16/7/15

La búsqueda. Capítulos del 1 al 15.


 SINOPSIS DE LOS PERSONAJES



HADAS:

DRÍADES: Hadas de la Tierra.

SALAMANDRAS: Hadas del Fuego.

ONDINAS: Hadas del Agua.

SILFOS: Hadas del Aire.


DRÍADES:

Arien: Reina de las Dríades. 


Eglantina: Maestra de las Dríades.



 Ellyon: Buscador de los Dríades.



Abatwa:Dríade desterrado.




SALAMANDRAS:

Nimue:  Reina de las Salamandras.

Leanan: Buscadora anterior.

Morrigu: Buscadora actual de las Salamandras.



ONDINAS:

Oonagh: Reina de las Ondinas.

Lorelei: Buscadora anterior y amor de Abatwa.



Licke: Buscadora actual de las Ondinas.




SILFOS:

Moira: Reina de los Silfos.

Edrielle: Buscadora de los Silfos.




 

Capítulo I



Juan no sabía que había pasado. No se sentía pequeño, sino que era más pequeño que antes. Todos los veranos visitaba a su abuelo, que vivía al lado de un bosque. Él le había transmitido su amor por los pájaros, y prismáticos en mano paseaba silencioso mientras recogía plumas de sus bellos amigos. Acababa de recoger una cuando empezó a encoger sin motivo aparente. Miró a todos lados, oía pasos de gente acercándose.

            
     Una chica, no mucho mayor que él, unos quince años, se acercó a Juan sigilosa. Tenía el pelo dorado, su piel era del color de las hojas, y sus ojos sin color definido lo analizaban, como intentando ver dentro de él.

         
     - Has vuelto.

         
     - ¿Yo? Te equivocas, no soy quien tú crees.

       
     - Pareces tú, ¿No eres Pedro?

      
      - Ese es mi abuelo.

        
      - En ese caso nos sirves para la búsqueda. Dame la pluma naranja.

    
        No me atreví a preguntar, ni a protestar. Saqué la última pluma que había recogido y se la ofrecí. Ella se giró y yo la seguí. Ya tendría tiempo para preguntar.



Capítulo II

      La seguía casi corriendo, ella en vez de andar, parecía que volaba, sus pasos eran cortos y largos al mismo tiempo, y Juan no podía dejar de mirar aquellos cabellos de oro que se movían al ritmo de su vaivén. Su ropa se confundía con su cuerpo, no sabía donde empezaba su piel y donde acababa la ropa. ¿O era todo piel? No había visto ningún ser parecido. Ni en revistas, ni comics, ni películas.

      Un ruido le sobresaltó, no se había dado cuenta, pero a su alrededor se habían ido juntando seres muy parecidos a la chica que tenía delante, hombres y mujeres que andaban a su par y los envolvían con un aire mágico que los transportaba. De vez en cuando veía algunos seres más pequeños asomando de entre las hojas, seres que parecían niños, seres que lo miraban con curiosidad y reían y corrían a su alrededor.


       Juan sentía que volaba, miraba sus pies por si estos se habían levantado del suelo, pero no, seguían apoyándose sobre la hierba del bosque. Aunque seguía sintiéndose extraño, como si algo estuviera cambiando dentro de él, algo que no entendía. Mientras intentaba analizar todo lo que estaba pasando, llegaron a una zona más frondosa, una zona rodeada de arbustos y más árboles, donde casi no llegaba la luz. Le sonaba aquel lugar, algo le decía que ya había estado allí, pero tan pequeño como era, no conseguía ubicarlo.


      Empezó a fijarse más y se dio cuenta de que todo estaba lleno de casitas hechas con hojas, de casitas que subían por los árboles y los cubrían con pequeñas escaleras. A pesar de no entrar mucha luz natural, todo tenía un brillo especial. Si se fijaba mejor las casas estaban rodeando un claro. La muchacha que iba delante se sentó en una silla que había en uno de los lados, y acto seguido, todos los demás se sentaron. A Juan casi no le dio tiempo a reaccionar. Cuando se quiso dar cuenta, estaba en medio de aquella pequeña plaza, rodeado de esos pequeños seres.




Capítulo III

      Todo quedó en silencio, Juan no podía apartar la mirada de los ojos de aquella chica que lo miraba sin ver, que lo abducía y lo atraía hacia ella. Un murmullo casi inaudible empezó a oírse a su alrededor, un sonido casi mágico que salía de las bocas de esos seres, una música sin palabras, una melodía entonada con sus labios sellados. Pero él no podía apartar la mirada de aquellos ojos. 

      De repente todo volvió a quedar en silencio. Entonces pudo desconectar su mirada, para poder ver que a su alrededor todos lo miraban con una sonrisa, con una paz que lo tranquilizaba, a pesar de no saber que estaba pasando. Por primera vez se miró sus pies, habían cambiado, se miró las manos, un tono verdoso cubría su piel, ahora su piel era como la de aquellos seres. Se tocó las orejas, puntiagudas como las de aquellos seres. Se tocó la cara, parecía que seguía igual, ¿sería verde también? Se levantó la camiseta, todo verde, era verde, se había convertido en uno de esos seres. Y no se había dado ni cuenta.


      Mientras se observaba a sí mismo, todos guardaron silencio. La muchacha lo miraba, esperando a que terminara, cuando Juan se dio cuenta, paró en su investigación y volvió a mirar a la muchacha. 


      - Ya eres uno de los nuestros. Eso quiere decir que estabas preparado para serlo. Antes que tú vino tu abuelo Pedro, él nos ayudó en nuestra búsqueda. Ahora necesitamos tu ayuda. Él sabía que volveríamos a reclamar su presencia, y nos ofreció su alianza eternamente mientras viviera. Gracias al don que se llevó vivirá muchos años más. Pero supongo que la edad de los humanos no es la misma que la nuestra. Vuestros años son más rápidos que los nuestros, y sabiéndolo, él te habrá mandado a ti.


      - Mi abuelo nunca me dijo nada. Ni siquiera me habló de vosotros. No sé porque estoy aquí.


      - Tu abuelo era un chico muy sabio. Seguramente te habrá formado en los pájaros, si no fuera por eso no habrías encontrado la pluma, y no estarías aquí. 


      - Sí, me gustan mucho los pájaros, él me enseñó a observarlos y a diferenciarlos.


      - He aquí el motivo por el que te encuentras aquí. Pedro nos lleva en su sangre, y su sangre está en ti, por eso eres un Dríade. Por eso te has convertido, ahora eres parte de nuestro pueblo. Ahora sentirás lo que nosotros sentimos. Tendrás nuestras habilidades, que te serán muy útiles para la búsqueda.


      - ¿Qué es eso de la búsqueda? ¿Y para qué me queréis a mí?


      - Todo a su debido tiempo Juan, debes ser paciente, tenemos muchas cosas que explicarte, y que enseñarte. Debes aprender a controlar tus nuevos dones y no podemos perder ni un momento. Lo primero es lo primero. Vamos a celebrar un banquete por tu llegada, mientras lo preparan te enseñaré nuestro pequeño reino.


       - Me suena mucho este sitio, pero no sé dónde está exactamente.


       - Vivimos detrás de la casa de tu abuelo, más allá del pozo de agua.


       - Mi abuelo nunca me dejó ir allí, no sé porque lo reconozco, es como si ya hubiera estado aquí.


       - Eso es porque ya has estado. 


       La muchacha se dio la vuelta y empezó a andar, Juan la siguió con resignación, pero aún tenía otra pregunta.


       - No me has dicho tu nombre.


       - No te lo he dicho porque ya lo sabes. Mira dentro de ti.


      Con sorpresa Juan se dio cuenta de que sí que lo sabía. Así que decidió no preguntar más y seguir a Arien hasta donde quisiera llevarlo.



Capítulo IV

    Todo estaba preparado, en la plaza donde antes habían estado se congregaban muchos seres, Dríades, les había llamado Arien. Pero además de ellos había otros que aunque muy parecidos eran distintos, algunos eran etéreos casi transparentes, otros eran de colores vivos, naranjas, rojos y amarillos decoraban su cuerpo, y otros eran azules. Todos tenían alas, todos menos los dríades.

      Juan se quedó mirando aquel espectáculo de colores, todos aquellos seres se movían despacio, con agilidad. Se estaban saludando, como si se acabaran de encontrar después de muchos años. Cuando Arien entró en la plaza el murmullo y las risas pararon. Arien tomó su asiento y todos los demás hicieron lo mismo. Uno de los Dríades que siempre iba con Arien sentó a Juan a su lado.


       - Bienvenidos a todos a nuestro reino. Ya estamos listos. Todos nuestros buscadores han llegado. La mayoría ya habéis estado aquí, pero nuestro buscador, el buscador de los Dríades es la primera vez que habita con nosotros. Hoy recibirá un nombre, y todos serán presentados. 


      El mismo Dríade que lo sentó, lo levantó y lo puso delante de Arien. Juan estaba nervioso. Estaba de espaldas a todos los demás, delante, aquellos ojos lo volvieron a hipnotizar. Un murmullo empezó a sonar por todo el lugar.


       - Dinos tu nombre.


      Juan supo que contestar, lo tenía claro.


      - Mi nombre es Ellyon. 



     - Que así sea, pueblo os presento a Ellyon, buscador de los Dríades.


     Todos los presentes se levantaron y se inclinaron. Ellyon no sabía que hacer, sentía como el rubor le coloreaba su cara de color verde. Así que hizo lo único que pensaba que podía hacer, se inclinó a su vez. Un murmullo de sorpresa llenó la ensenada. Así que se levantó rápido y miró a Arien en busca de ayuda. No quería ofender a nadie. Ella lo miro en señal de aprobación y le dijo "ahora no es el momento". Se lo dijo, pero sus labios no se movieron. Sonó en su cabeza, era su voz, pero no lo pronunció. ¿Acaso podía comunicarse a través de la mente? No le dio tiempo a pensar más.


      Un ser de color naranja se adelantó y se dirigió a los demás presentes.


      - Las salamandras, hadas del fuego, presentamos a nuestro buscador. Ella ya lleva tiempo con nosotros y ya conoce todas sus habilidades. Está preparada para la búsqueda. Su nombre en la tierra de los humanos es Jara, pero aquí la conocemos como Morrigu, hada guerrera.

  
      Un hada salió volando más allá de los árboles, todos miraban hacia el cielo, y una estrella de fuego empezó a caer desde las alturas. Cuando parecía que chocaría sin remedio, emergió una luz más potente y Morrigu posó los pies con delicadeza sobre el suelo.

     Estaba en medio de la plaza. Todos se inclinaron ante ella. Ella solo asintió con la cabeza, y con una sonrisa le guiñó un ojo a Ellyon, que no podía quitarle los ojos de encima.


      - Las Ondinas, hadas del agua, presentamos a nuestro buscador. Acaba de llegar a nuestro lado, prácticamente es una niña, pero está aprendiendo rápido, y en pocos días sabrá utilizar todos sus dones. En la tierra de los hombres se la conoce como Julia, aquí la llamamos Licke, su mirada es la más dulce que cualquier ser haya conocido.


       Unas gotitas de agua empezaron a caer sobre todos los presentes, y entre ellas apreció volando un hada pequeñita, quizás la más pequeña que Ellyon había visto. Su cara rebosaba dulzura y miraba a todos con cierta timidez. Con un movimiento de manos recogió toda el agua y la hizo evaporarse. Ya en el suelo recibió la reverencia de todos, mientras su mirada iba dirigida más allá de la reunión. Ellyon miró hacía allí, pero no pudo distinguir nada.


     - Los silfos, hadas del aire, presentamos a nuestro buscador. Lleva con nosotros poco tiempo. Pero participó en nuestra búsqueda anterior. Se le conoce en la tierra de los humanos como Isi, aquí la llamamos Edrielle. Tiene el don especial de dar alegría a los que no la tienen. Esta va a ser su última búsqueda. Ha encontrado el amor entre los hombres y pronto quiere traer niños al mundo.


  Una brisa suave acarició a los presentes en la ensenada, una sonrisa se dibujó en sus rostros, que miraban al cielo con los ojos cerrados. Edrielle voló por encima de todos, dejándose llevar por aquel suave viento, hasta que se posó junto a los demás buscadores. Todos le dedicaron una reverencia y ella sopló con delicadeza sobre sus cabezas. Ellyon se dio cuenta de que le había llevado la felicidad. Se sentía mucho mejor, los nervios de toda aquella ceremonia habían desaparecido.

      Pensó que ya no quedaban más seres diferentes, con lo que ya no habría más buscadores. Pero nadie se movía. Todos estaban esperando algo. 


      Desde el mismo lugar del que había mirado Licke una figura empezó a hablar.


      - Yo me presento como buscador. En la tierra de los hombres me conocían con el nombre de Edgar. De eso hace ya mucho tiempo. En la tierra de las hadas me conocéis por mi verdadero nombre, Abatwa. - Mientras hablaba, iba andando hacía los demás buscadores, a pesar de tener alas, no las usaba.

 

- No tengo ningún pueblo, pero pertenezco a todos ellos. Algunos me llaman el desterrado, pero nadie me echó, soy libre, y vivo según mis normas. Participo en todas las búsquedas y siempre he salido ileso, no todos lo han conseguido. No necesito mostrar mis dones, para los que no me conozcáis aún, sabed que los uso solo cuando son necesarios.

      Abatwa llegó al lado de los demás buscadores y todos hicieron una reverencia. Ellyon no sabía porque, pero esta duró más que las demás. La felicidad que había sentido antes se había desvanecido, dejando a su paso un halo de tristeza que lo envolvía todo. Quería saber más sobre aquel ser, decidió que más tarde le preguntaría a Arien.


      - Presentados todos los buscadores, estamos listos para empezar. Pero antes celebraremos el banquete. Todo el mundo a divertirse.


      Arien se bajó de su silla y empezó a hablar con todos los que allí se presentaban. Eran muchos los amigos que llevaba tiempo sin ver. Ellyon intentaba acercarse a ella, pero no podía. Una voz sonó a sus espaldas.


    - Déjala, ahora no podrá estar contigo. Ven conmigo, te presentaré a los demás buscadores. Yo soy Licke. 


     Una gota de agua voló hasta su cara para detenerse delante de su nariz y tras unos segundos en suspensión cayó al suelo. Licke rio bajito y cogió a Ellyon de la mano. Aún le quedaba mucho por aprender.



Capítulo V

     El banquete estaba dando a su fin. Ellyon había estado hablando con todos los buscadores, con todos menos con Abatwa. Este había permanecido siempre en la sombra y casi siempre solo. En una ocasión vio como Edrielle se acercaba a él y le hablaba, como si intentara animarlo a que se uniera a la fiesta. Él solo negaba con la cabeza. Una tristeza infinita se reflejaba en todo lo que hacía. Edrielle le acarició el rostro con el dorso de la mano. Abatwa se dejó hacer mientras cerraba los ojos. Cuando los abrió miró directamente a Ellyon y desapareció en las sombras. El hada del aire se giró para mirar lo que había visto Abatwa y se encontró con la expresión de remordimiento del nuevo buscador Dríade. 

      Licke prácticamente no se había separado de Ellyon en toda la fiesta. Le había llevado de un lado a otro presentándole a todas las hadas del lugar. Y a los que no conocía se presentaba ella también. Su entusiasmo era contagioso, y no habían parado de reír en todo el tiempo. Aunque podía ver como dedicaba miradas furtivas a la sombra donde se encontraba aquel ser que tanta curiosidad le producía.


     Había hablado un rato con Morrigu, pero esta estaba más centrada en los de su especie, no paraba de preguntar por las anteriores búsquedas, y por su antecesor. Sus ansias por aprender no tenían límites. Los demás les respondían con educación, pero intentaban ser escuetos, querían divertirse, sabían que les quedaba por delante una ardua tarea.


      Edrielle era muy diferente a los demás, caminaba entre ellos casi flotando con una elegancia perfecta, irradiaba fortaleza dentro de esa delicadeza que la invadía con cada paso. Hablaba con unos y otros y Ellyon podía ver el efecto que causaba en las demás hadas. Aunque todos se sentían felices cuando hablaban con ella, el rostro de Edrielle reflejaba algo más detrás de aquella sonrisa.


      Ellyon miraba de un lado a otro, observando, intentando quedarse con cada detalle de cada uno, siempre había sido muy observador, todos le decían en casa que tenía una capacidad especial para distinguir los sentimientos de los demás. Y ahora parecía como si ese don se hubiera acrecentado al haberse convertido en Dríade.


      La fiesta se estaba acabando y Arien se acercó a él. A su lado la acompañaba otra dríade que él no había visto. Era muy hermosa, casi más que Arien, conservaba un halo salvaje que Ellyon no había descubierto en ninguna otra hada del lugar.


     - Ellyon, te presento a tu maestra, ella es Eglantina. Te va a enseñar a usar todos tus poderes, ella te entrenará y te guiará para que hagas una buena búsqueda.

     Ellyon se acercó a ella para saludarla con el saludo de las hadas. Licke le había enseñado a hacerlo. Juntaron sus frentes y cerraron sus ojos. Licke le había explicado que aquella era la única manera de saber que el que tienes enfrente tiene un aura limpia. En esta ocasión Ellyon lo sintió con más fuerza. Tanta que se retiró rápido de la impresión. Eglantina sonrió.


     - Esta será tu primera lección. Tienes mucho que aprender muchacho y tenemos poco tiempo. Ahora es el momento de sosegarse. Necesitamos la noche para dormir y despejar las ideas que nos aturullan la mente, así que ve a descansar, mañana será un largo día, empezaremos temprano. Y no admito ningún retraso. Te quiero bien despierto y con el estómago lleno. 


      Tras decir aquellas palabras Eglantina se alejó. Arien lo miraba con curiosidad.


     - Espero que sepas cumplir con el legado que te dejó tu abuelo. Después de él solo hubo una dríade que lo sustituyó. Cuando te vi, pensé que él había vuelto, que no nos había dejado como prometió la última vez que vino. Pero en vez de eso mandó a su nieto. 


   Ellyon vio algo parecido a la nostalgia en su voz. ¿Podría ser? Su abuelo jamás le había contado nada sobre aquel mundo, y por mucho que intentara recordar no encontraba en su mente nada relacionado con Arien. 

      - ¿Por qué mi abuelo prometió no volver jamás?  ¿Qué pasó?


      - La última búsqueda de tu abuelo no resultó como esperaba. - Arien suspiró, se detuvo, no sabía si continuar hablando. - No sé si soy yo la que te debe contar esto, creo que es una historia de tu abuelo. 


      Ellyon no preguntó más, sabía ya por experiencia que cuando Arien no quería hablar, no lo haría.


     - Dormirás en la cabaña reservada para los buscadores con Licke, Edrielle y Morrigu.


      - ¿Y Abatwa?


     - Él prefiere dormir fuera de la ensenada. Y ahora basta de preguntas. A descansar, que mañana te espera un largo día.


     Ellyon se dirigió a la cabaña que le había señalado Arien. Allí ya estaban las demás buscadoras. La cabaña era sencilla, solo tenía tres habitaciones, una de ellas, algo parecido a una cocina, con diversos frutos en una mesa de madera. Otra era un baño y la tercera estancia era la principal, en ella había tres literas pegadas a la pared. En la cuarta pared había una chimenea, estaba apagada. En medio de la habitación una mesa con varias sillas, Ellyon las contó, eran seis. ¿Por qué seis, si eran cinco? Otra incógnita que debía resolver.


      Morrigu descansaba en la cama de arriba de una de las literas, tumbada mirando al techo jugaba con una pequeña bola de fuego. Edrielle parecía dormir en la misma litera en la cama de abajo. Y Licke no paraba de dar vueltas en la de al lado. Ellyon eligió la cama de abajo de la litera vacía. Se tumbó pensando que no podría dormir en toda la noche. Pero el cansancio hizo que los párpados cedieran. Lo último que vio fue una bola de fuego volando por la habitación.

 
 Capítulo VI


      Se despertó ligero, como si hubiera dormido mil horas seguidas. Fuera aún no había salido el sol. Aún era noche cerrada. ¿Cuánto había dormido? Estaba muy descansado para haber dormido poco tiempo. Miró a las demás camas. Todas estaban vacías excepto la de Edrielle. Al principio a Ellyon le pareció que estaba dormida, pero cuando se fijó más detenidamente, el hada del aire lloraba con los ojos cerrados. Tumbada mirando al techo con las manos reposando sobre su estómago, parecía que estaba sumida en el mundo de los sueños. Ellyon no podía dejar de mirarla, su rostro no estaba mudado por la tristeza, parecía estar en paz. Sin embargo no dejaba de caer una lágrima tras otra.

     De repente una sonrisa asomó a su rostro y sin abrir los ojos sopló en su dirección. El Dríade sonrió, sin querer, como si una fuerza invisible lo empujara a ello. Salió de su ensimismamiento y decidió salir fuera a ver si encontraba a las demás hadas. Se acordó de lo que le había dicho Eglantina y fue primero a la cocina. No se había dado cuenta del hambre que tenía hasta que empezó a comer.


     Fuera estaba completamente oscuro. Y aun así él veía perfectamente. Otro de los dones de ser un Dríade. A lo lejos pudo distinguir varias figuras. Así que se dirigió hacia la montaña que había fuera de la ensenada.


     Abatwa, Licke y Morrigu se movían al unísono, lentamente y casi flotando realizaban movimientos con total compenetración. A Ellyon le sorprendió. Tenían los ojos cerrados.


     - Llegas tarde. - Un susurro le llegó desde su espalda. Se dio la vuelta y ahí estaba Eglantina con otra hada del fuego y otra del aire. - Únete a ellos. Empieza tu entrenamiento.


    - Pero si yo no sé lo que hacen.


    - He dicho que te unas a los buscadores. Jamás me cuestiones si no tienes que hacerlo.


    Ellyon se puso al lado de Morrigu e intentó imitar sus movimientos. Por mucho que la mirara siempre iba un paso por detrás, no conseguía esa elegancia que poseían los demás, y estuvo a punto de caerse más de una vez. No poseía equilibrio, no bailaba nunca y mucho menos en público. Una vez lo había intentado provocando miles de carcajadas, así que se prometió ser de esos que están siempre apoyados en la pared.


     - Cierra los ojos y únete a nosotros. Somos uno. - Morrigu no había tenido que abrir los ojos para saber que Ellyon estaba a su lado imitando torpemente lo que los demás hacían.


     Cuando Ellyon los cerró y respiró hondo notó a lo que Morrigu se refería. En su cabeza estaban sus compañeros, incluso Edrielle se encontraba con ellos. Todos se balanceaban al unísono, como si fueran una sola persona. Notaba todos los sentimientos de los demás buscadores, sentimientos que no podía saber de cúal de ellos eran realmente. Se encontró con rabia, con tristeza, con determinación, con ilusión, con esperanza. Y con un muro infranqueable que no podía descifrar. Se dio cuenta de que aquel muro era de Abatwa. Cuando intentó atravesarlo, una voz sonó en su cabeza: "Aún no estas dentro de nosotros. No oses conocer lo que no debas". Ellyon decidió no volver a intentarlo. Y entonces se dio cuenta de que se movía sin pensarlo, de que estaba unido a las demás hadas.


     Abrió los ojos, habían terminado. Se encontró completamente sudando, cuando miró a los demás buscadores, ni una gota de sudor les empañaba la frente. Miraban al infinito. En aquella montaña podían ver perfectamente el amanecer saliendo en el horizonte. Una gran bola de fuego que les dio la calma que estaban ansiando. Todos observaban en un silencio sepulcral, fundiéndose con el amanecer como un solo buscador.



Capítulo VII


    Sentado en posición de loto, Ellyon respiraba profunda y acompasadamente. Enfrente de él, una tranquila Eglantina se sostenía en el aire en la misma posición. Llevaban días de entrenamiento y Ellyon no conseguía llegar a ese nivel de concentración. No podía elevarse en el aire, y mucho menos sostenerse. Una de las veces lo había conseguido pero por segundos.

     Después de una semana de entrenamiento, físico y mental, y aún no le habían explicado a Ellyon en que consistía la búsqueda. Preguntaba a todos, a los nuevos y a los que ya había visto alguna que otra vez. Y sobre todo a sus compañeros de búsqueda. Todos le decían que tenía que ser su entrenadora la que hablaría con él en el momento justo.


     Y él seguía esperando y haciendo toda clase de elucubraciones.


     - No te despistes, no es el momento de pensar en eso ahora. No te elevas por la sencilla razón de que quieres ir por delante de los demás, quieres saber antes de tiempo. Y todo tiene su momento y su lugar.


     Ellyon suspiró con desesperación. Tenía demasiadas preguntas en la cabeza que no eran contestadas. Además estaba preocupado por su abuelo. Lo estaría buscando por todas partes. Cuando le transmitió sus preocupaciones a Arien esta le contestó.


     - No te preocupes por tu abuelo. Él sabe que estás con nosotros. De hecho puede venir cuando quiera. El hecho de que no haya venido es porque sabe que estas a salvo, y debe dejarte vivir tu búsqueda como él lo hizo varias veces.


     - Pero ya ha pasado una semana, y aún no hemos empezado. Pasará el verano y tendré que volver al instituto.


     - Para los hombres no ha pasado una semana, para ellos solo ha pasado un día sin su noche.


     - Pero eso es imposible. Hemos tenido ya siete amaneceres, he visto salir el sol por el horizonte.


     - Ellyon, debes saber que nuestro tiempo, nuestra percepción es distinta de la de los humanos. Nosotros vemos cosas que ellos no son capaces de percibir. Tú has visto siete amaneceres, ellos no son capaces de verlos. Sus sentidos son lentos y están cegados por las cosas materiales. Solo unos pocos pueden divisar lo que en realidad esconde la Naturaleza.


     - No lo entiendo. - Al Dríade se le agolpaban numerosas preguntas en la cabeza. - Entonces, ¿Cómo es posible que vosotros envejezcáis más lentos que los humanos?


      - El tiempo de las hadas no se mide de igual manera que el de los hombres. Pero eso es algo que ya te contaré o que descubrirás con el paso de tu entrenamiento.


     Ellyon notó un golpe en la cabeza que lo hizo salir de sus pensamientos. Abrió los ojos y se encontró a Licke delante de él con una sonrisa pícara en la cara.


     - Ni siquiera te has dado cuenta de que Eglantina se ha ido y te ha dejado solo.


     - ¡Me has hecho daño! - Ellyon se frotó donde le había dado la Ondina, y se levantó. - Seguro que se ha ido enfadada. No consigo elevarme.


     - ¿Cómo? ¿Así? - Licke se levantó dos palmos del suelo con un solo batir de sus alas. Una risita salió casi sin querer de sus labios.


    - Muy bien, hada con alas, para ti es muy fácil. Pero yo no tengo esas preciosidades en mi espalda.


    - También puedo hacerlo sin ellas. - Licke tocó el suelo con la punta de sus dedos y se levantó un poco más, sin necesidad de mover las alas. Ellyon se giró con cara de enfado. En realidad no lo estaba, pero quería hacer sufrir un poco a su amiga. Desde que empezaron el entrenamiento, los dos no se separaban. Habían unido fuerzas frente a los más veteranos. Y aunque Morrigu tampoco había ido a ninguna búsqueda. Estaba todo el día y parte de la noche enfrascada en su entrenamiento.


     - No te enfades.- El hada bajó al suelo, para no enfadar más a su amigo, y se acercó a él buscando perdón.


     Ellyon le sonrió y juntos corrieron al próximo lugar de entrenamiento, el que más les gustaba. El momento en el que todos los buscadores se juntaban y hacían sus ejercicios juntos.


     - Llegáis tarde. - Dijo Morrigu mientras ejercitaba con su espada.


    No contestaron, sabían ya por experiencia que dar excusas era inútil. Licke miraba a Abatwa mientras este luchaba con Edrielle. No se escondía, la adoración que sentía por aquel ser, iba más allá de la vergüenza. Los dos se movían en una coordinación perfecta. Luchaban sin tocarse, con sus manos, con sus pies, con todo el cuerpo. Abatwa ganó esta vez. Casi siempre Edrielle era la que se proclamaba vencedora. Los dos juntaron sus frentes, un poco más de lo normal. Abatwa se separó de forma inesperada, como si algo le hubiera pillado de improviso. Edrielle le sonrió, él se recompuso y le sonrió a su vez.


    Ellyon que los observaba junto a Licke añadió otra pregunta a su lista. Sabía que ellos estaban unidos, más de lo que estaba cualquier ser de aquella ensenada. Sus búsquedas anteriores los habían hecho convertirse en un ser con dos cuerpos. Eran como dos gemelos que sabían dónde estaba el otro sin ni siquiera mirarlo. Era difícil penetrar en aquella unión.


      - Anda niño, ven y lucha conmigo. - Edrielle llamaba niño a Ellyon, le causaba tanta ternura, y era tan pequeño, que para la Silfo, no era más grande que un bebé. Siempre lo trataba con delicadeza, y en sus entrenamientos, no usaba toda su fuerza con él.


     Licke miró a Abatwa con esperanza, con un brillo en los ojos, esperando que estaba vez quisiera luchar con ella. 


    - Lucha con Morrigu. Yo voy a meditar. - Abatwa no luchaba con nadie que no fuera Edrielle.


    La Ondina dio pasó al enfado y a Abatwa le creció una nubecita llorona encima de su cabeza. Estuvo empapado durante media mañana. Aunque esto no parecía importarle, así que Licke se la quitó más enfadada que antes.


     Morrigu y Licke luchaban como fieras, les encantaba luchar con todas sus fuerzas, usaban sus manos, sus pies, su cuerpo, usaban sus poderes, y volaban por entre los árboles. Cualquiera que las viera pensaría que era una lucha a muerte. Pero al final siempre acababan por los suelos riendo a carcajadas, sin una vencedora clara.


     Después de todo aquel entrenamiento, se fueron todos a cenar. Ellyon siempre llegaba con un hambre atroz. Y devoraba todo lo que encontraba a su paso. Pero esta vez no pudo, Arien vino a buscarlo.


     - Ellyon ven conmigo, vamos a hablar.





Capítulo VIII

    Arien se llevó a Ellyon hasta su casa. Él la seguía de cerca. Y cuando entró en lo que se imaginaba que sería el mejor sitio de la ensenada, se dio cuenta de que no se distinguía de las demás casas en las que había estado. La casa de Arien era igual que las de los demás. En mitad de la sala había una mesita baja redonda y unos cuantos cojines a su alrededor. La mesa estaba llena de distintas frutas de todos los colores.

    Arien lo invitó a sentarse, Ellyon tenía hambre, pero no se atrevía a coger nada por temor a ser maleducado.


     - Come antes de hablar. Tienes que tener el estómago lleno para que no te entretenga de mis palabras.


     Ambos comieron en silencio. Arien terminó antes que él y mientras él saboreaba los últimos bocados, trajo la bebida especial de plantas que hacían en la ensenada. Ellyon solo la había probado una vez, solo un sorbo de aquel brebaje y estuvo mareado todo el día. Empezó a ponerse nervioso.


     - No te preocupes. La última vez que probaste el Tydún no estabas preparado. Ahora, por lo que me ha dicho Eglantina, estás sobradamente preparado.


      Ellyon se sorprendió. Eglantina nunca le había dicho a él que hacía las cosas mejor, o que había mejorado en algo. Si que es verdad que notaba ciertas diferencias en él. Un par de veces había oído los pensamientos de otras hadas. Sobre todo de las más pequeñas. De las que allí eran consideradas niños. Todos sus sentidos se habían agudizado y había mejorado en el arte de la lucha. O eso le había dicho Edrielle.


    - Hoy estoy aquí para resolver todas tus preguntas. Todas las que te pueda responder. Así que ya puedes empezar a preguntar.


    - Tengo tantas preguntas que no sé por donde empezar. 


    - Para eso es el Tydún, para que tu mente se centre y consiga encontrar lo que estás buscando. Necesitas paz en tu interior para seguir avanzando.


     Ellyon tomó un sorbo del brebaje, le sabía a moras, a fresas, a hierbabuena.


     - ¿A qué sabe? - Le preguntó Arien.


    - ¿Es qué no es el mismo para todos?


    - No, a cada uno le sabe de una manera, dependiendo de lo que tenga en su interior. Eso tiene un significado que solo puede responder el que lo ha bebido.


    Ellyon se sintió frustrado nuevamente, no entendía a que sabía aquel brebaje y que tenía que ver con él. Así que prefirió no decir nada y seguir bebiendo. De todos modos sabía que Arien le leía la mente, así que ella sabría mejor que él a que sabía su Tydún.


     - ¿Qué le pasa a Abatwa? ¿Por qué está desterrado?


     - De él solo te puedo hablar de sus anteriores búsquedas, y de lo que pasó en ellas. Si quieres saber más, tendrás que preguntárselo a él. Llevábamos mucho tiempo sin búsquedas cuando de repente aparecieron nuevos buscadores en nuestra ensenada, entre los cuales estaba tu abuelo, Edrielle, Abatwa, una ondina preciosa llamada Lorelei y una salamandra llamada Leanan. Desde el primer momento todos estuvieron muy unidos. Esa especie de unión no se había conseguido hasta esa búsqueda. Pero además surgió el amor entre Abatwa y Lorelei. Parecían uno solo. No se separaban jamás y lo que sentía el uno, el otro lo percibía en la distancia. Y aunque esto pasaba con todos los buscadores, entre ellos surgió una magia especial nunca vista.


     Después de la primera búsqueda juntos, volvieron a ser humanos, pero Abatwa y Lorelei no se separaron tampoco en esa época. Eran felices, y con esa felicidad llegó un embarazo. Y fue entonces cuando llegó la siguiente búsqueda. Los buscadores volvieron a encontrarse, cuando aún Lorelei no sabía que llevaba un hijo en su vientre. Lo descubrió aquí, entre las hadas, el mismo día que se celebró su unión. En esa ceremonia, su hijo se le presentó. Y llenó de alegría a todas las hadas que compartíamos su felicidad. 


     Abatwa estaba preocupado, demasiados peligros en una búsqueda para la nueva vida que estaba a punto de nacer. No quería que Lorelei les acompañara. Era difícil buscar otro nuevo buscador que la sustituyera, sobre todo porque nuestro seleccionador ya nos había abandonado.


      - ¿El seleccionador?


      - Ya hablaremos de eso. Te estoy contestando a tu pregunta. Lorelei, le insistía a Abatwa que no habría ningún problema, que las cosas saldrían bien, que por muchos peligros que les aguardase, todos estaban muy unidos y sabrían proteger al bebé. Y efectivamente fue así. La búsqueda fue muy bien. Y todos volvieron triunfadores. Pero el destino tenía un plan diferente. Cuando volvieron al mundo humano, Lorelei tuvo un accidente de tráfico con un hombre que iba borracho. Bebé y ella murieron en el acto. Abatwa se volvió loco. No quería saber más de los humanos. Nos buscó desesperadamente, pero es difícil encontrarnos si no es por las plumas. Así que buscó a los demás buscadores, juntos unieron sus fuerzas y volvieron sin ser llamados. Era la primera vez que pasaba. 


      Abatwa nos pidió quedarse entre nosotros, entre los Dríades, convertirse en uno de nosotros para siempre. Todos estaban convencidos de que el lugar de Abatwa estaba entre nosotros, que su pena se aliviaría estando con los suyos de verdad. Pero les explicamos que eso no podía ser, que él era un humano y que debía seguir siendo uno de ellos. Abatwa se negó, renunció a su especie, convirtiéndose en lo que es ahora. Un Dríade desterrado. No podía vivir con nosotros. No era un Dríade completo, así que solo viene cuando hay una búsqueda, mientras, vive como un Dríade solitario, viajando de un lugar a otro, sin una casa propia.


     Ellyon se quedó pensando en lo mal que lo tenían que haber pasado todos. En su abuelo y en Edrielle que daba felicidad a todos pero que por las noches lloraba en silencio. 


    - Creo que esto ha sido demasiado intenso para ti, deberíamos continuar mañana.


    - No, quiero saber más. Aún no sé nada de la búsqueda.


    - ¡He dicho que me dejéis pasar! ¡Necesito hablar con Arien!


    Abatwa entró en la casa de Arien seguido por dos Dríades más.


    - Dejadle pasar. ¿Qué es lo que pasa?


    Abatwa echó un vistazo a Ellyon y pareció arrepentido por haber entrado a la fuerza, pero se recompuso y anunció.


     - Edrielle no puede ir a la búsqueda.



Capítulo IX

      Ellyon se sentía incómodo. Arien y Abatwa hablaban sin articular palabra. Él había intentado averiguar cuál era el motivo de la discusión, pero cada vez que lo había intentado, Abatwa lo había expulsado sin miramientos.

       
    - Edrielle ya ha hablado con Moira, un Dríade no puede hablar en nombre de una Silfo. Lo sabes, es su decisión.

    
     - Es demasiado doloroso. – Abatwa hablo en un susurro, abatido, suplicando a Ariel con su mirada.

   
     - Ella lo ha elegido así, y así debe de ser. Es su última búsqueda y hay que aceptarla.

   
    - Ellos no están preparados. – Ellyon se sintió ofendido por la afirmación. Sabía que se refería a los demás buscadores, y él era uno de ellos.

   
    - Abatwa, te he visto entrenar. No les has dado oportunidad a ninguno. Podrías enseñarles muchas cosas, si te abrieras a sus corazones sabrías la fortaleza que tienen.


    Ellyon notó que se habían olvidado de su presencia. Así que intentó salir de la casa sigilosamente.


     - ¡Tú! ¡Vamos! Entrenaras conmigo. Ariel te voy a demostrar que no son dignos de sus nombres.


    Los dos Dríades salieron de la casa, Ellyon siguió a Abatwa hasta la plaza de ceremonias. Extrañamente no sentía miedo, había esperado ese momento durante mucho tiempo. Y ahora Abatwa le daba la oportunidad. Iba a demostrarle que se equivocaba. Qué podría luchar como él y además vencerle.


    - ¿Dónde vas? – Licke se acercó a su amigo al verlo con paso decidido siguiendo a Abatwa.


    Ellyon no habló. Le abrió su mente. Y Licke fue volando a avisar a Morrigu y a Edrielle. En la plaza empezaron a reunirse todas las hadas. Los dos Dríades estaban en el centro. Entonces Abatwa habló.


    - Vamos a luchar, pero no con las manos, sino con nuestras mentes. A ver de que eres capaz.


     Abatwa se sentó en forma de loto y Ellyon lo imitó. Ambos cerraron los ojos. Al principio no pasó nada. Mucho silencio. Ellyon intentó cerrar su mente al Dríade que tenía enfrente. Pronto empezaron a brotar en su cabeza imágenes de su casa, de su cuna, era un bebé, un bebé llorón que tenía hambre. Vio a su madre, sintió sus brazos y se sintió a gusto, totalmente a salvo y protegido.


     Una figura apareció en la sombra, no la veía, no sabía quién era, pero estaba ahí, sonriendo. Otro recuerdo, jugando con su padre en la playa, cuando aún tenía 3 años. Y de nuevo, esa figura en la sombra. Su abuelo le entregaba el regalo de su noveno cumpleaños: unos prismáticos. La sombra estaba ahí. La enfocó con los prismáticos, Abatwa le sonreía a través de ellos.


     Ellyon se puso nervioso. Lo había dejado entrar en sus más íntimos pensamientos. Tenía que cerrarle la puerta. Pero no sabía cómo. Así que decidió enseñarle más de su vida, que estuviera ocupado mientras él intentaba penetrar sus defensas. De repente, casi sin esperarlo y sin saber cómo, imágenes de una preciosa Ondina entraron en su cabeza, volaba sin esfuerzo, sus alas abiertas casi no se movían. Era un privilegio verla moverse.  Aquello duró muy poco. Enseguida abrió los ojos, Abatwa se encontraba en pie frente a él y lo miraba con una expresión indescifrable.


     Estaban rodeados de todas las hadas de la ensenada. Todas querían ver aquella lucha entre buscadores. Y aun así el silencio era atronador.


     El Dríade desterrado sonrió, miró a Ellyon y le hizo una reverencia.


   - Te has ganado mi respeto. Eres más fuerte de lo que creía, más de lo que tú no sabes. Este es mi regalo.


      Puso su mano en su barbilla, y sopló suavemente en dirección del Dríade. Ellyon tuvo que cerrar los ojos. Imágenes inconexas llenaron su cabeza, Abatwa cabalgaba sobre un caballo alado, a su lado Lorelei volaba junto a Edrielle y otra Salamandra que no conocía. Seguían algo, que no podía ver bien, parecía un pájaro, un pájaro naranja. Cuando estaba a punto de divisarlo mejor, la imagen cambió. Los mismos buscadores corrían perseguidos por algo. No sabía que era. Pero ellos corrían por su vida. Cambio de imagen otra vez. Todos observaban unos huevos enormes de distintos colores. Pudo percibir la solemnidad del momento. Pero ya está. Todo se acabó como empezó. 


Capítulo X

     Al día siguiente de la batalla de Ellyon con Abatwa las cosas cambiaron. En el entrenamiento, todos moviéndose al unísono, la mente de Abatwa estaba con ellos. Ya sí podía divisar sus sentimientos. Pero algo continuaba cerrado a su mente. No conseguía entrar. Decidió dejarlo por el momento.

   
     Cuando acabaron, Abatwa se acercó a Morrigu, y le pidió luchar con ella. Esta le hizo un gesto solemne y aceptó. La lucha fue encarnizada. Los demás buscadores observaban, mientras ellos volaban, saltaban y se enfrentaban con todas sus fuerzas. Quedaron empatados y la Salamandra sonrió satisfecha.


     - Yo de ti no me sentiría tan orgullosa, tú debes ser la más fuerte de todos. Y no has conseguido ganarme.


      - Abatwa, no deberías ser tan duro con ella. Es un hada fuerte y constante. Tú le llevas años de ventaja.


      - Edrielle, no des tantos consejos para los demás, deberías contar tu secreto. No tiene sentido que no lo sepan. Ellos necesitan saberlo.


      - Tienes razón. Pero quería esperar un poco más. – La silfo hizo una pausa, se tocó la barriga y miró a los presentes. – Estoy embarazada. Quería esperar a terminar la búsqueda, pero ya llegué con mi fruto en el vientre. Estoy de muy poquitos días.


     Licke se acercó corriendo a abrazarla.


     - ¡Qué contenta estoy por ti! ¿Cómo lo sabes? Yo creía que los embarazos se sabían mucho después.


    - En el mundo de las hadas es diferente. Sé que estoy embarazada y además sé que son dos niñitas las que crecen en mi interior.


    Los demás buscadores le dieron la enhorabuena de forma no tan efusiva como Licke. Morrigu aún estaba cansada y conmocionada por las palabras de Abatwa, y Ellyon no paraba de ver en su cabeza las imágenes del día anterior cuando el Dríade los interrumpió en la casa de Arien. Estaba de acuerdo con él. A pesar de no saber qué iba a pasar en la búsqueda, las imágenes sobre ella aún planeaban en su cabeza, y no eran muy tranquilizadoras. Era demasiado peligroso para ella.


     En medio de aquel momento íntimo entre buscadores, el más íntimo que habían tenido hasta ahora. Un revuelo les llamó la atención. Las hadas volaban y corrían en dirección a la plaza. Algo pasaba, y a pesar de buscar en sus mentes, Ellyon no logró descifrar que era.


     - Ya empieza. – Dijo Abatwa. En él se notaba, a pesar de la tristeza, un leve entusiasmo.


       Todos corrieron a la plaza. Morrigu y Licke volaban juntas, demasiado alto. Un pájaro enorme las alcanzó poniéndose a su lado. Licke se asustó y chocó con Morrigu. La salamandra logró estabilizarse y miró los ojos de aquel ser alado. La complicidad entre ambos surgió al instante. Morrigu dejó de batir sus alas y se posó en las alas de su guía, acarició las plumas naranjas y se dejó llevar hacia su destino.


Capítulo XI

    - Un fénix.
  
     - Sí, un ave fénix. Él os dejó las plumas, él será vuestro guía.

     - ¿Por qué se comunica con Morrigu?

     - Ella es una Salamandra. Ella es especial en la búsqueda. Como hada del fuego tiene una conexión especial con el Fénix. Cada vez que hay una búsqueda, él viene, os deja las plumas, y llegado el momento viene a conocer a su buscador. Al alma que debe guiar a la búsqueda.

      - ¿Pero que es la búsqueda?

     - Atento, o te perderás lo más importante de la ceremonia.

     Ellyon se fijó en que Morrigu y el Fénix se habían separado, y aunque seguían muy juntos, sus frentes ya no se tocaban. Morrigu tenía los ojos cerrados, y su cara reflejaba paz y serenidad. Una sabiduría interior que no poseía antes.

      Nimue, reina de las Salamandras se puso en el centro de la plaza y se dirigió a las hadas.

    - Nuestra Ave Fénix ha vuelto con nosotros. Ella y nuestra buscadora serán un solo ser, pero la ceremonia de resurrección aún no ha concluido. Para unirse del todo, deben compartir las cenizas.  Para vivir tienen que morir. El dolor las unirá, el amor las hará más fuertes,  los recuerdos las fortalecerán, y el fuego las purificará.

       Dichas estas palabras, Nimue se fue tan sutilmente como había venido. El fénix anduvo hasta el centro de la plaza con Morrigu a su lado. Los dos se pusieron juntos, Morrigu delante del ave. El fénix levantó su cuerpo y abrió sus alas, enseñando todo su esplendor, luciendo su plumaje. Las hadas empezaron a cantar, casi en un murmullo, el mismo que oyó Ellyon en la ceremonia de su nombre. Licke y él no podían mantener la boca cerrada, lo que estaban viendo por primera vez era especial, la magia que desprendía volaba entre los presentes, haciéndolos partícipes de los sentimientos de la buscadora y el fénix.

       El ave cerró sus alas alrededor de Morrigu, y esta se dejó apresar, apoyó su cabeza en el fénix mientras una lágrima le caía en el rostro. El ave lloraba. Y ambos se consumieron en un fuego mágico. Todo duró un suspiro. Morrigu seguía en pie, cubierta de cenizas, y sus alas habían desaparecido. Sus ojos cerrados lloraban, pero no eran lágrimas de pena, eran lágrimas sanadoras.

       Una brisa levantó las cenizas, Morrigu voló sin alas, y allí suspendida en el cielo nació de nuevo, ella y fénix fueron uno.  



Capítulo XII



      Había pasado un día desde que Morrigu y fénix se unieran. Desde entonces hada y ave no se habían separado. Ella ya no luchaba, ni deseaba hacerlo. Nunca había sentido esa paz tan intensa. Los demás se paraban al verlos, contagiaban vida y serenidad.

      
      Ellyon estaba en el monte antes del amanecer. Eglantina lo había llamado pero allí no había nadie. Así que decidió sentarse y meditar. Todo pasaba muy rápido y necesitaba asimilarlo. En medio de aquel momento una mente se apoderó de él.

      
     - Siempre tienes que estar listo. Nunca sabes quién puede atacarte, ni cuándo.

    
     - Eglantina llegas tarde.

  
     - No, no llego tarde. Vengo a explicarte lo que debes saber. Ya estás listo.


       Ellyon se puso nervioso. Llevaba esperando aquello mucho tiempo, y ahora no sabía si quería escucharlo todo de golpe.


       - Necesitas saber. Y es mi deber enseñarte.


       - Estoy preparado.


       - Desde el inicio de las hadas, y de todos los seres mágicos de la Tierra, hemos estado ligados por un hilo invisible. Todos dependemos de los demás. El ave fénix es nuestra conexión, él es nuestra guía y nuestra unión.


       - ¿Hay muchos más seres mágicos?


       - Serías un estúpido si pensarás que no. Es como pensar que la Tierra es el único planeta del Universo en el que existe la vida. Muchas de las leyendas humanas, películas, historias, cuentos, están inspirados en la verdad. Un hombre que vio a un enano por el bosque, un hada demasiado curiosa que se dejó ver,… Y a raíz de ahí, los hombres crearon sus propios cuentos.


       Bueno, como sabes el ave fénix está conectada a Morrigu. Siempre se conecta con el hada de fuego. Con la buscadora de fuego. Ella es importante en la búsqueda. Cuando el fénix aparece, sabemos que los huevos están a punto de eclosionar.


      - ¿Huevos? ¿Huevos de qué?


      - Huevos de dragones. Cada cierto tiempo los dragones ponen huevos. Estos tardan años en abrirse, pero cuando están a punto  el fénix viene  buscarnos.


      - Dragones. – Ellyon estaba entusiasmado. Siempre le habían gustado los dragones, y ahora podría visitarlos. Necesitaba asimilar todo aquello. Eglantina le dejó un momento. – Pero, exactamente ¿Qué tenemos que buscar?


      - Los huevos de dragón, claro. Los dragones ponen sus huevos y los esconden para que ningún ser pueda robarlos. Son muy preciados en el mundo mágico. Esos huevos tienen una magia muy poderosa.


     - ¿Y por qué no van los mismos dragones a buscarlos? ¿Por qué necesitan a las hadas?


     - Cuando los dragones esconden sus huevos, se borran la memoria. No quieren que nadie intente averiguar dónde están. Además es posible que cuando se abran, ese dragón ya haya muerto. Con lo cual daría igual que lo supiera.


       - ¿Por qué Morrigu es tan especial?


       - Las hadas de fuego están conectadas a los dragones. Cada buscador encuentra su alma gemela entre los dragones y se quedan a vivir con ellos. Para que esto ocurra, el hada de fuego tiene que estar en su nacimiento. No siempre encuentra su dragón en la primera búsqueda, pero en cuanto lo encuentra jamás vuelve con los humanos.


       Era demasiada información para asimilarla de golpe. Ellyon se sentía abotargado. Y aun así quería saber más. Quería saber lo mismo que el resto de buscadores. Se sentía un poco por detrás siempre.


     - No entiendo para que se necesita un buscador de cada tipo de hada. Sí la única importante es Morrigu.


      - Eso no es así, todos juntos sois el equilibrio. Cuando los huevos eclosionen Licke tendrá que ayudar a Morrigu, porque si no esta será consumida por las llamas.


       - De todos modos, no entiendo que hacemos los demás. Aparte de que Abatwa es un dríade y un buscador. ¿Qué hago yo aquí?


       - Todos tenéis un papel importante, se necesitan cuatro buscadores para completar la búsqueda con éxito. Con respecto a Abatwa, él ya no es buscador y no es un dríade propiamente dicho. Es un ser diferente que se ha creado a sí mismo.


        Ellyon quería seguir preguntando, pero Eglantina se fue en el mismo silencio como había llegado.  Abrió los ojos y frente a él encontró a Licke.


        - Estabas tan concentrado que no quería molestarte.


       - Estaba hablando con mi maestra. Pensaba que estaba aquí.


       - Debes ejercitarte más, Dríade. – Licke se echó a reír y salió volando, no sin antes darle un pequeño golpecito en su cabeza a su compañero.


        Ellyon ni se movió, demasiadas cosas que asimilar. Poco a poco llegaban los demás buscadores. Era hora de entrenar.


Capítulo XIII

                Aquella noche Morrigu y Fénix buscaron a Ellyon en su cama. Había sido un día duro y todos estaban cansados. En dos días partirían y aprovechaban cada segundo para avanzar en sus entrenamientos.


                - Ellyon, nuestro guía quiere conocerte un poco más, a ti y a los demás. Ven con nosotros a la plaza, ahora todos duermen y es el momento perfecto.


                Ellyon se levantó y siguió a la Salamandra. Cuando llegaron, Edrielle, Licke y Abatwa ya estaban allí. Ellyon pensó que siempre era el último en enterarse de las cosas. Nunca llegaba el primero a nada.


                - Necesitamos una conexión más fuerte entre nosotros, tenemos que saber en todo momento donde están los demás, que piensan, que hacen. Es fundamental para nuestro éxito. Fénix nos ayudará a conseguirlo.


                Morrigu hablaba con cierto sentido de responsabilidad, había dejado atrás toda la locura de la que presumía anteriormente. Ya no volaba a ciegas, ni luchaba hasta la extenuación. Parecía otra hada.


                Abatwa se acercó al ave y le acarició entre los dos ojos, donde tantas veces lo había hecho, donde sabía que le gustaría. Edrielle sonrió y se acercó a ellos. Todo el tiempo que había estado allí no se había acercado a ella, por respeto a Morrigu, para darle la oportunidad de conocerse mejor, de sentirse como lo que eran, un solo ser.


                Licke y Ellyon se mantuvieron juntos, juntos pero separados del ave. Aquella sensación de complicidad que estaban viviendo no parecía para ellos. Pero el ave se soltó de las caricias de las demás hadas y se acercó a ellos. Acercó el pico a la mano de Ellyon para que este se lo acariciara, y con un ala apresó a Licke, cuya risita contagiosa hizo sonreír a los demás.


                Todos se acercaron y el ave se dejó acariciar, se dejó mimar por todos sus pequeños seres. Ahora era un poco más pequeña que cuando la conocieron, pero aun así era bastante más grande que ellos. Se sentían felices, despreocupados. Por un momento se les olvidó la misión para la que estaban destinados.


                Y así abrazados todos al ave, tocándola, y riéndose, llegaron a tocarse entre ellos. Las caricias traspasaron al ave, para acariciarse entre ellos, para tocarse las alas, el pelo, o un roce en el brazo. Todos se sentían libres y en ese momento de complicidad se desinhibieron. Bajaron las defensas y un torbellino de sensaciones les envolvió. 


                Volaron todos juntos, de la mano, abrazados, sin soltarse, todos unidos.


                Esa noche, todos durmieron en el suelo al pie de la chimenea. Fénix durmió con ellos, y todos, incluido Abatwa se acurrucaron en su plumas. Esa sería la primera de muchas noches.


Capítulo XIV


                Se notaba la ansiedad de la partida. Todas las hadas andaban de aquí para allá sin hacer nada en concreto. Las más jóvenes seguían a los buscadores sin ningún objetivo. Cuando estos les preguntaban que querían, salían volando o corriendo.


                La mañana siguiente era el día de la partida. Ellyon había descubierto muchísimas cosas que antes no sabía. Se sentía más fuerte que antes y sus poderes iban en aumento. Ahora podía sentir a los demás buscadores y a Fénix en su cabeza en todo momento. Era como tener seis mentes en una. Podría parecer un lio, pero Ellyon se sentía en paz. Podía saber de quién era cada pensamiento, y aun así le parecían suyos.


                Estaban todos en la colina moviéndose al unísono, cuando El Dríade notó un ser nuevo en su mente. No lo había sentido antes, pero notaba que era un ser con mucha fuerza. Se paró en seco, los pensamientos eran desordenados, y casi no podía seguirlos. Los demás lo notaron y pararon.


                - ¿Qué pasa Ellyon? – Licke lo miraba sorprendida. No conseguía conectar con él. Había cerrado todas sus barreras.


                Ellyon siguió sin contestar. Estaba demasiado concentrado en aquellas… ¡dos voces! Sonrió y abrió los ojos.


                - Tus pequeñas tienen hambre. – Se acercó a Edrielle y le tocó la barriga. Esta notó un pequeño revoloteo en su interior.


                - ¿Cómo es posible que tú lo sepas?


                - No lo sé. Las he sentido. Al principio pensaba que era una sola mente, sus pensamientos son diferentes, y parecen caóticos. ¿No los sentís ninguno?


                Todos lo miraron y negaron con la cabeza. Edrielle tampoco notaba sus pensamientos con tanta claridad. Las notaba, sí, pero de vez en cuando, y casi nunca sabía lo que estaban pensando. Como decía Ellyon, tenían pensamientos muy caóticos.


                Llamaron cada uno a su reina, y las reunieron a todas con ellos. Les expusieron lo que había pasado para saber si aquello era normal. Después de un rato de deliberación, habló Moira, la reina de los Silfos.


                - Edrielle, no debes preocuparte. Tus hijas saben que eres su madre. Tu conexión con ellas va más allá de la mente. Ellas son parte de ti. Pero necesitan a un ser fuerte que las proteja a ellas y a su madre, y han encontrado en Ellyon a ese ser. Saben que os protegerá con su vida. Y han reconocido su fuerza.


                Las reinas se fueron, dejando a los buscadores más confundidos todavía.


                - ¿Cómo es posible que me hayan elegido a mí? Abatwa lleva más tiempo que yo siendo Dríade, él tiene más fortaleza y experiencia.


                - Mis hijas te han elegido a ti. – Dijo Edrielle, mientras acercaba la mano de Ellyon a su barriga. – Ellas quieren que seas tú.


                Las hadas se dispersaron, Morrigu se fue con Fénix, Edrielle se fue a descansar y Ellyon se quedó mirando como Abatwa y Licke se alejaban cogidos de la mano. Desde aquel momento con Fénix, Licke y Abatwa habían estado más unidos. Peleaban juntos y se pasaban las horas sentados hablando y riendo. Él los miraba a cierta distancia, con una pequeña punzada de celos. Antes era él el que hacía reír a Licke. Pero su amiga prefería ahora la compañía del otro Dríade.


                Decidió ir a entrenar un poco solo, tantas emociones debía canalizarlas como le había enseñado su maestra Eglantina. Así que volvió a subir a la colina de entrenamientos y comenzó su entrenamiento de levitación. Cada vez lo hacía mejor, ya casi volaba sin necesidad de alas.


                De repente un sonido le hizo caerse. Era un sonido leve en la espesura, pero aun así le hizo volver su atención. Podría ser cualquier animalillo, pero el instinto de Ellyon le decía que aquello no eran animales.


Capítulo XV

 


                Ellyon miraba atentamente a la espesura. No notaba ningún movimiento, pero sabía que allí había algo. Arrugó el entrecejo sin quitar la vista de los matorrales, y empezó a avanzar.


                De repente, algo salió de allí. Se paró en seco. Unos seres un poco más altos que él lo miraban con desdén. Tenían las orejas puntiagudas y eran de color verde. Vestían con harapos. A Ellyon le parecieron repugnantes.


                - Hola buscador.


                - ¿Quiénes sois? – Ellyon se puso a la defensiva, no les gustaban nada. Intentó conectarse con los demás buscadores, pero algo le bloqueaba.


                - Una leve tentativa. ¿Tú eres al que van a mandar a por los huevos?  - Los tres estallaron en carcajadas. – Morirás antes de salir de la ensenada.


                Ellyon seguía intentando ponerse en contacto con los demás, pero no conseguía romper la barrera que lo bloqueaba.


                - ¿Quiénes sois? – Su voz sonó más enfadada de lo que pretendía.


                - ¿Tú querida Arien no te ha hablado de nosotros? Parece ser que Eglantina está perdiendo facultades. Será fácil derrotaros. Somos duendes y venimos a llevarnos al Fénix. Él nos pertenece.


                - ¡Fénix no pertenece a nadie! ¡Él es libre!


                - ¿Eso es lo que te han dicho? ¡Qué ingenuo! Desde luego, cada vez los buscan más tontos. Si fuera libre, ¿por qué lo unen a esa pequeña hada de fuego? ¿Por qué tiene que ser un solo ser con una salamandra? Sus pasos están unidos hasta que la salamandra encuentre su dragón o vuelva a su forma humana. Mientras, el fénix no es libre.


                Ellyon no lo había pensado así. Parecía un buen argumento. Pero el ave no pertenecía a nadie, se había unido a Morrigu por propia voluntad.


                A su lado, casi sin darse cuenta aterrizaron Licke y Morrigu. Edrielle y Abatwa llegaron cogidos de la mano, corriendo.


                - Vaya vaya, lo que tenemos aquí. ¿Aún sigues vivo, desterrado? Pensábamos que ya te habrías unido a tu querida Lorelei.


                Abatwa sonrió, y se acercó a los duendes que allí había.


                - ¿Dónde os habéis dejado a los demás? ¿Acaso os mandan a vosotros para hacer de carnaza?


                - Edrielle, que bien te vemos. La maternidad te sienta muy bien. – Los duendes ignoraron a Abatwa.


                - O sea que sois espías. Los pobres que han enviado a recabar información. Esta vez no vais a salir vivos de aquí.


                - Abatwa, siempre tan presuntuoso. ¿Quién te dice a ti que estamos solos? Nunca vamos solos, y lo sabes. Queremos al fénix, esta vez no vamos a ir detrás de vuestros pasos. Iremos delante.


                De la espesura empezaron a salir duendes, y mientras lo hacían, Edrielle aprovechó para romper la barrera que habían creado entre ellos.         


                - Ellyon tienes que avisar a Arien. Ve corriendo. Nos tienen bloqueados.


                - ¿Cómo habéis sabido que estaban aquí?


                - No lo sabíamos. No notábamos las demás presencias, y cuando nos reunimos todos y tú no aparecías, te buscamos. Ve, corre, nosotros los entretendremos.


                Ellyon salió corriendo, intentando llamar lo menos posible su atención. No sin antes ver un ser diferente que se ponía delante de todos aquellos seres repugnantes. Era más alto que los demás, más esbelto, sus ojos brillaban y parecía una mujer, aunque Ellyon no pudo fijarse demasiado. Desapareció entre los árboles.




28 comentarios:

  1. Caramba, no me parecía que fueran tantos capítulos!!!!
    Me encantan pero sigo intrigada,jejeje. Besos.

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    1. Sí ya son quince, pronto traeré más capítulos. Aunque quiero antes quiero releerlos y centrarme un poco más en la historia. Un besillo guapa.

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  2. Capítulos I a III: Arien la Dríade es un personaje tan encantador como misterioso. Por el momento me pregunto en qué tipo de búsqueda participó Pedro y ahora su nieto Juan. Me gusta el estilo de narración, que ha conducido al protagonista de una recolección de plumas al reino mágico que habita tras la casa de su abuelo.

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    1. Las plumas son lo importante. Arien es una reina de las Dríades especial.

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  3. Capítulo IV: Este capítulo me ha enganchado ya mucho más. Hadas del fuego, del agua, del aire y una misteriosa naturaleza que parece realmente independiente, cada especie con su respectivo buscador. Me ha venido “El corredor del laberinto” a la cabeza.
    Con ganas de saber más, ahora que Ellyon deja momentáneamente a Arien para irse con Licke.

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    1. Me encantó esa película, no me he leído los libros, tengo tantos en cola...

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  4. Capítulos V a VI: La noche en la cabaña me ha resultado muy agradable, con cada hada descansando a su manera, no me extraña que Ellyon conciliara rápido el sueño. En cuanto al baile en el oscuro exterior en el que el Dríade tan bien ve, es como si todas las especies estuviesen conectadas, en especial los buscadores. Me he imaginado el amanecer desde esa posición muy claramente. Enhorabuena por lo que llevo leído, me parece muy interesante y engancha que no veas.

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  5. Capítulo VII: ¡Esto parece el comienzo de una gran aventura épica! De momento todo es bienestar y buena amistad entre los buscadores de diferentes especies. Me gusta que Edrielle y el misterioso Abatwa se lleven tan bien, realmente recuerda a la relación entre dos gemelos.
    Mi mente escapa a “La comarca” irremisiblemente al leer tus líneas :)

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    1. Ayyy es que tengo tanta influencia de esos mundos, que en algo se tenía que notar.

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  6. Capítulo VIII: Menuda historia la de Abatwa. Triste y descorazonadora, parece erguirse como uno de los personajes con más carisma junto a Arien, según mi opinión. Ahora mismo me gustaría tomarme un tazón de Tyrún.

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  7. Capítulos IX a X: Parece que el gran combate en el que Ellyon se gana el respeto de Abatwa logrando imágenes de la que una vez fue su amor incondicional ha generado una nueva actitud en el segundo. Ya me temía yo que Edrielle tendría que afrontar esta búsqueda (de la que poco sabemos) embarazada. Sigo adelante, muy bueno María.

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    1. Los buscadores deben estar unidos para la nueva empresa que se les viene encima.

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  8. Capítulo XI: Sin duda, para mi, el capítulo más bonito. Imagino la fusión entre hada y fénix con el canto en plaza de fondo como algo realmente especial. La relación entre Licke y Ellyon se me antoja muy buena tras lo leído.

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    1. A mi también me gusta mucho esa unión. No será modesto decir que me encantó como me quedó.

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  9. Capítulo XII: ¡Por fin la información acerca de la búsqueda! Ya me tenía realmente con ganas de saber. Cuatro buscadores acompañando a Morrigu y Fénix en la búsqueda de los huevos de dragón, por el bien del equilibrio entre la mente borrada del dragón y su estirpe. ¡Genial!

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  10. Capítulos XIII a XIV: Tras unirse los seis integrantes de esta búsqueda en prácticamente un solo ser, resulta que Ellyon se perfila como una especie de elegido para, cuanto menos, cuidar de la vida de las dos pequeñas que crecen en Edrielle. Me apena llegar a los capítulos finales pero lo cierto es que me está encantando.

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    1. Sí, Ellyon tiene un vínculo especial con esas do pequeñas hadas.

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  11. Capítulo XV: Dejas realmente con muchas ganas de más. Los duendes van a por el fénix, posicionándose como el primer obstáculo en la emocionante búsqueda.
    Y ese ser misterioso semejante a una mujer...
    Genial María, de veras me ha encantado esta historia. A la espera de más :)
    PD: La sinopsis de los personajes es muy útil, tendría que haberla leído al principio jajaja

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    1. Pronto escribiré más. He dejado pasar un tiempo para volver a leerla y escribir más seguido. Espero que lo próximo os guste.

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  12. Bueno Maria esta historia de hadas parece muy bonita como un cuento, hasta ahora he leído hasta el capitulo 6 seguiré poco a poco entrando en la historia.
    Un abrazo

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    1. Bueno pues espero que te siga gustando conforme leas, la verdad es que es un poquito larga, pero se lee rápido.
      Un besillo.

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  13. Si hoy he leído hasta el cpº 9 es entretenida , me parece que es una historia que le gustará mucho a los niños y adolescentes. ¿Se la escribiste a tus niñas ?
    Un abrazo

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    1. Muchas gracias. La verdad es que empezó con un micro sin continuación para un concurso, y al final se ha convertido en una larga historia. Creo que mis peques son aún demasiado pequeñas. Pero con el tiempo...
      Un besillo.

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  14. Ya terminé hasta el cp. 15 y esta historia sigue en intriga cada vez hay mas personajes y cada uno tiene una misión , el ave Fenix que los duendes quieren llevárselo. Veremos que nos depara esta historia en los siguientes capítulos. Un abrazo

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    1. Me alegro de que te intrigue, te queda ya menos para llegar al final.
      Un besillo.

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