21/8/15

La casa de los sueños



                Pasaba por delante de la puerta todos los días. Miraba aquel letrero y pensaba en entrar. Pero como todos los días caminé por una calle casi vacía hasta llegar a mi casa donde me acompañaba mi pequeña gata blanca. Una gata que me había encontrado vagando por las calles y que había adoptado en un momento de absoluta soledad.

                Desde que había abierto la “Casa de sueños” la población era cada vez más escasa. En un principio la gente se mostraba reticente, pero el boca a boca había terminado por convencer a la mayoría de la población. Su slogan había terminado por persuadirlos: “Si quieres vivir tu sueño, nada te lo impide”.

                Así que poco a poco la gente iba a la Casa de los sueños y pasaban el día allí para vivir sus sueños. Más tarde los días ya no eran suficientes para aquellas personas, que como adictos a una droga, pasaban allí los días y las noches, y terminaron por desaparecer para el resto de sus familiares y amigos.

Nadie sabía lo que pasaba dentro de aquellos muros, pues todos firmaban un acuerdo de confidencialidad. Algo que me extrañaba. Nunca me había fiado de aquello. ¿Cómo se podía cumplir un sueño sin vivirlo? Me imaginaba habitaciones blancas llenas de camas con gente enganchada a algún compuesto químico para invitarlos a soñar. Pero no podía estar segura.

Yo tenía una pequeña librería justo enfrente de esa fábrica. Cuando la abrí estaba siempre llena de gente. Me encantaba montar pequeños teatros y cuentacuentos. Los sábados se llenaba siempre de niños y de sus padres atraídos por la fantasía de los libros. Ahora no venía nadie. ¿Quién quería soñar con un libro, si los sueños los tenían justo enfrente?

Con lo que el negocio cada vez iba a menos. Ya no podía pedir libros, porque las editoriales no los hacían. Las tardes me las pasaba enteras buscando por otras librerías ya abandonadas o a punto de cerrar para conseguir que mis estanterías no acabaran por vaciarse. Me negaba a dejar mi sueño a la deriva.

Todos los días al volver a casa me detenía delante de aquellas enormes puertas imaginando una manera de entrar y desbaratar todos sus planes. Me imaginaba como en una película de espías hackeando su ordenador central y liberando a toda la especie humana para que volviera a la vida. Y todos los días volvía a mi casa con la esperanza de que algún día fuéramos más los de fuera que los de dentro.


12 comentarios:

  1. Una sencilla premisa que deja entrever bajo su manto de intrigante trama, un espejo social de vida y sueño virtual. Una llamada a la plenitud más allá de falsas promesas de una corporación fantasma que acapara a la gente para alejarla de su libre imaginación a costa de una dosis de experiencias preestablecidas. Me ha encantado, María. Me ha invitado a reflexionar.
    ¡Abrazo, Hermana de Letras! ;)

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    1. Ya veo, has reflexionado tú más leyéndolo que yo escribiéndolo. Jajaja. Un besillo Hermano de Letras.

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  2. Los sueños muchas veces nos impiden vivir y nunca deberíamos dejar que suceda algo así. Enhorabuena María

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    1. Por supuesto que no, habría que vivir los sueños que nosotros mismos buscamos. Un besillo.

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  3. Finalmente he vuelto a leer las muchas (y muchas en serio) historias que se publican todos los días por aquí, ¡vaya que tu relato me ha encantado! ¿Pero hace falta que lo diga? Apuesto que lo sabes. Una historia con una premisa "adorable y encantadora" a un principio pero que se torna deprimente y oscura al final. ¿Qué harán en esa casa? Me imagino a toda la gente conectada a esas gafas de realidad virtual..pero quién sabe...

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    1. La verdad es que no sé si sabremos alguna vez lo que pasa ahí dentro. Creo que es mejor que cada uno se imagine lo que quiera. LAs gafas virtuales no están nada mal. UN besillo.

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  4. Cuando narrabas que los días dejaron de ser insuficientes para soñar, y eso abarcaba también las noches, he recordado aquella escena de la película "Origen" en un fumadero de opio, donde había muchas personas en camas y durmiendo con compuestos. Era ahí donde uno de los personajes decía que para esas personas eso empezaba a ser su mundo. Y es por ello que es una buena idea haber dejado a la imaginación de cada uno lo que habrá en el interior de esa casa de sueños. Una pena la mayor escasez de papel impreso :)

    ¡Un saludo María!

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    1. Creo qeu no he visto esa película. Jejeje. Sí, los sueños son distintos en cada mente. Un besillo.

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  5. Un relato de fantasía que es también una reflexión importante. La inmediatez en la consecución de nuestros sueños y la promesa de que los alcanzaremos sin esfuerzo alguno, engancha y nos evade del mundo más allá de lo razonable. Creo que los sueños deben mantenernos conectados de algún modo a la realidad, no alinarnos por completo de ella. Y tampoco está mal que nos cueste conseguirlos, solo así los valoraremos justamente.

    Muy bueno, María, me ha encantado!! Me dejas pensando... :)

    Un beso enorme, Hermana de Letras!!

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    1. Un sueño que se nos da sin ningún esfuerzo, deja de ser un sueño. En esta sociedad en la que estamos dando a los niños todo, sin tener que esforzase... Bueno, lo dejo a la reflexión de cada uno. UN besillo Hermana de Letras.

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  6. Creía que habría continuación, pero al parecer no; nos dejas con la intriga de lo que pasa en esa casa. El caso es que la casa es una especia de metáfora sobre perseguir los sueños y lograrlos, y podría decirse que al alcanzar lo que más se desea, nos olvidamos del resto del mundo y desaparecemos. Entonces, ¿cumplir los sueños está bien o mal? Depende de la persona supongo. Se pueden cumplir, pero no hay que olvidarse de todo lo demás, y la protagonista de este relato creo que hace exactamente eso, aunque está empezando a quedarse sola...
    Un abrazo, María.

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    1. Una nueva visión de mi relato. No lo había pensado por ahí, eres mucho más profundo que yo, jejeje. Me encanta que me dejéis los comentarios, porque así puedo ver las visiones que tiene cada lector de lo que he escrito. Es genial ver las diferentes vertientes que puede surgir de un mismo texto. No tiene continuación, pero nunca se sabe, a lo mejor algún día me animo a escribirla. Un besillo Ricardo.

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