24/11/15

La escritora X



                Tres años más tarde…

                De pie en mitad de la sala no sabía cómo había llegado a eso. En mi mano derecha tenía un cuchillo y en la izquierda un martillo. Las gotas de sangre me caían por los brazos hasta formar un charco en el suelo. Debía llevar mucho tiempo en esa posición, porque el charco era grande. Mi pelo suelto goteaba también, estaba pegajoso, un mechón se me pegó a la boca y lo chupe. Aquel sabor conocido me despertó de mi letargo.

                Miré a mi alrededor y aquella nave me devolvió la mirada. Cuerpos mutilados por el suelo, la sangre de unos se mezclaba con la de otros. Jóvenes, viejos, mujeres, hombres. Algunos llevaban allí días, otros acababan de llegar. Me paseé con mis herramientas en la mano entre mi obra de arte. Algunos colgaban del techo enganchados por cadenas de los tobillos o de las muñecas. Otros atados a sillas y otros simplemente abandonados por el suelo.

                En medio de todo aquello un trípode con una cámara que iba girando y haciendo fotos cada pocos minutos. Y es que quería conservarlo todo.

                Desde mi pobre hombre del cajero, todo se volvió más lúcido para mí. Ya no quería escribir, eso era para inútiles. Cualquiera podría hacerlo. Lo que quería era la adrenalina, mi nueva droga que había descubierto con mi pobre hombre.

                Había dejado huellas, ya lo creo, por todas partes, en la botella, en la ropa del mendigo, en su cuerpo, mis huellas lo cubrían todo. Pero me encanta la justicia española, porque al no estar fichada, no podían cotejar las huellas encontradas con las mías.

                Cuando lo oí en el telediario, me dio un ataque de risa que casi muero en el acto atragantada con un trozo de pollo. Era completamente libre, y aquello me dio alas para conseguir mi nuevo propósito.

                Ya no quería que me cogieran, lo que quería era vivir así, entre sangre y sorpresas. Con lo que me preparé para mi nueva vida. Me compré un saco de boxeo y me bajé cientos de tutoriales donde me enseñaban todo tipo de movimientos para ponerme en forma. La nueva era de la globalización me lo ponía todo más fácil.

                Mientras, salía de noche y encontraba nuevas víctimas que me hacían relamerme. Era la reina de la noche, nadie podía encontrarme, nadie podía detenerme. Pasé a formar parte de todos los telediarios, y en “Espejo público” habían dedicado un espacio solo para mí.

                Me compré cámaras de fotos, unas desechables que me llevaba conmigo en el bolsillo de mis sudaderas y otras más profesionales para las casas.

                Pero pronto aquello se me quedó pequeño, mi casa ya no era suficiente, y las muertes eran demasiado rápidas para saciar toda mi sed. Necesitaba más, lo intentaba escribir y me aburría, lo relataba en voz alta en una grabadora, pero a la mitad estaba tan emocionada que tenía que darme una ducha fría para calmar mis instintos.

                Cada muerte era distinta, no llevaba nada para hacerla más imaginativa, usaba cualquier cosa que me regalaba el escenario. Una de las veces maté a un hombre con su propia navaja multiusos, le clavé el sacacorchos en sus dos ojos y en todas las partes de su cuerpo. Parecía un colador, aquella comparación me hizo reír. Jamás me he reído tanto, ahora soy más feliz que nunca.

                Cuando pasé a mi plan más elaborado alquilé este almacén. Una nave vacía a las afueras de la ciudad. Y es que en mi última salida una chica me vio como mataba a una viejecilla mientras le clavaba una lata de maíz oxidada que me había encontrado en la basura. Salió corriendo, pero antes me vio. Salí detrás pero no la encontré, y me fui enfadada a casa. No porque me hubiera visto, sino porque no pude hacerle ninguna foto a mi nueva víctima.

                Me llevé mi saco al almacén, pinté una pared en blanco y colgué allí todos los recortes de periódicos que hablaban de mí. En algunos de esos recortes salía un retrato robot que aquella chica había proporcionado.

                Otra pared llena de ventanales la llené de mis fotografías, de mi obra de arte. Y en medio de todo aquello metí una cama, una cama redonda y enorme con sábanas blancas. El almacén tenía un baño, así que no tardé en trasladarme allí casi definitivamente. Pasaba poco por mi casa.

                La primera vez que me llevé una víctima a mi nueva casa la torturé durante medio día. Aún no había aprendido a mantener la gente con vida, pero todo en esta vida se aprende.

18 comentarios:

  1. Totalmente terrorífico, María. El tono cruel y macabro del texto ha ido aumentando conforme lo hacía el delirio de la protagonista, que has sabido plasmar muy bien.

    Da miedo pensar que pudiera existir una persona así, tan falta de escrúpulos y tan sedienta de muerte. Y aunque me da miedo, me parece un relato genial. Debo de ser un poco masoca jajajajjaa.

    Me ha encantado!!

    Besillos y buen día, Hermana de Letras :)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias. Me ha costado un poco escribirlo y publicarlo, ya tenía la idea en la cabeza, pero los últimos acontecimientos mundiales me ha hecho atrasarlo un poco. Pensaba acabarlo en este capítulo, pero no pude.
      Me alegro de que te guste a pesar de lo macabro.
      Un besillo.

      Eliminar
  2. Mi escritora preferida se ha vuelto cruel y despiadada. Me da yuyu que se ría de lo del sacacorchos en los ojos, uffff.
    Un besito.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Es que la señora escritora no está muy cuerda, me parece a mí.
      Un besillo.

      Eliminar
  3. La escritura ha cambiado la tinta (en este caso virtual si escribía en su ordenador) de las letras, por la sangre de las víctimas, y su hambre de asesinato no conoce muchos límites, un almacén para sus atrocidades.... ¡qué susto!

    Buen y sangriento capítulo :) ¡Un beso!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Lo tétrico de esto es que ella duerme allí, rodeada de todo ese horror.
      Un besillo.

      Eliminar
  4. Como dice Julia, aunque da miedo el relato está genial. Pero no es cuestión de que seamos masocas, es que el personaje está muy bien delineado y la historia te deja deseando conocer más. Nuestra escritora está sacando a la luz una nueva vena sádica....
    Estupendo, María

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, me alegro de que os llegue mi personaje y su historia. No es fácil sentirse identificada con una persona de este calibre.
      Un besillo.

      Eliminar
  5. Esta mujer está fuera de si, ha pasado de ser cazadora de historias a cazadora cruel, sádica y sangrienta y como bien dice José Carlos cambió la tinta por la sangre.
    ¡Mucho miedo!.......Pero la poli no es tonta, te lo digo yo.
    Besos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Tanto reguero de sangre y cadáveres irá a alguna parte, y la policía tarde o temprano tendrá que encontrarlo.
      Un besillo.

      Eliminar
  6. Buf! Su lado asesino está ganando al de escritor....cómo disfruta! Se le ha ido de las manos pero con toda la intención. Genial María! Besitos!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Completamente, nuesta escritora está dejando de serlo, para convertirse en algo más mortífero.
      Un besillo.

      Eliminar
  7. Sencillamente genial. Un crescendo en crueldad y singularidad macabra que ha ido acompañando a esta escritora hacia el lado mas oscuro de la realidad. Con grandes dosis de crítica social, momentos de humor negro y puro terror, me has acabado de encandilar por completo con esta propuesta, más sanguinaria que "La Niebla", sin tanto suspense como aquella, pero con una intensidad y perfilación del personaje, extraordinarias.
    ¡Abrazo, Hermana de Letras! ;)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias por tus palabras. Ya veo que te ha gustado. La verdad es que es bastante diferente a la niebla, un poco más macabro y con más dosis de sangre.
      Un besillo.

      Eliminar
  8. Qué miedo María, esta mujer esta totalmente ida en su mente solo habita el sufrimiento y la muerte que genera a sus víctimas, :O
    ¿Han pasado tres años? Por favor, bien lejos. (Que la cojan pronto)

    Tenía muchísimas ganas de leer de ella, solo puedo decir impresionante!!!
    Besos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sí tres años matando a todo el que se le pasa por delante. No tiene miramientos, es un poco sádica.
      El final está cerca.
      Un besillo.

      Eliminar
  9. Si no fuera porque sabemos que antes de esta entrega hay otras nueve, el título daría lugar a alguna que otra confusión, je, je...
    ¿Te has leído American Psycho?, porque podrías sacar ideas de esta novela para tu personaje, ja, ja. Tú, como el autor de esta obra, vas más allá del gore, y con una dosis enorme de crítica social y de ironía, impactas en nuestra mente con imágenes crudas que dan fuerza a un personaje que todavía tiene mucho que decir
    Muy bueno, María
    Besos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ayyyy pues no la he leído. No soy mucho de este género. La verdad es que no sé como he llegado hasta aquí. Se ve que algo en mi interior intenta desatarse, jejejeje. Es broma.
      La verdad es que le queda poco a esta escritora por decir, siento si te crea alguna decepción, pero pronto acabará esta saga.
      Un besillo.

      Eliminar

Deja tu huella. Me encantaría leerla.