5/12/15

El primer beso



                Hacía mucho tiempo que no visitaba mi ciudad natal. Ahora, después del divorcio y en las vacaciones de mis hijos con su padre, había decidido darme un respiro. Y que mejor forma de hacerlo que viajando a mi lugar de nacimiento.

                He pasado un año muy malo. La separación no ha llegado en el mejor de los momentos. Mi trabajo en el banco no me deja respirar y casi no tengo tiempo para estar con mis hijos.

                Mi marido no se fue con otra, nunca me engañaría, lo sé, porque aún nos queremos. Por eso fue tan difícil nuestra ruptura. Cuando llegaron nuestras vacaciones nos encontramos como dos extraños viviendo juntos. No sabíamos nada de la persona que teníamos al lado. El estrés del día a día, la monotonía, se fue instalado en nuestras sábanas, haciéndonos amigos sin remedio.

                La última vez que hicimos el amor, o lo intentamos, acabamos cada uno al otro lado de la cama, riéndonos por saber que aquello no iba a ninguna parte. Llorando por saber que aquella etapa de nuestras vidas había acabado.

                Nuestros niños ya son mayores. El pequeño entró el año pasado a la Universidad. Ellos lo han entendido perfectamente. Nos han apoyado y han hecho que nuestra separación sea más fácil.

                Pero es difícil separarte de la persona con la que has compartido los últimos 27 años de tu vida, con la que has compartido la muerte de los progenitores, los problemas del trabajo, los amigos.

                En un principio, decidimos que seríamos amigos, que quedaríamos para no romper ese lazo que nos unía. Pero nuestros cafés se convirtieron en miradas fugaces al reloj, en deseos de oír la música del móvil, en conversaciones banales que no llegaban a ninguna parte.

                Y esas reuniones se fueron alargando en el tiempo. Así que hablábamos por teléfono mediante mensajes para no escuchar la voz del otro. Poco a poco nos íbamos distanciando más de lo que ya lo habíamos hecho entre las sábanas. Ahora todas ellas convertidas en trapos para limpiar el polvo.

                Y después de todo eso, de un año intentando salvar mi corazón herido. De aprender a vivir sin él. Me decido a volver a empezar, y para volver a hacerlo he vuelto a mi pueblo, a mis calles enredadas en recuerdos, a mis cuestas interminables y escaleras encajadas.

                Lo primero que hice al llegar fue abrir la casa de mis padres. Hacía cinco años que no venía. Contraté a una señora del pueblo amiga de mi madre para que la mantuviera libre de polvo. Antes de llegar la llamé para decirle que venía y que si me podía hacer el favor de llenarme la nevera.

                Cuando abrí la puerta de mi casa el viejo olor me empapó de recuerdos. Cerré los ojos y aspiré fuerte. Me dejé llenar de todo mi pasado que me subía por los pies impregnándome hasta la cabeza de aquellas sensaciones ya olvidadas.

                No tenía nada que hacer en la casa, así que me di una ducha, vi un poco la tele y me acosté, a pesar de ser las siete de la tarde. Hasta la mañana siguiente no me levanté. Cuando abrí los ojos la luz del sol entraba por entre las rendijas de la persiana, creando dibujos de minúsculas partículas de polvo. Me quedé observándolas un rato. No tenía prisa.

                Con el calor que hacía no me apetecía pasear, así que remoloneé en la casa, buscando por los rincones, leyendo libros de mi niñez, viendo fotos en papel, recordando olores.

                Cuando llegó la tarde y el sol ya no quemaba tanto decidí pasear por las calles. No había nadie, la gente estaba en sus casas esperando la fresquita nocturna. Así que pude pasear sin problemas. Entre las calles me inundaban los recuerdos. Subiendo por unas escaleras en un callejón me quedé a medias. Toqué la pared. Miré abajo desde arriba. Y una sonrisa se instaló en mi boca.

                El recuerdo de mi primer beso me golpeó casi sin pensarlo. Tenía doce años. Era verano como ahora, y los niños del pueblo jugábamos por las calles hasta la medianoche. La hora de las brujas, nos decían nuestros padres. La hora en la que salíamos corriendo si no queríamos encontrarnos con un buen zapatillazo.

                Jugábamos todos juntos, no había distinción de edades. Hasta el más pequeño, que tenía cinco años hasta la mayor, Laura, que tenía dieciséis y a la que todas adorábamos. Ya se pintaba, y hacía cosas de mayores. Iba a la discoteca del pueblo de al lado y nos contaba sus aventuras.

                Todas las noches nuestro juego estrella era el escondite. Salíamos corriendo por las calles buscando el mejor escondrijo, mientras el que se la quedaba contaba hasta cincuenta a voz en grito. Nos encantaba intercambiarnos de ropa y gritar “ha roto olla” cuando el pobre engañado se equivocaba.

                Pero aquella noche de agosto fue diferente. Me había escondido en aquellas escaleras. Jadeaba por haber corrido demasiado. Pero aquel era un buen sitio. No se utilizaba mucho, porque no había ninguna farola cerca y la oscuridad era absoluta. Un sitio a evitar para los niños que tuvieran miedo. No era mi caso. Así que allí estaba cuando llegó Pedro y se puso a mi lado. Los dos jadeábamos al unísono, mientras oíamos los pasos de Laura acercarse. Ella tampoco tenía miedo.

                Nuestros corazones se aceleraban por la adrenalina que nos producía ser descubiertos. Esa noche la luna brillaba, así que la oscuridad no era total. Nuestras manos se entrelazaron buscando serenidad. Pedro me miró y me dio un beso. Junto sus labios a los míos apenas un momento. Fue rápido, efímero. Me soltó la mano y salió corriendo. Laura lo vio y corrió para zurrarlo. Se sacrificó por mí. Perdió, y me dejó ganar.

                No volvimos a darnos más besos. Aquel fue el único. Ni siquiera hablamos de ello. Y ahora aquí, en esta escalera donde recibí mi primer beso, estoy lista para empezar de nuevo. Ahora sé que un nuevo comienzo es posible.


20 comentarios:

  1. Que hermoso , tierno, dulce y emotivo relato Maria!.
    Gracias por compartirlo, disfrutarlo hasta el punto de hacerme revivir momentos pasados y aparcados en el equipaje del trayecto ya andado.
    Te sonrío con el Alma.

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    1. Muchas gracias.
      Me alegra haberte hecho revivir otros momentos pasados. Espero que hayan sido buenos.
      Un besillo.

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  2. Una historia muy emotiva salpicada de ternura cuando rememoras esos momentos de la infancia/adolescencia. Un relato muy bien narrado. Me ha gustado mucho.
    Un abrazo.

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    1. Muchas gracias. La verdad es que esos primeros momentos son inolvidables. No pueden olvidarse con facilidad.
      Un besillo.

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  3. Que historia más bonita María, mis mejores recuerdos son de mi infancia en el pueblo, tan diferente a la que tiene mi hija. Que tiempos aquellos!!
    Besin :)

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    1. La verdad es que en los pueblos se vive de forma diferente. Todo es más sencillo, y las calles son nuestras amigas.
      Un besillo.

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  4. ¡¡Qué historia tan bonita!! Has llevado a tu protagonista a través del texto en un vaivén de emociones; el dolor de la pérdida, la alegría y emotividad de los recuerdos, la sensación de seguridad al saber que está preparada para empezar de nuevo... y todo con claridad, sencillez y un estilo limpio que hace que nos sintamos identificados con ella y sintamos sus emociones.
    Me ha encantado, un relato genial.
    Besos

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    1. Muchas gracias. Tuve que hacerlo con 1000 palabras exactas, me costó bastante, pero parece que al final lo conseguí sin perder sentido al texto.
      Un besillo.

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  5. María que historia más triste al tiempo que más bonita. Ese desamor fruto de lo cotidiano y de una evolución que no siempre crece en el mismo sentido, esos recuerdos y emociones intentando no perder lo tenido, esos recuerdos y esa emoción del primer beso.
    Muy bonito, felicidades por las emociones que se desprenden que no dejan indiferente al que lee.
    Un saludo

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    1. Muchas gracias. La verdad es que el primer amor siempre tiene algo escpecial. Un besillo.

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  6. Qué historia tan preciosa, María, y qué bien escrita!! La verdad es que he recorrido a través de tus letras sentimientos y lugares como si me fueran conocidos, como si fueran propios. Me has transportado!!

    Buenísimo, me ha encantado :))

    Un beso enorme y feliz domingo!!

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    1. Me alegra haberte transportado. Es lo bueno de escribir, hacer sentir a los lectores. Y si lo consigo, mejor que mejor.
      Un besillo.

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  7. Creo que has transmitido perfectamente esa sensación de perder a alguien después de tantos años, que lamentablemente, está tan a la orden del día.
    Besos.

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    1. Muchas gracias, me alegro de que así te lo parezca, escribir sobre algo que no me ha pasado es más difícil que escribir sobre experiencias.
      Un besillo.

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  8. Te ha quedado muy chula la mezcla de la pérdida de un amor con el reencuentro de los recuerdos de un primero. Preparada para comenzar de nuevo. ;)
    Un besote. =)

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    1. Muchas gracias. Siempre hay una forma de empezar desde el principio.
      Un besillo.

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  9. Es preciso María, volver a empezar con el empuje de otra época, y sus bonitos recuerdos.
    Has tocado mi corazoncito que hermoso y nostálgico.
    Muchos besos!!!

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    1. Me alegro de que te haya gustado.Esos primeros recuerdos siempre son bonitos.
      Un besillo.

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  10. Me ha gustado mucho tu relato, muy bien escrito, avanza hacia el final que nos adelanta el título desde lo negativo a lo positivo, de la oscuridad a la luz para, una vez llegado a ese punto, mostrarnos el renacer, el nuevo comienzo. Relatas de una manera sencilla y emotiva, sin excesos sentimentalistas, una situación de pérdida que resulta mucho más frecuente de lo que parece, para llevarnos de la mano a esos recuerdos que todos atesoramos en algún lugar de nuestro corazón y que, como tú muy bien has observado, muchas veces nos dan pie para volver a empezar
    Besos

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    1. Esos recuerdos tienen un gran poder en nuestro corazón, porque a veces nos impulsan a volver a empezar y siempre es bueno un impulso de esos.
      Me alegro de que te haya gustado.
      Un besillo.

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