pararon hasta caer la tarde. No habían comido nada y estaban desfallecidos. Se hicieron dos hogueras y los elfos y las hadas se sentaron separados. De vez en cuando Morrigu miraba hacia Dagmar, y en más de una ocasión estuvo a punto de acercarse a hablar con él. Solo las miradas de Morathi la detenían. Ningún otro ser la intimidaba tanto como ella.

                - Ya habrá tiempo. El camino es largo. – Edrielle no se dirigía a nadie con aquella intervención, pero Morrigu sabía que aquellas palabras eran para ella.

  
 CAPÍTULO XXIII

                Llevaban ya siete días de viaje, y en ningún momento se habían mezclado elfos con hadas. Cada uno iba en su grupo e intentaban no cruzarse en el camino de los otros.

                De todos modos, los buscadores mantenían en todo momento sus mentes abiertas y conectadas. Todos conocían los pensamientos de Abatwa sobre Lorelei, durante todo el camino la tenía presente. Con el consecuente dolor que le producía a Licke, así que intentaba permanecer lo más alejada posible del grupo en el cielo.

                Morrigu se pasaba el día pensando en cómo acercarse a Dagmar, pero nunca encontraba la ocasión perfecta. Morathi siempre estaba cerca, parecía que presenciaba sus ganas de conectar con el elfo.

                A pesar de no poder acercarse lo vigilaba de lejos, y se había dado cuenta de que no era la única. Shiary miraba a Dagmar más de lo habitual. Siempre estaba pendiente de sus necesidades y se reía de las cosas que él le contaba. Aunque Sharku también se había dado cuenta de esas atenciones, y se pasaba todo el camino intentando que no se acercaran.

                A Morrigu le divertía la escena. Sabía que tarde o temprano, Dagmar se daría cuenta de los sentimientos de su compañera de viaje, y haría algo, lo que no sabía era el que. Casi siempre se mostraba serio y pensativo, y no miraba especialmente a la elfa.

                Ellyon estaba harto de escuchar las elucubraciones de Morrigu en su cabeza. Le daban igual los elfos, como si se despeñaban por un barranco, él viajaría más tranquilo.

                Ya había anochecido el séptimo día de su viaje, y estaban a las puertas del reino de los centauros.

                - Deberíamos descansar aquí, antes de entrar al reino de Quirón, no creo que le haga mucha gracia que los elfos oscuros entren en sus tierras. – Abatwa hizo la observación mientras miraba a Sharku con desprecio.

                - No creo que tú seas tampoco de su agrado, un desterrado. – Sharku escupió en el suelo.

                - Mañana nos acercaremos Morrigu, Dagmar y yo con Fénix para allanar el camino. Seguro que explicándonos entenderán la situación. – Edrielle intentó ser conciliadora con sus palabras.

                Los demás aceptaron de mala gana, ya que sabían que no tenían más remedio. Los centauros tenían fama de atacar primero y preguntar después. Eran muy amigos de sus amigos, pero no se puede decir que los elfos oscuros contaran entre ellos.

                Esa noche la luna no salió, los ruidos nocturnos eran más siniestros y Ellyon no lograba conciliar el sueño. Estaba alerta a cualquier movimiento, todo lo que le había contado Licke de los centauros no le serenaba para nada. Y seguía sin entender cómo podían vivir entre los humanos sin ser vistos.

                En su noche en vela vio a Shiary levantarse de su lecho y alejarse. Decidió seguirla. Después de andar un kilómetro por el mismo camino que habían llegado se paró en una roca, se sentó y con la cara entre las manos comenzó a llorar. Era un llanto desconsolado, sin contención ninguna.

                Ellyon se sintió fuera de lugar, invadiendo un espacio demasiado íntimo. Así que se volvió al lado de los demás. Lo que había visto lo había dejado sin habla. Parecía que aquellos seres oscuros también tenían un corazón.


 CAPÍTULO XXIV

                Edrielle se despertó con un murmullo de voces. Los elfos se habían levantado y discutían sobre algo. Vio como Dagmar y Sharku se enfrentaban, mientras Shiary se mantenía al margen y Morathi apoyaba a Sharku.

                Todos estaban listos para emprender el viaje, pero ninguno se movía. Edrielle no sabía sí levantarse y que vieran que los estaba escuchando, pero cuando se iba a incorporar, una voz en su cabeza la interrumpió. “Llevo rato escuchándolos, tienen miedo a los centauros, quieren irse y seguir el camino por separado. Sharku quiere ir por las montañas, prefiere los peligros que conllevan, pero Dagmar quiere seguir con nosotros. Así llevan una hora.”

                “Abatwa no podemos dejar que se vayan, hemos hecho un pacto. Se lo debemos a Fénix.”

                “Nosotros no estamos haciendo nada. Son ellos los que quieren irse, los que abandonan la tregua, y yo feliz de que lo hagan. No se lo voy a impedir. Ellos no pueden encontrar los huevos, esto no tiene ningún sentido, no tiene futuro alguno.”

                “Lo sé, sé que tienes razón, pero me había hecho a la idea…”

                “Edrielle no seas ilusa, sabes lo que son y para que quieren los huevos, el que te hayas encontrado con un elfo que crees que es diferente, no quiere decir que el resto de su especie no siga queriendo lo de siempre.”

                Edrielle suspiró, sabía que Abatwa tenía razón, demasiadas búsquedas a sus espaldas, demasiado ya visto para engañarse a sí misma. Aquello no iba a llegar a ninguna parte. Necesitaban encontrar los huevos antes que los elfos si querían que los dragones siguieran a salvo.

                Los demás buscadores habían escuchado la conversación de Abatwa y Edrielle, ninguno entendía nada. No sabían porque querían los elfos los huevos, ni siquiera se habían detenido a pensarlo. Pero Morrigu no estaba de acuerdo, no sabía lo que había pasado hasta la fecha, pero lo que sí sabía era lo que había sentido al unirse con Dagmar.

                - ¿Dónde vais? – La Salamandra se levantó y se encaró a los elfos. – Aún nos queda camino juntos.

                Sharku y Morathi se pusieron en posición defensiva, y con sus armas apuntaron al hada.

                - ¿Crees que vamos a entrar en territorio de centauros con vosotros? Estamos hartos de viajar al lado de seres tan débiles. Nos vamos, buscaremos los huevos por nuestra cuenta. Sabemos que tarde o temprano el desterrado se volverá contra nosotros. ¿Y quién dice que no nos matará una noche? – Sharku habló por los suyos.

                - No somos así.

                - Habla por ti Morrigu. – Abatwa estaba también en posición defensiva, estaba listo para luchar.

                - Dagmar, sabes cuales son mis intenciones, sabes que no vamos a haceros daño. – Morrigu apeló a la unión que tenía con el elfo.

                - Lo siento.

                Fue lo único que Dagmar pudo decir, y acto seguido los elfos salieron corriendo en dirección opuesta. Ninguno miró atrás, para ver cómo Morrigu se encaraba con Abatwa, como empezaba una pelea que acabaría con la Salamandra derrotada, y que empezaría una grieta entre los buscadores que haría que la búsqueda fuera aún más difícil.


CAPÍTULO XXV

                Edrielle intentó apaciguar las aguas. Pero se dio cuenta de que ni Morrigu ni Abatwa iban a ceder. Eran demasiado cabezotas para cambiar de opinión. Además ahora tenían en mente otros problemas. Los centauros eran unos seres desconfiados que preferían vivir tranquilos en su soledad.



                - Dejemos esto a un lado. Tenéis que estar unidos para poder hablar con Quirón. Sino no podremos convencerlos para pasar por su territorio.


                Mientras Edrielle pronunciaba estas palabras, Fénix bajo del cielo y se acercó a Morrigu. Unieron sus frentes y el ave graznó en seña de entendimiento. Los elfos que no estaban aún muy lejos de allí oyeron al ave. Dagmar se paró en seco.

                - No estoy seguro de que esto sea lo mejor. Mi madre…

                - Tu madre no está aquí, ahora el que está al mando soy yo. Así que deberías obedecerme.

                Shiary le puso una mano en el hombro para que no siguiera con la pelea. No les beneficiaba, y ella no quería tener que decidir entre su hermano y él.

                Mientras, Morrigu se abrazaba a Fénix y le transmitía toda la tristeza que ella sentía. Los demás buscadores sintieron todo su dolor, que hasta ahora había permanecido escondido. No sabían que sus sentimientos pudieran ser tan fuertes. Abatwa se arrepintió enseguida de todo lo que le había dicho. Su aversión por los elfos no cambiaba, pero entendía a su amiga. Él había sentido lo mismo por Lorelei.

                Al final todos los buscadores se acercaron al Fénix y permanecieron junto a él durante lo que pareció un segundo. Aunque el sol ya estaba en lo más alto del cielo cuando una voz profunda les interrumpió.

                - ¿Quién osa llegar a las lindes del territorio de los centauros?

                Todos se volvieron hacia aquel ser, mitad caballo mitad hombre. Su cara reflejaba hostilidad y la lanza que portaba tampoco ayudaba mucho al acercamiento.

                - Somos los buscadores de las hadas y Fénix, vamos en busca de los huevos de dragón y necesitamos pasar por vuestro territorio. – Dijo Edrielle.

                El ave se adelantó antes de que el centauro articulara palabra, y su rostro cambió. Sus patas delanteras se doblaron como haciendo una reverencia, y Fénix hizo lo mismo.

                - De acuerdo. Supongo que querréis hablar con Quirón. Seguidme.

                Todos se pusieron en marcha. Anduvieron por un camino sin camino, la espesura lo llenaba todo, pero ellos en ningún momento se chocaron con ninguna rama. Daba la sensación de que si no conocías el camino te perderías entre las zarzas y acabarías lleno de arañazos y perdido.

                Pasada la enramada, un claro se abrió entre ellos. Estaban rodeados de árboles, pero no había pequeñas plantas ni arbustos ni nada. Frente a ellos una tierra roja lo bañaba todo. Entonces pudieron ver a pequeños centauros correteando y jugando, que se paraban para observarlos mejor. No tenían ningún tipo de vergüenza, lo hacían con descaro y con esa seguridad que albergaba su especie.

                También observaron mujeres centauros con largas cabelleras que se asemejaban a las crines, que los miraban con orgullo, casi por encima del hombro. Pero todos y cada uno de los centauros que se encontraron por el camino, se agachaban a modo de reverencia cuando veían al Fénix.

                Se pararon en mitad de la explanada y un centauro el doble de grande que el que les había traído se acercó a ellos.

                - Buenos días. Soy Quirón, el rey de los centauros. ¿Qué se os ofrece?

                Edrielle se adelantó al resto.

                - Somos los buscadores de las hadas. Vamos en busca de los huevos de dragones. Fénix nos acompaña. Nos gustaría poder pasar por vuestro territorio para llegar lo antes posible.

                El centauro se volvió al Fénix y se postró ante él. El Fénix se acercó al medio hombre medio caballo y acercó su frente a la de él. El centauro asintió.

                - No nos gustan los elfos oscuros. Solo han traído problemas a nuestra comunidad.

                - Los elfos se han ido. – Dijo Morrigu con tristeza.

                - ¿Y quién me dice a mí que eso no sea una trampa para que os ayudemos?

                - Has podido ver en la mente del Fénix. Y nosotros no te estamos mintiendo. Nos gustan tan poco los elfos como a ti. – Esta vez el que hablaba era Abatwa.

                - No puedes hablar por todos vosotros. – Quirón miró a Morrigu de forma descarada. Ella apartó la mirada.

                - Da igual si nos gustan más o menos, el caso es que se han ido. Y la búsqueda es solo nuestra. Estamos solos con Fénix. Si nos quieres ayudar sería perfecto, porque de verdad os necesitamos. Todos sabemos que tenemos que llegar antes que los elfos. Vosotros os habéis mantenido al margen, y nadie os reprocha vuestra decisión. Pero sabed que si ellos llegan antes que nosotros, vuestro mundo como el de todos nosotros cambiará.

                Edrielle se mantuvo firme en sus palabras, mientras sin que nadie se diera cuenta, esparcía todo su poder por el campamento. Los demás buscadores lo notaron, pero no movieron ni un músculo. Solo a Licke se le escapó una risita que no pareció notar nadie.

                - Esta bien, me reuniré con el consejo y decidiremos. Mientras podréis quedaros a descansar. Se os dará comida y agua y un lugar para descansar en condiciones. Que no se diga de la hospitalidad de los centauros. Y esta noche prepararemos una cena en vuestro honor. Allí os comunicaremos nuestra decisión.

                - Que así sea. – dijo Edrielle.

                - Seguidme. – Una mujer centauro se acercó a ellos y los llevó a una cabaña que estaba escondida. Cuando miraron alrededor se dieron cuenta de que había más de una. Todas eran más grandes que el tamaño de un humano. Suponían que allí era donde dormían los centauros.

                Pero cuando entraron, unas camas parecidas a las que tenían las casas de las hadas recorrían la única habitación que había. Todos se acostaron sin comer. Ellyon pensaba que no podría dormir después de todas las emociones que había vivido durante el día. Saber que los centauros existían de verdad y conocerlos fue completamente mágico. Aunque el sueño era demasiado pesado y el cansancio acumulado hizo que se durmiera enseguida.


CAPÍTULO XXVI

                Ellyon estaba sentado en mitad de la cabaña pensando. Se había despertado mucho antes que los demás. Con un palo creaba garabatos en el suelo. Su concentración era tal, que no se dio cuenta de que Edrielle se acercaba a él por detrás.

                - ¿Qué te ronda por esa cabecita? Tienes tanto lio que no puedo leerte.

                - Estoy enfadado. No conozco nada del mundo de las hadas, de mi mundo, de nuestro mundo. Hay muchos interrogantes que se me escapan. Y nadie me ha querido explicar nada. Todo es nuevo para mí, y así no hay manera de hacer bien las cosas. Parece que vamos a remolque tuyo y de Abatwa, los únicos que conocéis toda la verdad.

                - Cuando yo fui a mi primera Búsqueda estaba mucho más perdida que tú. No controlaba para nada mis poderes, y generalmente hacía enfadar a todo el mundo, en vez de proporcionarles la serenidad que necesitaba el viaje. Nadie me había enseñado a hacer nada, y no tuvimos tanto tiempo para entrenar. Tú has tenido suerte, Eglantina es una gran maestra. Cuando encontramos los huevos, fue como por casualidad. Casi ni me di cuenta.

                - Pero ese no es motivo para no explicar las cosas como tienen que ser.

                - Lo sé, pero existen prioridades. Esta es tu primera búsqueda y es necesario que sepas usar todas tus habilidades antes de resolver todas las incógnitas. Por eso no se perdió el tiempo en aclararte las dudas. Pero ahora tenemos un poco de tiempo. Yo puedo ayudarte en lo que necesites.

                - No entiendo porque ahora tengo otro tamaño. Cuando llegué al mundo de las hadas mengüé hasta el tamaño de una mano. Y ahora tengo el mismo tamaño que tenía como cuando era humano, y ni siquiera me he dado cuenta.

                - Esa pregunta es muy fácil. Las hadas somos los únicos seres de la Naturaleza que podemos adaptar nuestro tamaño a las circunstancias. Se puede hacer conscientemente, pero para ello se necesita mucha práctica. Generalmente lo hacemos sin darnos cuenta, la Naturaleza es sabia y nos ayuda en nuestro camino porque nosotras estamos en conexión con ella.

                No solo somos hadas del aire, del fuego, de la tierra y del agua. Somos parte de toda la Naturaleza, sin ella desapareceríamos, y sin nosotras la Naturaleza perdería parte de su equilibrio.

                - No sabía que estábamos tan unidos. Entonces, ahora que el mundo es más tecnológico que nunca, ¿cómo vamos a sobrevivir?

                - ¿Quién te crees que inventó el reciclaje, los libros electrónicos, la meditación, los coches eléctricos y el transporte público, el senderismo y el deporte de montaña? Tenemos que buscar la forma de que la Naturaleza salga menos perjudicada. Los hombres están cada vez más alejados de su ser espiritual, y nosotros somos los encargados de que eso no suceda.

                Ellyon se quedó pensando en todas esas cosas que no hacía por la Naturaleza. A él siempre le había encantado estar en el bosque, buscar pájaros con sus prismáticos y diferenciarlos, además de descubrir otros. Pero más allá de eso, no hacía nada por estar en contacto con la Naturaleza. Se propuso que cuando llegara a ser humano otra vez, cambiarían mucho las cosas.

                - Hay algo que me tiene inquieto y que no me había parado a pensar hasta que hablaste con Quirón. ¿Para qué quieren los elfos los huevos de dragón?

                Edrielle suspiró, y se tocó la barriga instintivamente. Una risa lejana llegó a los oídos de Ellyon.

                - Tus peques se siente bien.

                Edrielle sonrió y miró a Ellyon con ternura, cogió su mano y se la posó sobre su barriga, en el mismo sitio donde ella la había tenido hacía un momento.

                - Hace muchos años que los elfos no tienen huevos de dragón, pero hubo una época oscura en la que los elfos los poseían. Ellos querían hacerse con el mundo y gracias a los dragones casi lo consiguieron. Si estás presente en el nacimiento de un dragón puedes moldear su mente. Le puedes transmitir todos tus conocimientos y lo que puede ser el mundo para ellos.

                Los elfos oscuros decidieron enseñarles un mundo lleno de poder. Les mostraron un mundo donde ellos podían ser los amos. Y sin embargo, eran los elfos los que los controlaban. Esa época ha pasado a formar parte de las leyendas de los humanos. Ellos se han olvidado de que fue parte de su historia, y de que casi son extinguidos por los elfos y los dragones.

                Los demás seres se reunieron para poder echar a los elfos del mundo. Hubo batallas encarnizadas.  Las hadas consiguieron algunos huevos de dragón, y cuando estos se abrieron, parecían tener más conexión con las Salamandras que con el resto. Ellas no les guiaban, simplemente les enseñaban el mundo y ellos elegían solos. Los dragones son seres nobles y si no se les corrompe, son muy buenos.

                Glasting fue una de las Salamandras que abrieron un huevo y se unió al dragón para la eternidad.

                - Pero no puede ser. Ella es la Maestra de las Salamandras.

                - Su dragón murió en una de esas luchas con los elfos oscuros. De hecho fue luchando con Zelantina. Glasting sufrió mucho porque al perder a su dragón perdía parte de su alma. Desde entonces no se siente completa, y la única forma de encontrar la paz es entrenando a otras como ella. Ella está unida a todas las buscadoras y cuando estas encuentran su dragón, ella siempre está con ellos en espíritu.

                - ¡Qué historia tan triste!

                Ellyon se quedó pensando, haciendo surcos en la arena.

                - ¿Y cómo perdieron los elfos?

                - Quirón y el consejo les espera fuera.

                El mismo centauro que los había acompañado hasta allí había entrado en la cabaña sin que ellos se dieran cuenta. Ellyon vio en ese momento que los demás buscadores estaban sentados en sus camas escuchando toda su conversación. Todos se levantaron y se unieron en un abrazo. Aquel viaje era difícil y largo. Más de lo que Ellyon había supuesto.


 CAPÍTULO XXVII

                Cuando salieron de la cabaña, una mesa adornada con multitud de flores gobernaba el lugar. Tenía forma de T, y en uno de los laterales estaba Quirón con cuatro centauros más, que debían pertenecer al consejo. El resto de los centauros se empezaban a colocar alrededor de la mesa en silencio. Enfrente de Quirón habían colocado cinco sillas. Ellyon pensó que deberían tenerlas guardadas en algún lugar para las visitas.

                Los buscadores se acercaron a las sillas y se sentaron. Los platos, los vasos y los cubiertos eran de madera, muy bien labrados. Había cuencos de sopa de todos los colores. Ellyon quería probarlas todas. El olor a pan recién hecho se mezclaba con el de las flores frescas.

                Quirón se levantó, y detrás de él todos los demás. Las hadas los imitaron.

                - Estamos aquí para celebrar la bienvenida de estos nuevos y viejos amigos. A través de ellos viviremos nuevas aventuras y los huevos de dragón estarán a salvo. Debemos darles las gracias por mantener nuestro mundo libre de malas manos.

                Mientras Quirón decía esto, un bufido salió de la boca de otra centauro que se sentaba a su lado. Quirón ignoró su desprecio.

                - Ahora comamos, ya tendremos tiempo de hablar del viaje.

                Los centauros empezaron a servirse en sus platos, Ellyon empezó a imitarlos. Se echó de todas las sopas, y platos extraños que hasta ese momento no había probado. Todos tenían una pinta exquisita, y no podía resistirse.

                Licke hablaba amigablemente con un centauro joven que estaba sentado cerca, y él reía antes las ocurrencias de la pequeña hada.

                A Abatwa se le notaba un poco incómodo, y a pesar de que habían cerrado su conexión, todos notaban su malestar.

                Morrigu estaba explicando a varios centauros la conexión de las salamandras con los dragones. Ellos la escuchaban embelesados. Ellyon no sabía si por lo que contaba el hada, o por su belleza.

                Edrielle hablaba con Quirón, y Ellyon decidió estar más atento a la conversación. Ya se estaba llenando la barriga.

                - Nuestro territorio antes era más grande, llegaba hasta la falda de las montañas del Norte, pero la devastación de los bosques y la presencia del hombre nos ha hecho retroceder. Nunca habían llegado hasta aquí. Si esto sigue así, tendremos que buscarnos otro sitio para vivir.

                - Los siento mucho, ¿no habría manera de hacer que los hombre no lleguen? Podríamos ayudaros.

                - ¿Vosotras? Os creéis que sois especiales, y sois simples mortales que juegan a ser hadas durante un tiempo. Luego volvéis a vuestro mundo como amos y señores de esta Tierra, que creéis que os pertenece. Y nosotros tenemos que vivir escondidos para no ser cazados y que experimenten con nosotros.

                La centauro que decía esto se levantó y se fue del lugar. Su mirada no mostraba ningún tipo de enfado, sino más bien pena. Edrielle se sintió mal por ella, sabía que sus poderes nada podían hacer para ayudarla.

                - Ruego que perdonéis a Myla. Tuvimos que sacrificar a su hijo porque fue capturado por los hombres. Todos sufrimos mucho por mi sobrino, pero no pudimos hacer otra cosa. Era un chiquillo muy inquieto, siempre quería explorar más allá, hasta que unos cazadores dieron con él. Myla aún no lo ha superado, y no creo que lo haga jamás.

                - Siento mucho lo de tu hermana. Es algo muy triste perder a un hijo. – Edrielle decía estas palabras mientras su mano se posaba en su vientre y su mirada se dirigía a Abatwa. Este no comía y miraba al suelo. Se levantó lentamente y salió de allí.

                - Él también perdió a alguien. – Quirón no preguntaba, afirmó algo que todos los allí sentados ya sabían. Edrielle asintió.

                La cena transcurrió tranquila, las conversaciones fueron muy distintas. Los centauros preguntaron a las hadas por su vida como humanos y hablaron del viaje y sobre las costumbres de los centauros. Cuando la comida había acabado y las infusiones fueron traídas a la mesa Quirón se levantó.

                - Ya es hora de hablar del viaje. 


 CAPÍTULO XXVIII.

                Las hadas recogían sus últimas cosas y las metían en sus bolsas de viaje. Habían aprovechado para bañarse en un lago cercano donde los centauros se remojaban en los días de calor. Sus ropas habían sido lavadas y vueltas a poner con sus cosas. Y ellos se sentían más felices de viajar más limpios.



                En la última conversación con Quirón, habían decidido que serían acompañados hasta las lindes de su territorio por Nicos, el Centauro que los había traído hasta sus tierras. Myla se ofreció también a acompañarlos, pero por motivos distintos. Sus palabras exactas fueron:


                - Yo iré también, quiero asegurarme de que estas hadas salen de nuestro territorio lo antes posible.

                Ellyon no estaba a gusto con ella, pero Edrielle había hablado con él.

                - Tienes que entender que hay seres que viven con una pena tan grande que no saben cómo volver al mundo real y relacionarse con el resto de sus semejantes.

                - Ella nos odia, y eso no va a cambiar. Todos tenemos penas en nuestras vidas.

                - Ella no nos odia, necesita expulsar la rabia, y lo hace de la única manera que sabe.

                Ellyon no se quedaba muy conforme, pero tenía que aceptar. Pensaba que tendría a Abatwa como aliado, pero se quitó esa idea de la cabeza, cuando lo vio hablando con Myla, apartados del resto.

                Estaban todos dentro de la cabaña recogiendo sus cosas, cuando Licke empezó a hablar:

                - Nicos me ha dicho que podré montar en su lomo parte del camino. Estoy muy contenta. Nunca he montado a caballo y esta será una oportunidad para probar como es.

                Los demás la miraron divertidos.

                - Tenía entendido que los centauros son demasiado orgullosos y no se dejan montar. – Morrigu habló seria a pesar de que aquello la entretenía.

                - ¡Ay se lo he pedido sin pensar! ¿Se habrá ofendido?

                Los demás se echaron a reír por la inocencia de Licke, era la más 
pequeña de todos y se notaba, aunque sus poderes iban aumentando cada vez más.

                - ¿Estáis listos? Debemos partir cuanto antes.

                Nicos asomó por la puerta, e inmediatamente Licke se sonrojó.

                - Ya estamos. Vamos. – Abatwa salió el primero, seguido de los demás.

                Se despidieron de Quirón y emprendieron la marcha. Nicos se puso al lado de la Ondina y cogiéndola del brazo la subió a su lomo como si fuera una pluma. Salió al galope con Myla juzgándolo con la mirada.

                Fénix levantó el vuelo con Morrigu agarrada a su plumaje, y Abatwa, Edrielle, Myla y Ellyon siguieron al centauro por tierra. Así fue como emprendieron la nueva etapa de su viaje.
   

CAPÍTULO XXIX



                La mayor parte del viaje Licke se lo pasaba cabalgando a lomos de Nicos. Hablaban continuamente, Nicos estaba muy interesado en la vida de la Ondina como humana y a ella le encantaba hablar de su familia y de su casa. Hasta ahora nadie se había interesado, y ella echaba tanto de menos su casa que se alegraba poder hablar de sus hermanos, de las travesuras, de su madre que se volvía loca con los cinco y de cómo, a pesar de quejarse de todo eso, se inventaba cualquier juego para compartir con sus hijos.

                Su padre se pasaba el día trabajando, ellos eran cinco hermanos, los pequeños eran dos gemelos de cinco años que no paraban quietos. Juntos eran unos terremotos. Su madre se pasaba el día arreglando los desastres de sus de los pequeños.

                Licke le contaba todas estas cosas al centauro con lágrimas en los ojos. Nunca había estado tanto tiempo separada de su familia. Y aunque consideraba a los demás buscadores como parte de su nueva familia, no era lo mismo.

                De vez en cuando notaba que Abatwa se ponía a su nivel andando, le soltaba alguna tontería y ella se reía. Pero el centauro galopaba más rápido y el Dríade se quedaba atrás.

                Abatwa estaba molesto con la nueva relación del centauro con Licke. Hasta ese momento él siempre había sido el favorito de la Ondina, y ahora al no tenerla todo el tiempo a su lado, se sentía raro, quizás un poco celoso.

                Cuando paraban a descansar, hada y centauro no se separaban, e incluso se iban a dar un paseo por los alrededores, con la excusa de inspeccionar el terreno. Eso ponía a Abatwa de mal humor, con lo que nadie era capaz de acercarse al Dríade para hablar.

                En una de esas paradas, Morrigu intentó entrenar con él, pero acabó tan magullada que desistió de su empeño y lo dejó estar.

                Se había creado una situación tan tensa, que ya ninguno hablaba, excepto la Ondina y el centauro, ajenos a los demás. Por mucho que Edrielle intentará apaciguar las aguas, no lo conseguía.

                - Abatwa tienes que dejarla. – Edrielle se acercó al Dríade que observaba de lejos a la pareja de viaje que no hacía más que reír.

                - No sé de qué me hablas.

                - Sabes que no puedes mentirme. Ella está enamorada de ti. Tú nunca podrás corresponder a ese amor, así que déjala.

                - ¿Y tú qué sabes? No puedes saberlo todo Edrielle, no puedes pretender que todo este a tu gusto.

                Abatwa se levantó de un salto y sentenció con su mal humor de costumbre.

                - Se hace tarde. El descanso ha terminado.

                Todos recogieron sus cosas en silencio, mientras Myla se acercaba Nicos. Licke dejó a los centauros un rato a solas, mientras ella recogía sus cosas con lo demás. En la distancia podía ver como los centauros discutían acaloradamente. Edrielle se acercó a ella.

                - ¿Eso es por mí? Sé que Myla no le gusta que cabalgue a lomos de Nicos.

                - No debes preocuparte. Nicos ya sabe lo que hace, es mayorcito.

                Los centauros se acercaron a los buscadores.

                - Mañana será la última jornada que pasaremos con vosotros. Ya estamos cerca de las lindes de nuestro territorio. Y tenemos que volver con los nuestros.

                Licke escuchaba a Myla sin oír nada de lo que decía, solo que ya no iba a estar más tiempo junto a Nicos, en su cabeza todo le daba vueltas. No sabía sí alguna vez volvería a verlo. Ella volvería a ser humana, y no sabría cuando sería la próxima búsqueda.

                Todo se volvió oscuro y Licke cayó al suelo.

CAPÍTULO XXX

 
                Licke volaba por el cielo acompañada de dragones, a un lado y al otro. Sentía la brisa en la cara, mientras tocaba un ala de uno naranja, y se iba al lado del azul más grande. Estaba feliz, hasta que de repente una nube negra se acercó a ellos. Los dragones se pusieron alerta. Licke miraba a su alrededor y veía a los demás buscadores a lomos de los dragones. Ella era la única que volaba sola.



                De entre la nube negra salió un dragón blanco, el doble de grande que sus compañeros, majestuoso, que volaba a través del viento como si no le costara trabajo. Llevaba unas bridas y un asiento de jinete. Pero no podía distinguir la figura que iba montada sobre él. A pesar de no verlo, sabía que era un peligro para todos sus compañeros. El dragón se acercaba a ellos rápido, letal.

                De repente la figura encima de él deja de ser borrosa, Licke puede verle la cara…

                La ondina se despertó de golpe, y vio que a su alrededor estaban los demás buscadores y los centauros. De repente se dio cuenta de donde estaba, de que aún no se habían encontrado con los dragones, de que los centauros estaban todavía con ellos, de que Nicos aún no se había ido.

                Iba a empezar a hablar cuando Abatwa la interrumpió.

                - No hace falta que nos lo cuentes, nosotros también lo hemos visto. Recuerda, estamos conectados. – Y se llevó un dedo a su frente y a la de ella, haciéndola sonreír.

                - Tienes premoniciones Licke. No sabíamos cuando empezarías con tus nuevas habilidades. Todos podemos verlas, ya que estamos conectados a ti. – Edrielle le acariciaba el cabello, mientras intentaba tranquilizarla.

                - ¿Eso quiere decir que lo que he visto se va a cumplir?

                - No tiene porque. Puede ser un futuro si las cosas siguen el mismo 
camino que hasta ahora.

                - No he podido verle la cara. – Susurró Licke, más para ella que para información del resto.

                - No te preocupes, seguro que esta no va a ser la única que tengas.

                Licke se levantó del suelo. Nicos se acercó a ella.

                - ¿Estás bien?

                - Si, gracias por preocuparte. Solo necesito despejarme un poco.

                Casi sin acabar de hablar Licke remontó el vuelo y subió lo más alto que pudo. A su paso dejaba una estela de gotas de rocío, que caían en las cabezas de sus compañeros. Todos miraban al cielo maravillados por el espectáculo que ella les proporcionaba.

                Los buscadores sabían que la búsqueda solo acababa de comenzar. Lo más difícil vendría ahora. Sus poderes estaban creciendo con ellos, y sus habilidades les proporcionaban una ventaja que antes no tenían. Juntaron las manos, mientras sus miradas se dirigían al aire, uniendo sus fuerzas, sabiendo que ahora tenían que estar preparados para todo, pero todo juntos.

 Capítulos del 1 al 15.




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