26/10/15

La escritora VIII



                Después de llevar toda la mañana zapeando sin encontrar nada respecto a mis dos obras de arte, me sentí un poco decepcionada. ¿Para qué cometer los asesinatos sí nadie se iba a enterar de ello?

                Así que me vestí, me arreglé un poco y decidí salir a comprarme un poco de ropa para correr. Tenía que ponerme en forma. No podía ahogarme a la primera de cambio. Sí un día la policía me perseguía tendría que salir corriendo. Las persecuciones de las películas siempre acaban pillando al asesino, pero eso no me iba a suceder a mí.

                Me pasé la tarde de tienda en tienda dejándome aconsejar por supuestos expertos en ropa deportiva que te hacían gastar una pasta en cosas que de verdad no necesitaba. Pero me daba igual. El dinero me sobra. Y mi armario no es que este muy lleno. Nunca he entendido a esas mujeres que rebosan el armario de prendas que luego ni siquiera llegan a ponerse. Y lo de los zapatos, un misterio total.

                Llegué a casa reventada. Estaba deseando bajar al bar, pero no era mi hora, así que me puse un pijama, me puse el telediario y me senté frente a la tele con algo de cenar.

                De repente mi corazón se empezó a acelerar, imágenes de alguien en el suelo tapada con una sábana, policías por todas partes, ambulancias, unos padres destrozados, llorando y gritando a pesar de las cámaras. Y yo con una sonrisa de oreja a oreja. Me sentía pletórica. Aquello era mi comienzo. No decían mucho, solo que se habían encontrado a una chica de 22 años de edad muerta en la calle. No sabían cuál era el móvil y la policía no descartaba ningún sospechoso.

                Pusieron una foto de la chica en cuestión, con un vestido blanco y una sonrisa en su boca. Parecía una chica modelo, nada que ver con la que yo vi con los tacones en la mano y el rímel corrido. Me dio un ataque de risa, aquello me parecía cruel, pero no podía parar.

                Como pude, me calmé y me senté frente a mi ordenador. Escribí a pesar de mi cansancio, y a pesar de los ataques esporádicos de risa. Cuando miré el reloj ya eran las tres de la madrugada. Estaba cansada, ya empezaría a correr mañana. Quería descansar.

                Me desperté al cabo de una hora sudando y con imágenes inconexas en mi cabeza. Policías persiguiendo, sangre por todas partes, música bacalao más fuerte de lo normal, gente de fiesta. Me costó ubicarme en mi cama. Mi respiración estaba agitada. Así que me vestí con el chándal, me puse los tenis y me fui a correr helada de frio. Me subí la braga hasta la nariz y la capucha en mi cabeza. Solo se me veían los ojos. Toda de negro se me confundía con la noche.

                Pasé por un cajero y vi un bulto dentro. Seguí corriendo y di la vuelta a la manzana, volví a verlo. Era perfecto. Un hombre solo, durmiendo en un cajero. Pero había cámaras, no podía hacerlo allí. Toqué varias veces al cristal y cuando levantó la cabeza le hice señas para que me siguiera. No sabía si iba a funcionar, pero lo tenía que intentar.

                El hombre se acercó a mí con cara de pocos amigos.

                - ¿Qué quiere?

                - Perdone que le moleste. Necesito su ayuda. – Puse mi voz de dama en apuros. – Resulta que me gusta beber más de la cuenta, y se me ha acabado la bebida en casa. El único sitio que hay abierto ahora mismo es el 24 horas de la calle de atrás, pero no me venden porque la última vez me pasé un poquito. ¿Sería tan amable de comprarme una botella? El cambio sería para usted.

                El hombre miró el billete de 100 euros que le tendía, me miró a mí, supongo que estudiando los riesgos que podía correr. Cogió mi billete y sin decir nada más se dio la vuelta en dirección a la tienda.

                Lo esperé allí, esta vez no lo haría tan rápido, quería saborearlo. Me trajo la botella y me la dio sin decirme nada más.

                - Muchas gracias. ¿Duerme usted siempre por aquí? Lo digo por si puede ayudarme en otro momento.

                - Sí, sí, cuando usted quiera.

                El hombre siguió andando y se volvió a meter en el cajero. Pensé que se sacaría otra botella para él, pero se volvió a acostar sobre su cama de cartón. Yo me volví a casa andando. La botella la tiré en el próximo contenedor de vidrio que me encontré. Hay que reciclar.

Capítulo anterior 

30 comentarios:

  1. Truculento y emocionante, María. Me encanta esta saga. Besos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me alegra que te encante. Espero que te siga gustando a pesar de la protagonista.
      Un besillo.

      Eliminar
  2. Madre mía! Cómo disfruta con todo esto...esas carcajadas espontáneas..buf! Se le está yendo de las manos! ¡Una pasada, María! A ver que maquina para el próximo capitulo...¡besitos!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Creo que se está volviendo un poco loca. No sé yo como acabará todo esto, pero no auguro un buen final para ella.
      Besillos.

      Eliminar
  3. Sea lo q sea q venga en el próximo, lo q no cabe duda es q seguirás sorprendiendo.
    ( a mí... impresionándome, ufff!! ).
    Te sonrío con el Alma.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias. La verdad es que a mi también me sorprende esta escritora.
      Un besillo.

      Eliminar
  4. Está claro que la escritora va a gran velocidad por el camino que conduce al reino de la locura. Ahora bien, por ahora sólo han encontrado a la segunda víctima, luego la primera.. bueno, lo mismo aparece muerta tarde o temprano, pero aún no se sabe lo que le ha pasado...Pobre indigente, ya lo tiene fichado la psicópata de barrio jaja.

    Un beso María.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Jajajaja me ha encantado tu descripción: la psicópata del barrio. La verdad es qeu parece que ha encontrado su verdadera vocación. Da un poco de miedo.
      Un besillo.

      Eliminar
  5. Me ha gustado mucho, porque esperaba que en ese momento se cargaría al hombre, fuera del cajero, pero no. Nos dejas con la intriga de qué maquinará su cabecita para liquidarlo.
    Excelente, bsos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Es un poco sádica esta mujer, me parece a mí. No sé yo que se le ocurrirá para matar al pobre hombre.
      Un besillo.

      Eliminar
  6. Jajaja, si, hay que reciclar. Lo has dejado muy interesante.
    Besos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Por supuesto, el reciclaje es muy importante.
      Un besillo.

      Eliminar
  7. Me subo ahora al tren, porque no tengo tiempo de leer lo anterior. Pinta interesante, espero las próximas.
    Besos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias por subirte. Aquí estamos, siguiendo a esta escritora que parece ser que no para.
      Un besillo.

      Eliminar
  8. Pero que macabra es está mujer María, el día que tenga que pagar por todo ello haré una fiesta!! Muy buen capítulo, Besin ;)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Creo que no serás la única que la haga.
      Hasta a mí me está costando quererla...
      Un besillo.

      Eliminar
  9. Parece que tu escritora piensa planear un poco mejor su próximo crimen, pero desde luego ya le ha cogido el gusto. Veremos si el pobre vagabundo se libra o no :) Deseando leer la próxima entrega!!

    Un besillo de martes!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Creo que el pobre hombre tiene todas las papeletas para morir a manos de la escritora. Aunque quien sabe, la policía ya está sobre la pista...
      Un besillo.

      Eliminar
  10. La escritora es una mujer muy peculiar. Los cadáveres los va dejando tirados y las botellas al contenedor pues hay que reciclar, no se puede tirar basura en las calles.
    Lo dicho: Peculiar.
    Besos María.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ayy como me he reído con tu comentario. Jajajaja. La verdad es que creo que su claridad está un poco distante de lo que se considera normal.
      Un besillo.

      Eliminar
  11. Mi escritora favorita, qué ganas tenía de seguir leyendo sobre ella, jijiji
    Se le está yendo un poquito de las manos... cualquiera se cruza en su camino.
    ¿Qué será capaz de hacerle al pobre hombre?
    Genial María, besos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Por su perfil creo que nada bueno, jejejeje.
      Un besillo.

      Eliminar
  12. Estás creando una psicópata de película, ya sea escritora y su objetivo crear un best seller, o si se tratara de una carpintera con afición al piragüismo, nos encontramos con una detestable asesina sin escrúpulos, actúa por azar, es de las difíciles de atrapar. Genial, María. Máxima tensión. Un disfrute total.
    ¡Abrazo, Hermana de Letras! ;)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. La verdad es que la escritora se ha equivocado de profesión, parece que escribir no es lo único innato en ella.
      Un besillo.

      Eliminar
  13. Como ya te han dicho en otros comentarios, yo también esperaba al pobre mendigo víctima de tu protagonista... pero no, ahí queda ese final para mantenernos en vilo. Es el primer capítulo que leo de esta saga, pero en cuanto tenga tiempo me pondré al día con los anteriores
    Besos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pues espero que este te haya enganchado y sigas leyendo.
      Muchas gracias.
      Un abrazo.

      Eliminar
  14. Uooooohhh!!! Me encanta, genial, muy interesante. Yo tb esperaba q lo matase al salir del cajero!! Muy bueno el toque de "cordura" pensando en reciclar! Jajajajaja

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Jajajaja en algún momento tendré que pdeirte asesoramiento profesional, porque como siga así se me va de las manos. Jajajaja.
      Un besillo preciosa.

      Eliminar

Deja tu huella. Me encantaría leerla.