2/1/16

Aquel tranco



                Me senté en aquel tranco a esperarlos a todos. Pensé que era la mejor manera. Así no tenía que recibirlos a cuenta gotas. El sol me daba en la cara y yo decidí esperar con los ojos cerrados. Un carraspeo me hizo abrirlos.

                - Buenos días.

                - Buenos días.

                - No creo que sea el mejor sitio. Estar sentada en el frío suelo en pleno mes de enero no te va a hacer ningún bien. Te dará un resfriado, o peor aún, una gripe y fastidiarás a todos los de tu alrededor teniendo que cuidarte.

                Asentí con una sonrisa y volví a cerrar los ojos. La abuelilla con gorro, bufanda y guantes se alejaba a pequeños pasos mientras murmuraba para sí.

                Un ruido de ruedecitas me hizo abrir los ojos. Una mamá con un carrito de bebé se acercaba a mí totalmente decidida. No podía ver al bebé porque estaba cubierto de mantas.

                - Tu niña ya es mayor, no es necesario que le des el pecho. No sabes lo mal que queda que una niña que ya corre se enganche al pecho de su madre. Es antinatural. Existen leches súper preparadas que ya sustituyen perfectamente a la leche materna, y no es necesario que des ese espectáculo.

                Volví a asentir.

                Detrás de ella, sigilosamente había otra mujer con un niño de la mano.

                - No deberías coger a tu bebé en brazos, se va a acostumbrar y luego va a ser peor. El bebé debe entender que lo mejor es estar en su cuna calentito en vez de en los brazos de su madre. Lo sobreproteges y no le dejas ser independiente.

                Mi bebé de dos meses me sonreía y me cogía mis dedos con sus pequeñas manitas. Sonreí a la mujer que se alejaba con evidentes signos de reprobación.

                Un hombre se acercaba corriendo con sus zapatillas de deporte y su ropa deportiva conjuntada.

                - Tienes que hacer ejercicio, moverte, no puedes estar todo el día sentada en un tranco. Lo mínimo son dos horas diarias. Si no tienes tiempo, lo sacas, cuando acuestes a tus niños, te vas un ratito al gimnasio, que hay muchos que abren hasta las doce de la noche. Es malísimo para tu salud estar todo el día sin hacer nada.

                Todavía tenía que encontrar el tiempo para poder sentarme cinco minutos seguidos, pero sonreí a aquel hombre que se alejaba haciendo marcha.

                Volví a cerrar los ojos, apoyé las manos en el suelo y eché la cabeza un poquito hacia atrás, dando la bienvenida a los rayos de sol que tanto me estaban reconfortando. Algo me lo tapó. Un hombre me miraba inquisitivo.

                - No puedes comer tanta carne, es más, la carne es mala para la salud, está demostrado, y ya que nos ponemos tampoco debes tomar leche, y el pescado azul tampoco es tan bueno como dicen. Los dulces hazlos caseros, pero no les eches leche normal, hazlos con leche de soja. No se te ocurra comer golosinas, y mucho menos se las des a tu hija. El azúcar te colapsa el cerebro y dejas de ser tú. Lo mejor es que te alimentes de semillas, verduras y frutas, todo lo demás te matará.

                Respiré hondo y le hice un movimiento con la mano para que no me tapara el sol, mientras sonreía. El hombre se fue un poco enfadado.

                Seguí allí esperando al siguiente, pero parecía que ya habían acabado. O eso creía yo. Una voz se metió en mi cabeza.

                “Soy Dios y tienes que creer en mí. No puedes no tener fe en nada. Eso es antinatural. Yo os cree y no puedes negarme. ¿Quién te acogerá cuando te mueras? ¿Quién te quiere a pesar de todos tus pecados?”

                Sacudí la cabeza ligeramente y la voz se fue, dejándome ahí frente a una niña de unos diez años.

                - Hola.

                - Hola.

                - ¿Quieres jugar conmigo?

                - Vale. ¿A qué quieres jugar?

                La niña me señaló una rayuela en el suelo, y durante un rato estuvimos saltando y jugando. La niña se fue contenta en busca de su próximo amigo con quien jugar. Yo la observaba mientras se iba, y pensé que juzgar no es algo innato.

                Mientras la miraba, alguien me miraba a mí. Una fila de personas se acercaba a mí.

                - Tienes que arreglarte más. – me dijo una mujer sin rostro.

                - Aprende más platos de cocina, no tienes variedad.

                - No te rías tan fuerte que molestas a la gente.

                - Lee al mínimo dos libros al mes.

                - Recicla.

                - Tienes que trabajar para realizarte como mujer, tus antepasadas lucharon mucho para que tú estés criando a tus hijos. Da igual si tienes que pagar a alguien para que los cuiden, pero por lo menos tú serás una gran mujer.

                La gente se fue alejando y yo me quedé en aquel tranco. Me levanté y me puse a caminar con los brazos en cruz, recibiendo aquella luz del sol que tan bien me hacía sentir.


8 comentarios:

  1. Bien por tu protagonista María seguro que esos rayos de sol y ese caminar como le daba la gana, la llenan de energía.
    Siempre me he preguntado por qué a la gente le gusta tanto dar consejos que no se piden, ni opiniones que no importan, pero es así...eso sí, me encanta la respuesta de la protagonista sin hacer ningún caso, excepto a la niñita, para jugar.

    Saludos

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    1. Eso es lo que deberíamos hacer todos, porque es verdad que todo el mundo intenta convencer a los demás de sus propias posturas. Lo mejor es el respeto y que cada uno haga lo que quiera.
      Un besillo.

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  2. Jejeje como me suena todo. Me quedo con los ratitos de sol :) Un abrazo!

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    1. Parece que es algo que se extiende.
      Yo también me quedo con los rayitos de sol.
      Un besillo.

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  3. Muy bueno María, un relato reflexivo.
    Creemos saber más que otros e intentamos inculcar erróneamente nuestro ideal sobre otros, si yo no como carne tú tampoco debes, si yo trabajo tú también debes hacerlo... en fin que no vivimos ni dejamos vivir.
    Me has hecho sonreír con lo bonito que es disfrutar y que manía en complicarlo todo, :)
    Besos!!!

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    1. La verdad es que sí, tenemos la manía de complicarlo todo. Lo bonito está en la diversidad, es un rollo que no la dejemos a sus anchas.
      Un besillo.

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  4. Una fábula con una moraleja muy clara. La de tu protagonista, que simplemente escucha tantos consejos de toda esa fauna humana que se presenta ante ella mientras se deja acariciar por el sol, pero sólo acepta moverse cuando una niña se presenta ante ella únicamente para jugar, para compartir. A veces estamos muy hartos de que todo el mundo nos diga lo que está bien y lo que está mal, lo que hemos y no hemos de hacer cuando lo único que necesitamos es la luz del sol y alguien con quién compartir un momento.
    Muy buen relato
    Besos

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    1. Buena reflexión la tuya sobre mi texto. Muy acertada por cierto.
      Muchas gracias.
      Un besillo.

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