25/5/15

Sé infiel y no mires con quien

     Se dice que la sociedad ha cambiado, que ha evolucionado. Pues analizándola más a fondo parace que en algunos aspectos no ha cambiado mucho.

     No hace muchos años, la mujer se quedaba en casa. No trabajaba, se dedicaba a cuidar de sus hijos y a mantener la casa impoluta, pero sobre todo a cuidar de su marido, el cual llegaba a casa después de un largo día de trabajo.



     En esta época el rol de la mujer estaba muy definido, y el del hombre también. El hombre cometía "deslices", buscando en otras mujeres algo de picante a la vida.

     Las mujeres miraban hacia otro lado, era lo que había, el hombre era así, era su naturaleza. Ellos no pueden evitarlo. Sus esposas estaban ahí apoyándolo en todo y manteniendo su papel con una sonrisa en la boca. No había nada que perdonar.


     Como digo, era otra época. Después, llegó la liberación de la mujer. Ya no solo trabajaba el hombre, ahora también lo hacía la mujer. La mujer se puso en su sitio, y como persona que era defendió su derecho a ser tratada como tal.


     Así que ya no se conformaba con procrear, ella también quería disfrutar, el misionero se hizo aburrido, el último recurso para un día de agotamiento. La mujer empezó a hablar de sexo, tanto o más que el hombre. Con la siguiente consecuencia: el hombre tendría que esforzarse más. Llegaron palabras como preliminares, y las relaciones empezaron a ser cosa de dos.


     Pero con esta liberación, también llegó la infidelidad de la mujer. Y para ellas llegaron términos completamente distintos que el machote del hombre. Símbolo de que la liberación no había sido tan rápida y verdadera como todo el mundo proclamaba a los cuatro vientos.



     
     Y aquí es donde llegamos a la época actual. Una época de crisis, de precios altos, de compras de viviendas obligadas socialmente, porque el alquiler es tirar el dinero. Una época donde es necesario que trabajen los dos implicados en la pareja. Donde la jornada continua es un sueño aún inalcanzable para la mayoría de los españoles. Donde ser mileurista es un privilegio para el español medio, mientras que entre políticos y futbolistas se habla de millones de euros como si fueran churros.

    ¿Y qué nos deja esto? Nos deja parejas cansadas, agotadas, todo el día trabajando, que si tienen suerte comen juntas, o cenan. Parejas que dejan de conocerse, que se turnan para poder criar a sus hijos y llevarlos a las miles de actividades que estos tienen para que noten lo que les falta de verdad. Parejas que cuando llegan las vacaciones se dan cuenta de que la persona que tienen al lado es meramente un compañero de piso que le ayuda a educar a sus hijos. Y encima no piensa igual al respecto.  Parejas que sucumben a la desidia y la rutina.


    Y aquí es donde aparecen las tres opciones que nos quedan. La primera, la más bonita de todas, es que vuelvas a conocer a la persona, que esa pareja decida luchar por volver a enamorarse. 


     La segunda es el divorcio. Algo que no todo el mundo se puede permitir. La mejor opción para dos personas que han dejado de quererse. Pero aquí hay un problema. El divorcio conlleva, reparto de hijos, reparto de casa, reparto de bienes, del perro, del gato y de los peces. Fines de semana alternos o custodias compartidas. Lo que supone dinero, dinero, y dinero. Y todo esto, si se hace de forma amistosa y no entramos en juicios y en abogados.


     Y esto nos conduce a la tercera opción: la infidelidad. ¿Por qué? Pues ya sea por la cobardía de no enfrentarse a la persona que tienes enfrente o por todo lo que he dicho antes: dinero. Es más fácil buscar a otras personas fuera del matrimonio que satisfagan tus deseos que tener que enfrentarse con los problemas que surgen en la pareja. Con lo que aguantas, te quedas en ese contrato sin atreverte a romperlo por el coste económico, por los niños, por mil excusas. Y mientras buscas fuera lo que no encuentras dentro. 



  
   Mi reflexión es la siguiente: Sé que cada caso es un mundo, que la economía está muy mal, que los niños de hijos divorciados se traumatizan para toda la vida (gran mentira, soy hija de divorciados, y creo que no soy ninguna asesina en serie, creo). Pero también creo que la vida es muy corta para estar con la persona que no amamos realmente. No sabemos cuantos años vamos a estar aquí, con suerte llegaremos a los 100. Y eso no es nada. Perder el tiempo en engañar con todo lo que eso conlleva, el estrés de ser descubierto, y demás. Con lo fácil que es reír, disfrutar. Aprovechalo y hazlo con la persona que quieras. Y no con la que has firmado un papel. 

     Por mucho que nos cueste esa separación, es mucho más lo que ganamos que lo que perdemos.






8 comentarios:

  1. Qué tema más complicado!!!!
    El trauma famoso de los hijos de divorciados me imagino que tiene más que ver con la actuación de los padres. Conozco hijos de divorciados felices y normales e hijos de divorciados inestables y amargados porque sus padres los usaron como moneda de cambio y chantaje, pero me imagino que si hubieran seguido casados estarían igual de amargados porque los meterían en sus discusiones, ya que no tuvieron reparo en utilizarlos para dañar al contrario.
    La infidelidad no la entiendo, supongo que habrá que vivirlo para saber pero no va conmigo, si quieres a otra persona pues no pasa nada, te vas con esa persona, uno puede desenamorarse y no hay porqué vivir con alguien a quien no quieres, pero el juego a dos bandas no lo entiendo.
    Si me ocurriera creo, y recalco el creo porque hay que vivirlo, creo que no lo perdonaría. Y yo estoy segra de que nunca haría algo así, prefiero una separación o lo que sea, nunca jugar a dos bandas.
    Un beso y un post interesante.

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    1. Si, es un tema difícil, pero de mucha actualidad. Parece que la humanidad no cambia, para mi engañar, sea infidelidad u otra cosa es difícil de perdonar. Pero allá cada uno con lo que quiere hacer en su vida. En fin, no hay mucho que decir sobre este tema. Un besillo guapa.

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  2. Totalmente de acuerdo contigo, María, la sinceridad hacia los demás y hacia uno mismo es la única manera de vivir en paz, y si eso conlleva dejar a la persona que ha sido tu pareja, pues hay que hacerlo.

    Otro tema bien distinto es el de "la adicción a las mariposas y la novedad". Muchas personas no pueden pasarse sin ese aliciente y engañan sistemáticamente a sus parejas sin darle la mayor importancia, sexo como un pasatiempo más que pone un poquito de pimienta a la vida. Esos, que generalmente no quieren separase, deberían hablar con sus respectivos/as y darles la misma oportunidad de probar cosas y personas diferentes. De nuevo entra en juego una sinceridad que no siempre se practica...

    La sociedad está cambiando, no hay duda, pero no estoy segura de que estemos asumiendo bien los cambios...

    Estupenda reflexión, me ha gustado mucho!!

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    1. El problema muchas veces de cuando uno es infiel, es que no soportaría que su pareja la fuera. Pero en fin, allá cada uno con su vida. En una relación lo primero es la sinceridad. Un besillo guapa.

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  3. Buen tema.
    En mi opinión ni ahora es tanto, ni antes era tan poco. Infidelidades femeninas siempre han existido, lo que ocurría, es que no era correcto contarlas.
    La mujer infiel antes no lo podía contar, porque era vilipendiada. Hoy en día se ha igualado con el hombre en ese sentido, puede alardear de ello.

    Vivimos en un mundo igual de vicioso, tan solo un poquito menos hipocrita.

    Me ha encantado tu reflexión María, y podría extenderme mucho más.
    Un abrazo

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    1. Muchas gracias Oscar por tu opinión. La próxima vez puedes extenderte lo que quieras. Me parece interesante lo que cuentas. Un abrazo.

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  4. Un texto inteligente y reflexivo. Una amalgama de tópicos y clichés con la acertada invitación a romper los moldes sociales y familiares dados por sentados como la expresión del ser humano en el hogar. Ama, seduce y premia a tu pareja, haz y sé feliz a tu compañer@ y si no resulta, continúa tu camino y deja que el/ ella continúe el suyo. Vivir a la sombra del engaño o malvivir al lado de quién no amas es absurdo y dañino. Me ha encantado tu post, María.
    Abrazo grande, Compi!! ;)
    Pd: Yo también soy hijo de padres divorciados, somos tres hermanos de tres padres distintos y tampoco somos asesinos en serie...

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    1. Ay me has hecho reír y todo con tu postdata. Si todos los hijos de gente divorciada fueramos asesinos en serie se acabaría el mundo. Ummmm de hecho se me acaba de ocurrir una historia. Jijiji, a lo mejor escribo sobre ello. Lo importante en una pareja es ser feliz y cuidarse mutuamente. Un besillo compi.

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