13/12/15

La escritora XI



                Miraba a mi alrededor haciendo caso omiso a lo que había fuera y podía ver a través de las luces que se filtraban por los huecos de las ventanas que quedaban libres. Luces rojas y azules hacían aquel espectáculo mucho mejor.

                Sabía que no tenía escapatoria, así que allí, en medio de mi almacén, esperé a que entraran. Los esperaba con paz y tranquilidad, hasta que me puse a pensar que aquello ya se había acabado. Y todo fue por mi gran equivocación. Cogí a alguien que no debía.

                Hacía dos días, en mi rutina habitual me encontré a una chica rubia que tendría unos veintidós años. La chica era preciosa, llevaba un vestido de color rojo pegado completamente al cuerpo. Su larga melena le tapaba la espalda que llevaba descubierta.

                Acababa de bajarse de un coche descapotable que salió a toda velocidad. Ella intentaba mantener el equilibrio para poder entrar en casa. Yo me ofrecí  a ayudarla y la cogí de la cintura. Pero en vez de meterla en su portal me la llevé a mi coche de lunas tintadas. La tumbé en el asiento de atrás y me la llevé a mi casa.

                En  mi cabeza no paraba de recordar mis momentos con Rosa en la cama, y tenía muchas ganas de vivirlos con mi nueva pasajera. Pero visto quien llevaba el coche, me di cuenta de que no tenía ninguna posibilidad.

                La llevé a mi almacén y la colgué de las muñecas. No le quité los tacones ni su vestido rojo. Allí la dejé dormir, hasta que se despertó tres horas después. Las que yo había aprovechado para hacerle fotografías.

                Estaba desorientada, pero eso no le impidió intentar gritar. Le había tapado la boca, con esparadrapo, así que le fue imposible. Me miraba y se miraba las muñecas y yo hacía fotos mientras tarareaba, impasible ante sus esfuerzos por soltarse.

                Dejé la cámara en el trípode enfocándola, mientras yo empezaba con ella. Era preciosa y tenía grandes ideas para ella. Cogí unas tijeras y empecé a cortarle el vestido de abajo a arriba, despacio, dándome mi tiempo, ella intentaba soltarse, pero yo la agarraba fuerte de la cintura.

                Debajo llevaba un tanga y un sujetador negros de encaje. Se los dejé puestos. Ya habría momento para quitárselos.

                Un ruido fuerte me sacó de mis pensamientos. Los policías golpeaban mi puerta. Miré hacía lo que quedaba de la hija del alcalde. Me enteré demasiado tarde de que era ella. Le quedaba un aliento de vida, no podía creer que hubiera tanta tenacidad en un cuerpecito así.

                No viviría mucho más, su cuerpo estaba lleno de cortes, le había arrancado los pezones y le había quemado los pies en agua hirviendo. Todo aquello durante dos días. No era uno de mis mejores trabajos, pero no lo había hecho nada mal. Sonreí al pensar en el alcalde cuando la viera, completamente desnuda y destrozada como una muñeca rota. Le había rapado el pelo, y su melena rubia descansaba entre la sangre que había en el suelo.

                La policía por fin entró a detenerme. No me moví. Casi ni les oía. Creo que me dijeron que soltará mis armas. En algún momento abrí mis manos y las dejé caer. Entonces la policía se abalanzó hacia a mí y me llevaron esposada.

                Ahora estoy en la cárcel. Como fue mi plan desde el principio. Pude ver la cara del alcalde en las noticias gracias a algún periodista avispado que encontró mis cámaras escondidas, o a algún policía que se ganó un dinerillo extra por sacar aquellas fotos a la luz. Ver su agonía me alegró mis primeras semanas en la cárcel.

                Ahora escribo, escribo todas las muertes que he realizado. He vuelto a mis andadas. Mi primer libro fue un éxito de ventas. Sé que no podré utilizar ese dinero, pero disfruto pensando que hay mucha gente igual a mí por el mundo.

                Las demás presas me evitan, nadie se mete conmigo. Alguna que otra intentó hacerse mi amiga nada más llegar, pero se dieron cuenta de que era una loba solitaria. Este lugar está lleno de nuevas posibilidades. No tenemos muchas cosas con las que poder matar, pero algo se puede hacer. Y yo tengo todo el tiempo del mundo para pensar como.

FIN



18 comentarios:

  1. Vaya... me has dejado impresionada con lo que has escrito, de verdad. Quizás he cometido el error de leer esta última entrada en lugar de comenzar desde el principio. Aunque te aseguro que lo haré después de leer este último capítulo.

    El motivo principal por el que hemos decidido pasarnos por este blog es que nos han nominado el Best Blog y debemos nominar a otros blog, así se promociona el trabajo de cada uno de ellos. Pero después de esto, deseamos que participes pues nos encantaría saber más cosas sobre tí.

    Te dejo el enlace:
    http://prettylittlereadersspain.blogspot.com.es/2015/12/nuestro-blog-nominado-al-best-blog.html

    Muchas gracias de antemano, un saludo ;)

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    1. Me alegro de que te animes a leer los anteriores.
      Y muchas fgracias por pensar en mí para el Best Blog, ahora mismo voy a echarle un vistazo a vuestro Blog.
      Un besillo.

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  2. ¡Vaya final! el apoteosis de la escritora que aún estando en la cárcel ya está imaginando cual será la siguiente forma de matar a su siguiente víctima.
    Seguir las andanzas y la caída de esta escritora depravada, ha sido toda una experiencia sangrienta y visceral.
    Besos a distancia, no sea que se te haya pegado algo...

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    1. La verdad es que ella no deja de ser quien es. Su perversión ya no tiene límites, y cuatro barrotes no van a acabar con su locura.
      Un besillo.
      P.D. Ya llega la Navidad y mis nervios se han calmado, así que no te preocupes, todo lo que se me había pegado de ella, parece que ha desaparecido.

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  3. Genio y figura, tu escritora. Ni en la cárcel tiene fin sus fechorías. Un final estupendo, María, a la altura de los capítulos anteriores. Me ha encantado leerlo. Un beso enorme

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    1. Me alegro de que te haya gustado. La verdad es que la escritora cada vez iba a más, si no la paro, no sé donde habría llegado.
      Un besillo.

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  4. Parece que al fin cometió un error y encontró su castigo. Tu escritora asesina y demente ha llegado muy lejos, y ha sido un placer acompañarla en su tenebroso camino :))

    Besitos de domingo.

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    1. El problema es que no sé si la han llegado a detener del todo. Espero que sí.
      Un besillo.

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  5. Qué ganas tenía de saber el desenlace. UN besito.

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    1. Pues ya esta aquí. Espero que te haya gustado.
      Un besillo.

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    2. Siiii, me ha gustado, tanto rollo y no te digo si me gusta, ayyyy.

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    3. Jajaja no pasa nada, me lo imaginaba.
      Un besillo.

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  6. Menudo final María, buenísimo!! Me la imagino en la celda cambiando la manera de seguir con su hobbie y me dan escalofríos!! Jeje
    Besin de Lunes!! :)

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    1. Es que la que tiene una condición no cambia tan fácilmente, y nuestra escritora, se ha convertido en algo más...
      Un besillo.

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  7. Fantástico final María, no me gustaría para nada ser su compañera de celda.
    Qué miedo!!!
    Muy bueno de inicio a fin.
    Besos, :)

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    1. A mí tampoco la verdad. Debe de ser siniestra. Pensar que mientras duerme te puede matar con un muelle del colchón... Ayyy que me pierdo de nuevo. Jajajaja.
      Un besillo.

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  8. Un punto y final para esta escritora psicópata llevada el extremo de la crueldad y la maldad por el puro sádico placer. Es una historia entretenida y absorbente. Un desenlace que subraya ciertos aspectos interesantes, la eficacia de la policía cuando la víctima es de una clase considerada, la condena sobre la asesina, y su éxito como escritora, a pesar de sus repulsivas acciones. Buen trabajo, María.
    ¡Abrazo, Hermana de Letras!

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    1. Su éxito como escritora se debe sobre todo a la sociedad morbosa en la que vivimos.
      Me alegro de que te haya parecido entretenida. Tenía ganas de saber tu opinión.
      Un besillo Hermana de Letras.

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