10/8/15

Mírame a los ojos



Llevaba tiempo trabajando sin trabajar, haciendo tarea como la gente la llamaba, de voluntariado. No me gustaba ese nombre, no me gustaba porque no me sentía así. No me sentía voluntaria para nada. Para mí era mi trabajo, y no porque lo sintiera como una obligación, no, era algo que tenía que hacer, sin etiquetas, sin esfuerzos.

            El trabajo de mi vida era ese, ese, y el de ir cada cierto tiempo a la oficina del INEM a sellar el paro. Podía hacerlo por internet, pero me gustaba ir. Allí encontraba vidas, historias de personas, me encontraba la realidad de la sociedad, en pequeños retazos, lo que nunca sale en las noticias, las ganas de sobrevivir, la lucha diaria. Aquello me hacía sentir parte de esta vida.

            Pero lo que de verdad me llenaba era lo que hacía diariamente. Era para lo que había vivido, era para lo que me había hecho la vida. Me levantaba todos los días temprano, le hacía el desayuno a mi madre, con la que vivía desde que perdí lo más importante de mí. Desayunábamos juntas, hablando de nuestras banalidades, de nuestras vidas, de lo pasado, de lo ajeno, evitando nuestro dolor conjunto, pero riéndonos, disfrutando de nuestros desayunos.

            Me maquillaba, lo hacía desde casa, lo que hacía que muchas miradas se fijaran en mi cara de payaso, algo que ni siquiera me importaba, y me dirigía a mi segundo hogar. El hospital por las mañanas era un frenesí, nos mezclábamos  muchos dando vueltas por las habitaciones, limpiadoras, enfermeras, enfermeros, médicos con los últimos informes. Y los familiares, algunos en las habitaciones y otros en los pasillos reuniendo fuerzas entre lágrimas para entrar con sonrisas a esos pequeños mundos en las habitaciones.

            A mí no me hacía falta prepararme, sabía lo que me esperaba dentro, sabía lo que me encontraría en sus diversas versiones pero con un denominador común, la enfermedad de un niño, la misma que se llevó al mío.

            Mi rutina era la misma de todos los días, entraba  y mis ojos solo se dirigían a una persona, yo siempre les decía lo mismo, un mantra que me repetía continuamente, “mírame a los ojos”. Eso les hacía olvidarse de las vías, de los pitidos de esos aparatos, de las mascarillas, de las sábanas de hospital, incluso por un momento de los familiares con la tristeza dibujada en sus rostros.

            Había días más fáciles que otros, los niños no siempre estaban bien, no siempre querían verte, a veces estaban de mal humor, porque esa situación los superaba, porque no entendían porque estaban malitos, porque tenían que estar allí tanto tiempo. Y esos días aprovechaba para hablar con sus madres, con sus padres, y nuestras conversaciones los hacían salir de la crueldad en la que estaban metidos. Nuestras conversaciones nos sacaban de esa vida entre cuatro paredes.

            Cuando había entrado en todas las habitaciones hablaba un poquito con las enfermeras, e incluso había veces que comía allí con ellas.

            Solo cuando llegaba a casa me quitaba mi maquillaje. Solo allí, protegida por mis cuatro paredes, me quitaba mi mascara. Entonces era cuando tenía mi momento para mí, mi momento para pensar en él, y era en ese momento cuando mi madre, como buena madre que es, y sabe que la necesito venía y me  cogía mi cara entre sus manos. Me miraba durante un rato, las dos en silencio, sin hablar, hasta que me decía “Mírame a los ojos”.


14 comentarios:

  1. Me has dejado sin palabras, María...
    Un relato que te mira directamente a los ojos, al corazón, al alma...
    Hermoso, triste... Magnífico.
    Abrazo enorme, Hermana de Letras.

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    1. Muchas gracias Hermano de Letras. Me encanta dejaros sin palabras. Dejar sin palabras a un escritor es difícil. Un besillo.

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  2. Precioso Maria...un trabajo voluntario que ha ce aflorar sonrisas donde casi no quedan ganas de ellas. Te sigo! Un saludo!

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    1. Muchas gracias. La verdad es que es difícil sacar una sonrisa en esos momentos. Gente así es digna de admirar. Un besillo.

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  3. Ayyyyy qué precioso!!!! Se lo voy a enseñar a mi hija, le va a encantar, ella es voluntaria en Cruz Roja, va al hospial cenral de mi región a acompañar y entretener a niños que esán bastante malitos, y es triste ero tan gratificante.
    Besinos.

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    1. Muchas gracias. Espero que le guste a tu hija. La verdad es que no conozco este trabajo personalmente, pero como he dicho, es digno de admiración. Un besillo.

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  4. :( ps se me pone el corazón chiquito con facilidad,es mi defecto..y tu tienes ese talento para conmover de forma muy sentida y bonita con tus letras,gracias por eso, chocolates te envío.

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    1. Ayyy que gran piropo me dedicas. Muchas gracias por tus chocolates, los acepto encantada. Un besillo.

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  5. Que hermosa composición Maria, tan triste pero con esperanza para otros a pesar del dolor de uno. No puedo imaginar un dolor más grande que el de perder un hijo y una fuerza más grande que el de seguir intentando vivir día a día. Un beso.

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    1. Yo creo, igual que tú, que no existe dolor más grande. Admiro a todas esas personas que pierden un hijo y salen adelante. Un besillo.

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  6. Un relato que me ha llegado a lo más hondo. Conozco a un bloguero que perdió a su hijo por el maldito cáncer y todavía se me saltan las lágrimas cuando leo lo que escribe referente a él.
    He decidido pasarte a mis enlaces de blogs amigos.
    Mereces mucho la pena si escribes cosas de este tipo, poniendo todo tu corazón.
    Un abrazo

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    1. Me da muchísima pena leer lo que me dices. Perder a un hijo y de esa manera, debe de ser atroz. No puedo siquiera a llegar a imaginarmelo.
      Muchas gracias por tus palabras. Mi corazón va con todos mis escritos de la mano. Un abrazo.

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  7. Es cierto, María... Escribes así, tan así... Que haces que se te estruje el Corazoncito *-*

    ¡Es un gran putada! Y, al mismo tiempo, es... ¡Es Fascinante! Porque las Personitas que se dedican a hacer sonreír, a regalar un brazo, un hombro o una mano... Las que escuchan, ríen y lloran con los que más necesitan un apoyo, un consuelo, un solo instante de Paz entre tanto Infierno... Se merecen un Homenaje así. Y, no solo eso, se merecen el Cielo ;)

    Y digo lo de Gran Putada porque es inevitable tener que ponerte una máscara, una coraza o un escudo protector... Porque duele, duele mucho contemplar como se sufre por enfermedades (y por otro tipo de problemillas) que no deberían ni que existir, duele cuando son tan Peques, duele cuando son Grandes, porque la Vida parece extinguirse... Y, sin embargo, tienen tanta, tanta Fuerza interior... Que, a mi, a veces, me hacen avergozarme un poquitín cuando me tomo ese tiempo necesario para respirar y seguir avanzando.

    ¡Es Maravilloso lo que has escrito, Guapa!
    ¡Eres muy Grande!
    ¡Besazoooos! ;)

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    1. Muchas gracias por tus palabras. Laverdad es que esas situaciones no deberían existir. Da mucha penita, las enfermedades deberían estar prohibidas, como me dijo mi hija una vez.
      Pero en fin, lloré al escribirlo y no lo he vuelto a leer. Así que me fio de vuestras palabras. Me vais a poner coloraita por tantas palabras bonitas que me dedicais. UN besillo guapa.

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