26/11/15

Tú y yo de nuevo



                Me miraste. Te miré. Los dos en solos, en una habitación atestada de gente. Tú me esperabas en la barra y yo llegaba un poco tarde. Mientras me colaba entre la gente, no podía quitarte los ojos de encima. Y tú ahí parado, con una sonrisa solo dedicada para mí, no te dabas cuenta de que alguna ya se había fijado en aquellos ojos azules que me saludaban.

                Llegué a ti después de mil empujones, de olores varios, entre colonias y sudores, entre mujeres y hombres. Al final de mi camino, ahí estabas.

                - Hola.

                - Hola.

                Apenas fueron un susurro. No oí tu voz, la música no me dejaba, pero pude leer tus labios. Esos labios que estaban tan lejos de mí. Me diste un beso en la mejilla, un beso más cerca de lo normal de mis labios, pero casi sin rozarlos. Un beso un poco más largo, así que cerré los ojos para saborearlo. Tuve que contenerme para no girar mi cara para que mi boca se encontrara con la tuya.

                Me señalaste la barra, y allí descansaban dos copas, yo cogí la mía, necesitaba ahogar esa sed repentina que me secaba la garganta. Di un gran trago mientras tú me observabas divertido. La volví a dejar y volví a tu universo azul. Me cogiste mi mano helada, no sé si por los nervios o por el frío que se había aposentado en mi cuerpo. Me la acariciaste mientras me la agarrabas suavemente. Yo me dejaba hacer, me dejaba mimar. Un cosquilleo conocido y lejano me revolvió el estómago.

                Miré mi mano que se envolvía en la tuya, acerqué un poco más mi cuerpo al tuyo y empezamos a movernos, un baile nuestro, a pesar de la música que sonaba. Un baile hecho solo para nosotros.

                Pusiste tu otra mano en mi hombro y lo acariciaste. Cerré los ojos, y me concentré en tu olor, en tu cercanía. Nuestros cuerpos no se tocaban, estaban a escasos milímetros el uno del otro, pero no se rozaban siquiera. Seguíamos bailando, y mientras sentía tu mano como bajaba por mi espalda, te volví a mirar. Tu boca se acercaba a la mía, quería sentir su contacto, pero me quedé quieta, incluso dejé de bailar, anhelándote.

                Sin embargo, te volviste a alejar y me soltaste la mano, cogiste tu copa y bebiste. Me guiñaste el ojo y yo me reí. Tenía tantas ganas de ti que me estaba costando no agarrarte de la mano y salir de allí huyendo a algún lugar más íntimo para ti y para mí.

                En vez de eso me quedé esperando, esperando tu siguiente paso. Y cuando ya pensaba que la espera era demasiado, pegaste tu cuerpo al mío, que reaccionó al instante, mis piernas flaquearon y tú me agarraste de la cintura para que no me cayera. Metiste tu nariz en mi cuello y pude notar como olías mi perfume mientras me rozabas con la punta de la nariz. Pegué mi cabeza a la tuya y un suspiro se escapó de mi garganta.

                Un beso efímero se posó en mi cuello, que me hizo temblar, y me aferré a ti con mis dos brazos. Fuerte, ya no me quería separar de ti, ni quería que tú lo hicieras. Tu cara seguía pegada a mi cuello, mientras me rozabas con tu lengua. Mis manos se enlazaban en tu pelo, y nuestros cuerpos se movían al compás de una música que solo estaba en nuestra mente. Sacaste tu cabeza de ese rincón creado solo para ti. Cogiste un mechón de mi pelo entre tus dedos y lo miraste. Ahora era rubia.

                Me miraste y sonreíste. Acercaste tus labios a los míos y los rozaste. Con tu lengua acariciaste, primero mi labio inferior y luego el superior. Me mordiste un poco, y por fin posaste tus labios en los míos. Y nos besamos, te separaste y me miraste, tenías lágrimas en los ojos, yo también.

                Esta vez fui yo la que acerqué mis labios a los tuyos, y a escasos milímetros, mi lengua los acarició, y se introdujo en tu boca, despacio, sin prisa, buscándote. Encontró a su gemela y danzaron juntas, amándose, reconociéndose.

                Te separaste, me miraste y me susurraste en el oído:

                - Vámonos.

                Asentí. Y agarrada de tu mano te seguí hasta el fin del mundo.

                Habíamos reservado una habitación de hotel. Lo teníamos todo preparado para esa cita después de años sin ellas. Queríamos otra primera vez, esta vez sin niños, sin trabajos, sin casa, sin obligaciones. Solos tú y yo de nuevo. 


18 comentarios:

  1. María, me has dejado bailando... enamorada de tus letras.
    Voy a leerlo otra vez más despacio que he ido como las balas queriendo conocer el final, jajaja.
    Un abrazo y besos.

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    1. Me alegro, espero que bailas más a menudo y acompañada, qeu siempre viene bien.
      Un besillo.

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  2. Que bonito relato, María, me has dejado impresionada. Sobre todo porque ese final no me lo esperaba... Y es que... ¡ha sido tan bello! De verdad, no tengo palabras D:

    Saludos.

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    1. Me alegro, la verdad es que me encanta dejaros finales inesperados.
      Un besillo.

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  3. Un reencuentro con la pasión de lo más bonito *_*

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    1. Siempre viene bien reencontrarse con la pasión de vez en cuando.
      Un besillo.

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  4. Qué requeteprecioso, María! Has recreado una historia en mi cabeza tan real y cercana que me he emocionado. Solos, sin niños. Reencontrándose....precioso...! Besitos !

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    1. Tú lo has dicho, solos, sin niños... jajaja que mejo momento para reencontrarse...
      Un besillo.

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  5. Está claro que el romanticismo te envuelve estos días, María, y nos lo transmites con gran generosidad. Creo que todos hemos vivido esta cita como en primera persona, enamorados, anhelantes, deseosos... ¡ha sido genial!

    Creo que si todas las parejas planearan citas como ésta de vez en cuando, muchos matrimonios recargarían pilas. Me ha encantado :))

    Un besillo de jueves!!

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    1. La verdad es que estas citas siempre vienen bien. y si el romanticismo me envuelve, quizás tenga un poco de culpa Virginia y su señor Dempsey. Jijiji
      Un besillo.

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  6. Precioso, sensual, cargado de romanticismo... me encanta. La forma en que describes las acciones de tus personajes es soberbia. Y el final es el colofón, consigues darle un toque si cabe aún más romántico y tierno. Una gozada leerlo.
    Besitos

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    1. Muchas gracias. La verdad es que disfrutaba mientras lo escribía. Y encima me veía allí, jejeje.
      Un besillo.

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  7. Guau!!! Qué romántico, qué sensual, qué todo!!! Me he metido de lleno en esta historia, yo quiero un encuentro asiiiii!!!!! Jajajaja
    Besitos!!!!

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    1. Jajajaja y yoooooo. Voy a ver si lo consigo. Ya te contaré.
      Espero que tú también.
      Un besillo.

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  8. Preciosísimo María!!!! Me encanta que muchos de tus relatos esté esa sensación de oportunidades y reencuentro en las parejas, das eternidad y un romanticismo que muchas veces olvidamos.
    Besitos, :)

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    1. Es que el romanticismo sigue existiendo, e la rutina y el ajetreo de la vida los que los esconden.
      Un besillo.

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  9. Veo de nuevo un tema que haces tuyo en muchos de tus escritos, el del amor reencontrado. Esta vez, el relato respira sensualidad, pasión, ternura. Podemos seguir a la perfección los pasos de ese baile mientras los amantes se besan, avivando de nuevo el fulgor de la llama que siempre estuvo ahí.
    Me ha encantado tu escrito María, una pequeña gran muestra de lo bien que escribes
    Besos

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    1. Muchas gracias. La verdad es que me encanta escribir sobre ese tipo de amor, ese que está ahí pero se pierde en el día a día.
      Un besillo.

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