20/5/15

Remedios infalibles



     María y Luis eran una pareja de setenta y tantos años. No habían tenido hijos. Él no quería, y María aceptó las normas de su único amor. Aquello le generó un vacío en el corazón que no logró llenar con nada.

     
  Ella siempre había sido ama de casa. Él había trabajado en un banco toda su vida, aunque ya estaba jubilado. Con el paso de los años la pareja habían dejado paso a la rutina y a la desidia. Ella dedicaba sus mañanas a limpiar y a encontrarse con sus amigas para desayunar e ir a comprar juntas. Por las tardes siempre encontraba algún curso en el que matricularse con la excusa de no quedarse obsoleta y vieja.


       Luis dedicaba sus mañanas a pasear solo y a leer el periódico en el bar del barrio. Mientras, se quejaba de lo mal que iba el país con Antonio, otro jubilado que se sentaba en la otra punta de la barra. Sus tardes se las pasaba viendo la televisión.


      La única actividad que hacían juntos, era salir a dar un paseo por las noches. Él seguía con sus lamentos por lo mal que iba el país, y la economía, y cuando ella intentaba hablar para decirle que ellos habían tenido una buena vida, y que no les había faltado nada. Luis le cortaba y le decía:


     - Tú que sabrás, si lo único que sabes hacer es limpiar la casa, y ni eso lo haces bien.


     María suspiraba resignada, ya habían pasado esos días en los que discutían a gritos, y ella luchaba por su dignidad. Hacía tiempo que se había dado por vencida.


     De vez en cuando, Luis se quedaba en casa por las mañanas y perseguía a María por la casa con sus protestas infantiles. Y de vez en cuando soltaba algún:


     - Te has dejado un poco de polvo aquí, esa taza tiene restos de café.


     María lo limpiaba sin hablar y seguía limpiando con la voz de su marido pegada al cogote.


     Lo que Luis no sabía es que María había hecho varios cursos de Internet y de informática. Para ella los ordenadores no guardaban ningún secreto, se había vuelto una verdadera hacker. En sus búsquedas por los rincones de la red podía leerse: Asesinatos perfectos, ¿Cómo matar a alguien sin dejar huella?


       Un día que María limpiaba los últimos restos del desayuno la llamaron por teléfono. Sin prisas descolgó, al otro lado un hombre apesadumbrado, que se identificó como el dueño del bar del barrio, le contaba que su marido había tenido un fallo en el corazón, que la ambulancia había llegado, pero ya no se podía hacer nada.


     María colgó el teléfono, dirigió sus pasos a la cocina y siguió con su tarea, totalmente en silencio. De repente se detuvo, un recuerdo le inundó la cabeza. Su madre la consolaba en el entierro de su padre, cuando aún tenía ocho años.


     - Hija mía, esta pena pasará. Para todos los males, hay dos remedios: el tiempo y el silencio.


     Sonrió al evocar a su madre, y pensar “todas las madres guardan un poquito de sabiduría”. Soltó el trapo con el que estaba limpiando y bajó al bar llorando, llorando por su padre, por su madre y, sobre todo, por ella, por su libertad.


10 comentarios:

  1. Muy bueno, María! Finalmente ella encontró su puerta de salida al mundo, aunque tuviera que tomar alguna medida "un poco" drástica, je, je.

    Un besillo, que tengas feliz miércoles!!

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    1. Si, parece que la medida fue un poco definitiva, pero, ¿Quien sabe? A lo mejor la vida le dio lo que tanto buscaba. Un besillo.

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  2. Un relato muy bien hilado, sorprendente. Aún siendo una liberación tardía, esa sensación la mantendrá viva, lo que le quede por vivir.
    Abrazo, Compi. ;)

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    1. Muchas gracias Compi. Por lo menos vivirá en ese silencio tan ansiado. Un besillo.

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  3. Maravilloso María, qué listas somos las mujeres!

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    1. Muchas gracias Mercedes. Las mujeres tenemos un no se que, que que se yo,...

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  4. Y ahora que se vaya con una excursión del Inserso a Benidorm, ¡a vivir que son dos días!
    Menudo petardo de marido. :)
    Un besote.

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    1. Ayyy no he podido parar de reír. Como es un texto ya antiguo, lo he tenido que leer de nuevo para acordarme. Es que tengo memoria de pez.
      Muchas gracias guapa.
      Un besillo

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  5. Bonito relato que nos pasa a los que tenemos mas edad, Mi marido está jubilado y el se encarga de las tareas de casa, compras, y de la escoba. Yo las ropas y la plancha y salimos juntos a pasear cuando el tiempo no lo impide. Yo sin embargo voy al trabajo y solo cuando tengo mis días libres me dedico a alguna limpieza mas profunda y voy dos días a la semana a pintar y en mis ratos libres los dedico al ordenador. Un abrazo

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    1. Si es que hay que organizarse, si no las cosas no van para adelante.
      Un besillo.

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