5/11/15

Querida Luisa IV

           Me senté delante del ordenador, para teclear más rápido. Pero mis manos no me ayudaban. Estaban empezando a sudar, un sudor frío que me hacía retorcérmelas, me las lavé, y me volví a sentar, decidida en mi tarea. Esa mañana no hice nada, sino escribir y reescribir un correo, que podría haber sido mi primera novela romántica. Al principio, no me salían las palabras, pero poco a poco, mis dedos se envalentonaron y corrieron por delante de mis ideas.
            Tenía un mes de retraso y así se lo explique en el correo más largo de la historia. Creo que podría haber ganado un premio güines. Le conté mi vida, le dije lo que sentía, lo que me había hecho sentir con sus primeros correos, la larga espera del día y la noche hasta volver a leer sus palabras, sus elogios hacia mí, para saber de su vida. Le conté mi vida, lo que quería  a mis hijas, lo que quería  a mi marido. Sí, porque yo seguía queriendo a mi marido, a pesar de que se había olvidado de mí, a pesar de mis deseos de leer las letras de un desconocido. A pesar de todo, yo seguía queriendo a mi marido. Y así se lo conté a mi más ferviente admirador. Porque no quería tener secretos entre nosotros, porque quería que supiera que a pesar de querer a mi marido, él se estaba llevando mi alma, y como él decía, se estaba llevando mi corazón a cachos.
            Trocitos de mí se dividían entre dos hombres, iban de un lado a otro sin compasión. Y yo me sentía dividida, enfadada por permitir que eso pasara, dolida con Roberto por no saber que me perdía, pero sobre todo, enamorada de nuevo.
            Después de ese correo vinieron otros, él me contestó eufórico, sabiendo que me conquistaba, que se estaba adueñando de mí poco a poco a través de sus palabras. Todos los días esperaba su correo en el desayuno, y acto seguido le contestaba, le hablaba rápido, a trompicones, para poder releer sus palabras más tranquilamente. Y así fueron pasando los días, fueron pasando los meses, contentándonos con un simple correo por las mañanas, contándonos todos nuestros pequeños secretos, nuestros detalles más íntimos que no habíamos  compartido con nadie.  Ninguno habíamos hablado de quedar. No nos hacía falta. Éramos felices así.
Pero un día, lejos de cualquier pronóstico, me llegó un correo diferente.
Quiero verte. Piénsalo.
Mi corazón dio un vuelco, empezó a galopar como si no hubiera un mañana y mi cabeza daba vueltas, ideas, salidas, Roberto, infidelidad, mis hijas. Todo giraba en espiral a mil kilómetros por hora. No contesté. Tenía un miedo atroz a lo que pudiera suceder. A lo que sabía que iba a suceder. Así que me di un día para pensármelo. Pero pasado ese día seguía sin saberlo. No quería decir en voz alta lo que en realidad tenía ganas de gritar, porque entonces se haría realidad y mi mundo se hundiría bajos mis pies. Así que me di otro día. Él tampoco me volvió a escribir. Me estaba dejando mi espacio.
Roberto se había acostumbrado a mis evasivas y a mi mal humor. También me dejaba mi espacio. Pero esos días que me di para pensármelo discutíamos más que de costumbre. Todo nos molestaba del otro, nos estábamos haciendo enemigos en nuestra propia casa. Él ya no me aguantaba más y yo necesitaba una excusa.
Al día siguiente de dormir en el sofá le contesté una sola palabra:
Si.
Su respuesta no se hizo esperar. Y me citó en dos fines de semana en un pequeño restaurante que yo no conocía. Me dijo que me daba esas dos semanas para poder buscar una excusa convincente y para poder arrepentirme si quería.
En esos dos días me arrepentía mil veces, y entonces, para darme fuerzas releía sus correos. Roberto estaba más cariñoso conmigo, como si le hubiera visto las orejas al lobo.  Y yo me sentía culpable todos los segundos del día.
 Llamé a mi hermana, y a sabiendas de sus críticas le conté toda la historia. Necesitaba un cómplice. Ella se negó, no quería formar parte de ese engaño. Me insultó, me gritó, me dijo todas esas cosas que yo ya me había dicho. Que no lo conocía, que Roberto era mi mundo, que estaba enamorada de él, que solo era una racha, que a saber si no era un psicópata. En fin, que después de un par de días, me llamó y me dijo que lo haría, que le dijera a Roberto que nos íbamos de fin de semana a un spa, pero que para que fuera verídico, ella se iba y yo se lo tenía que pagar.
Cuando llegó el día me fui por la mañana con la maleta hecha y con un nudo en el estómago. Había reservado una habitación en un hotel cerca del restaurante que me había dicho mi más ferviente admirador. Me duché y me vestí allí. Me había comprado un vestido negro que ensalzaba mi figura, en cuanto recibí el mensaje con la cita.
Me presenté con los nervios como única compañía. Me sudaban las manos y cuando fui a abrir la puerta, el pomo se me resbaló y la puerta se cerró de un golpe. Estuve a punto de no entrar. Me di la vuelta para salir corriendo, pero una mano me sujetó el brazo. No quise girarme. Él me estaba tocando y yo no podía ni respirar, me hubiera caído allí mismo si no me hubiera agarrado de la cintura. Su perfume, su olor me empapó mis sentidos. Cerré los ojos y sonreí.
- Tú.
Aun sin darme la vuelta me dejé caer en su pecho, me dejé abrazar por sus brazos, me dejé envolver por su respiración. Cerré los ojos e inspiré con fuerza. Quería atrapar aquel instante para no olvidarlo jamás. Él debía querer lo mismo porque no se movió, estábamos saboreándonos, encontrándonos, conociéndonos.
Un perro ladró en algún lugar cercano, y nos devolvió a la realidad. Me giró despacio para ponerme frente a él, yo no abrí los ojos, él ya no me tocaba, pero lo sentía, me estaba consumiendo por dentro, quería tocarlo, mirarlo, pero no me atrevía.
Parecía conocerme mejor que yo misma, y acercó su mano a la mía, me la rozó levemente y me susurró:
- Mírame.
Mis ojos se abrieron, y se encontraron con sus gemelos, con sus otras mitades para sentirse completos. Hasta ese momento no había visto con claridad. Nos miramos, no nos hablamos, solo nos mirábamos. Una pareja entró en el restaurante, notaba como nos miraba, y aun así no volví la cara. Cuando se cerraba la puerta oí que ella le decía a su acompañante:
- ¿Te acuerdas al principio cuando estábamos así de enamorados?
Sonreímos al unísono. Él también lo había escuchado.
- Roberto.
- Luisa.
Necesitábamos asegurarnos de que éramos nosotros, de que estábamos allí, de que todo este tiempo habíamos sido nosotros.
No entramos al restaurante, y no volvimos a hablar. Nos fuimos directamente al hotel que yo había reservado, sin tocarnos, mirándonos de soslayo mientras caminábamos lo más rápido que podíamos a nuestro destino. Cuando subimos a la habitación y cerramos la puerta, Roberto me abrazó con fuerza y puso sus labios en mi oído:
- Nos estábamos perdiendo, te necesitaba enamorar de nuevo, necesitaba ser el dueño de tus risas, te necesitaba a ti de nuevo.
No volvimos a hablar esa noche. Ya nos lo habíamos dicho todo.

26 comentarios:

  1. Uooooohhh!!! Me ha encantado!!! Aunque era el final que estaba esperando, la forma en la que lo escribes y describes te mete totalmente en la historia!! Maravilloso

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    1. Muchas gracias princesa, ya sabes "Un ramito de violetas".
      Un besillo.

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  2. ¡Final feliz y preciosísimo, María! Me encantó la historia, emocionante y apasionante. ¡Besitos!

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    1. Muchas gracias. No podía acabar de otra manera. El amor por encima de todo.
      Un besillo.

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  3. Me encanta!!!! Ayer de tarde, de repente, se me ocurrió que podía ser Roberto, como en la canción Un ramito de violetas, pero lo has escrito tan bien, le has dado una emoción que me ha gustado muchísimo. Me ha encantado, enhorabuena y muchos besos.

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    1. La verdad es que iba a poner la canción junto cnon el final, pero iba a dar demasiadas pistas.
      Un besillo.

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    1. Muchas gracias. Me alegro de que te guste.
      Un besillo.

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  5. Qué final más precioso María, :)
    Aix.. qué hombre.. qué historia... me encanta!!!
    Besos.

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    1. Un hombre que sabe lo que quiere y va a conseguirlo.
      Un besillo.

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  6. Genial María, que final más bonito!!
    Me encanto Besin!! ;)

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    1. Me alegro de que te guste. Un final que no podía ser otro.
      Un besillo.

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  7. Precioso final, y narrado con agilidad y con una fabulosa prosa poética. Felicidades, me ha encantado.

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    1. Muchas gracias Chari. Me sacas los colores.
      Un besillo.

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  8. Igual que a Marigem se me ha venido a la mente la canción "un ramito de violetas". Creo que este ha sido el mejor final posible, me hubiera dado mucha pena que el matrimonio se estropeara. Muy bonita historia, María, muy romántica! :))

    Besitos de jueves.

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    1. Ayyy esas son las influencias de mi madre y Cecilia. Tanto escuchar la canción que por algún lado tendría qeu salir. Como le he dicho a Marigem, pensaba poner la canción, pero ya era poner demasiadas pistas.
      Un besillo Hermana de Letras.

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  9. Este desenlace le da sentido al relato completo. Una original manera de reconquistar el amor. Un placer leerte, María.
    ¡Abrazo, Hermana de Letras! ;)

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    1. A veces el amor se nos escapa de las manos y no sabemos como recuperarlo.
      Al final Roberto supo como recuperar el suyo.
      Un besillo Hermano de Letras.

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  10. Ohhhh!!! Aunque se repita en los comentarios... qué final más bonito!!!! Me encanta!!! :)
    Besitos!!!

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  11. Sí, María, qué bonito giro... a por esa reconquista!! ;)
    Un besote. :)

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    1. Por supuesto. Algo no se pierde hasta que se da completamente por perdido.
      Un besillo.

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  12. Bueno, pues final feliz y todos contentos jaja. Es una forma algo retorcida de recuperar el afecto de ella, porque bien podría haber mandado a Roberto a tomar por...tras engatusarla haciéndose pasar por otro. Pero como decía, final feliz. Un beso María.

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    1. Bueno, algo retorcido pero ha funcionado. Matrimonio feliz, y una vida larga y próspera juntos.
      Un besillo.

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  13. Bueno, bueno... Menos mal que antes le había escrito que amaba a su marido, jeee. Si he de ser sincero me ha decepcionado un poco, porque me gustaba el morbo de la infidelidad. Pero tema y gustos aparte, creo que has llevado fenomenal la historia, manteniendo el interés en todo momento y dándole un final redondo, aunque formalito (que le vamos a hacer, je, je)
    Lo cierto es que se trata de un ejemplo muy bonito para muchos
    Un placer leerte. Besos

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    1. Ayyy lo siento mucho. Es que soy un poco buena. A lo mejor me decido escribir cosas un poco más perversas,... ya veremos, jejejeje.
      Un besillo.

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