6/1/16

Conocer a los Reyes Magos



                - Shshshsh callaros de una vez, nos van a oír.

                Las risas apagadas por las manos en la boca se oían como un murmullo, aun así Carlos regañaba a sus hermanos pequeños. Él era el mayor, el responsable. Con sus siete años ya era todo un hombrecito y era su responsabilidad cuidar de sus tres hermanos pequeños.

                Eran las 2 de la madrugada de la noche del cinco de enero. Se habían puesto un despertador que le había regalado su abuela por ser ya un niño mayor. Sus padres dormían, pero para asegurarse tenían que asomarse a su puerta.

                Los cuatro niños en pijama andaban de puntillas con sus pies descalzos, pegados a la pared. Marta de seis años y los mellizos, Roberto y Lucía de cuatro se arremolinaban y se empujaban conforme avanzaban entre risas. Carlos se volvió hacia ellos con la cara de enfado y con un dedo en su boca para que se callaran. Los tres se pararon en seco, y se regañaron unos a otros entre susurros.

                La puerta de la habitación de sus padres estaba cerrada, así que Carlos giró el picaporte muy despacio y se asomó por una pequeña rendija. Sus tres hermanos también querían mirar, con lo que se empujaron para conseguir ver lo que veía su hermano mayor.

                Con el peso de los cuatro, la puerta se abrió de par en par. Su padre dejó de roncar y su madre se dio la vuelta. Ninguno se movió, se quedaron como estatuas esperando la regañina de sus padres. Pero nada sucedió, los ronquidos volvieron y ellos cerraron la puerta.

                - Si queréis ver a los Reyes Magos tenéis que estar en silencio. No pueden saber que estamos espiando. Marta, ¿has dejado las almohadas en posición para que se crean que estamos dormidos?

                Marta asintió, y todos se pusieron tan serios como la ocasión requería. Querían conocer a los Reyes, y se iban a pasar la noche en guardia para verlos.

                Cuando llegaron al salón todo estaba en orden, los vasos de leche enteros sobre la mesa, los cuencos con agua hasta arriba en el suelo, los zapatos vacíos de caramelos y ni un solo paquete debajo del árbol.

                Cogieron los cojines de los sofás y los pusieron en el suelo, escondido de las vistas del árbol. Harían guardias de dos en dos para no dormirse, un mayor con un pequeño. Los primero en hacerla eran Carlos y Lucía. Estuvieron asomados al sofá durante una hora, y cuando el despertador cambió la hora, Marta y Roberto se despertaron para cambiar el turno.

                - Niños, ¿qué hacéis aquí?

                Carlos fue el primero en abrir los ojos. ¡Se habían quedado dormidos! La luz entraba por los ventanales del salón. Se levantó de un salto y echó una ojeada mientras sus hermanos se espabilaban. Los vasos de leche y los cuencos de agua vacíos, los zapatos llenos de caramelos, y debajo del árbol un montón de paquetes.

                Una sonrisa le iluminó la cara, miró a sus hermanos y todos corriendo se pusieron a abrir los regalos. El año que viene ya tendrían otra oportunidad de conocer a los verdaderos Reyes Magos.



6 comentarios:

  1. La inocencia de los niños que maravilla de relato. Cuantas caras de felicidad, de alegría, de susto, de lloros había ayer en las calles viendo la cabalgata

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    1. La verdad es que son seres mágicos, me encanta ver las caras de los niños cuando ven a sus queridos Reyes. Es muy emocionante.
      Un besillo.

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  2. ¿Quién no alguna vez quiso pillar infraganti a esos Reyes magos?
    ¡Que levanten la mano!
    Bendita inocencia.
    Besos

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    1. Jijiji yo creo que todos hemos querido verlos.
      Un besillo.

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  3. Ja, ja, ja... Si, creo que todos hemos hecho algo parecido alguna vez... y nunca hemos conseguido verles la cara. A mí, una vez, me pareció ver a un camello saliendo mágicamente por la ventana, pero no sé si fue un sueño...
    En fin, que buen relato, me recuerda mucho a una secuencia de dibujos animados que no alcanzo a situar...
    Besos

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    1. Pues que suerte tuviste. Yo ni el camello he visto. Mis hijas oyen las campanas de Papa Noel, y les aparece haber visto un trineo volando. Pero a los Reyes aún no los han visto.
      Un besillo.

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