5/5/15

Un día cualquiera

     Un día cualquiera, en algún lugar cualquiera, a una hora cualquiera. Dos mujeres de unos treinta y tantos caminan deprisa sobre sus tacones. El frío las hace acelerar el paso mientras van cogidas del brazo y se ríen de sus confidencias. 

     Esa noche toca salida de chicas, salida de chicas y de chicos. Llevaban tiempo sin salir, los trabajos, las parejas, todo se unía como un plan cósmico para que ellas no tuvieran tiempo ni para tomarse una cerveza. Eso sí, el whatsapp las tenía puestas al día. Aquello era el mejor invento del siglo. Aún recordaban el tiempo no hace mucho en el que hablaban por el fijo de la casa, y se tenían que contar todas sus historias en menos de una hora. O cuando se mandaban cartas desde una ciudad universitaria a otra. Sí, de esas con sellos y todo. Ahora la nueva tecnología las mantenía completamente unidas. Aunque también es verdad que algunas cosas solo se cuentan delante de unas cervezas, o unas copas a las dos de la madrugada.


       Entraron en el bar con el bofetón del calor del aparato de calefacción. Empezaron a quitarse abrigos y bufandas mientras buscaban alguna mesa. Un grupo de chicos se volvió para mirarlas, ellas sonrieron, sabiendo que aún estaban de buen ver. Sabiendo que su poder con los hombres, a pesar de tener parejas, no había acabado aún.


     Pasaron un buen rato en aquel bar, contándose las últimas noticias del trabajo y Laura babeando literalmente por el muchachito del que se había enamorado. Llevaban dos meses juntos, y estaban en aquel momento de las relaciones en el que vives en el país de las maravillas. Sofía la escuchaba embelesada, alegrándose por su amiga, porque la verdad es que ya le tocaba. Demasiadas relaciones con finales rápidos. Esta estaba durando más de lo normal. Y no importaba que él fuera ocho años menor.


     - Bueno Sofía, deja ya de darme coba y dime de una vez que es lo que pasa.


     - ¿Qué pasa de qué?


     - No te hagas la tonta. No me has contado nada de Juan. Te maravillas con mis historias, pero no me cuentas el último detalle romántico de tu alma gemela. - Sofía llevaba saliendo con Juan desde su más tierna adolescencia, y siempre bromeaban con que eran almas gemelas.


      - ¡Qué pava eres! No pasa nada. Simplemente es que me encanta escuchar lo feliz que eres.


     Laura la miró con sorna y escepticismo, pero la dejó estar. No fue hasta tres cervezas después cuando Sofía decidió hablar.


     - Juan ya no me quiere. - Lo soltó así, a bocajarro, sin rodeos.


     - ¡Anda ya! Si Juan te quiere con locura. - Laura no le dio crédito a su amiga. Ellos eran la pareja perfecta. Ellos se peleaban sí, pero como todas las parejas, y como todas las parejas luego se reconciliaban, y según le había contado su amiga, las reconciliaciones eran memorables.


     - Esta vez no es una paranoia mía. Está siempre de mal humor, me contesta con monosílabos, cuando nos peleamos no quiere ni discutir, le da igual estar mal conmigo. Nos dormimos cabreados, y eso que al principio de nuestra relación prometimos no acostarnos enfadados. Nunca quiere hacer planes conmigo, ya no salimos a cenar solos, siempre vamos con gente. Y cuando le propongo algún plan en pareja siempre va de mal humor. En realidad siempre está de mal humor. Solo quiere estar en casa, en el sofá con su portátil encima jugando a no sé qué juego.


     - Joder tía como lo pones. No creo que sea para tanto. - Laura intentó quitarle hierro al asunto. Pero las lágrimas de su amiga le decían que aquello iba en serio. Ella no exageraba ni dramatizaba las situaciones, pero tenía muy buen ojo para analizar los sentimientos ajenos.


     A partir de ahí fue como abrir la puerta a un lugar recóndito, donde nunca quieres entrar. Sofía no paraba de hablar, le habían dado cuerda. Las palabras se confundían con las lágrimas, mientras su amiga la escuchaba atentamente. 


     En un bar no muy lejos de allí dos amigos de toda la vida se tomaban unas cervezas mientras veían el partido en la pantalla panorámica del bar. El partido había sido la excusa perfecta para quedar. La primera parte había acabado. Juan cogió un puñado de frutos secos y se los metió en la boca. Y así con la boca llena le dijo a su amigo:


     - Voy a dejar a Sofía. - Su amigo casi le escupe la cerveza congelada a la cara. Lo miró un par de segundos, se limpió la boca con una servilleta y le contestó.


       - ¿Estás con otra?


      - No, ya no la quiero.


      - Joder, que putada.


      Empezó la segunda parte y dejaron de hablar. Ya no salió más el tema de conversación.

     Dos meses más tarde, Sofía dejó a Juan.



8 comentarios:

  1. Pues sí que da de sí una noche de chicas,jejejeej.
    Es que cuando alguien no quiere a otra persona ya no hay nada que hacer, pero creo que siempre es mejor decírselo al interesado y no a un amigo o amiga.
    Me ha gustado mucho, me imaginaba el bar y la bocanada de calor, las charlas de las chicas, muy chulo.
    Un besín.

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    1. Creo que todas hemos tenido noches así, de confidencias, de salidas solo de chicas, de risas, o de llantos. Las confesiones al fin y al cabo dan igual. Lo importante es juntarse. Un besillo guapa.

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  2. Creo que sí, que definitivamente los hombres y las mujeres no vemos ni entendemos las cosas de la misma manera. Será un tópico, pero creo firmemente que ellos son racionales y nosotras sentimentales... para muesta Juan, que zanjó el tema en dos frases después de tantos años!!

    Me ha llamado la atención que finalmente fuera Sofía quien dejara a Juan. Supongo que después de todo a él le pudo la comodidad.

    Muy bueno, María, me ha encantado!!

    Besillos de martes :)

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    1. Es más fácil que te dejen a dejar tú. Y creo también que para las mujeres nos es más fácil hablar. Pero bueno esto es un caso inventado. Cuqluier parecido con la realidad es mera coincidencia. Un besillo.

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  3. Ains... ¡Qué difíciles son las relaciones! u.U
    Que distinto se ve todo desde cada bando, desde cada punto de vista chico o chica... ¿Será solo un tópico? Puuuues... No lo sé... ¡Pero espero pensar que no! Espero que haya Hombres que se tomen todo esto mucho más en serio... Porque sino... ¡Argg!
    En fin... Tengo que ponerme al día con el resto de tus Entradas, que sé que tengo algunas retrasadas y no me las quiero perder ;)
    ¡Besines María!

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    1. No pretendia que fuera un tópico. Mujeres y hombres como colores, y cada uno con su personalidad. Y demos gracias, porque si no que aburrido sería el mundo. Un besillo guapa. Ya sabes donde encontrarme.

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  4. En ocasiones nos abrimos más con los amigos que con la pareja, el fin de la confidencia es la enfermedad que lleva a la muerte de la convivencia.
    Un saludo

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    1. Me ha encantado tu frase "el fin de la confidencia es la enfermedad que lleva a la muerte de la convivencia". Y es verdad hablamos más con los amigos que con nuestra pareja. Lo mejor es tener a tu pareja como tu mejor amigo. Un besillo.

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